Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 106
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- Capítulo 106 - 106 Déjà Vu
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106: Déjà Vu 106: Déjà Vu Mei se secaba el sudor de la frente con una expresión de disgusto, mirando al traicionero horno donde se cocinaba un delicioso pollo que su madre le ordenó preparar para recibir a cierta mitad igualmente traicionera, sino más, que el horno maldito.
Ella había protestado, sin comprender cómo diablos Sakura pasó de estar triste y asustada, a luego furiosa cuando Tetsumaru al fin se dignó a llamar, sólo para levantarse al amanecer con un redescubierto amor por la limpieza del hogar y su increíble hijo, cuyo servicio a la sociedad y los Héroes Profesionales salvó muchas vidas.
¿Es que estaba loca?
¿O las madres estaban locas por defecto?
¿O eran así las mujeres?
Cuando Mei le señaló a su madre lo enojada que estaba la noche anterior, ella simplemente se llevó un dedo a los labios y ladeó la cabeza, mirando a la kunoichi con ojos perdidos y expresión inocente.
—Cocínale a Tetsumaru— dijo con ternura, pero Mei sintió en lo más profundo de su ser que desobedecer no era opción para ella.
Así que mientras Sakura y Sasuke se encargaban de embellecer un poco el desastre que tenían por entrada, Mei fue prisionera de la cocina.
¿Dónde estaba la puta justicia?
Mei refunfuñó para sus adentros, preparando la ensalada con desdén y prometiéndose a sí misma hacer pagar al misógino bastardo amante de los Héroes y las mallas en cuanto tuviera la oportunidad.
Pero por el bien de su madre, ella guardó silencio y obedeció.
En ocasiones, dirigía penetrantes miradas de decepción a su sumiso padre, quien asentía a todos los caprichos de su esposa.
¡Más pelotas, hombre!
De repente, Mei casi deja caer la cuchara con que revolvía los ingredientes de la ensalada al sentir una tenue señal que no había estado ahí en días.
Un cosquilleo en algún rincón de su mente, como una señal que poco a poco se hace más clara.
Sin que se diera cuenta, su estado de ánimo fue reconfortado por una cálida sensación de plenitud.
Ella fingió que todo iba bien, regresando a sus labores con el ceño fruncido en una obstinada demostración de descontento que lentamente se desvanecía.
Desde un lado, Sakura entrecerró los ojos al ver a su amargada hija concretar sus labores con una postura ligeramente diferente, una emoción renovada y un brillo de expectación en sus ojos.
La mujer sonrió con suficiencia, haciéndole un gesto a su esposo para preparar la mesa.
Los minutos pasaron y Mei terminó con sus tareas, esperando con los brazos cruzados y una mueca que le costaba mantener a que el pollo estuviera listo y que el responsable de su injusto trato finalmente llegara.
La intensidad de su presencia invadía su mente, el familiar toque antinatural de la conexión palpitaba, esperando a que alguna de las partes lo abriera y compartiera lo que sentía, lo que pensaba.
Mei se negó a ceder, dispuesta a poner a ese tonto en su lugar.
La contradijo, la ignoró, la dejó atrás.
¿Quién carajo se pensaba que era?
Sí, a Tetsumaru podría esperarle una buena comida de bienvenida y muchos mimos por parte de su madre, pero de Mei sólo obtendría represalias.
—¡Represalias te digo!— exclamó ella impulsivamente, pero no en su mente, sino en la de Tetsumaru.
Sin querer, Mei abrió la conexión y envió esa promesa a su otra mitad.
Rápidamente la cerró y se maldijo a sí misma, sonrojándose por semejante estupidez.
Aún así, permaneció atenta a una respuesta que nunca llegó.
Sus párpados temblaron y una vena palpitó en su frente, la respiración aumentando su ritmo segundo a segundo.
Mei abrió la conexión de nuevo.
—¡Oye, oye tú!— llamó la niña, aún sin recibir respuesta alguna.
—¿¡Haa!?
¿¡Cuándo te crecieron bolas, Tetsumaru!?
¿¡Crees que puedes venir con tu estúpida cara arrogante e ignorarme tan descaradamente sin consecuencias!?
—…
Sin respuesta.
La indignación envolvió el rostro de la kunoichi, quien estaba a punto de salir de la casa para ir a darle una patada voladora a su otra mitad, cuando Sakura apareció de la nada estampando un cucharón en la cabeza de Mei.
—¡Aack!
¿¡Qué rayos, mamá!?
—El Pollo— dijo Sakura con tono neutral pero amenazante, su rostro a escasos centímetros del de Mei, taladrando a la niña con una mirada penetrante que sólo una madre puede usar.
—B-bien— asintió Mei torpemente, hundiendo los hombros en derrota absoluta y regresando a su tarea de custodiar el pollo.
—Prepárate, Tetsumaru, porque juro que pagarás el triple de toda la mierda que- El pensamiento de Mei fue interrumpido por la repentina y novedosa sensación de Tetsumaru al acercarse velozmente a su ubicación.
Probablemente usando el shunshin, Tetsumaru parpadeaba en la mente de la kunoichi, su presencia agrandándose tan abrumadoramente que ella no supo como reaccionar.
En cuestión de unos saltos, ya estaba en la entrada, su presencia iluminando la consciencia de Mei y resonando con la mitad del alma que llevaba en su nueva envoltura de carne.
Lo primero que vieron Sasuke, Sakura y Mei fue la arena colándose entre los agujeros cubiertos por sábanas y manteles que la familia colocó, ya que los servicios que Nezu había prometido no llegaban todavía.
La Satetsu derribó algunas secciones, formando nuevamente una puerta oscura y sólida, puerta que Tetsumaru abrió casualmente para ingresar en la casa.
Mei apretó los dientes, girándose con un bufido hacia la cocina para esperar al condenado pollo en el horno mientras su madre chillaba y saltaba a los brazos de su hijo, y su padre la seguía con entusiasmo, dándole una calurosa bienvenida al pequeño Héroe.
—¿¡E-estás bien, no te pasó nada verdad, no hay heridas, no hubo accidentes, nadie te hizo daño verdad!?— preguntaba Sakura rápidamente, ahogando a Tetsumaru en abrazos y una exhaustiva verificación de su estado.
Hubo una pausa cuyo origen Mei desconocía y se forzó a ignorar, hasta que el grito de Sakura reverberó en sus oídos y la kunoichi no tuvo más remedio que darse la vuelta y asomarse discretamente.
—¡¡Mi bebé!!— exclamó la mujer, apartando la túnica de Tetsumaru para revelar un hombro vendado.
Fuera de eso, el shinobi no presentaba ninguna otra herida.
—¡Siéntate, Tetsumaru, iré a buscar alcohol y algunas curitas y, y!— ordenó Sakura medio en pánico, subiendo las escaleras rápidamente mientras Sasuke interrogaba el origen de la herida.
—Hm, me mordió uno de esos monstruos no-muertos— fue la breve respuesta.
—¿¡Qué!?
¿¡Y estás realmente bien!?
¿¡Ya trataste la infección, verdad!?— preguntó Mei de repente a través de su vínculo, olvidándose por completo de su negativa a tratar con él.
La mirada tranquila de Tetsumaru se desvió de su padre hacia ella, lo que provocó que Mei se sobresaltara y apartara la vista, regresando a su posición frente al horno.
—¡Ejem!
Bueno hijo, me alegra que estés en casa.
Iré a ver qué hace tu mamá— dijo Sasuke, subiendo a la planta superior también y dejando a ambas mitades solas.
El corazón de Mei se aceleró en cuanto sintió a Tetsumaru caminar hacia la cocina, sus emociones descontrolándose de formas que ni ella sabía que eran posibles.
Hizo todo lo posible por permanecer indiferente, negándose a mirar a Tetsumaru, quien ya estaba detrás de ella en completo silencio.
Las mejillas de la niña se sonrojaron contra su voluntad, toda la frustración e ira que sentía completamente olvidadas.
—Hola— dijo Tetsumaru a través de su vínculo.
—Estoy de vuelta.
Esas palabras fueron suficientes para que Mei suspirase y se diera la vuelta, encontrándose de frente con la mirada de su otra mitad.
Un segundo después, ella saltó a sus brazos y fundió sus labios con los de él.
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