Reencarnado como un Príncipe Imperial - Capítulo 132
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132: A favor 132: A favor —Esto va a suponer una gran intervención, nos colocará al frente de la diplomacia mundial —dijo Alexander mientras apoyaba el codo en la mesa y descansaba la barbilla sobre la mano.
—En ese caso, Su Majestad, deberíamos elegir los bandos que sean más beneficiosos para el Imperio Ruteniano —sugirió Sebastián.
—Lo sé, tenemos que estudiar la naturaleza de su conflicto.
¿Por qué está ocurriendo y cuál fue la causa?
No podemos limitarnos a dar armas a una facción de la que no sabemos nada y ganarnos la ira de ambos bandos.
Apoyar a un bando en una guerra civil era una cosa.
Los levantamientos en las colonias de las principales potencias coloniales eran harina de otro costal.
Si se descubriera su apoyo a los rebeldes, el país al que pertenecía la colonia le declararía la guerra.
Y viceversa, su apoyo a la represión de los levantamientos sería visto por otras facciones de combatientes por la libertad como una prueba de acoso cooperativo entre superpotencias imperialistas.
—Es una buena observación, Su Majestad.
Prepararé los documentos necesarios para que los lea.
Contendrán la recopilación de las investigaciones de nuestros agentes de inteligencia destinados fuera de Rutenia.
El director del Servicio de Inteligencia Exterior también le aconsejará qué medidas tomar en el conflicto antes mencionado.
«Preferiblemente, manipularlos para que acepten una tregua y así llegar a un acuerdo en el mejor de los casos…», esperó Alexander.
Las guerras civiles y las revoluciones podían ser asuntos muy sangrientos.
—Me alegra oír eso.
Solo ha pasado un mes y te estás adaptando rápidamente… —comentó Alexander.
—Es un honor, Su Majestad.
Si le soy sincero, debería elogiarlo a usted por el duro trabajo que ha estado haciendo en el Imperio Ruteniano.
Imagínese tener que asistir a una reunión del gabinete que puede durar de dos a tres horas, y todo ello mientras dirige Sistemas Dinámicos Imperiales…
Mientras Sebastián hablaba, la presentadora de noticias continuó informando sobre las largas colas frente al Pollo Frito Ruteniano.
Él echó un rápido vistazo antes de volver a centrarse en Alexander.
—Su concepto de comida rápida está despegando, sin duda.
Me alegro mucho de haber invertido mi dinero en su negocio.
Ya veo que el retorno de la inversión llegará en cualquier momento.
—La comida rápida conquistará el mundo y el concepto se venderá como pan caliente en el futuro; no se arrepentirá de invertir en Sistemas Dinámicos Imperiales, ya que todo lo que producimos es bien recibido y del gusto no solo de la gente de Rutenia, sino también de los extranjeros.
Sebastián sonrió con la mirada fija en Alexander.
Su primer pensamiento fue: ¿qué le ha pasado?
No era la misma persona que conoció hacía unos diez años.
Había cambiado mucho, y estaba seguro de que no era el único que lo había notado.
—Debo irme, Su Majestad.
Acabo de recordar que tengo un montón de trabajo que hacer.
Dele recuerdos a mis primas.
Alexander simplemente asintió ante sus palabras mientras lo observaba caminar hacia la puerta.
Tan pronto como la abrió, una joven de unos veinte años apareció ante él.
Reconoció a esa chica.
Cabello plateado inmaculado, ojos azules y un rostro hermoso.
Era Christina.
—¿Sebastián?
—preguntó Christina con un tono de sorpresa en su voz—.
No sabía que estabas aquí…
—¿Quién es él, hermana?
¿Qué hace en el despacho de nuestro hermano?
—preguntó Anastasia.
—¿Por qué estás aquí, Sebastián?
—Tiffania enarcó una ceja.
—Hola a todas.
Sé que hay mucho que explicar… —respondió Sebastián mientras echaba un vistazo a sus tres primas.
—¿Quién es él…, hermana?
—Anastasia tiró de la manga de Christina para llamar su atención.
—Es el Príncipe Sebastián Alexandrovich de Rutenia, tu primo, Anastasia —respondió Christina mientras Sebastián inclinaba ligeramente la cabeza en señal de reconocimiento.
Anastasia jadeó dramáticamente.
—No lo sabía…
—No lo sabrías, porque eras muy pequeña la primera vez que visitó el Palacio de Invierno —le informó Christina.
—¿Christina?
¿Qué estáis haciendo las tres aquí?
—Alexander se acercó a los cuatro.
—Hermano… ¿qué hace el Príncipe Sebastián en tu despacho?
—preguntó Christina, cambiando su mirada hacia Alexander.
—Ah… Todavía no os lo he comunicado, pero veréis, el Príncipe Sebastián es mi nuevo Asesor de Seguridad Nacional.
—¿Así que trabaja para ti?
—Tiffania enarcó una ceja con incredulidad.
—Sí —dijo Alexander sin más, antes de aclararse la garganta—.
Siento habéroslo ocultado a todas.
—Es un reencuentro conmovedor, Su Majestad —comentó Sebastián mientras ponía un brazo alrededor de Christina y le ofrecía el otro a Tiffania.
Sin embargo, las dos le apartaron el brazo sin decir palabra.
—Así que nuestra relación está tan mal… ¿eh?
—murmuró Sebastián para sí—.
Me retiro ya, Su Majestad.
Ha sido un honor volver a verlas a las tres.
Mientras Sebastián salía del despacho de Alexander, las chicas permanecieron en silencio, mirándose unas a otras.
—¿Cuándo empezó a trabajar aquí, hermano?
—Hace aproximadamente un mes —respondió Alexander, y continuó—: En fin, ¿por qué habéis venido?
¿Hay algo que queráis decirme?
—Sí… Las tres entraron en su despacho.
Sus ojos siguieron sus movimientos y vieron el rostro sonriente de Anastasia.
Daba la sensación de que tenían algo que querían decirle.
Alexander cerró la puerta tras ellas antes de sentarse en el borde de su escritorio.
Cogió el mando a distancia y pulsó el botón de silencio.
—Veamos qué tenéis que decir.
Las hermanas intercambiaron una mirada y Tiffania se aclaró la garganta.
—Hermano… queremos pedirte un favor —empezó Anastasia.
—¿Un favor?
Vaya, esto es nuevo.
¿De qué se trata?
Tiffania se mordió el labio, nerviosa, mientras Anastasia miraba al suelo.
Finalmente, se decidió a hablar.
—Nos gustaría visitar un país extranjero…
—¿Una visita de Estado, eh?
—musitó Alexander mientras cogía una botella de vino y se servía una copa—.
¿Qué país tenéis en mente?
¿Francois?
¿Britania?
¿Alemania?
¿Austrean?
—No, hermano… —intervino Christina lentamente—.
Está lejos de esos lugares.
—No tengo ni la más remota idea —dijo Alexander, encogiéndose de hombros mientras daba un sorbo a su vino—.
Decidme qué país queréis visitar las tres para que pueda organizarlo.
—Espera… ¿nos permitirías visitar otros países?
—preguntó Christina con cautela.
—Dependiendo del estado del país que planeéis visitar —hizo una pausa Alexander—, supongo que sí.
—¡Genial!
¡Entonces el país que queremos visitar las tres es el Imperio Yamato!
—dijo Christina con entusiasmo.
Alexander escupió el vino, casi ahogándose.
—¡¿Yamato?!
—logró decir entre toses—.
¿He oído bien?
—Sí, querido hermano… ¿tienes algún problema con ello?
—inquirió Anastasia inocentemente.
—No… no, no, no, para nada.
Solo estoy sorprendido.
No me esperaba que eligierais ese país entre todos los posibles.
Pero, veréis, la relación del Imperio Ruteniano y el Imperio Yamato está en una fase de recuperación bastante rocosa.
—¿Quizá sea por el tratado de San Petersburgo, por el que Rutenia se anexionó Manchuria?
—cuestionó Tiffania con curiosidad.
—El tratado de posguerra y la adquisición de Manchuria —respondió Alexander—.
De todas formas, dejadme pensar en vuestro favor un segundo.
Alexander se puso a reflexionar.
El Imperio Yamato, en ese momento, era relativamente pacífico.
No había ningún conflicto interno dentro de sus fronteras.
¿Estarían a salvo sus hermanas si visitaban Yamato?
Espera… en realidad, esto presentaba una buena oportunidad para reparar la relación con el Imperio Yamato.
Se habían mirado con recelo desde el incidente de Manchuria.
Si quería aumentar su influencia en el Lejano Oriente, primero debía establecer una relación cordial con ellos.
—Está bien, lo arreglaré.
¿Cuándo pensáis marcharos?
—¿Qué tal este domingo, hermano?
—sugirió Tiffania.
—Bueno, hoy es miércoles.
Supongo que aún podemos hacer los preparativos e informar a Yamato de vuestra visita planeada.
—Gracias, hermano —dijeron las tres al unísono.
Alexander abrió los brazos, ofreciéndoles un abrazo.
Pero ninguna de ellas lo aceptó.
—Espera… ¿en serio?
¿Ni siquiera tú, Anastasia?
—Hermano… tengo dieciséis años.
Ya no soy una niña que te abrazaría por tonterías.
Ahora soy toda una dama.
Sus palabras le atravesaron el corazón como un cuchillo.
Cayó de rodillas, derrotado, y suspiró profundamente.
Habían cambiado.
Parece que más tarde iba a necesitar una copa más fuerte.
***
Los ingenieros de cohetes trabajaban arduamente en la construcción de los motores necesarios para el primer lanzamiento de prueba.
La finalización del primer cohete estaba prevista para un mes después de la de la plataforma de lanzamiento de cohetes espaciales, para dar tiempo a que el hormigón se secara y para comprobar la estructura.
Aun con todas las expectativas puestas en su experiencia, todos y cada uno de los lanzamientos debían mantenerse en secreto para casi todo el mundo.
La tapadera para el complejo de lanzamiento secreto era que estaban empezando una nueva mina con un método experimental para extraer mineral del suelo, utilizando métodos de oxicorte para derretir la roca y perforar hasta una veta rica.
Por supuesto, un dispositivo así es bastante ineficiente para la minería, debido al uso de grandes cantidades de combustible y oxígeno licuado.
Pero las revistas de ciencia sensacionalistas de principios del siglo XX estaban llenas de cosas que inducían un futurismo de fantasía en la mente del público.
Las revistas publicarían información falsa sobre el mes en que se realizaría el primer lanzamiento de prueba, para tomarle el pelo a la gente cuando ocurrieran «accidentes mineros» y «fallos».
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com