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Reencarnado como un Príncipe Imperial - Capítulo 240

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  3. Capítulo 240 - 240 La prueba
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240: La prueba 240: La prueba —Ah, ya estás aquí —se percató Alexander en el momento en que entró a su oficina.

—¡Sí, hermano, estoy lista para hacer tu examen!

—declaró Tiffania con seguridad.

—Me gusta la confianza que transmites —sonrió Alexander mientras recorría la habitación con calma y se sentaba detrás de su escritorio.

Sacó de uno de sus cajones el cuestionario del examen que había preparado ayer para esta ocasión especial.

—Sabes lo que está en juego en este examen, ¿verdad?

Si sacas una nota de aprobado o una nota perfecta, haré lo que tú quieras.

Bueno, hay muchas cosas que puedes pedirme, y por eso el examen va a ser difícil —dijo Alexander, agitando en su mano el cuestionario de dos páginas—.

Una pregunta.

Si apruebas, ¿qué me pedirías?

—Eso es un secreto, queridísimo hermano —se limitó a decir Tiffania, con las manos en jarras.

—Ya veo…

Para serte sincero, tengo mucha curiosidad por saberlo.

Bueno, para ello, debes aprobar el examen.

Te daré tres horas y treinta minutos para resolver estas cinco preguntas.

—¿Cinco preguntas y tengo tres horas y treinta minutos para resolverlas?

—Tiffania titubeó por un momento.

Para algunos podría ser una buena noticia oír que el examen solo tenía cinco preguntas, pero lo que no sabían es que esas cinco preguntas eran probablemente las más difíciles que Alexander había ideado.

Parecía que no quisiera que aprobara.

Pero no importaba, le demostraría que se equivocaba y, cuando lo hiciera, le haría su petición.

—Estoy lista, hermano.

Venga, dámelo —lo desafió Tiffania.

Estaba muy decidida, y Alexander se sorprendió a sí mismo admirando ese rasgo de su hermana.

—Muy bien —dijo Alexander, entregándole el cuestionario—.

Tus tres horas empiezan ahora —anunció, y Tiffania clavó la vista en la hoja del examen.

Tal y como esperaba, eran las lecciones que él le había enseñado durante los últimos días.

Las preguntas consistían en análisis de armaduras, fricción e integrales.

Si lo comparaba con los ejemplos que le había dado Alexander, le pondría un diez de dificultad.

Pero no pasaba nada, había repasado toda la noche para este examen.

Era imposible que suspendiera, pues ya había captado la naturaleza de los problemas.

Alexander le había enseñado algo crucial que le permitía resolver ecuaciones complejas: no memorices la fórmula, entiéndela.

Entender de dónde salía la ecuación.

De esa forma, aunque su hermano manipulara las variables hasta el punto de crear confusión, ella podría revertir la ecuación y encontrar el camino correcto.

Hizo girar el bolígrafo entre sus dedos antes de empezar a escribir en su hoja de respuestas.

Alexander observaba el progreso de Tiffania y, por el momento, estaba impresionado y fascinado por su rapidez.

Con solo un vistazo, podía ver que Tiffania iba por el buen camino.

¿Serían las preguntas que había preparado demasiado fáciles para ella?

No podía asegurarlo.

Una hora más tarde, Alexander luchaba contra el sueño.

Sentía que los párpados se le cerraban solos por la falta de sueño.

Lo combatió manteniendo los ojos bien abiertos mientras hacía girar un bolígrafo entre los dedos.

Eso lo mantuvo despierto unos instantes, pero al poco tiempo, su mente empezó a adormecerse de nuevo.

Tenía los ojos entrecerrados, hasta que la voz de Tiffania lo devolvió bruscamente a la realidad.

—He terminado, queridísimo hermano.

—¿Qué?

—Alexander dio un respingo en la silla.

Parpadeó un par de veces, intentando despejar la visión borrosa.

Pero no importaba; lo importante era que Tiffania había anunciado que había terminado el examen.

—He dicho que he terminado, queridísimo hermano —repitió Tiffania, mirándolo fijamente—.

¿Tienes sueño, queridísimo hermano?

—Un poco —confesó Alexander—.

La verdad es que me encantaría tirarme en la cama y dormir ahora mismo, pero no puedo porque el examen todavía no ha terminado —suspiró con cansancio.

Respiró hondo antes de volver a fijar la mirada en su hermana.

—¿Eh?

Hermano, te acabo de decir que he terminado, ¿de qué estás hablando?

—Tiffania puso los ojos en blanco.

—¿Ah, sí?

A ver, déjame verlo —le indicó Alexander para que le entregara el examen.

Ella le dio su hoja de respuestas.

Él ya había resuelto ayer las preguntas que había preparado y entendía cada número y símbolo que contenía, así que podía saber con un solo vistazo si la respuesta de ella era correcta o no.

Para su sorpresa, la respuesta de Tiffania era la misma a la que él había llegado el día anterior.

Su caligrafía era bonita, profesional, fácil de entender y no tenía ni un tachón.

Había respondido a todas las preguntas correctamente y con facilidad.

Alexander levantó la vista hacia Tiffania una vez más.

La joven que estaba de pie frente a él no tenía ni la más remota idea de los temas básicos de ingeniería y, sin embargo, había bordado el examen que él había preparado solo para ella.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Alexander.

Tiffania no supo distinguir si era una de burla o una de auténtica felicidad.

—Entonces, ¿he aprobado, queridísimo hermano?

—preguntó Tiffania, con las manos entrelazadas, esperando nerviosa la respuesta de Alexander.

Lo había resuelto todo utilizando los conocimientos que había adquirido de su hermano y estaba segura de que lo tenía todo bien, pues había entendido la raíz de los problemas.

Alexander guardó silencio durante varios segundos.

Su expresión era indescifrable.

Era como si quisiera decir algo, pero al final hubiera decidido no hacerlo.

Tras lo que pareció una eternidad, por fin abrió la boca.

—Tiffania, has aprobado con creces —reveló Alexander.

Tiffania ahogó un grito de sorpresa y se cubrió la boca con la mano.

—¿De verdad, hermano?

¿He aprobado?

—Así es.

He visto las fórmulas y cómo has desarrollado la solución para llegar a la respuesta final.

Está muy bien hecho.

Así que, enhorabuena por aprobar el examen —dijo Alexander, aplaudiendo suavemente.

Tiffania rompió a llorar.

La cantidad de tiempo que había invertido en entender las lecciones de su hermano.

La cantidad de tiempo que había pasado leyendo material de referencia para ampliar sus conocimientos sobre el tema, y la de veces que se había equivocado en los ejercicios de uno de los libros que había leído.

Para ella, era un momento muy importante; su duro trabajo había dado sus frutos.

Alexander se conmovió al ver a su hermana pequeña llorar de felicidad.

Se levantó, rodeó el escritorio y se dirigió hacia Tiffania.

Al llegar a su lado, la envolvió en un abrazo.

—Lo has hecho muy bien, Tiffania.

Estoy muy orgulloso de ti.

Las lecciones que hemos disfrutado juntos son un tesoro, y que hayas sacado tan buena nota significa mucho para mí, porque quiere decir que te he enseñado bien.

Tiffania lo rodeó con sus brazos y restregó la cara contra su pecho con cariño.

Tras unos segundos, finalmente se separaron.

—Bueno, lo prometido es deuda.

Has ganado.

Puedes pedirme lo que quieras.

Soy todo oídos —dijo Alexander, esperando la petición de Tiffania.

—He estado pensando en esto desde que me propusiste el trato, y ya lo he decidido —Tiffania lo miró.

Su mirada firme dejaba claro que lo que iba a pedir era en serio—.

Queridísimo hermano, dentro de dos días vas a ir a Moksva, ¿verdad?

Para visitar la sede central y las cadenas de montaje de Sistemas Dinámicos Imperiales.

—Sí, así es —confirmó Alexander—.

¿Por qué?

—Pues, queridísimo hermano, ¡quiero que me lleves contigo!

¡Quiero ver cómo se fabrican tus inventos!

Así que esa era su petición, ¿eh?

Qué adorable.

—Tus deseos son órdenes, milady —dijo Alexander, haciéndole una reverencia galante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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