Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 109
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- Capítulo 109 - 109 Dormitorios II
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109: Dormitorios II 109: Dormitorios II [Contenido +18, no me hago responsable de erecciones, humedad, muerte neuronal o torsión intestinal] ********************* Mei no necesitó del vínculo para darse cuenta de la petulante sonrisa que se le escapó a Tetsumaru más de una vez durante la interacción previa.
¿Creyó que podía engañarla?
¿Que ella había olvidado lo que era y quien era sólo porque ahora difería un poco en actitud y comportamiento?
Sí, Mei era consciente de sus propios cambios a lo largo de los años.
Los había aceptado poco a poco.
Pero la raíz de todo seguía allí, misma raíz que compartía con el idiota de Tetsumaru.
Por eso notaba sus miradas condescendientes, las burlas internas que le dirigía.
Nada de eso fue en un mal sentido.
Todo lo contrario, al degenerado le fascinaba.
Y a regañadientes, Mei aceptó que también le gustaba.
—Vamos al baño— sugirió ella con un susurro tan tentador como suplicante a su oído.
Sus labios formaron una sonrisa al contemplar el efecto que sus palabras.
Tetsumaru se estremeció ligeramente, sus ojos destellando lujuria contenida.
Mei estaba en control, y eso le gustaba.
En el pasado fue de aquellos ilusos sin valor que consideraban el acto sexual como una humillación a la mujer y el dominio del hombre.
Cuán equivocada estaba.
Ahora lo sabía mejor, lo entendía de verdad, y lo encontraba igualmente excitante, sino más que antes.
No se sintió inferior a su otra mitad, no se sintió humillada ni dominada.
Fue simplemente placer, un camino de dos vías.
La emoción que él reflejaba en sus ojos era compartida por Mei, el calor que inundaba sus pechos sacudía sus sentidos, los agudizaba.
La puerta del baño se cerró y un mundo nuevo se abrió ante sus ojos, uno en el que sólo existían ellos dos.
Mei atacó sin piedad en ese momento, empujando a Tetsumaru contra la puerta e invadiendo su garganta salvajemente.
Necesitaba esto.
Anhelaba el calor, la humedad, los labios del único al que podía entregarle todo.
Él sujetó su cintura con firmeza, atrayéndola hacia sí mismo y consolándola con ternura, disculpándose sin palabras por los días que la abandonó.
¡Y vaya que tenía que disculparse!
Mei iba a exigir su compensación de una forma u otra.
Ella lo desvistió con rapidez y precisión, su hambre creciendo con cada segundo de contacto.
La respiración era agitada, el sudor bañaba sus cuerpos, los jugos se derramaban de la entrada de la chica, su interior temblando y contrayéndose en señal de protesta, exigiendo a su tan esperado complemento.
Tetsumaru intentó comunicar algo, pero Mei selló su boca con la mano y lo miró intensamente, acallando cualquier réplica verbal o mental.
Esta vez era su turno de tomar las riendas, y maldita sea si iba a convertir a su otra mitad en su consolador exclusivo.
Con un movimiento brusco, Mei echó a Tetsumaru contra la pared, estampando su pie violentamente a unos centímetros de su cara con su increíble y conveniente flexibilidad.
Ella torció la extremidad lentamente, rodeando la espalda de su otra mitad.
Con una mano cubría su boca en señal de advertencia.
Escupió la palma de su otra mano, usándola para lubricar la punta del erecto miembro que se estremecía con cada roce de su entrada.
Mei acarició al pequeño, lo empapó con saliva y lo estimuló con una mezcla de delicadeza y firmeza, provocando que a Tetsumaru se le escaparan jadeos ahogados.
Cuando la emoción superaba a su otra mitad e intentaba mover sus caderas sin permiso, Mei apretaba el miembro, recordándole quién tenía el control.
Cuando la mirada desafiante de Tetsumaru desapareció, Mei sonrió con dulzura y susurró suavemente: —Buen niño— posicionando la punta desesperada contra su entrada igualmente sedienta de acción.
Sus pupilas se contrajeron y su peso cambió, uniéndose con un sonido húmedo a su otra mitad.
Ambos jadearon, sus cuerpos se estremecieron y el vínculo se llenó de sensaciones descontroladas de placer.
La experiencia se multiplicó y Mei no pudo detenerse más, embistiendo rápidamente a Tetsumaru y ahogándose en la sensación de su carne abriéndose paso en su interior.
Las paredes húmedas palpitaron, cerrándose alrededor del miembro como si quisieran abrazarlo para nunca dejarlo ir.
Mei continuó asaltando sin piedad, echando hacia atrás la cabeza mientras los estímulos tanto propios como los de su pareja alcanzaban el punto máximo de su resistencia y la hacían llegar al clímax.
Ella se enganchó a Tetsumaru, rodeando su cuerpo con todas sus extremidades y saltando lo mejor que podía sobre su entrepierna, dejándose caer y absorbiendo toda su longitud en cuanto fue golpeada por la sensación de placer máxima que su consciencia podía tolerar.
—¡Hnngh!— gimió Mei, forzando sus músculos internos a contraerse con cada nueva oleada de jugos que eran derramados a lo largo del glande de Tetsumaru.
El muy atrevido intentó besarla, pero Mei no había terminado de usarlo.
Ella se lanzó hacia atrás, sosteniéndose con las manos en el suelo mientras sus piernas aferradas a Tetsumaru lo tiraban hacia adelante.
Él no opuso resistencia, dejándose tirar al suelo bruscamente mientras Mei se posicionada sobre su torso.
—¡Hoy eres mío, maldita sea!— siseó Mei, levantando las piernas de Tetsumaru en una posición que, tradicionalmente, haría la mujer en lugar del hombre.
La mirada de confusión de su otra mitad envió un cosquilleo a la espalda de Mei, mientras que sus intenciones filtradas por el vínculo hicieron estremecer a Tetsumaru.
Sin preámbulos, sin cariño o tacto, Mei se sentó sobre el pene de Tetsumaru y continuó su asalto, empujando las piernas del shinobi por detrás de las rodillas.
Con cada salto, con cada penetración, con cada chapoteo, con cada ola de placer taladrando su interior, Mei derramó sus emociones reprimidas.
Su cuerpo expresó lo que su boca no podía y su media alma filtraba en fragmentos abstractos.
Mei se disculpó, lloró, se lamentó, rogó, consoló y declaró su amor por Tetsumaru en cada movimiento, con cada gemido.
Ella dejó escapar sus temores con las caderas, liberó sus frustraciones con cada chorro de líquido, constató su aprecio y aceptación con cada descarga de semilla que invadió su útero.
No se detuvo hasta que sus lágrimas corrieron por sus mejillas y sus fuerzas menguaban, hasta que su entrepierna expulsada líquido blanco y su rostro descansaba en el pecho de Tetsumaru.
No hubo palabras.
Ninguno las necesitaba.
Él la envolvió en sus brazos y la arrulló, permitiéndole recuperarse de la experiencia que acababan de tener.
Fue un acto lujurioso, una conexión carnal, espiritual y una conversación al mismo tiempo.
Mei habló, y Tetsumaru escuchó.
Al final, él confirmó su aceptación con un largo beso lleno de sinceridad.
Eso no cambió el hecho de que, por una vez, fue Tetsumaru quien salió cojeando de sus actividades, para diversión de Mei.
Varios días más tarde, Aizawa echaría un vistazo a las cámaras en la cocina y la sala del dormitorio, eliminando el metraje que mostraba a Mei atendiendo la llegada de Tetsumaru como si de una esposa se tratase.
Aunque no había vigilancia en el baño, Aizawa pudo hacerse una idea de lo que sucedió en base a lo que conocía de sus estudiantes hasta el momento.
Decidió que las cámaras tenían que descartarse de inmediato y programar una charla seria con los mocosos.
Lo último que necesitaba UA era un escándalo incestuoso, ya que casi nadie sabía que esos dos no tenían relación de sangre.
Y peor aún, una estudiante embarazada.
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