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Reencarnado como Paladín: Mis Gustos Culposos se Volvieron Reales - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 El Entrenamiento en el Castillo Nacht
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9: El Entrenamiento en el Castillo Nacht 9: El Entrenamiento en el Castillo Nacht El eco de los pasos de Alex resonaba suavemente en los pasillos del Castillo Nacht.

A pesar de sus esfuerzos por mantener la compostura, la imagen de Valeria sin su armadura seguía invadiendo su mente con insistencia: la piel pálida brillando bajo la luz tenue, las curvas suaves y femeninas expuestas por un solo instante.

Cada vez que ese recuerdo aparecía, una oleada de vergüenza y culpa le oprimía el pecho, haciendo que su respiración se volviera ligeramente irregular.

[Purity Gauge: 51/100] Liliana caminaba a su lado, con la mano descansando posesivamente sobre su brazo.

De pronto se detuvo en medio del pasillo y lo miró fijamente, como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba por su mente.

—Estás distraído —susurró con voz baja y seductora—.

Y sé exactamente en qué estás pensando.

Antes de que Alex pudiera negar nada, Liliana tomó su mano con firmeza y lo guio por un pasillo lateral diferente al que Valeria había indicado.

El general acorazado se detuvo un instante, claramente desconcertado por el cambio de rumbo.

—Lady von Nacht, el entrenamiento en el Patio de las Sombras… —Puede esperar —interrumpió Liliana con tono suave pero autoritario—.

Primero necesito asegurarme de que mi paladín esté en condiciones adecuadas.

Sin darle oportunidad de protestar, Liliana abrió una puerta pesada de madera oscura y lo empujó suavemente al interior de una habitación amplia y lujosa.

Era un dormitorio gótico de gran elegancia: una enorme cama con dosel de terciopelo negro, cortinas pesadas que bloqueaban cualquier luz exterior y velas de llama azul que flotaban en el aire gracias a magia de sombras, proyectando un ambiente íntimo y decadente.

—Quítate la túnica y acuéstate —ordenó Liliana, su voz suave pero imposible de desobedecer.

Alex parpadeó, confundido por la repentina orden.

—Liliana, el general dijo que el entrenamiento… —Valeria puede esperar unos minutos —dijo ella, acercándose hasta quedar a solo unos centímetros de él.

Sus ojos rojos brillaban con intensidad—.

Has pasado días enteros bajo tensión constante.

Acuéstate.

Ahora.

La mirada de Liliana era demasiado intensa para resistirse.

Alex dudó solo un instante antes de quitarse la túnica superior con movimientos torpes y acostarse en la enorme cama.

Las sábanas eran frías y suaves como seda negra.

Liliana se sentó en el borde de la cama y, sin previo aviso, se recostó a su lado.

Su cuerpo frío se pegó suavemente contra el suyo.

Colocó una mano sobre su pecho desnudo, justo encima de su corazón, y acercó sus labios a su oreja.

—Quédate quieto —susurró con voz ronca—.

Solo por un momento.

Necesito sentir tu calor… y tú necesitas recordar a quién perteneces realmente.

Alex se tensó por completo.

El contacto de la piel fría de Liliana contra la suya era electrizante.

Podía sentir su cabello negro rozándole el hombro, su aliento helado contra su cuello y la suave presión de su cuerpo contra el suyo.

—Liliana… esto no es apropiado —murmuró, con la voz entrecortada.

—Shh —lo interrumpió ella, deslizando sus dedos fríos lentamente por su torso—.

Después de lo que viste en el baño, tu mente está llena de imágenes que no te corresponden.

Yo voy a recordarte cuál es tu lugar aquí.

En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió con un crujido seco.

Valeria, aún completamente cubierta por su imponente armadura negra y dorada, entró sin pedir permiso.

Al ver a Liliana recostada junto a Alex, con la mano sobre su pecho desnudo y sus cuerpos demasiado cerca, la general se detuvo bruscamente.

Su postura se volvió más rígida durante un segundo.

Aunque el yelmo ocultaba su rostro, el leve titubeo en su paso y la forma en que sus hombros se tensaron fueron evidentes.

—Lady von Nacht —dijo finalmente con su voz grave y metálica, recuperando la compostura—.

El entrenamiento no puede posponerse.

El Señor Demonio ha dado una orden clara.

Liliana levantó la cabeza sin separarse del cuerpo de Alex, sus ojos rojos brillando con irritación.

—Valeria —dijo con tono peligroso—.

¿No te enseñaron a tocar antes de entrar en una habitación privada?

La general permaneció inmóvil un instante más antes de responder.

—El deber está por encima de las comodidades personales —respondió con voz grave—.

El paladín debe ser probado esta noche.

Liliana se incorporó lentamente, pero mantuvo una mano sobre el pecho de Alex, marcando territorio de forma deliberada.

—Está bien —dijo con voz fría—.

Pero solo tres rondas.

Nada más.

Valeria inclinó la cabeza.

—Como ordene.

Alex se levantó de la cama con dificultad, todavía sintiendo el frío fantasma del cuerpo de Liliana contra el suyo.

Mientras caminaban hacia el Patio de las Sombras, su mente era un torbellino.

Primero había visto a Valeria desnuda.

Ahora Liliana lo había obligado a acostarse a su lado, presionando su cuerpo contra él de forma deliberada.

Todo era demasiado intenso, demasiado rápido.

En el Patio de las Sombras, el entrenamiento fue más exigente de lo esperado.

Valeria no le dio ninguna tregua.

Lo obligó a mantener escudos de luz bajo ataques constantes de sombras, a correr mientras invocaba purificaciones y a resistir oleadas de energía demoníaca sin descanso.

Cada vez que su concentración flaqueaba, el recuerdo de Valeria desnuda regresaba con fuerza, haciendo que su Purity Gauge descendiera sin piedad.

[Purity Gauge: 51/100 → 43/100] Al terminar la tercera ronda, Alex estaba exhausto, sudoroso y con varios cortes superficiales en los brazos y el torso.

Valeria se acercó, su armadura resonando con cada paso pesado.

—Esto debería ser suficiente por esta noche —dijo con su voz grave.

Liliana se acercó rápidamente y tomó a Alex del brazo, lanzando una mirada afilada hacia la general.

—Suficiente, Valeria.

No abuses de tu posición.

Mientras regresaban por los pasillos iluminados por antorchas azules, Alex sentía el peso de todo lo ocurrido esa noche.

Liliana presionando su cuerpo contra él en la cama.

Valeria observándolo con mayor rigor después del incidente en el baño.

Y su propia mente traicionándolo constantemente con recuerdos que no debería tener.

El castillo del Señor Demonio no solo era oscuro.

También era peligrosamente seductor.

Y Alex sentía que, con cada hora que pasaba entre sus muros, su pureza se debilitaba un poco más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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