Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 125
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125: Regreso 125: Regreso —¡Oye, estoy segura que no puedes interrogar a un menor así como así!— se quejó Toga Himiko con desdén, mirando a Yagi con exasperación.
Ella continuó despotricando un rato sobre el abuso de la autoridad y los escalofríos que le daban permanecer sola en una oficina con un viejo extraño.
Yagi apenas la oyó.
No sabía cómo sentirse respecto a esta muchacha.
Por un lado, ella fue responsable de torturar inhumanamente a su estudiante Sero, participó en los acontecimientos que arrebataron la vida a Ojiro y Tsunotori, así como apuñalar a Kamakiri en el estómago.
Violenta, sádica, una verdadera amenaza a la sociedad, una criminal.
Y sólo era una niña.
—¿Terminaste?— preguntó el hombre con expresión seria, ya acostumbrado a la forma excéntrica de Himiko.
Ella sonrió con sorna, intentando y fallando en cruzarse de brazos, pues las cadenas que la ataban a la mesa no le permitían llegar tan lejos.
—Honestamente abuelo, eso debería preguntarte yo a ti.
¿Podrías dejar de acosarme, por favor?— solicitó ella con tono cansado.
Yagi negó con la cabeza, estudiando la expresión presumida y cambiante de la chica.
No le costó mucho adivinar los verdaderos pensamientos que cruzaban por su mente.
Toga estaba enojada, asustada.
La traición de la Organización criminal a la que empezaba a acostumbrarse claramente le afectó, pero lo escondió todo bajo esa fachada de…
Lo que sea que fuera este comportamiento.
—¡Seesh!
¿No tienes una vida?
¿Estudiantes a los que enseñar?
¿¡Batallas mortales en las que participar por el bien de imbéciles mal agradecidos!?— arremetió Toga de nuevo, desviándose por completo en otra diatriba insultante hacia Yagi.
—Puedes parar allí— él alzó la mano, deteniendo a la muchacha.
—Jovencita, ya fuiste capturada una vez y se consideró seriamente enviarte a una prisión real en lugar de un retén juvenil.
Tu fuga, tu asociación con la Liga de Villanos y Ese Hombre te ponen ahora en una situación mucho peor.
¿Eres capaz de entender el problema en el que estás?— contextualizó Yagi, su tono severo y conciso provocando que la niña, por una vez, no replicara con otra tontería.
Él lo tomó como una señal.
—La única razón por la que no baraja el Tártaro como tu destino es por la facilidad con que pueden contenerte, no tu edad.
Pero si no nos proporcionas información…
Nadie vendrá a salvarte como la última vez, Toga Himiko— concluyó el Héroe.
Yagi se levantó de la silla y salió de la sala de interrogatorios, dejando a Toga reconsiderar sus decisiones.
No bromeaba ni pretendía asustarla, pues tales consecuencias sí eran reales.
Toga no había dicho una sola palabra con respecto a la Liga o sus miembros.
Nadie entendía la razón.
¿No la habían traicionado sus propios camaradas?
¿Por qué entonces era tan renuente a revelar la más mínima pizca de información?
Tsukauchi pensaba que había una trampa en todo esto.
Que era parte de algún plan de la Liga y que Toga Himiko fue dejada atrás como parte de algún plan que no lograban ver.
Yagi no tuvo ese presentimiento, pero tampoco se le ocurría ninguna otra posibilidad.
Sacudió el pensamiento de su cabeza al salir del cuartel, encontrando a Aizawa esperándolo en su automóvil.
—¿Alguna novedad?— preguntó el hombre de mirada agotada.
—Nada, por ahora— informó Yagi.
Aizawa asintió estoicamente y puso en marcha el vehículo, el rumbo fijado en su siguiente y más importante destino: El Hospital General de Saitama.
Tras un arduo período de espera y recuperación, había llegado el momento en que se decidiría si la clase 1-A perdería otros dos miembros.
***************************************** Iida Tenya respiró hondo, su mirada fija en la ventana de su habitación de hospital, observando la concurrida ciudad con expresión complicada.
Intentaba mantener una postura recta, firme como siempre había hecho.
Su peso cambiaba constantemente, la incomodidad invadiéndolo a pesar de sus mejores esfuerzos por ignorarla.
Se movió ligeramente, encontrando soporte, naturalidad.
Volvió a hacerlo y se sintió incompleto.
Un siseo casi imperceptible que taladró sus oídos, una ligera presión en su rodilla, en lugar de la planta del pie.
Ya no había pie que pudiera sentir.
Con un leve temblor de párpados retiró su peso de la prótesis de alta gama que reemplazaba su pierna perdida, poco acostumbrado a la sensación.
Intentó y fracasó en no mirar de nuevo hacia abajo, encontrando un palo de metal que su familia llamó obra maestra de bioingeniería.
No sabía cuánto se había invertido en este artefacto, ni se sentía del todo convencido que pudiera reemplazar su pierna perdida o trabajar en armonía con la restante.
Incluso si pudiera, Iida no estaba seguro de querer que eso funcionase.
Alta tecnología o no, esta extremidad no le pertenecía, no creció con ella, no la entrenó, no la conocía.
Las cosas cambiaron para él.
Muchas lo hicieron en este período de eterna reflexión.
—¿Es un buen momento?— llegó una voz familiar desde la puerta.
Iida se giró con torpeza, encontrando a su compañero de recuperación Sero recostado en el marco, observándolo sin esa sonrisa suya tan característica.
Él también había cambiado.
—¿Te irías si dijera que no?— preguntó Iida con una media sonrisa.
—No— negó Sero tranquilamente.
—Veo que no has terminado de empacar tus cosas— señaló la cama desordenada y los libros tirados sin orden sobre la mesita que descansaba al lado.
—Sólo son libros, Sero-San, no equipaje pesado— replicó Iida.
—Para ti son incluso más valiosos que una revista erótica.
Me extraña verlos así— apuntó el chico con una sonrisa sarcástica, ganándose una mueca por parte de Iida.
—¿Qué hay de tus cosas?
No veo que traigas nada contigo— comentó Iida, dándose al a tarea de arreglar la cama.
—Viajo ligero, amigo.
Papá se llevó mis mudas de ropa ayer para lavarlas y dejarlas en UA después.
Justo ahora, deberían estar esperándome en los dormitorios— se jactó Sero con una mirada de suficiencia.
Iida no respondió.
La mención de UA desplomó su humor una vez más.
Sero notó el ligero encogimiento de su compañero y suspiró, rascándose la cabeza torpemente.
—Nos esperan a ambos, Iida— dijo tras un momento.
Iida resopló, dándole la espalda al chico.
—¿La ropa?— preguntó en tono burlesco.
—Nuestros amigos— respondió Sero con naturalidad, como si fuera obvio.
—¿Sabes que los muy cabrones ya tienen sus Licencias Provisionales?
¡Incluso se enfrentaron a Gang Orca y a Ryūkyū!
Mineta no ha dejado de pavonearse al respecto por alguna razón.
Iida permaneció en silencio una vez más.
No estaba enterado de lo que acontecía en la vida de sus compañeros, pues no habían venido a visitarlo desde que regresaron a las clases.
Era consciente que Midoriya y Uraraka bombardeaban su teléfono con mensajes, probablemente actualizaciones sobre las cosas que aprendían y por querer saber de su estado.
Iida no había visto ni uno solo de esos mensajes.
No contestó llamadas, no revisó notificaciones.
No había querido decírselo a sus buenos amigos mientras venían a visitarlo frecuentemente los primeros días, pero realmente necesitaba espacio para sí mismo.
El comienzo de las clases fue un alivio para el joven.
Le permitió respirar, pensar, reflexionar.
Incluso llegó a pedirle a su familia que redujeran sus visitas.
No era que Iida fuera mal agradecido con todos ellos.
Podía aceptar más la presencia de sus compañeros, ya que ellos habían pasado por lo mismo y entendían el dolor que asolaba su pecho con la muerte de Ojiro.
El duelo no había pasado del todo.
El tiempo no fue el suficiente para eso, pero sí que lo fue para que otra preocupación reemplazara su lugar: Su pierna, su desempeño y su futuro.
¿Cómo podía él regresar a UA y dar la cara por la clase de nuevo?
No protegió a sus amigos, no protegió a su propio hermano, ya no sería tan rápido, ya no podría exigirse lo mismo.
Ya no sería el Héroe que siempre quiso ser.
Uno del que su hermano pudiera estar orgulloso.
—…
¿Por qué quieres regresar, Sero-San?— preguntó finalmente, volviéndose a su compañero.
Sero sostuvo su mirada e Iida no encontró vacilación ni duda en sus ojos.
—Por ti, Iida.
Por mí, por Tsunotori-Chan, por Kamakiri-San, por Tokage-San.
Por todos los que resultamos heridos, física y mentalmente.
Por los que ya no están con nosotros, como nuestros amigos, como los Héroes y estudiantes que cayeron en la lucha contra todo lo que está mal en este mundo.
Tú y yo vimos de lo que los Villanos son realmente capaces.
Lo que las personas crueles hacen sin preocuparse en las consecuencias, sin pensar dos veces en las vidas que arruinan por perseguir ideales estúpidos, por querer cumplir metas irracionales o egoístas.
Allí afuera hay maldad, Iida.
Y hay gente como nosotros que intenta hacer lo correcto.
Hay gente que intenta vivir su vida en paz, trabajar honradamente, pasar tiempo con sus seres queridos.
Gente que puede perderlo todo por estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Por cruzarse en el camino de maníacos sin control que consideran a todos por debajo de sí mismos— Sero se movió hacia la ventana, contemplando la ciudad con expresión severa pero decidida.
Iida no supo qué responder.
Si tuviera que ser honesto, las pesimistas palabras de Sero no le levantaron el ánimo en lo absoluto.
Si su objetivo era convencerlo con motivación para volver a UA, estaba fallando estrepitosamente.
Pero el muchacho una vez pícaro y alegre no había concluido.
—¿Por qué quiero regresar?
La verdad es que no quiero, Iida.
Tengo miedo.
Temo por mi seguridad, temo por mi familia.
¿Sabes que la Liga asaltó la casa de Tetsumaru-San y Mei-Chan de nuevo?
Si Mei-Chan no hubiera estado presente, sus padres habrían sido asesinados.
¿Y si ocurre lo mismo con mi papá?
¿Y si vuelvo a caer en manos de esos lunáticos?
¿Y si lo hace uno de mis compañeros y no puedo salvarlos?
Eso me aterra…
Pero también me motiva.
Quiero regresar porque me niego a ceder ante el miedo, Iida.
Quiero regresar porque allí podré convertirme en el muro que proteja a todos los demás de las cosas malas, de las personas horribles que hay allí afuera.
Quiero regresar porque allí me convertiré en un Héroe.
Y si quieres ser un Héroe también, entonces ven conmigo— concluyó Sero, volviéndose en dirección a la puerta.
Iida siguió su mirada y encontró a un sonriente All Might y un sereno Aizawa esperando, observándolos en silencio.
El dolorosamente delgado Símbolo de la Paz dio un paso al frente y asintió con visible emoción a Sero, la aprobación y el orgullo destellando en sus ojos hundidos.
—¡Bien dicho, Sero-Shonen!— felicitó con entusiasmo.
Su mirada entonces se posó en Iida, amable y comprensiva, alentadora, llenando al muchacho de una sensación de seguridad que no había sentido en un tiempo.
A pesar de no tener la fuerza ni el físico imponente, All Might seguía vigorizando a Iida con sólo su presencia.
—Iida Tenya…
¿Estás listo para regresar?— preguntó el Héroe más grande de Japón, tendiéndole una mano.
Sero devolvió su vista a la ventana, sabiendo ya la respuesta de su compañero.
Una sonrisa se dibujó en sus labios, leve y sincera.
Pero se fue ensanchando más y más, torciendo sus facciones.
Sus ojos miraron con locura la ciudad, más allá de ella incluso.
Sero creía genuinamente en lo que dijo.
Casi todo, al menos.
Él se convertiría en un muro que ningún Villano podría pasar, protegería a las personas inocentes de las malvadas.
Lo haría, cueste lo que cueste.
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