Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - 123 Un Reto Verdadero III
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123: Un Reto Verdadero III 123: Un Reto Verdadero III —¡Niña tonta, el agua es el último recurso al que deberías recurrir!— Gang Orca cargó contra el ataque de la kunoichi, adentrándose en el torrente de agua sin temor alguno.
Empapado en su elemento, el Héroe apuntó su espiráculo en dirección a la emisora de tan dulce agua y envió una poderosa onda sónica.
Mei pulsó chakra a sus extremidades y saltó sobre la ola que ella misma había desatado, corriendo y evadiendo ágilmente los ataques de su oponente mientras más sellos se tejían con precisión.
En el interior, Gang Orca sintió las fluctuaciones en el agua.
Ondas y vibraciones que él podía percibir, filtrándose desde el cuerpo de la niña.
Entonces Mei colocó sus manos en el agua y la expresión tranquila del Héroe se desvaneció.
De repente, la ola se sacudió y empezó a acelerar, cambiando su rumbo según la voluntad de la kunoichi y alejando Gang Orca del verdadero objetivo de este examen: los civiles.
—Muy astuto— reconoció el Héroe.
—Pero sigo teniendo la ventaja aquí, Terumi.
—¿Es eso así?— cuestionó Mei con una sonrisa torcida.
Gang Orca, se agitó y salió disparado en dirección a la muchacha a gran velocidad.
La alcanzó en cuestión de dos segundos, obligando a la kunoichi a retroceder para evitar el puñetazo demoledor.
Una considerable porción de agua explotó hacia afuera debido al poder del ataque y Mei frunció el ceño.
¿Este tipo iba en serio contra ella?
No es que le molestara, ni mucho menos.
Poco a poco, Mei arrastró al Héroe lejos del campo de batalla de su pandilla y los otros estudiantes, dejando tras de sí un rastro de salpicaduras.
Gang Orca la obligó a correr y saltar de un lado a otro, embistiendo con sus puños o sus ondas sónicas.
—¡Te lo dije, el agua no es tu aliada, sino la mía!— bramó el Héroe, desbaratando lo que quedaba de la ola con un único golpe dirigido al suelo.
Mei saltó, trazando un arco en el aire antes de aterrizar con gracia, imperturbable por el poder del oponente.
—Pongámoslo a prueba entonces— insinuó provocativamente.
Gang Orca cargó una vez más, pero Mei no se movió de su posición.
Tejió más sellos manuales y movilizó el chakra en su cuerpo, alcanzando con su toque invisible los charcos de los alrededores.
Suiton: Suiben.
Una docena de látigos de agua emergieron de los charcos, disparándose hacia el oponente y atrapando sus extremidades.
El tirón sorprendió a Gang Orca, quien no esperaba que meros zarcillos de líquido fueran tan resistentes.
Su movimiento se ralentizó y la carga fue estropeada.
Ajustó su postura para enviar un ataque sónico a la niña, pero Mei se le adelantó.
La kunoichi amasó agua en su estómago mientras corría hacia el Héroe en un destello de velocidad impulsado por chakra.
Se llevó una mano a los labios y dejó salir un chorro de agua que atrapó y agitó en dirección al hombre Orca ante ella.
Suiton: Ryūsui Muchi.
El zarcillo denso de agua, más duradero que los que retenían temporalmente a Gang Orca, cortó el aire con un silbido doloroso justo antes de azotar la cabeza del mismo.
—¡Hnnhg!— gruñó Orca, una sacudida de dolor palpitando justo por encima de sus ojos.
Mei no se detuvo allí.
Giró, saltó y danzó alrededor del Héroe atrapado, azotando sin piedad alguna la zona en la que su espiráculo se encontraba.
Marcas en línea recta cruzaron el orificio de arriba a abajo, izquierda a derecha y en diagonal, todos los ataques centrados en esa zona del cuerpo.
—¡¡BASTA!!— rugió Gang Orca, deshaciendo los látigos que lo inmovilizaban con un fuerte tirón.
Así como el viento, la luz y el calor pueden herir a los seres terrestres, no había motivo alguno por el que el agua no pudiese dañarlo a él.
Mei dejó de mantener los demás látigos de repente, lo que hizo que el hombre trastabillara por la repentina desaparición de las ataduras.
Ella se abalanzó sobre él, poco temerosa de un encuentro más directo.
Su Ryūsui Muchi cortó el aire una vez más, girando y azotando la espalda desprotegida del Héroe, enviándole abrasadoras oleadas de dolor.
De repente, Gang Orca se giró sobre sus pies y clavó un puñetazo en el suelo, desestabilizando el terreno sobre el que Mei danzaba con agilidad.
Él aprovechó el momento, disparando su onda sónica a quemarropa.
Mei fue golpeada de lleno y mandada a volar.
Pero mientras su cabeza daba vueltas, sus manos formaron siete sellos en un borrón y se abrieron de par en par, apuntando hacia el Héroe.
Suiton: Ja no Kuchi.
Gang Orca fue embestido por otro torrente, esta vez tomado desprevenido y sin un fuerte punto de apoyo debido a su propio ataque al terreno.
No pudo resistirse al impulso y fue alejado incluso más que antes.
Mei aterrizó bruscamente y rodó por el suelo, su cabeza zumbando y su piel arañándose por el terreno rocoso.
Maldijo al cetáceo desgraciado, pues su cabello se llenó de tierra en el proceso.
Intentó levantarse, encontrando la acción sorprendentemente difícil.
Algo le sucedió a su oído, pues su sentido del equilibrio anormalmente perfecto ahora le fallaba estrepitosamente.
Eso no le impidió ver su serpiente acuática explotar a varios metros de distancia, con el Héroe empapado y su ropa hecha jirones alzando un puño amenazadoramente.
—Ya demostré mi punto.
Al carajo con el cetáceo— pensó con fastidio, amasando chakra en su estómago una vez más, pero esta vez alterando la transformación de la naturaleza.
Gang Orca se palmeó suavemente la cabeza, estremeciéndose por el palpitante dolor en la zona de su espiráculo.
Emitir esa onda sonora también lo lastimó.
El Héroe respiró hondo, dándose cuenta de que restringirse con esta niña habría sido una estupidez.
Su velocidad de reacción y movimiento no era inferior a la suya, y con las restricciones en esos aspectos, habría sido picado hasta los huesos por esos latigazos abrasadores.
Echó una mirada rápida en la dirección de Ryūkyū, viendo la figura majestuosa de la mujer siendo bombardeada por explosiones, lanzas gélidas y un pilar denso de arena estampándose en su cráneo.
—Se ve doloroso— murmuró Gang Orca, centrando su atención de nuevo en la kunoichi, encontrándola casi en su cara con una mirada desdeñosa y las mejillas hinchadas.
Los ojos del Héroe se abrieron de par en par, sin haber notado el acercamiento de la niña.
De hecho, estaba más de cincuenta metros de distancia y no habría podido cubrir eso tan rápido sin que él se percatase.
Mei le dio una ducha para nada agradable de vapor al Héroe.
***************************************************** Tetsumaru no se inmutó por la figura voladora que aleteaba furiosamente en su dirección.
No se asustó por el marco imponente, ni las garras afiladas o los colmillos enormes.
Mantuvo la calma, la mayor parte de su atención dirigida a las construcciones de Satetsu que usaban los estudiantes para mover a los “heridos de gravedad”, y las que usaban los combatientes de largo alcance para protegerlo.
—¡Yo no necesito tu ayuda, ojos feos!— escupió Bakugo, enviando una gran explosión hacia el constructo que lo elevaba en el aire para impulsarse a sí mismo hacia la Heroína.
El rubio apuntó y desató una poderosa explosión debajo de Ryūkyū, la onda resultante desestabilizando su vuelo lo suficiente como para alterar el rumbo de colisión con el shinobi.
Tetsumaru ignoró la hostilidad amistosa de Bakugo, ayudando a Todoroki a alcanzar mayor altura hasta posicionarlo junto a él.
—Ciégala con fuego, bloquéala con hielo.
Pero ten cuidado, no querrás dejar caer un glaciar sobre las cabezas de los civiles— instruyó el shinobi brevemente antes de apartar su atención del combate.
No era su función todavía.
Shoto asintió, reconociendo el punto de Tetsumaru.
El muchacho fijó su mirada en la Heroína, quien ya rodeaba de nuevo su posición con un arco amplio y predecible.
Sin previo aviso, aleteó con fuerza el aire y se disparó hacia ellos una vez más.
Las llamas sisearon alrededor del brazo de Shoto y un chorro incandescente quemó el aire frente a él, formando una densa nube abrasadora.
Efectivamente, el mar de llamas impidió que Ryūkyū viera el movimiento que la plataforma de Arena hizo.
Para cuando ella atravesó el fuego sin muchas dificultades y lanzó un corte con sus garras, la posición de ambos ya había cambiado.
Bakugo la recibió del lado derecho, saltando a regañadientes entre las masas flotantes de Satetsu solidificada para no hacer escándalo.
Otra gran explosión golpeó a Ryūkyū en el costado, empujándola en el aire y quemando sus escamas.
A la izquierda, Shoto bombardeó a la mujer con una lluvia de púas de hielo del tamaño de manos.
Las pequeñas construcciones gélidas se rompieron sin pena ni gloria al impactar contra el duro exterior de la Heroína.
—…
Cuando dije bloquéala, me refería a que congelaras la base de sus alas, Shoto— comentó Tetsumaru.
—Y si quieres generar verdadero daño punzante, usa lanzas más densas, no esos cuchillos voladores.
—Entiendo— asintió Shoto, ligeramente avergonzado.
Pero Ryūkyū no iba a quedarse esperando por otro ataque.
Ella agitó su cola y destruyó las plataformas más cercanas a su posición, obligando a Bakugo a retroceder.
Entonces se lanzó en picada contra los puestos de atención médica improvisados.
—¡Tetsumaru!— llamó Shoto, saltando al vacío tras la Dragona.
Zarcillos de Arena de Hierro persiguieron al chico y lo envolvieron, acelerando su caída y redirigiéndola para apuntar mejor a su objetivo.
En el suelo, los estudiantes y los civiles alzaron la mirada, viendo la monstruosa figura de Ryūkyū descender sobre sus cabezas con las fauces abiertas de par en par.
Inesperadamente, fue Mineta quien reaccionó antes que la mayoría.
El pequeño pervertido se congeló un segundo antes de que un destello de determinación cruzara sus ojos.
Se volvió en dirección a un tipo rudo de otra escuela que acababa de levantar un trozo de escombro el doble de su tamaño.
—¡Tú, arrójame ahora!— lo señaló y ordenó, su tono claro sin dejar rastro de duda.
El muchacho parpadeó y miró torpemente entre Ryūkyū y el pequeño Mineta, sin comprender lo que quería decir.
—¡Apresúrate maldición!— gritó Mineta, saltando al pecho del sujeto.
—¿¡E-estás loco!?— preguntó el joven, atrapándolo entre sus brazos de todas formas.
—¿¡Vas a moverte o no!?— exasperado, Mineta abofeteó al chico para hacerlo reaccionar.
Pareció funcionar, pues el muchacho con fuerza sobre humana lo sujetó del cinturón y el cuello de su disfraz, dando una vuelta sobre sus pies y lanzándolo por los aires.
Desde arriba, Shoto lanzó una gran concentración de hielo que impactó justo en la base de una de las alas de Ryūkyū, extendiéndose rápidamente por toda la extremidad.
Desde abajo, ascendiendo como una bala de cañón, Mineta arrojó sus Pop Off y logró tejer una improvisada cadena a lo largo del brazo del ala, sellando el pliegue que se forma justo debajo de la axila e inutilizando esa extremidad brevemente.
Ryūkyū analizó tranquilamente los esfuerzos de los niños y asintió para sí misma en aprobación.
Fue inteligente, pero no pensaron del todo lo que seguiría después.
Quienes sí lo hicieron fueron los examinadores y el personal de la Compañía Ayuda.
—Restringir al monstruo es una cosa, pero hacerlo mientras cae en picado sobre los civiles es una terrible decisión— dijo Ryūkyū, su voz tronando con un tono relajado pero lo suficientemente alto como para ser escuchada en las inmediaciones.
—Fue mi decisión, así que no es incorrecta— dijo Tetsumaru al aterrizar en la espalda de la Heroína en un destello de movimiento que la sorprendió a ella y a Shoto, quien aún no la alcanzaba.
Ryūkyū entrecerró los ojos y batió sus alas, despegando con facilidad los pop off de Mineta y resquebrajando el hielo de Todoroki sin sufrir ningún daño.
Pero ya era demasiado tarde.
Habiendo concluido las operaciones de rescate más graves, con Gang Orca alejado exitosamente por Mei y los secuaces del Héroe sometidos fácilmente por los combatientes restantes, Tetsumaru ahora podía concentrarse en la Dragona.
La Satetsu salió de los sellos en dos olas de oscuridad que aprisionaron las alas de nuevo, solidificándose en anillos densos y gruesos que rodearon el abdomen de Ryūkyū y presionaron con una fuerza aplastante, impidiéndole moverse de verdad.
Shoto fue redirigido por la Arena que lo sostenía y se dispuso a formar gruesas lanzas de hielo, disparándolas al oponente sin piedad.
Bakugo también descendió, impulsado por sus explosiones, y bombardeó de nuevo a la Dragona.
El único que no actuó fue Mineta, cuyos ojos reflejaron el enorme busco que se precipitaba a él.
Cuando un zarcillo de Arena se movió para recogerlo, él lo espantó con una patada.
Abrió los brazos y cerró los ojos, entregándose al destino con una expresión solemne.
El viejo Mineta había desaparecido, su actitud cambiada por la horrible experiencia que vivió en el Campamento de las Wild Wild PussyCats.
Sin embargo, una persona no podía simplemente dejar de ser quien era tan rápido.
Ryūkyū se sacudió lo mejor que pudo, intentando quitarse de encima al shinobi.
Se le había pedido no subestimar a estos niños, sobre todo a él, pero aún así fue demasiado suave y ahora pagaría las consecuencias.
Tales consecuencias llegaron en la forma de un gran pilar de Satetsu que se estrelló contra su cabeza.
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