Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 116
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- Capítulo 116 - 116 Sabi-Haguruma
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116: Sabi-Haguruma 116: Sabi-Haguruma Las pesadas puertas de metal traquetearon y chirriaron espantosamente, abriéndose a la mitad para permitir el paso de dos imponentes figuras.
Hombres de más de dos metros de altura con cuerpos robustos, musculosos pero no definidos, sino hinchados en grasa.
Lucían como dos amantes de la comida, pero sin la obesidad de Abura.
Overoles grises y manchados se estiraban hasta sus límites en sus fornidos marcos, camisetas igualmente sucias y descoloridas ajustadas, y una multitud de tatuajes cubriendo sus brazos y cuellos.
Miraron al grupo con expresiones poco amistosas, evaluando a los desconocidos un momento antes de concentrarse en el hermano perdido.
—Vives— dijo uno de ellos, su voz ronca y profunda provocando vibraciones en las tuberías humedecidas que circulaban alrededor del marco de las puertas metálicas.
—Hermano Mayor Renzo— saludó Abura.
—¿Bajaste algunos kilos?— preguntó con una sonrisa astuta.
—¿Y tú ya saliste del clóset?— devolvió Renzo con un resoplido de desdén.
La sonrisa de Abura sólo se ensanchó aún más, posando con las manos en sus abultadas caderas, el pecho hacia afuera y la barbilla en alto en señal de superioridad y victoria.
El llamado Renzo y el hombre a su lado quedaron ligeramente atónitos, sin poder creer la insinuación de Abura.
Pero antes de que pudiesen continuar la intrascendente conversación, Shigaraki intervino con su tono plano y ligeramente molesto.
—Abura, no nos retrasemos más— sugirió el Villano.
Los gigantes fruncieron sus ceños por la interrupción, pero algo imperceptible para Tomura, Dabi y Twice les hizo detenerse un momento antes de abrir el camino para el grupo.
El interior del barco había sido completamente modificado, transformado en una auténtica vivienda y una fortaleza.
Sólo el exterior y la forma general de la estructura conservaban el aspecto de un navío.
Todo lo demás fue reconstruido de forma desconocida, nivelando el suelo a pesar de la inclinación de la nave encallada, creando pasillos enormes para permitir el paso de los tres voluminosos hombres sin dificultad alguna, y llenando las esquinas con armas automatizadas.
Torretas cargadas que se deslizaban de un lado a otro, evaluando y precisando a cada individuo que entrase en su rango de detección.
Eso tomó desprevino a Tomura, quien no esperaba nada de gentuza como esta.
De hecho, una inspección más cercana le hizo notar las constantes tuberías húmedas y ligeramente vibrantes que salpicaban el lugar.
Ya las había visto en las afueras del astillero, penetrando en aquellos siniestros charcos de químicos de los que Abura les advirtió.
Eso no podría significar nada bueno para los invitados no invitados.
En todo el trayecto, Tomura no vio a nadie más aparte de los dos hombres, Renzo y el más silencioso cuyo nombre desconocía, pero que parecía amigable con Abura.
El trío de peso pesado charló animadamente, con Abura contando orgulloso sobre su “novia” y lo sexy que era.
Fue difícil no hacer una mueca al recordar el asunto.
Finalmente, el grupo llegó a una amplia cámara con tiras de luz balanceándose levemente en el techo, las cadenas a las que estaban atadas tintineando y crujiendo en su oxidada danza.
Láminas y mallas metálicas decoraban el suelo en un reemplazo lógico de las alfombras, mucho más fáciles de ensuciar por los sucios hombres que escoltaron a Tomura y su grupo.
Un imponente trono de metal descansaba en lo alto de una plataforma, donde dos perros gigantes con cadenas gruesas alrededor de sus cuellos descansaban a los lados, sus orejas alzándose en cuanto los intrusos entraron.
Y una mujer de rostro curtido y mandíbula cuadrada, brazos anchos en señal de trabajo duro con cicatrices y un fino cabello grisáceo atado en un moño simple se sentaba en la pieza exagerada de arte.
Resultó ser más musculosa que redonda.
—¡Hola Má!— saludó Abura con tono jovial, rompiendo el ambiente serio que la situación empezaba a tomar.
La mujer puso los ojos en blanco, levantándose con un leve gruñido y descendiendo los pulidos escalones, acercándose a Abura y permitiéndose ser encerrada en su abrazo.
—Mi pequeño…
¿Cómo te ha ido allí afuera?
¿Has estado comiendo adecuadamente?— ella preguntó mientras sus manos examinaban el rostro del hombre más grande, entrecerrando los ojos al notar las marcas a medio curar de las constantes palizas que recibió en sus misiones.
Shigaraki Tomura examinó a la mujer que empezaba a interrogar al gordo aceitoso como lo haría una madre con su hijo.
Lo que veía y lo poco que sabía era contradictorio en muchos sentidos.
Según Kurogiri y Twice, el Sabi-Haguruma era considerado un pequeño e insignificante grupo mercenario que operaba por encargos igualmente pequeños.
Palizas a Héroes mediocres, intervenir en el traslado de prisioneros intrascendentes a prisiones comunes y de baja categoría, limpieza de escenarios, etc.
Sus actividades más audaces han sido ataques y asaltos a fábricas de artículos de apoyo para Héroes.
Eran escoria de nivel medio, como mucho.
Pero Shigaraki sintió que podría sacarles mucho más provecho.
Él sospechaba que esta gente elegía parecer menos capaces de lo que realmente eran.
Y también sospechaba de la razón.
************************************ —¿…Y esa novia está aquí, con nosotros?— preguntó Hibiki con una mirada preocupada, su tono destilando tanto escepticismo como lástima al dirigirse a Abura.
—¡No me mires así, Hermana Mayor!— se quejó el hombre más grande con un puchero que definitivamente no iba a juego con su porte.
—¡Mira, ella es real!— exclamó con ímpetu al mostrarle su teléfono a la mujer.
Sin evidencia, Abura sabía que su Hermana Haguruma Hibiki no le dejaría pasar por alto el asunto y lo bombardearía con acusaciones e insinuaciones desacreditadoras.
Él tenía integridad ante todo y no permitiría que su acosadora hermana lo humillase frente a su nuevo jefe y sus colegas de la Liga.
Hibiki escaneó las imágenes con interés, sus ojos violetas sin pupilas reflejando a una mujer rubia de cierto atractivo amordazada y encadenada, con marcas de chupetones por todo el cuello y los hombros.
Como para verificar los hechos, ella interrogó a Twice y a Dabi, quienes confirmaron la existencia de la novia de Abura.
A su pesar, la mujer de hombros anchos y cabello castaño no tuvo más remedio que concederle su bendición a Abura y felicitarlo por adquirir tan buen espécimen femenino.
Eso hizo sonreír triunfalmente al hombre, regodeándose con su familia sobre las maravillas del amor y recibiendo la calidez propia de aquellos a quienes sí les importaban sus logros.
Desde un costado, Twice y Dabi mantenían sonrisas incómodas mientras la familia Haguruma charlaba y destilaba fraternidad y camaradería.
Al igual que Tomura, ninguno de los dos esperaba encontrar esto cuando Abura les sugirió visitar al grupo mercenario que él llamaba familia.
Twice y Kurogiri habían investigado a este desconocido grupo, teniendo una comprensión vaga de sus aptitudes y su área de influencia.
Por lo que sabían, los Haguruma eran violentos pero astutos, nunca mordiendo más de lo que podían masticar.
Atacaban en grupo, siempre a objetivos débiles o desprotegidos.
Su historial de combatir contra Héroes Profesionales de alto nivel era inexistente.
Lo más desconcertante sin embargo, no yacía en su fuerza general, sino en sus métodos inexplicables.
De algún modo, estos mediocres aspirantes a Villanos siempre evadieron las redadas que la policía y los Héroes hacían en su territorio.
No había registro o siquiera rumores de que alguno de sus miembros principales fuera atrapado jamás.
Del mismo modo, poseían un dominio absoluto a la hora de navegar por el laberinto que era Deika Sur, lo que les permitió capear emboscadas de grupos rivales e incluso de la Yakuza.
Resultaba evidente que se trataba de algún Quirk de tipo sensor, pero el problema estaba en que nadie había podido identificar al individuo responsable.
Kurogiri pensaba que la usuaria de este Quirk era la líder y Matriarca del grupo, Haguruma Kaji.
Probablemente otros lo creyeron también.
Ninguno tuvo éxito a la hora de cazarlos en cualquier caso.
—¿No están tardando demasiado el Jefe y la señora Kaji?— preguntó Twice de repente.
Dabi se encogió de hombros, ocultando la leve mueca que retorció su rostro por el movimiento.
—Estas personas claramente son muy unidas, Twice.
No van a convertirse en parte de la Liga de repente sólo porque uno de ellos ya se nos unió— replicó el pirómano.
Mientras tanto, en una oficina privada al otro lado del salón ostentoso con el trono de metal donde todos esperaban, Shigaraki Tomura y Haguruma Kaji continuaban conversando.
La Matriarca del grupo mercenario había demostrado ser una persona racional, calculadora y educada, muy educada, cosa que complicó los planes de Tomura.
Esperaba una persona arrogante y ávida de poder, no una mente aguda y perspicaz.
Él ofreció trabajos esporádicos, tanteando el terreno.
Ella no mordió el anzuelo y fue directo al grano, explicando que no buscaba convertirse ni a ella ni a sus hijos en peones sacrificables en el juego de poder de Tomura.
Él aseguró que semejante cosa no era su objetivo, que buscaba aliados confiables.
Ella expuso el asunto de Toga Himiko, cuestionando el porqué todos lograron salir de Yokohama menos ella.
—¿Y si tanto le preocupan sus “niños”…
Por qué permite que Abura me siga aún después de lo sucedido?— preguntó Shigaraki con un tono gélido, internamente debatiéndose si tomar acciones más contundentes para someter a estos tipos.
—Porque los respeto, Shigaraki Tomura.
Ellos pueden tomar sus propias decisiones y no interferiré en sus vidas más allá de darles mi consejo y mi apoyo— respondió ella.
—Yo siempre apoyaré a mi familia.
Tomura estaba a punto de suspirar y hacer un movimiento, cuando las palabras de la mujer calaron en su mente y una idea extraña empezaba a tomar forma.
—¿Y dónde termina tu límite de familia, Haguruma Kaji?— preguntó.
Ambos discutieron durante una hora más antes de emerger con expresiones satisfechas de la oficina.
Afuera ya se habían reunido el resto de los Hermanos de Abura y habían iniciado una parrillada.
Twice y Dabi también se unieron a regañadientes, degustando con auras sombrías y distantes la carne jugosa.
Haguruma Kaji llamó la atención de todos, con Tomura a su lado, como si ambos fueran a darles un gran anuncio a los presentes.
—¡Mis niños, la Familia Haguruma se une oficialmente a la Liga de Villanos!— dijo la mujer con una sonrisa.
Sus hijos, aunque ligeramente desconcertados, animaron la decisión de su Matriarca.
Ella siempre tomaba las mejores decisiones, por lo que no si decía que ese era el camino a seguir, entonces ellos lo recorrerían.
Twice también vitoreó, dejándose llevar por el ambiente.
No notó la mirada extraña que le dirigía Tomura, y no habría importado en cualquier caso.
La Matriarca Kaji alzó las manos para indicar que venía otra bomba y todos guardaron silencio, expectantes.
La sonrisa de la mujer pasó de cálida a deslumbrante, mirando a su única hija, Hibiki.
Esa noche, hubo celebración, comida abundante y mucho licor en la guarida Haguruma.
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