Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Vendiendo Mierda
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10: Vendiendo Mierda 10: Vendiendo Mierda -¿Bueno, bueno.
No es esto algo curioso?
– dijo uno de los examinadores al presenciar la actuación de cierto participante de ojos negros con pupilas doradas.
-¿Cuál es exactamente su don?
– preguntó otro, buscando la información de ese estudiante.
-Arena de Hierro…
Aquí dice que su cuerpo crea arena con un alto porcentaje de magnetita.
Pero en los informes sólo dice que podía manifestar un puñado de esta arena antes de caer en agotamiento…
– informó otro de los examinadores.
El silencio cayó entre los que conversaban, encargados de vigilar la sección donde Tetsumaru hacía su examen.
-Es posible que haya entrenado mucho para crecer tan abrumadoramente…
O bien omitió esa información a propósito- comentó el primero que había hablado.
Mientras tanto, en otra sección de los exámenes, una chica de cabello marrón rojizo y una sonrisa confiada corría por los edificios de manera horizontal, saltando sobre las máquinas que se encontrase y aplastándolas con un fuerte puñetazo.
Si bien la Terumi Mei original era capaz, su punto fuerte no estaba en el taijutsu.
Claro, seguía estando a nivel Kage y no era una kunoichi cualquiera, pero su enfoque se dirigió al Ninjutsu.
Esta encarnación de Terumi Mei, al carecer de la variedad de técnicas de la Mizukage, tuvo que emprender un camino diferente, dedicando más esfuerzo en su Taijtusu.
Mei aprendió a liberar pequeñas ráfagas de chakra en sus puños, emulando lo mejor que pudo el estilo de golpear tremendamente fuerte de Tsunade y Sakura.
No estaba al mismo nivel, ni era la misma técnica, pero sus golpes eran más fuertes que los de su otra mitad.
Y bastaron para someter a estas máquinas de prueba.
Ella pulsó chakra en sus piernas, saltando a gran velocidad hacia una máquina que estaba a punto de golpear a un estudiante de cabello morado y despeinado.
Antes de que el puño blindado del robot hiciera contacto, la Kunoichi apareció en un borrón de movimiento, propinando una patada devastadora que arrancó la extremidad metálica de su lugar y la envió a estrellarse contra una pared.
Pero no se molestó en arrebatar la presa de ese participante.
Sin voltear a mirarlo, continuó su marcha, asegurándose de asistir allí donde pudiera pero sin intervenir en las luchas de los demás.
Al igual que Tetsumaru, intentaba dar la impresión de alguien capaz, pero atento a sus compañeros.
No estaba allí para acumular puntos egoístamente, ya que ese no era todo el propósito del examen.
Tras unos dos minutos de esto, Mei había acumulado exactamente 50 puntos y detuvo su asalto.
Se posicionó en la cima de un edificio, esperando la aparición del verdadero reto.
Y no tardó demasiado en llegar.
Temblores asolaron las calles, sonidos del concreto al agrietarse llegaron a sus oídos y sus ojos captaron un pequeño edifico derrumbarse ante el paso de una monstruosidad.
Elevándose sobre los tejados, la imponente figura del robot fijó su mirada en la Kunoichi.
Y Terumi Mei sonrió confiadamente.
La máquina abofeteó uno de los tejados, enviando escombros en su dirección.
Mei pulsó chakra en sus piernas, ganando un impulso alucinante a ojos de los examinadores, y corrió en dirección al robot.
Evadió fácilmente los proyectiles, saltando al antebrazo de la máquina.
En este punto, tanto ella como su otra mitad ya habían dominado la escalada de árboles, de paredes, concreto, metal, tierra, y la caminata de agua.
Mei escaló hasta llegar a la base de la cabeza rectangular, en una zona en la que las gigantescas manos del robot le impedían golpearla.
Buscó las partes que consideró más frágiles y bañó a la cosa a puñetazos, desprendiendo partes que parecían desplegables.
Las chispas volaron cuando logró golpear y arrancar una sección de pesados cables que conectaban el cuello con el hombro, provocando que el lado izquierdo de la máquina fallase.
Hecha su tarea, Mei saltó a la espalda, descendiendo rápidamente y alcanzando la articulación de la rodilla.
Siempre era un punto débil en cualquier cuerpo, ya sea biológico o no.
-Sólo por una vez…
Juro que no pasará de nuevo- pensó para sí misma mientras respiraba hondo y apretaba el puño.
Un grito particular fue escuchado por primera y última vez en este mundo.
-¡¡SHANNAROO!!
El rugido de Terumi Mei fue ahogado por el estruendo que provocó su puño al volar los soportes de la articulación.
El robot perdió su equilibrio y se desplomó sobre sí mismo en una nube de polvo.
El suelo se agrietó y los alrededores temblaron por la caída del coloso.
Los estudiantes miraron estupefactos, y los examinadores tomaron nota de la hazaña de Terumi Mei.
Por su parte, Tetsumaru lidió mucho más fácilmente con la gran máquina en su lado de los exámenes debido a su Arena de Hierro.
Envió una cantidad decente, pero no exagerada, de su arena hacia las articulaciones de la máquina, convirtiéndola en púas que arañaron, perforaron y cortaron cosas importantes, derribando al gigante sin siquiera mover un músculo.
Incluso con la pequeña intervención por parte de las encarnaciones de los Kage al interrumpir el primer contacto entre Uraraka e Izuku, este último actuó de la misma manera que en la historia original, salvando a la niña y lastimándose en el proceso.
******************************************************************** -¿Ya llegó?
– preguntó Sakura con nerviosismo a sus hijos adoptivos, quienes yacían tumbados en el sofá de la sala mientras leían libros.
-¿Hm, qué quieres decir?
– preguntó Mei, ladeando la cabeza.
Los párpados de la voluptuosa mujer de cabello rosa temblaron.
¿Es que a ella le importa más que a los propios mocosos?
-¡Me refiero a los resultados de los exámenes!
– dijo con exasperación.
-Creo que sí, mamá- fue la respuesta casual de la niña.
La mirada afilada de Sakura se clavó en los adolescentes, haciéndoles apartar la vista de sus libros y levantar la cabeza.
Una sombra se cernía sobre ellos, venas palpitantes retorciendo las facciones de la mujer, por lo demás amable y de sonrisa cálida.
-¿Cómo que…
Crees que sí?
Es sí o no – dijo lentamente.
Mei se asustó y saltó del sofá, subiendo a su habitación para encontrar la carta.
Tetsumaru sacó un poco de arena de hierro y estaba a punto de moverla para buscar su carta, pero el puño de su madre adoptiva aterrizó en su cabeza.
-Tráela tú mismo- ordenó.
A pesar de la inexpresividad de su rostro, Tetsumaru pensaba que quizás esta Sakura no era tan diferente de su versión Ninja.
Como ya sabían el shinobi y la kunoichi, efectivamente fueron aceptados en la UA.
Esa noche, su madre adoptiva preparó una cena especial, digna de servirse en la mesa de Odín.
Una vez que terminó la celebración, Tetsumaru y Mei decidieron celebrar a su propia retorcida y moralmente cuestionable manera.
*[R18 porque ¿Por qué no?] Mei empleó sus habilidades Ninja para moverse con sigilo hasta la habitación de su otra mitad.
Tenían que ser cuidadosos, pues a ojos de sus padres, ellos sólo eran hermanos que se llevaban muy bien y quizás un poco demasiado cerca el uno del otro.
Con un click, abrió la puerta, su entrepierna desnuda ya empezaba a calentarse y enviar una sensación de humedad.
Sólo llevaba puesta una camiseta sin mangas que no llegó a cubrir más allá de la cintura.
Normalmente no vestiría así, pues lo consideraba raro.
Pero para ocasiones así, le hacía sentir hermosa, provocativa, y lo más importante, hacía que su otra mitad la viera con ojos depredadores.
Justo como lo hacía ahora.
Esos ojos de un amarillo apagado ahora parecían brillar en la oscuridad, destacándose aún más por la esclerótica negra que los rodeaba.
Había deseo en esos ojos, un deseo que vagamente se transmitió por su vínculo.
La mente de Mei procesó la extraña información y pudo destacar algunas cosas que le hicieron palpitar el interior de su vagina.
Él quería someterla, quería hacerla suya, arrancarle la camiseta y tirarla al suelo para ejercer su dominio como la mitad masculina de una misma alma.
Y por alguna razón, el cuerpo de Mei se emocionó ante la idea.
Su cuerpo quería sentir el calor de un hombre llenándola por dentro.
Quería ser dominada, sometida, ser tomada por el sexo opuesto, pues así funcionaba la naturaleza.
La mente de Mei, sin embargo, no podía conciliarse con esa idea.
Normalmente no, pues ella jamás estaría con un hombre.
Ningún hombre, a excepción de ella misma.
La impaciencia brilló en los ojos de Tetsumaru y se levantó, no llevando nada más que su ropa interior, abultada por la erección y fallando en ocultar el miembro por el que la vagina de Mei tanto chorreaba.
Él la tomó del cabello, tirando su cabeza hacia atrás.
Un gemido bajo salió de los labios de Mei, no por el dolor, sino porque le excitó esa firmeza con que siempre la tomaba Tetsumaru.
Como si ya le perteneciera.
Sus labios se encontraron y la lengua de su otra mitad entró en su boca con total autoridad.
Mei no se resistió en lo absoluto.
-Dijiste que debíamos concentrarnos en nuestro entrenamiento, pero aquí estás provocándome.
Esto me lo vas a pagar- dijo Tetsumaru a través de su vínculo, prometiendo una rudeza que hizo que los jugos de Mei se deslizaran por sus muslos.
Él la tomó por la barbilla y bajó su cabeza, obligándola a arrodillarse.
Sacó su erecto miembro y lo puso en la cara de su otra mitad, su nariz enterrada entre sus bolas, permitiéndole aspirar ese olor masculino que siempre le hace entrar en éxtasis, como si de un afrodisíaco se tratase.
Despertó algo en el cuerpo de Mei, algo que le hizo perder el control de sí misma, entregándose a los impulsos femeninos de su nueva naturaleza, en contraposición con su mentalidad todavía masculina.
Ella tomó el pene frente a su rostro y comenzó a tratarlo.
Como ex hombre, Mei sabía que caricias y lamidas simples no iban a estimularlo demasiado.
Así no funcionaba el sexo oral para los hombres.
Al menos no para ella en su vida pasada.
Ella tiró de la carne hacia atrás y hacia adelante mientras su lengua recorría la punta, deslizándose entre el prepucio y llenando a Tetsumaru de estímulos que le hicieron temblar las piernas.
Luego se lo metió a la boca, avanzando hasta que su nariz se enterró en el pubis de su otra mitad.
Mei casi dominaba las gargantas profundas en este punto, la sensación de su propia garganta presionando la punta envió el estímulo hacia ella a través del vínculo de sus almas.
No era que Mei sintiera la mamada que estaba haciendo.
No funcionaba así.
Era más que si Tetsumaru se sentía bien allí, ella también lo haría.
Sonidos de succión y leves arcadas amenazaron la tranquilidad de la habitación.
La saliva corría por la barbilla y las comisuras de la boca de Mei, cayendo al suelo.
Pero Tetsumaru quería más.
Él sacó su miembro y sujetó a Mei por el cabello, poniéndola de pie y arrastrándola a la cama.
Una vez que la jadeante chica estuvo acostada, Tetsumaru se subió a ella, sus piernas rodeando su cabeza, como aprisionándola en su lugar, y su miembro cayó de nuevo en su boca, clavándose hasta que sus bolas golpearon la nariz de Mei.
Ella jadeó, la saliva salpicando por los bordes de su boca mientras las caderas de Tetsumaru subían y bajaban, ahogándola más.
El placer se duplicó para ambos cuando Tetsumaru abrió sus piernas y clavó su lengua en su clítoris, golpeándolo sin piedad.
Antes de que le aire se le acabara a Mei, Tetsumaru redobló sus esfuerzos y cubrió con su boca la zona sensible de la niña, succionando con avidez y provocando que el dúo se corriera juntos.
La semilla de Tetsumaru descendió por la garganta de Mei y ella lo bebió todo.
Los jugos de Mei salieron en pequeños chorros, y Tetsumaru los capturó todos con su boca.
Él se quitó de encima, permitiéndole respirar.
Se posicionó hasta quedar a su lado, jadeando por la dopamina que había liberado su cuerpo.
Tomó a Mei en sus brazos, y ella enterró su rostro en su pecho, entrelazando sus piernas como si nunca quisieran separarse.
Las dos mitades de una misma alma durmieron pacíficamente, reafirmando su conexión única, pero con la amarga sensación no poder romper la última línea todavía.
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