Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 114
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- Capítulo 114 - 114 Montaje De Entrenamiento
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114: Montaje De Entrenamiento 114: Montaje De Entrenamiento El auto se detuvo en las afueras del complejo pertenecientes a la clase 1-A.
Yagi bajó con una expresión agotada, más de lo usual, respirando profundamente para recuperar algo de su energía tras la intensa conversación en casa de su sucesor, Midoriya Izuku.
El Símbolo de la Paz ahora en retiro decidió acompañar a Eraser Head a todas las reuniones previstas con los padres de sus alumnos.
También lo hizo con Vlad King y los estudiantes de la clase 1-B.
Se los debía.
Yagi sintió que era lo único que podía hacer por esos niños a los que no protegió cuando lo necesitaban.
—¿Seguro que quieres gastar tu poco tiempo libre con esos mocosos?— vino la inquisitiva voz de Aizawa desde atrás.
Yagi se volvió en su dirección, mirando al soñoliento hombre cuyos ojos, por una vez, denotaban un cansancio justificado.
Las conversaciones que tuvieron hasta ahora fueron difíciles, en el mejor de los casos.
Los padres de sus alumnos se mostraron renuentes, temerosos, desconfiados.
Su palabra, la palabra de All Might, no les era suficiente.
Yagi no los culpó.
UA ya había perdido a dos estudiantes, y permitió que un tercero fuera secuestrado.
Esos pudieron haber sido cualquiera de sus hijos y era normal que casi todos los padres mirasen con escepticismo los protocolos de seguridad, la nueva política de UA y las promesas vacías, a sus ojos, de Aizawa y Yagi.
—No he estado allí para ellos como debería haberlo hecho.
Quiero ver cómo están sus ánimos para el próximo período— respondió el esquelético hombre.
Aizawa asintió y encendió el auto, dejando solo a Yagi con sus pensamientos.
Caminó con paso abatido, su mente perdida en los asuntos pendientes que tenía por delante.
No había tenido tiempo de visitar a Sero Hanta, ni estaba enterado de su estado actual.
Yagi no quería que el muchacho perdiera el camino, pero la conversación con su padre iba a ser la más difícil, sólo superada por la que tuvo con las familias de…
Sacudió su cabeza levemente, despejándola de temas tan trágicos.
No se enfurruñaría ahora si quería dar una imagen de fortaleza ante sus estudiantes todavía vivos.
—¡Waaah!— chilló una voz juvenil de repente, seguida de un golpe seco bastante doloroso a oídos de Yagi.
Provenía desde el otro lado del complejo, pero no en el interior.
Curioso, el hombre decidió echar un vistazo.
Vagando entre los árboles y escuchando jadeos audibles, Yagi se abrió paso hasta un pequeño claro donde una extraña pista de obstáculos lo recibió.
Plataformas, túneles, lanzas, mazos gigantes y otro sin fin de herramientas danzaban en un caos organizado, todas con una característica común y familiar para el Héroe.
En medio de todo, el joven al que Yagi conocía como Mineta Minoru sudaba a mares y jadeaba como un perro, sus cortas extremidades luchando contra el suelo para levantarlo una vez más.
—Muévete— dijo una voz monótona, también familiar para Yagi.
Mineta abrió los ojos de par en par y gruñó mientras se arrojaba a un lado.
Un instante después, uno de los mazos negros se estrelló en la posición en la que estaba, agrietando el suelo y levantando una nube de polvo.
Yagi se estremeció.
Su cuerpo se agitó en un intento inútil por saltar al frente y sacar al chico de allí, pero apenas respondió como debería.
Trastabilló torpemente y estuvo a punto de caerse, de no ser por un zarcillo de arena envolvió su cintura y le dio estabilidad.
—¡Uh, ah, G-gracias, Tetsumaru-Shonen!— dijo Yagi con un toque de vergüenza.
La arena se arremolinó frente a él y una plataforma en forma de disco se materializó.
Yagi dudó un segundo antes de dar un paso al frente y permitir que el constructo lo elevara en el aire.
Mineta, sin darse cuenta de lo ocurrido, continuó evadiendo el implacable asalto de los constructos en lo que Yagi sólo pudo interpretar como un circuito de entrenamiento dedicado al control sobre el entorno y el afilado de instintos.
Uno barato además.
—¿No es un poco duro para el Joven Mineta?— cuestionó a Tetsumaru cuando alcanzó la rama en la que el pelinegro observaba la acción.
—Él lo pidió.
Y en comparación con Mei, soy un terrón de azúcar— respondió Tetsumaru.
Yagi sintió un dolor fantasma al recordar las contundentes medidas de la muchacha.
No pudo negar semejante afirmación.
Su mirada se desplazó a Mineta, quien continuaba esforzándose y chillaba de vez en cuando en pánico, pero nunca deteniendo sus movimientos, ni clamando piedad.
Vio determinación, una que no estaba allí en el pasado.
Vio esfuerzo, uno genuino y no alimentado por el deseo o la lujuria que caracterizaban al chico.
—…
¿Qué fue lo que…?— preguntó débilmente, confundido al inicio y uniendo los puntos después.
—Él estuvo conmigo— dijo Tetsumaru.
—No pensé que volvería a verlo después de lo sucedido.
La experiencia lo cambió.
—También a ti— comentó Yagi, observándolo de reojo.
—Cuando comenzaste el curso, no vi interés alguno de tu parte.
Francamente, no entendía por qué estaban tú y tu hermana aquí.
—¿Y lo entiendes ahora?— le preguntó Tetsumaru.
Yagi tosió levemente, evadiendo con descaro la pregunta.
—¿Dónde están los demás?— inquirió tras un rato.
Tetsumaru hizo levitar la plataforma de arena en silencio y Yagi ascendió por encima de los árboles, moviéndose a una ubicación diferente.
****************************************** Mei respiró profundamente, llenando sus pulmones con el fresco aire y disfrutando del roce del mismo con su piel.
Su cabello finamente tejido se agitó un poco, el flequillo que ocultaba una parte de su rostro danzando animadamente.
Oyó pasos apresurados a su espalda y abrió los ojos, un brillo de diversión destellando en ellos.
El chakra se movió a través de su cuerpo con fluidez, ahora más preciso que en el pasado y con una eficiencia muy superior.
Secciones específicas de su cuerpo se llenaron de poder, en lugar de una zona general.
El movimiento consecuente fue más rápido, más preciso, económico en energía.
Ella dio un salto mortal hacia atrás, sus manos sujetando firmemente el cabello bicolor de Todoroki Shoto a mitad de su arco.
—¡Aaagh!— gimió el muchacho ante el tirón.
Mei le hizo caer de espaldas con fuerza, llevándose algunos hilos carmesí y plateados entre sus dedos.
—¿Duele, no es así?
¿Por qué crees que los militares se rapaban en el pasado?— comentó ella con diversión.
En efecto, la expresión del chico reflejaba dolor y un toque de ira.
Mei instó Shoto a sacar su trasero del lugar y tomar un respiro junto al ya magullado Bakugo.
Entonces llamó a su siguiente víctima.
—¡Jiro~ Ven aquí!
Jiro Kyoka se estremeció levemente, mirando con expresión complicada a dos de los tipos rudos de su clase hechos polvo.
Con un suspiro de derrota, se levantó del suelo y entró en el pequeño campo de pruebas, por no decir el patio de juegos de Mei.
—Oye, no seas tan ruda conmigo.
El combate físico no es mi punto fuerte, ya sabes— recordó ella con un fingido tono de indiferencia.
—Está bien Jiro.
Somos chicas, no hay de qué temer— calmó Mei con una sonrisa inquietante.
Tras unos cinco minutos, Jiro cayó de rodillas con el cuerpo bañado en sudor y algunos moretones aquí y allí.
A pesar de todo, Mei realmente no fue dura con ella.
Mei despidió al entusiasta grupo de niños y les ordenó tomar una ducha.
Ella permaneció en el lugar, esperando pacientemente la llegada de Yagi a quien había visto acercarse sobre los árboles.
—Hola— saludó el hombre demacrado con un símbolo de paz mientras descendía lentamente.
La vista hizo reír a Mei por alguna razón.
—Parece que sigues los pasos de tu hermano, Joven Mei— comentó Yagi, mirando en la dirección en que Jiro, Todoroki y Bakugo desaparecieron.
—Mientras Aizawa-Sensei y el resto del personal estén ocupados, sólo pueden entrenar sus cuerpos y adquirir algo de experiencia en combate con un oponente superior— ella se encogió de hombros.
—¿Pero ellos te pidieron esto, no es así?
Y tú no los rechazaste— señaló Yagi con algo parecido a una sonrisa en ese triangular rostro suyo.
Mei frunció el ceño.
En realidad, simplemente aceptó porque no podía pasar todo el día gastando chakra y el programa de Nezu aún no completaba lo que sea que tuviera que completar para iniciar sus pruebas de Ninjutsu simulado.
No tenía nada que ver con pasar el rato con los mocosos ni tenderles una mano.
Sí, definitivamente ese era el caso.
El único blando aquí era Tetsumaru, no ella.
Después de eso, Mei invitó al desnutrido hombre a un almuerzo y lo llevó a familiarizarse con el complejo de la clase 1-A.
Terminó cocinando para todos los otros tarados también.
Para su disgusto, Tetsumaru fue el único que no regresó a tiempo.
Horas más tarde, llegarían Midoriya, Mina y Kaminari, sumando más alboroto al nuevo hogar de Mei.
Durante los días siguientes, la kunoichi emprendió una rutina que constaba en preparar el desayuno, patear las puertas de sus compañeros y arrastrarlos fuera de sus camas al amanecer, someterlos a un acondicionamiento físico de mayor nivel al que estaban acostumbrados y balanceando sus comidas.
Kirishima, Asui y Shōji también se unieron, aunque ambos chicos y Midoriya recibieron un trato mucho más extremo, con Shōji y Kirishima concentrándose más en la técnica y en responder a enemigos ágiles y veloces.
Midoriya fue obligado a perfeccionar su estilo de conejito ágil en carreras mortales con la kunoichi, quien lo azotaba con balas de agua a través del pequeño bosque de UA.
Y por fin, la computadora de Nezu completó la integración de un Sistema de simulación súper avanzado, tomando en cuenta un nivel estándar de resistencia térmica en los puntos Tenketsu y tensión bioeléctrica en las vías de chakra.
El Director usó las muestras puras de chakra que Tetsumaru le dio para introducir una escala de estimación más acertada al disponer del esotérico aspecto Yin.
Seguía sin ser 100% seguro, pero era lo mejor que tenían.
El momentó llegó y Mei fue bañada de nuevo en un sin fin de sensores mientras pantallas holográficas marcaban en tiempo real toda su red interna de chakras.
Encerrada en una jaula de cristal y con equipo médico de emergencia a la mano, la kunoichi tomó una profunda respiración y tejió los sellos característicos de una técnica característica.
El proceso fue metódico y lento.
Cada sello no sólo agitó el chakra en un patrón específico y a una intensidad determinada, sino que trabajó en conjunto con la mente de Mei para designar la zona del cuerpo en que ocurriría la mayor concentración.
Ondas invisibles de energía se acumularon en su estómago, chocando las unas con las otras según el diagrama mostrado en las pantallas digitales.
Nezu y Tetsumaru observaron los valores de riesgo que mostraban cada una de las decenas, cientos y luego miles de simulaciones que la computadora ejecutó en segundos, actualizándose con cada nuevo sello que Mei tejía.
Al final, la kunoichi contuvo con visible esfuerzo la masa de chakra en su estómago, esperando la señal en la pantalla ante sus ojos.
Un segundo, dos, tres, cinco, nueve.
Poco a poco, la tensión aumentó y Mei empezó a sudar, preguntándose si el imbécil de Tetsumaru no provocaría su muerte con un estallido de intestinos.
Al décimo segundo de espera, la imagen ante Mei se actualizó con un brillo verde.
Estudió rápidamente el camino “seguro” trazado en el diagrama y liberó la energía con el corazón martilleando su pecho.
Si las cosas no salían bien…
Sus ojos se abrieron de repente y una sensación abrasadora pero no dañina invadió su garganta e hinchó sus mejillas tan rápido que no supo cómo reaccionar.
Mei abrió la boca desesperadamente y escupió una densa bola fuego que bañó la cámara con una luz anaranjada.
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