Reencarnado como un Príncipe Imperial - Capítulo 230
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230: Al fin notó 230: Al fin notó A mil setecientos kilómetros de Londres se encuentra San Petersburgo, la capital del Imperio Ruteniano.
El país también está en plena estación invernal, que envuelve los alrededores del Palacio de Invierno en un manto blanco que hace que todo parezca amortiguado.
Alexander estaba en su gimnasio personal, haciendo dominadas como parte de su ejercicio diario antes de empezar la jornada laboral.
El aire era frío, pero no lo bastante como para evitar que sus poros sudaran.
Sentía cómo la transpiración le resbalaba por el rostro mientras los músculos de sus brazos, pecho y espalda se tensaban cada vez que alzaba el cuerpo.
Esta rutina se había vuelto normal desde que se convirtió en Alexander, pero se detuvo temporalmente cuando le dispararon en el pecho hacía cuatro años frente al Edificio del Consejo Imperial, donde firmó el Proyecto de Ley de Infraestructura que transformó al imperio de una nación atrasada a una moderna.
Inspiró hondo y luego espiró lentamente mientras seguía haciendo dominadas.
Tras unas cuantas repeticiones más, Alexander soltó la barra y aterrizó en el suelo.
Cogió una toalla y se secó el sudor del cuerpo y de la cara mientras caminaba hacia la ducha.
Al entrar en el baño, se miró al espejo y flexionó los músculos.
Su cuerpo era como el de un dios griego, uno que había estado esculpiendo siguiendo estrictos planes dietéticos y rutinas de ejercicio.
Parecía que había dado buenos resultados.
Tras contemplar el desarrollo de su físico, sonrió con satisfacción y entró en la ducha.
Dos minutos después, Alexander salió y volvió a mirarse al espejo mientras cogía una cuchilla y crema de afeitar.
La barba le estaba creciendo de una forma que no era acorde a su condición real.
Así que decidió afeitársela, aplicándose crema en la barbilla y la mandíbula.
La cuchilla se deslizó con suavidad por el vello facial.
Un minuto más tarde, se enjuagó la cara y se miró al espejo.
Y así, volvía a parecer joven.
Si una persona cualquiera lo viera paseando por la calle, pensaría que es un joven que todavía va a la universidad.
No un hombre que ya tiene esposa y una hija.
Se puso su atuendo habitual de trabajo antes de dirigirse a su despacho con el maletín.
***
El sol resplandecía sobre su pálida piel mientras Alexander caminaba por los pasillos del Palacio de Invierno.
Se detuvo en seco al percatarse de que una mujer esperaba junto a la puerta.
—¿Christina?
—la llamó Alexander.
Christina se sobresaltó y se giró para mirarlo.
Frunció el ceño al notar algo diferente.
—¿Hermano?
—dijo con duda y confusión.
—¿De verdad he cambiado tanto por afeitarme la barba?
—suspiró Alexander y le dedicó una leve sonrisa.
—Pareces más joven, hermano —dijo Christina en voz baja.
Se le quedó mirando mientras sus ojos recorrían cada centímetro de su figura, absorbiendo su imagen.
Alexander notó el escrutinio y rio con cierta incomodidad.
—Me lo tomaré como un cumplido, hermana.
—Ambos rieron antes de sumirse en un silencio incómodo—.
¿Necesitas algo, Christi?
—preguntó Alexander, rompiendo la tensión.
Christina asintió y jugueteó con los dedos.
—Sí, me preguntaba dónde está Rolan.
Hace cosa de un mes que no lo veo.
No está en su despacho ni tampoco en el tuyo, así que, ¿dónde se ha metido?
—¿Rolan?
Bueno, se tomó unas vacaciones de cuatro meses —respondió Alexander.
—¿Qué dices?
¿Desde cuándo?
—exclamó Christina, sorprendida.
—Desde hace un mes y tres semanas —dijo Alexander—.
Por cierto, ¿por qué lo buscas?
—No, no es nada —replicó ella con aire sombrío.
Luego suspiró y bajó la mirada—.
¿Por qué no nos avisó?
—Yo tampoco lo sé, aunque él te informó de su permiso —se encogió de hombros Alexander—.
Bueno, no te preocupes, volverá en dos meses.
Probablemente esté disfrutando de sus vacaciones en algún lugar de Rutenia.
—¿Puedes decirme dónde, hermano?
—preguntó Christina, con un brillo de esperanza en los ojos.
—Creo que está en Moscú —respondió Alexander con una sonrisa afectuosa—, y todavía no has respondido a mi pregunta: ¿por qué lo buscas?
—Por nada…
Solo preguntaba, eso es todo —masculló Christina mientras volvía a juguetear con los dedos.
La ligereza de su conversación se desvaneció y el ambiente se tornó incómodo.
Volvieron a guardar silencio hasta que Alexander se percató de algo.
—Vaya…
Creo que ya sé de qué va todo esto —dijo Alexander con una sonrisa burlona.
Christina alzó la vista, interrogante.
—¿A qué te refieres?
—Tú…
¿Acaso te gusta Rolan?
—soltó la bomba Alexander, y de inmediato, el rostro de Christina se tiñó de un rojo carmesí.
—¿Q-qué…
qué estás diciendo de repente…?
—tartamudeó ella, desviando la mirada.
—Así que era eso, ¿eh?
—caviló Alexander—.
Eres muy fácil de leer, Christina.
—No…, no es eso, hermano…
¡Créeme!
—Sé honesta contigo misma, hermana.
Sé que te gusta; eso explica tu comportamiento y tu reacción de hace un momento —dijo Alexander sin rodeos.
—¡Ya te he dicho que no es eso…!
—insistió Christina, negando todavía sus sentimientos por Rolan.
Alexander se dio por vencido.
—Está bien, si no te gusta, entonces no importa con quién esté ahora mismo, ¿verdad, Christina?
Quién sabe, a lo mejor ahora mismo está pasando el rato con alguna chica.
En el instante en que dijo eso, el ambiente se heló.
El rostro de Christina se tornó sombrío y sus ojos desprendieron un brillo gélido.
Una sombra se cernió sobre ella e hizo que Alexander, por reflejo, diera un paso atrás.
¿Qué era esa aura ominosa que emanaba de repente?
—Hermano, ¿es cierto lo que acabas de decir?
¿Que Rolan está con otra chica?
—preguntó Christina, con la voz teñida de malicia.
Alex hizo una mueca ante su tono.
—Es una suposición que me acabo de inventar sobre la marcha.
Podría estar con otra chica, o no.
Podemos confirmarlo preguntándole.
¿Quieres que lo llame para saber la verdad?
—Eso sería estupendo, hermano —la voz de Christina se suavizó ligeramente—.
Por favor, avísame en cuanto hables con él, te lo pido.
Ahora volveré a mis aposentos.
Con tu permiso.
Siento haberte interrumpido, hermano.
—No pasa nada —dijo Alexander—.
No te preocupes, te avisaré en cuanto hable con él.
Christina asintió una vez y se marchó sin decir palabra.
En cuanto desapareció por el pasillo al girar a la derecha, Alex suspiró y entró en su despacho.
Qué aura más aterradora.
Le había provocado un escalofrío inconsciente.
Pero el hecho de que reaccionara de una forma que desataba dicha aura significaba que le gustaba Rolan y estaba celosa.
En fin, ¿Christina y Rolan?
Un hombre de rango nobiliario y una mujer de rango excelso…
una relación así era inaudita.
Cierto, la sociedad podría considerarlo un tabú, pero si los sentimientos eran mutuos, ¿quién era él para interferir?
Alexander dejó el maletín sobre el escritorio y encendió la televisión para ver las últimas noticias del Imperio Ruteniano.
Abrió el maletín y sacó una libreta.
Dentro de ella había una lista de los compromisos que tenía para el mes de enero.
1.
Reunión con el Rey del Imperio de Choson el 5 de enero.
2.
El 7 de enero, Alexander visitará Moscú para inspeccionar una de las instalaciones de investigación, además de para reunirse con Felipe y discutir el desarrollo de láseres y datáfonos.
—Manos a la obra —murmuró Alexander mientras cerraba la libreta.
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