Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 126
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126: Clase Completa 126: Clase Completa Un día después de los exámenes, los miembros de la clase 1-A celebraron una fiesta de bienvenida para los últimos compañeros en reintegrarse al programa.
El apoyo y el recibimiento de sus amigos llenaron a Iida de cálidas emociones.
No pudo evitar agradecer a Sero por su extraña pero efectiva charla motivacional.
Por su parte, Sero fue tacleado por Kaminari y Mineta, este último contándole con emoción la casi gloriosa muerte que tuvo a pechos de cierta Heroína.
Las preocupaciones y el nerviosismo por el examen habían pasado y ahora todos se sentían a gusto, alegres.
Incluso llegaron tan lejos como para convencer a Tetsumaru de convencer a Aizawa de permitirles un día libre para ir a la playa o algo así.
—¿Y por qué no se lo piden ustedes mismos?
Creo recordar que yo no soy el Presidente de la clase, ni el Vice-Presidente— había replicado el shinobi fríamente mientras ayudaba en la cocina y usaba un delantal.
Nadie pudo tomárselo en serio.
Tuvo que ceder ante la insistencia de una escandalosa Mina y una inagotable Hagakure.
—¡Tetsumaru estuvo de acuerdo!— vitoreó la chica invisible, ganándose las felicitaciones de todos los demás como si hubiera realizado una hazaña imposible.
—¡Toru-Chan…
Esa es una hazaña imposible!— murmuró Mina con ojos brillantes.
El shinobi puso los ojos en blanco, concentrándose en la tarea que tenía entre manos por algún motivo.
—¿Por qué carajo hago esto?— se preguntó, genuinamente perdido.
Un puño se estrelló contra su cabeza y una mirada penetrante taladró su nuca, provocándole escalofríos.
Dejó de quejarse y se ocupó de la cocina en silencio.
—Buena perra— Mei felicitó, pellizcándole el trasero inapropiadamente sin que nadie se diera cuenta.
Tetsumaru se sintió abusado.
Desde otro lugar de la sala con vista a la cocina, Bakugo robaba miradas casuales a la kunoichi y al shinobi, un brillo audaz destellando en sus ojos.
El chico no había salido muy contento de los exámenes.
Sí, había obtenido su Licencia junto a toda la clase, pero sabía que ni de lejos fue el más destacado.
Desde el primer momento en UA, había dejado de serlo.
Ya le costaba aceptar la presencia de tipos tan molestos que podían parársele de frente o incluso superarlo, pero desde que las cosas empezaron a volverse turbulentas e innecesariamente peligrosas para su clase, no había hecho más que quedarse al fondo de una historia en la que debería haber sido la estrella.
Su mirada entonces se desvió al sereno chico de cabello rojo y blanco que se sonrojaba por alguna estúpida razón mientras era abordado por Hagakure.
Bakugo conocía un poco sobre sus circunstancias y francamente respetaba al tipo.
Pero empezaba a sentir cierta animosidad hacia él.
Los bocadillos se sirvieron y agotaron al instante, forzando a los cocineros a duplicar la velocidad y la cantidad de trabajo.
Conversaciones aquí y allí llenaban la amplia sala, con la mayoría de ellas centradas en sus hazañas durante los exámenes.
Aoyama fastidiaba a Tetsumaru para intentar recrear un escenario como “el de la última vez”, lo que captó la atención de los más sagaces entre los chicos.
El shinobi envolvió al rubio en una masa de arena y lo arrojó a un rincón, negándose a responder cualquier pregunta.
En algún punto, Tsuyu se acercó a Iida e hizo un comentario casual sobre la prótesis que todos habían estado intentando ignorar deliberadamente.
Sin embargo, lejos de sentirse incómodo, Iida agradeció para sus adentros que alguien lo mencionara.
El muchacho contó con lujo de detalle el tipo de tecnología ridículamente avanzada que llevaba como la pata de palo de un pirata.
La mayoría ni siquiera pudieron entender lo que decía y, francamente, él tampoco.
Sólo repetía lo que su familia había parloteado, así como los médicos y la gente de A la media noche, la fiesta se había salido ligeramente de control y Aizawa irrumpió con una mirada aterradora, paralizándolos a casi todos al instante.
Jiro había sacado su equipo de sonido y reproducía música basura en opinión del hombre.
Mineta yacía pegado al techo con sus Pop Off, acompañado por un dormido Aoyama, quien colgaba de un verdadero capullo de Arena.
Mesas y sillas flotaban por el lugar, producto de Uraraka.
Un par de esculturas de hielo comenzaban a derretirse en la esquina y una en el aire, representando una joven con vestido bastante detallada y con un incómodo parecido a cierta kunoichi.
Manchas de pintura salpicaban el lugar, y varias sospechosas pistolas de juguete yacían esparcidas por ahí.
Momo se encogió cuando Aizawa puso sus ojos en ella.
—…
No voy a preguntar qué rayos pasó aquí— empezó Aizawa, su tono cortante y áspero.
No era buena señal.
—Limpien esta porquería.
Yaoyorozu, Iida, mañana quiero un reporte sobre los involucrados para yo mismo asignarles un castigo.
También me darán un reporte sobre los no involucrados, pero conscientes de los acontecimientos.
Hecha su declaración, el hombre subió a la planta superior en absoluto silencio.
Los que quedaron abajo se miraron torpemente antes de comenzar a ordenar todo con expresiones abatidas.
Sabían que les tomaría un par de horas, sino más.
Eso significaba que mañana pasarían un tortuoso y soñoliento día de clases.
Mientras tanto, en los dormitorios de las chicas, Aizawa caminó con expresión cansada y molesta hasta la habitación de Terumi Mei, llamando a la puerta un par de veces antes de oír movimiento en el interior.
La abrió un poco la puerta y asomó la cabeza, su cabello despeinado por razones que Aizawa eligió no imaginar y su rostro torcido en una mueca de fastidio.
—¿Qué?— preguntó con desgana.
—Tetsumaru— dijo Aizawa en el mismo tono.
La puerta se cerró y Aizawa escuchó un ruido sordo, seguido de una maldición en voz baja.
El shinobi emergió tras un rato, igualmente molesto por ser despertado tras una sesión extenuante de actividad física.
—¿Qué mierda quieres a las malditas doce de la noche?— cuestionó Tetsumaru.
—Estaba durmiendo plácidamente, cuando de repente fui despertado por el Sistema de Nezu e informado del escándalo de tus compañeros.
Ahora tengo papeleo que terminar y mi siesta fue arruinada, así que trae tu trasero a mi oficina y ayúdame— exigió Aizawa.
Tetsumaru guardó silencio un rato, observándolo con expresión muerta.
Más de lo habitual.
—Mañana correrán hasta que sus pulmones se derritan— sentenció con tono vengativo.
—Y dormiremos entonces— asintió Aizawa con una sonrisa maliciosa.
Al bajar y salir de los dormitorios, ambos dedicaron miradas desaprobadoras a los insensatos que condenaron una noche de sueño y mandaron a la mierda un posible episodio especial de playa.
************************************************** Al día siguiente de haber regresado, Iida puso a prueba su prótesis en un cruel castigo de acondicionamiento físico enteramente dedicado a la resistencia.
El único librado de semejante destino fue Sero, cuyo estado físico tras la tortura y la recuperación en el hospital, ambos siendo períodos en los que casi no movió su cuerpo, le valieron la misericordia de su Sensei.
Todos los demás corrieron como si nada más en el mundo importara, dedicando la segunda mitad del día para tal fin.
Incluso Mei pagó las consecuencias.
Cuando la kunoichi se quejó con Aizawa y expresó su inocencia, él la rechazó de plano con una acusación al código de conducta de la escuela al inmiscuirse en actividades sexuales en terrenos de la institución.
—¡Lo sabía, maldito degenerado!— arremetió Mei.
El acto no le sirvió de nada e igualmente fue a correr junto a los demás.
—¿Por qué insistes últimamente en hacerla enojar conmigo?— preguntó Tetsumaru con un suspiro, mirando la espalda de su enfurecida otra mitad.
—Sólo pasó dos veces, porque fui perjudicado por tus mierdas dos veces.
Es justo que te arrastre conmigo de alguna manera— replicó el Héroe Profesional, echándose en el suelo en su edredón.
—¿Así que mi castigo es sexo?
Empiezo a creer en las acusaciones de Mei, Aizawa.
—Sigue siendo “Aizawa-Sensei” para ti, engreído.
Y soy bueno a la hora de analizar personas.
También soy buen observador.
He analizado y observado que cuando ella se enoja, tu paso es incómodo y adolorido al día siguiente— replicó Aizawa, dirigiendo una mirada penetrante y ligeramente presuntuosa a Tetsumaru.
Los párpados del shinobi temblaron involuntariamente y Aizawa lo detectó.
Un brillo astuto destelló en sus ojos.
—La Ley y la ética me impiden darte una paliza, Nezu me impide interferir en lo que sea que tú y ella tengan entre ustedes y no puedo castigarte por técnicamente no hacer nada incorrecto.
Así que sí, tu castigo por fastidiarme indirectamente es ser secado vivo.
—…
Esperaba más de ti, Aizawa-Sensei— Tetsumaru negó con la cabeza, decepcionado.
—No creas que termina allí— advirtió el Héroe, para disgusto de Tetsumaru.
—Dentro de poco me acompañarás para resolver asuntos de alto nivel.
Ahora que tienes Licencia, será menos problemático arrastrarte y poner a trabajar tu trasero.
—Hm, así que explotarás a tu estudiante y tu pupilo.
Eres un hombre sádico— comentó Tetsumaru, preparándose un sofá de Satetsu en el que se echó sin contemplaciones.
—No sería lo ideal dadas las personalidades de cada uno, pero no puedo traer a ningún otro conmigo.
No están calificados, y tu hermana irá a hacer Dios sabe qué con la HPSC.
Tengo que conformarme contigo— aclaró Aizawa, sus párpados cerrándose poco a poco mientras sus estudiantes empezaban la carrera.
—Sólo te advierto que necesitas integrarlo de algún modo con los demás.
Añadirlo así como así provocará problemas— señaló el shinobi, cerrando igualmente los ojos.
—Ojiro no está, nos duela o no.
Serán Profesionales, Tetsumaru.
Perder compañeros es parte del trabajo, y aceptar nuevos miembros que ocupen esos lugares también forma parte del proceso.
Si no pueden manejarlo, entonces pueden abandonar la idea de una carrera exitosa— declaró Aizawa.
La clase 1-A (Menos Sero) corrió durante horas, esperando el anuncio del dormido Aizawa para detenerse.
Un anuncio que nunca llegó.
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