Reencarnado como un Príncipe Imperial - Capítulo 2
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2: Alejandro Románov 2: Alejandro Románov Con la mirada fija en el dosel de su cama durante unos minutos, Thomas contempló profundamente sus recién descubiertos problemas.
Estaba seguro de que había muerto en aquel accidente, ¿pero despertar en el cuerpo de otra persona?
Era un tanto absurdo desde un punto de vista científico.
Sin embargo, la sensación que le calaba hasta los huesos y su propia intuición le decían que era una revelación muy real y, por deducción lógica, muy posible.
Se sentía como si estuviera viviendo en un sueño, donde nada tenía sentido.
Sacudió la cabeza, confuso, y decidió levantarse de la cama para buscar las respuestas a sus preguntas.
Se levantó y se tambaleó hacia la puerta.
Entonces, se fijó en un espejo que colgaba en una esquina de la habitación y alcanzó a ver su propio reflejo.
Era la primera vez que veía su rostro.
Se quedó boquiabierto ante la imagen que le devolvía el espejo.
Era un rostro que nunca había visto.
Con cejas marcadas, piel pálida y una mandíbula cuadrada.
Era el rostro de un joven apuesto.
Tenía el pelo morado y un cuerpo esbelto de musculatura definida.
El hombre que veía en el espejo no era él.
Estaba seguro de que esa persona en el espejo era Alejandro Románov, pero él era Thomas.
Era él, no cabía duda, pero su apariencia había cambiado drásticamente.
—¿Qué me está pasando?
Retrocedió asustado y volvió a caer en la cama.
Mientras miraba al techo, empezó a considerar la posibilidad de que, de alguna manera, hubiera intercambiado el cuerpo con alguien.
—Pero…
eso no es posible.
Morí en un accidente de coche, así que no tengo nada que intercambiar con nadie.
Nada de esto tiene sentido —murmuró para sí mismo.
Sacudió la cabeza para despejar sus preocupaciones.
En vez de eso, decidió serenarse y centrarse en resolver su situación actual.
Para lograrlo, tenía que empezar por averiguar cómo había acabado allí.
Se levantó, una vez más, y se dirigió a la puerta.
Al abrir la puerta, se encontró con un gran pasillo con una alfombra roja que conducía a una enorme puerta doble al fondo.
Thomas estaba un tanto perplejo, pues el lugar era enorme y grandioso.
Muy parecido a un palacio.
Un momento…
esto es un palacio.
Cuando dio un paso adelante, oyó unos susurros que provenían de la puerta doble.
Avanzó con el mayor cuidado y sigilo que pudo hasta el final del pasillo y se detuvo tras la puerta para escuchar la conversación a escondidas.
—¿Así que el primo Alexander ya está despierto?
Qué alivio, el pueblo está desesperado por conocer su estado de salud…
¿Puedo visitarlo?
Era una voz masculina, madura y con un deje de autoridad.
—Lo siento…, pero mi querido Hermano aún no está lo bastante estable para recibir a nadie.
Respondió una voz femenina cuyo tono le resultó familiar: era su hermana, Christina.
—Entiendo…
Pero es bueno que ya esté despierto.
El pueblo del Imperio de Ruthenia está buscando un hombre que lo lidere.
—¿Mi hermano se convertirá en emperador?
—Según la línea de sucesión, así es.
Mientras escuchaba su conversación, Thomas no pudo evitar preguntarse qué estaba pasando.
¿Alexander sería el próximo emperador del Imperio de Ruthenia?
¿Acaso existía un país con ese nombre en el mundo real?
Reflexionó para sus adentros…
No, no había ninguno.
Con esto, Thomas fue capaz de deducir que este mundo no se parecía al suyo.
¿Así que el multiverso era real después de todo?
Un momento, eso no era propio de él.
Para llegar a semejante conclusión, necesitaba datos.
Los recuerdos de Alejandro Románov le proporcionaban los datos que podía extrapolar.
Sin perder un instante, comenzó a escudriñar los veinte años de recuerdos de Alexander, clasificando y organizando los datos por orden de importancia.
Alejandro Románov era el único hijo varón del Emperador Nicolás III y la Reina Alexandra.
Era el único chico de la familia real y tenía cuatro hermanas.
Durante una visita a una de las ciudades de Rutenia, Alexander, junto con su madre y su padre, fue atacado por un grupo misterioso que arrojó un artefacto explosivo a su vehículo, hiriéndolo a él y matando al emperador y la emperatriz.
Así que a eso se refería Christina cuando le dijo que estaba gravemente herido.
Fue a causa del atentado.
Ahora que el Emperador estaba muerto, el siguiente en la línea de sucesión al trono sería Alejandro Románov; es decir, él.
¿Qué demonios?
¿Acababa de llegar a este mundo y ya le esperaba una responsabilidad tan enorme?
Era demasiado para poder asimilarlo.
Thomas se tomó un momento para respirar y continuó.
En cuanto a la personalidad del príncipe, era visto generalmente como un príncipe mujeriego, que a menudo mostraba una personalidad despreocupada e infantil, vagaba por la ciudad, se llevaba chicas a casa y a veces se escapaba del palacio solo para divertirse y no preocuparse por sus deberes reales.
Sus principales aficiones eran la esgrima, tocar instrumentos musicales y el canto.
Muy diferente a Thomas.
Su conflicto con su padre se debía a su actitud despreocupada y rebelde.
El padre sentía que si no le imponía una disciplina estricta, se volvería un vago y nunca se decidiría a asumir sus deberes como príncipe heredero.
También era lo que se podría llamar una persona mediocre en lo académico, lo que llevaba al pueblo a dudar de si sería capaz de heredar y liderar un Imperio tan vasto.
Incluso hubo una vez en la que el emperador y el príncipe tuvieron una acalorada discusión, pues un día Alexander espetó que no quería convertirse en emperador.
En resumen, nunca se llevaron bien.
También llegó a odiar a su padre tras descubrir que el bienestar social, el orden público y las finanzas del país estaban en ruinas debido al mal gobierno, a pesar de que él mismo era un derrochador.
«Este príncipe es estúpido», pensó Thomas.
Tras hacerse una idea clara de cómo era Alexander, Thomas comprendió por qué el emperador estaba disgustado con su hijo.
Si Alexander llegara a heredar el trono, probablemente acabaría arruinando el país como su padre, o peor, su fracaso llevaría al país a la ruina.
En cuanto a la época de este mundo, utilizando la información de que disponía, llegó a la conclusión de que era similar a principios del siglo XX.
A través de la mente de Alexander veía automóviles cuyos diseños se remontaban a las décadas de 1910 y 1920.
Los aparatos electrónicos, básicamente las tecnologías que existían, fueron lo que le permitió llegar a su respuesta.
Descubrir aquello hizo que a Thomas le diera vueltas la cabeza.
Así que no se trataba de un viaje en el tiempo, ya que el nombre de Alexander de Romanoff no existía en la historia.
Poco a poco, Thomas empezaba a aceptar el hecho de que había transmigrado a otro mundo.
—Muy bien, volveré cuando esté totalmente recuperado.
Por favor, transmítale mis respetos al príncipe imperial, su alteza.
El sonido de unos pasos que se iban apagando sobre el suelo enmoquetado hizo que Thomas dedujera que el hombre se había marchado.
Mientras tanto, otro par de pasos parecían dirigirse hacia él.
—Mierda…
Thomas volvió corriendo a su habitación y se tiró a la cama.
Christina entró en la habitación y se acercó a la cama.
Vio que su querido hermano jadeaba profusamente y sudaba.
—Hermano…, ¿te encuentras mal de nuevo?
—N-no, estoy bien.
Solo estaba caminando un poco para ejercitar el cuerpo y terminé agotándome —mintió Thomas.
Christina abrió los ojos de par en par.
—Querido hermano…, todavía no puedes caminar bien, ¿en qué estabas pensando?
Dijo mientras se apresuraba a traerle un vaso de agua.
Él extendió la mano para detenerla.
—Puedo hacerlo yo mismo.
—No, no puedes moverte solo para ejercitar el cuerpo.
Haré que venga el médico a verte, podrías empeorar de nuevo —se negó Christina.
—Por favor…, no lo hagas.
Ya me siento mejor.
No necesito ver a un médico.
Puedo cuidarme solo.
Con uno o dos días de descanso, estaré bien —suplicó Thomas, tomándole las manos como lo haría Alexander en una situación así.
Christine suspiró y cedió.
—¡Está bien!
Pero prométeme que te portarás bien hasta que te recuperes por completo —exigió.
—Lo prometo.
Lo prometo —dijo, asintiendo con la cabeza.
Ella sonrió.
—Voy a traerte el almuerzo.
—Se dio la vuelta y abandonó la habitación.
—Qué pesada…
—murmuró Thomas, y se llevó el vaso de agua a los labios y se lo bebió todo—.
Espero no haberme salido del personaje.
También se dio cuenta de lo grave que era su situación.
Para no levantar sospechas, Thomas tenía que actuar como Alexander; de ese modo, las personas cercanas a él no descubrirían que una nueva personalidad se había apoderado de su cuerpo.
¡Eso significaba que tenía que actuar como un mujeriego que vagaba por las calles y se llevaba chicas a casa!
Aunque no fuera del todo necesario, Thomas haría algunos cambios en el comportamiento del príncipe.
Después de todo, su vida estaba en juego.
Se encontraba en un mundo hostil donde un grupo misterioso dentro de las fronteras del país amenazaba su vida.
El atentado lo demostraba.
Su intención era matar al emperador reinante y a su sucesor.
No sabía cuál era su objetivo, pero se aseguraría de que no tuvieran éxito.
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