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Reencarnado con el Sistema Van Helsing - Capítulo 261

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Capítulo 261: El hombre propone, Dios dispone y el demonio descompone (parte 7)

Pasaron las horas y, por orden de Daimon, todos entraron en sus barcos y los hicieron sumergirse para viajar sin que otros los notaran, porque aunque les quitara sus barcos a los demás, con el número que tenían no debían dispersarse más.

La noche no tardó en llegar a la ruina mágica y todos se fueron a dormir. Como los paladines también habían firmado el contrato, no podían escapar aunque quisieran, así que no había nada de qué preocuparse.

Mientras Daimon iba a su dormitorio a meditar y prepararse para la inminente batalla, Aisha visitó a las hermanas Risha en su habitación.

Tan pronto como entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí, las hermanas Risha vieron que Daimon no venía con ella y soltaron un suspiro de alivio.

Después de charlar sobre lo que habían vivido el mes pasado cuando Daimon no estaba, un silencio un tanto incómodo se apoderó de la habitación, antes de que Aisha las mirara directamente.

—Y bien, ¿cómo les fue cuando estuvieron a solas con él? —preguntó Aisha con una sonrisa cómplice en su bonito rostro.

Las tres se sonrojaron, antes de que Yvonne respondiera.

—¿Somos tan obvias?

Aisha soltó una risita como respuesta; a ella, que una vez fue inexperta en el amor romántico, sus reacciones le parecieron bastante divertidas.

—Sí, pero no le veo el problema, de todas formas no parece que Daimon esté en contra.

—Quizá, pero ¿no es demasiado insensible? No me gusta sonar como mi madre, pero no somos feas, ¿sabes? —dijo Leslie mientras hacía un puchero.

—Pero… la verdad es que se sintió bien verlo preocupado por nosotras —murmuró Liliana.

Aisha sonrió con amargura; quizá porque era un alma gemela, para ella no fue difícil hacer la transición de madre a amante y, aun así, notó que Daimon no había avanzado realmente en su relación en ningún aspecto hasta hacía poco, cuando entraron en la academia.

Fueron ocho años, pero ciertamente, como no era tan joven como las hermanas Risha y sabía que Daimon correspondía a sus sentimientos, no experimentó por lo que ellas estaban pasando.

Yvonne se dejó caer en su cama y luego usó una almohada para cubrirse la cara.

—Nuestras madres nos dijeron que, como somos las primeras del linaje principal en experimentar el amor, sería impredecible… Equilibrar el querer verlo todo el tiempo y sentirnos felices a su lado con no parecer unas locas es un poco difícil.

Aisha no pudo resistir las ganas de reír; recordó a cierta chica zorro que no se reprime en ese aspecto… para nada. Pero claro, no todo el mundo puede ser tan desvergonzado como Erin.

—Sigan insistiendo y él corresponderá. ¿Acaso no ha empezado ya a bromear con ustedes tres? Solo tengan en cuenta que le gusta tomarles el pelo a Liz y a Elaine, así que algún día les tocará a ustedes también —dijo Aisha mientras se marchaba.

Las hermanas Risha se miraron entre ellas antes de suspirar y luego irse a dormir.

Aisha regresó a la habitación de Daimon y entró justo para verlo sentado en la cama con las piernas cruzadas; Narasha, que usaba su forma de cuerpo de luz, estaba acostada en la cama junto a él.

—Parece que Daimon está preocupado por algo —le dijo Narasha a Aisha cuando la vio entrar en la habitación.

—Mmm. —Aisha asintió. Como su madre, ¿cómo no iba a notar que algo molestaba a su hijo? Pero perdió la oportunidad de preguntar antes y terminaron sin verse durante todo un mes.

Con una pequeña sonrisa, saltó a la cama, derribando a Daimon en el proceso, de modo que acabó tumbada sobre él.

—Estaba meditando, ¿sabes? Puedo sentirlo, debería estar a punto de avanzar de nivel… Daimon, que abrió los ojos tras sentir el suave cuerpo que lo abrazaba, fue silenciado con un beso.

—Verlos besarse en «persona» se siente ciertamente distinto que cuando observo junto con Eve desde dentro del inventario —murmuró Narasha. Ella, que aún tenía problemas con las emociones, ahora estaba experimentando celos.

—Oye, no me metas en esto, Nasha, tú eres la que más le gusta mirar.

Incluso Evangeline se unió a la conversación, haciendo reír a Daimon, que era el propósito de ellas desde el principio.

No se podía tocar a Narasha en esa forma, así que regresó a su forma de Desastre y, en lugar de volver al inventario, dejó que Daimon la colocara en la cama junto a ellos. Aisha, por su parte, se acurrucó con él y luego apagaron las luces.

«Eve, he estado teniendo un sueño extraño en el que floto solo en un mar infinito, y ya me pasaba antes de que viniéramos aquí. ¿Lo causa el sistema?», preguntó Daimon con una voz que solo las almas gemelas podían oír.

«¿Mmm?».

«No, el sistema está restringido y no puede entrometerse en tu mente… No puedo ser muy específica, pero hay algo nuevo que está a punto de aparecer. Solo puedo decírtelo porque ya has cumplido los requisitos para ello, pero no está relacionado con lo que mencionas».

Daimon lo pensó durante un par de segundos antes de relegar el tema a un segundo plano en su mente.

—Supongo que todo se resolverá a su debido tiempo —murmuró Daimon. Hundió el rostro en el pecho de Aisha y luego cerró los ojos para dormir. Aisha le acarició suavemente el pelo a su hijo; como su madre, se enorgullecía de ser la mejor en consolarlo.

…

La noche transcurrió y Daimon se encontró de repente en ese sueño recurrente que había estado teniendo, sobre flotar en un mar infinito y, al igual que las veces anteriores, se despertó en cuanto fue consciente de ello.

Abrió los ojos lentamente y fue recibido por la visión del hermoso rostro durmiente de Aisha. Tras darle un beso en la mejilla, lo que la hizo murmurar en sueños, Daimon se levantó de la cama y fue al baño.

Pero mientras se bajaba la cremallera del pantalón, se giró de repente y sacó una de sus pistolas del inventario. Una grieta en el espacio apareció a su lado, de donde salió una figura femenina.

—Por fin… —Stella, que había sido arrastrada a la entrada de la ruina mágica un segundo antes, apareció dentro del baño, justo al lado de Daimon.

No hace falta decir que Stella se quedó helada en el sitio. Lo primero que vio al aparecer fue a un Daimon sin camisa apuntándola con una pistola… con «eso» colgando fuera de sus pantalones.

«Jajaja, lo juro, tú y tu suerte con las mujeres. Es digno de ser escrito en una historia para las generaciones futuras~», Evangeline no pudo evitar reír dentro de su espacio.

Daimon se subió la cremallera y trató de no mostrar ninguna reacción, pensando que quizá eso ayudaría a Stella, pero esta vez las cosas no salieron como esperaba.

—¡T-tú! ¡¿Por qué demonios me trajiste aquí cuando estabas… desnudo?! —Stella se sonrojó; incluso ahora que no lo estaba mirando, la imagen se le había quedado grabada en la mente.

Aisha, que escuchó la voz de otra mujer procedente del cuarto de baño de su habitación, corrió inmediatamente de la cama al baño. Como no habían hecho nada, ella llevaba ropa cómoda para dormir, al igual que Daimon, que, aunque estaba sin camisa, llevaba unos pantalones anchos y cómodos. El momento simplemente jugó en contra de Stella.

Aun así, Stella era una adulta y de Rango Señor, así que, tras su conmoción inicial, logró calmarse. Su mente no registró que Aisha compartía habitación con Daimon; en cambio, como la vio entrar, se dio cuenta de que no había sido a propósito.

Y tenía razón. Daimon había dejado de prestar atención a la cuenta atrás, porque según lo que dijo Akeem, los de Rango de Señor no aparecerían junto a ellos, sino en un lugar aleatorio. Por eso el Sabio de Greenwich vendía esos sigilos de comunicación de un solo uso a un precio tan caro; podían usarlos para localizar a sus respectivos estudiantes.

Afortunadamente, la puerta de la habitación estaba cerrada, o incluso las hermanas Risha habrían escuchado a Stella levantar la voz.

—Señorita Leeris, esperemos fuera del baño —Aisha, que apenas aguantaba las ganas de reír, sacó a Stella del baño para que Daimon pudiera terminar lo que había venido a hacer.

Daimon sacó la insignia de su inventario y, efectivamente, la cuenta atrás desapareció. Lo único que quedaba era el emblema del tiburón rúnico, que se había vuelto increíblemente detallado después de que el tiburón obtuviera aquel hueso del fondo del mar.

Una vez que Daimon salió del baño, vislumbró a Stella, que huía como un conejo asustado. Aunque Aisha había hablado con ella para explicarle la situación, incluido el hecho de que los otros de Rango Señor no aparecían cerca de los portadores de insignias, ella todavía no podía mirar a nadie a la cara en ese momento, así que se fue a una de las muchas habitaciones vacías.

—Cariño, ¿vio ella…? —preguntó Aisha en voz baja antes de levantarse para cerrar la puerta.

Daimon se encogió de hombros.

—Solo un poco. Casi le disparo pensando que era alguien de las tribus que había logrado esconderse de mis ojos de infinidad en el barco.

Esta vez Aisha soltó una risita. Antes de que se vistieran y salieran de la habitación, sonó la alarma del barco, lo que significaba que estaban a punto de llegar a su destino y que era mejor que emergieran del agua.

En el pasillo vieron a las hermanas Risha salir de su habitación, totalmente preparadas para la inminente batalla.

—Convéncela de que salga de su habitación. Yo haré que el barco suba a la superficie y hablaré con Calvin y los demás —le dijo Daimon a Aisha antes de irse al espacio que estaba justo debajo de la cabina del capitán.

Las hermanas Risha estaban un poco confundidas por las palabras de Daimon. Que ellas supieran, no había nadie más en ese barco aparte de ellos.

—La señorita Stella llegó hace solo unos minutos —dijo Aisha mientras llamaba a una de las muchas puertas del pasillo.

Stella, que estaba tumbada en la cama perdida en sus pensamientos, oyó que alguien llamaba a la puerta y salió de su trance. Se miró sus elegantes y delgados dedos y la imagen de «eso» de Daimon apareció en su mente, haciendo que su cara se pusiera roja como un tomate.

«¡Ahhh, en qué demonios estoy pensando!», gritó en su interior, antes de negar con la cabeza y mirar por la mirilla de la puerta, solo para asegurarse de que no era Daimon.

Aisha vio que la puerta se abría e intentó fingir que no había pasado nada.

—Estamos a punto de llegar a nuestro destino, así que saldremos a la superficie y nos detendremos para discutir el plan. Todos tenemos que estar presentes para eso.

Stella suspiró para sus adentros.

«Contrólate, Stella, solo fue un accidente. Maldita sea, ni siquiera reaccionó, como si estuviera acostumbrado a estar desnudo delante de las chicas». Cuanto más intentaba Stella olvidarlo, más acababa pensando en lo que había ocurrido hacía un momento, pero aun así asintió a Aisha mientras sentía que el barco ascendía.

El sol estaba a punto de salir cuando los barcos emergieron del agua. Todos tenían esa alarma, así que los encargados detuvieron sus respectivos barcos y, según lo que habían discutido antes, esperaron a que Daimon hiciera lo mismo. Por supuesto, los Paladines no fueron invitados a la reunión que estaba a punto de celebrarse en la cubierta del barco de Daimon.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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