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Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 124

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124: Tras Los Exámenes 124: Tras Los Exámenes  —¿Podrían explicarme qué demonios sucedió?— escuchó Aizawa mientras pasaba por una sala de reuniones.

Vio a Mera Yokumiru con expresión agotada y ligeramente molesta, taladrando con la mirada a dos Profesionales que debían presentar un reto para sus alumnos, pero fallaron estrepitosamente.

Sonrió con nostalgia antes de seguir su camino tranquilamente.

La sonrisa se le borró tan pronto como encontró a Tetsumaru rodeado por algunos estudiantes de Shiketsu, sosteniendo algo similar a una conversación con un joven que por motivos personales no era estudiante suyo.

—¡¡En serio lo lamento, Tetsumaru-San!!— exclamó Yoarashi Inasa, enterrando su cabeza en el pavimento al ejecutar una inclinación exagerada.

—Hm, sólo Tetsumaru— se repitió el pelinegro como siempre.

Sus ojos aburridos encontraron la mirada disgustada de Aizawa y se despidió de los otros mocosos antes de acercarse a él y caminar a su lado.

—Le diste un buen golpe— comentó Aizawa tras un rato.

—La vi frotándose la cabeza hace un momento.

—Es un Dragón.

Se supone que toleran bastante bien los impactos contundentes— Tetsumaru se encogió de hombros.

—¿En qué te basas?

¿Historias basura de internet?— cuestionó el hombre, un poco más brusco de lo que pretendía.

Tetsumaru lo miró de reojo, su expresión aparentemente indescifrable revelándole al experimentado Aizawa las emociones confusas y ligeramente divertidas del mocoso.

—¿Por qué la hostilidad, Aizawa-Sensei?

¿No se siente orgulloso de que su alumno haya aprobado este examen?— devolvió el shinobi con sarcasmo.

—Eso no lo sabes, y te informo de antemano que por tu culpa Ms.

Joke me exigió helado después que acaben los asuntos aquí— refunfuñó Aizawa con visible fastidio.

Tetsumaru parpadeó, sin saber qué responder durante algunos segundos.

Finalmente, se decidió por poner una mano sobre el hombro de su Sensei y dedicarle una extraña sonrisa de aliento.

—Lo has hecho bien, Aizawa— dijo con tono orgulloso.

El hombre respondió con una mirada fría y penetrante que habría hecho retroceder a cualquier otro alumno bajo su guía.

Por desgracia, Tetsumaru difícilmente puede ser descrito así.

—Yo diría que lo hicimos— comentó con una sonrisa de come mierda.

—Resulta que llevará a una de sus alumnas para consolarla por no aprobar la fase 1.

Una que tú eliminaste, por cierto.

Así que, ya sabes, como hombres honorables que somos, tenemos el deber de invitarlas a una merienda.

La sonrisa comprensiva de Tetsumaru se desvaneció, su ceño levemente fruncido.

—Lo hiciste bien, Tetsumaru— Aizawa palmeó el hombro del shinobi, mientras éste mantenía su mano en el suyo propio.

—¡Por Dios, ya cásense!— Mei interrumpió el momento, pasando junto a los dos con una ceja alzada y una sonrisa burlesca.

*************************************  Mera Yokumiru refunfuñaba para sus adentros mientras se acercaba al podio en el que anunciaría los resultados de estos exámenes.

Tenía sentimientos encontrados al respecto.

Por un lado, se alegraba de contar con futuros Profesionales que ya demuestran un alto nivel de competencia en combate, un aspecto crucial para los próximos años debido a la retirada de All Might.

En contraposición, no le sentaba bien la actitud de la Presidenta del HPSC hacia la nueva generación.

Yokumiru no era estúpido.

La mayor presión de los exámenes de este año no sólo tuvo su origen en la preparación adecuada para los turbulentos tiempos que se les venían encima, o la presencia de los destacados Hermanos Terumi.

Él sabía que había algo menos ético en todo este asunto.

Algo que no se había visto en el mundo desde épocas más bárbaras.

¿Pero qué podía hacer él?

Al mirar a jóvenes como Yoarashi Inasa, Midoriya Izuku, Todoroki Shoto o Bakugo Katsuki, con sus poderosas habilidades capaces de abrumar a sus oponentes, era normal pensar en ellos como activos valiosos en el campo, llegando incluso a olvidar que sólo eran niños.

¿Era justo entonces no explotar esas absurdas capacidades para un bien mayor, independientemente de la edad de tales individuos?

Y luego estaban los hermanos Terumi.

Niños que bien podrían pararse junto a los Profesionales del Top 10 y no quedarse atrás en términos de habilidades.

Tal vez en experiencia, pero definitivamente no en poder bruto.

Yokumiru sacudió esos pensamientos, observando a los expectantes y nerviosos niños que esperaban su anuncio.

—Niños…

No son activos, sólo son niños que planeamos arrojar a la cara de peligrosos criminales— pensó con un suspiro, disfrazándolo de bostezo.

—Gracias por esperar tan pacientemente…— comenzó, captando la atención de todos.

Yokumiru expresó sus felicitaciones por los esfuerzos de los participantes, y explicó detalladamente los criterios bajo los cuales fueron calificados.

Un atisbo de sonrisa cruzó sus labios cuando los rostros de los estudiantes se iluminaron justo después de informar que todos y cada uno de ellos pasaron la prueba.

Algunos apenas aprobaron, otros estuvieron en una delgada línea entre el éxito y el fracaso, principalmente por el ligero descontrol que hubo cuando Gang Orca y Ryūkyū irrumpieron escandalosamente.

Yokumiru sabía que esto último se debió a Terumi Tetsumaru y su intervención justo al inicio de la segunda etapa.

Como una figura más o menos popular entre los estudiantes por su participación en la Operación de Yokohama, Tetsumaru logró convencer a muchos de trabajar en equipo durante esa parte de la prueba.

Bueno, más que convencer, amenazó con enterrar a quienes se negaran en ataúdes de Arena si desobedecían.

Nadie sabía lo que era eso, pero Yokumiru se hizo una idea al recordar el reporte de estado del villano Muscular.

En cualquier caso, la presión del pelinegro sumada al espectáculo que hizo en la primera etapa fueron suficientes para “convencer” a los otros estudiantes.

¿Heroico?

Es debatible.

Endeavor ha tenido actitudes similares y es el Top 2 de Japón, así que Yokumiru no se quejaría siempre y cuando obtuviera resultados positivos.

Y como el desempeño general fue mucho mejor de lo esperado, él decidió dejarlo pasar esta vez.

Finalizado el anuncio y terminado su trabajo por el momento, Yokumiro sintió una abrumadora necesidad de encontrar un sofá para echarse y ascender al reino onírico.

Despidió a los pobres desgraciados de traje de la HPSC que, al igual que él, trabajaban al límite debido a la falta de personal y, a diferencia de él en este instante, continuarían sus labores durante muchas horas más.

—Gracias por sus Servicios, Hermanos— dedicó un minuto de silencio.

También despidió a los Héroes Profesionales que trajeron para presentar un mayor desafío a los estudiantes y cuyo desempeño pudo haber sido mejor.

Yokumiru respiró hondo en cuanto su oficina temporal quedó completamente sola.

El Estadio no se usaría por el resto del día en lo que los equipos desmantelaban toda la porquería que trajeron.

Se sentó en su silla, posicionó su centro de gravedad, se inclinó hacia adelante y cruzó los antebrazos sobre el escritorio, empleándolos como almohadas para su cabeza.

Las preocupaciones se desvanecieron, la ética quedó en el olvido, el recuerdo de un duro día de trabajo mañana fue reprimido a la fuerza.

El hombre se permitió ser arrastrado por el río de la tranquilidad y la paz, su consciencia desvaneciéndose en nada y todo, pasando a otro plano, otro reino.

Uno donde su cuerpo recuperaría vigor.

—¿Te dormiste?— interrumpió una voz femenina, sacando a Yokumiru de ese punto perfecto en el que casi se alcanza el otro lado.

Abrió un ojo levemente, encontrándose con el rostro de Terumi Mei.

—Sí— dijo y volvió a cerrar el ojo.

—¡Oye, no me mientas tan descaradamente!— se quejó ella, alzando la voz y mandando al carajo el perfecto y pacífico ambiente en el que Yokumiru creyó haber encontrado su lugar.

El hombre gimió con fastidio, incorporándose en la silla y arrastrando su palma por su rostro.

Dirigió a Mei una mirada desaprobadora, pero la niña permaneció allí parada, con los brazos cruzados y haciendo pucheros.

—…¿Qué quieres?— preguntó Yokumiru.

Mei sonrió con picardía.

—Quiero hablar con la Presi.

¿Podrías contactarla por mí?— solicitó con menos educación de la esperada.

Yokumiru quería replicar por más de un motivo, pero decidió que no valía lo suficiente como para perturbar más su sueño.

Tomó su teléfono persona y marcó a la Presidenta de la HPSC antes de arrojárselo a Mei.

—Ahora largo.

Cuando termines, deja el teléfono en el escritorio, en silencio— dijo Yokumiru y volvió a tirarse sobre el escritorio para dormir.

Lo que sea que pasara, no sería problema suyo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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