Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 128
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- Capítulo 128 - 128 Más Allá De La Academia II
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128: Más Allá De La Academia II 128: Más Allá De La Academia II —…
¿¡Qué dices!?— exclamó Magne, la sorpresa alcanzando tal nivel que sus gafas se cayeron.
Twice se rascó la cabeza nerviosamente, sin saber qué pensar al respecto.
—¿¡Q-qué parte no entiendes!?
¡Ahora estoy saliendo con una chica!— aclaró el enmascarado, sacando pecho con orgullo.
—Y déjame decirte que es todo un bombón— añadió en un susurro, moviendo las cejas provocativamente.
—Es una perra loca— comentó Dabi con aburrimiento, pateando a Twice para quitarlo del camino e ingresar a la habitación.
—¡Oye, no hables así de mi hermana!— se quejó Abura, siguiendo de cerca al joven de aspecto demacrado.
Ambos entablaron una discusión que poco o nada importó a los demás.
Magne salió de su estupor y felicitó de buena gana a Twice, mientras Spinner procesaba la información poco a poco.
—Mis bendiciones a la pareja y todo eso.
Ahora concentrémonos en lo importante— interrumpió Shigaraki, tomando asiento tras el escritorio de madera al fondo de la habitación.
Los miembros restantes de la Liga se reunieron, expectantes por el siguiente paso que sería revelado en esta reunión.
Shigaraki Tomura estudió a sus subordinados detenidamente.
Todavía albergaba sospechas hacia Spinner y no se sentía del todo cómodo con la repentina familiaridad con que Haguruma Kaji lo trató una vez que concluyeron sus negociaciones.
También sintió un poco de pena por vender a Twice de ese modo, pero pensó que al hombre le vendría bien adquirir más responsabilidades.
Twice era un elemento inestable.
Quizás, una mujer sea lo que necesite para poner sus asuntos un poco más en orden.
—Compress, cuéntanos sobre lo que encontraste— ordenó Shigaraki.
—Es tal y como lo predijiste, Tomura— empezó el otro enmascarado del grupo, dejando su sombrero sobre el reposabrazos del sofá.
—Los índices oficiales de criminalidad no se han realizado siguiera, por supuesto, pero en las calles ya hay un aumento de la actividad criminal en general.
—Se veía venir.
¿Alguna mención en particular?— cuestionó Shigaraki tras asentir.
—Preparé una lista con algunos individuos que podrían interesarte.
Pero en su mayoría sólo hay basura.
Matones de poca monta, pequeños equipos de asaltantes.
Los movimientos realmente grandes no suceden en la superficie y estos grupos de alto nivel no son tan tontos como para revelarse a plena luz del día sólo por lo que dicen en los noticieros— explicó Mr.
Compress con un encogimiento de hombros.
No es como si unas semanas fueran suficientes para llenar las calles de talentos ocultos que la Liga pudiese reclutar.
Shigaraki era consciente, pero Mr.
Compress no había terminado.
—Si tuviera que hacer una…
Mención honorifica, sería un peculiar grupo de Yakuza que parece estar preparando algo muy grande— comentó el hombre, su tono serio indicándole a los demás que esto sí iba a ser interesante.
—¿Y por qué no veo ningún grupo Yakuza en la lista, Compress?— inquirió Shigaraki, ojeando la información que el Villano había reunido.
—Porque no son material para la Liga, Tomura.
Hice que Kurogiri me ayudara a observarlos mejor y definitivamente no podemos contar con ellos.
Recorren su propio camino y dudo que cualquier contacto con su líder termine en otra cosa que no sea una pelea— afirmó Mr.
Compress.
—¿Haa?
¿Entonces le tienes miedo?— se burló Dabi.
Una sonrisa leve decoró lo que quedaba de sus labios.
Las consecutivas derrotas habían mantenido el humor del joven por el piso y ansiaba enfrentarse a alguien y quemarlo para desquitarse.
Mr.
Compress no replicó a la burla de Dabi.
En su lugar, rebuscó entre algún bolsillo de su traje y sacó un pequeño objeto, poniéndolo sobre la mesita en medio de los sillones para que todos observaran.
—No le temo a su líder, Dabi.
Pero incluso tú deberías tener más cuidado antes de siquiera pensar en agitar un avispero.
No sabes lo que podría picarte— sentenció el enmascarado.
—¿Y esa porquería qué?— cuestionó Magne.
Shigaraki mantuvo sus ojos fijos en la bala, sin entender a dónde quería llegar el innecesariamente misterioso Compress.
—Esto es esa “gran cosa” de los Yakuza— respondió Mr.
Compress con visible entusiasmo.
—¡Ya dinos de una vez qué es la “gran cosa” maldición!— exigió Abura.
—No tengo idea— Compress se encogió de hombros.
************************************** Los días pasaron y los movimientos de la policía y los Héroes obligaron a la destartalada Liga de Villanos a moverse de un escondite a otro, huyendo sin pelear ni una sola vez.
Shigaraki prohibió cualquier tipo de altercado, priorizando la huida sobre el orgullo.
Tenían que esperar.
Kurogiri y Mr.
Compress fueron enviados no al reclutamiento, sino a la vigilancia del curioso Shie Hassaikai.
Tomura había evaluado la situación con Kurogiri y determinó que Compress tenía razón.
Era mejor no involucrarse con la Yakuza.
No por miedo, sino porque esa empresa estaba destinada al fracaso.
Kurogiri había estudiado detenidamente los movimientos del grupo y llegó a la misma conclusión que el hombre enmascarado: Chisaki Kai jamás se subordinaría a la Liga.
Shigaraki Tomura analizó la situación con cuidado y finalmente tomó una decisión.
Dejó a Mr.
Compress y a Kurogiri a cargo de monitorear al Shie Hassaikai desde la distancia.
Por otro lado, aceptó la invitación de Haguruma Kaji para instalarse en su “hogar” temporalmente.
Shigaraki necesitaba que el Sabi-Haguruma se integrara adecuadamente con los miembros de su Liga.
Este sería el grueso de sus fuerzas mientras tanto.
Se conocerían, congeniarían de un modo u otro y planificarían su golpe.
Golpe que debería sacudir de verdad los cimientos del Sistema de Héroes.
¿Una bala que elimina Dones?
Eso es llamar a todas las malditas agencias de Héroes sobre su cabeza.
No valía la pena.
No, Shigaraki no estaba dispuesto a tener otro fracaso estrepitoso.
Su Maestro ya no estaba.
Ya no tenía guía, ni un salvavidas que sacara su trasero de los problemas.
Tenía que jugar inteligentemente o todo se iría al demonio.
Haguruma Kaji, esa vieja bruja zagas le dio una muy buena dirección.
Simple, efectivo y mortal si se hacía correctamente.
—¿Así que viviste en este basurero?
¿Engordaste a base de ratas o desechos?— Magne cuestionó a Abura, su rostro torcido en una mueca por los vapores poco saludables que salpicaban los túneles por los que se movían.
Shigaraki seguía sin comprender cómo un único grupo de inadaptados lograron apropiarse de semejante extensión de terreno.
Deika Sur bien podría ser del tamaño de un pequeño distrito, el hogar ideal para innumerables pandillas y bichos raros.
Y sin embargo, todo pertenecía a la familia Haguruma.
Ni la policía, ni los Héroes, ni otros criminales peligrosos habían podido desplazarlos.
—Supongo que lo averiguaremos pronto— pensó Tomura mientras las puertas del Barco encallado se abrían una vez más.
—¡Cuñado!— saludó alegremente Haguruma Renzo, el hablador hermano de Abura que los recibió la última vez.
El obeso hombre saltó hacia Twice y le dio un fuerte y doloroso abrazo.
—¡¡M-mis costillas!!— chilló el enmascarado, sin poder zafarse del apretón.
A diferencia de la primera vez, la Liga fue recibida con entusiasmo y sonrisas genuinas, invitados a pasar sin ver siquiera una sola de las armas automáticas que esta gente tenía a su disposición.
Renzo llevó a Twice en brazos todo el camino mientras se presentaba a los demás miembros del grupo de Shigaraki.
Una vez más, todos se reunieron en algún compartimiento enorme del Barco donde Haguruma Kaji y el resto de sus hijos los esperaban con una mesa repleta de comida.
—¡Mamá, Renzo-Nii no me deja respirar!— lloró Twice, retorciéndose lo mejor que pudo.
—¡Suéltalo, Renzo!
¿¡Planeas dejar a Hibiki sin marido!?— regañó Kaji, su figura pequeña en comparación con el gigante redondo.
Aún así, Renzo obedeció y dejó ir a Twice, quien se lanzó a los brazos de la anciana con lágrimas de cocodrilo saliendo, de algún modo, de su máscara.
—¡No es mi esposo!— replicó Haguruma Hibiki con un puchero.
—Ya pasó querido, ya pasó— arrulló Kaji, palmeando la cabeza de Twice con ternura maternal pura.
Ignoró la queja de su hija.
—…
Dabi, Spinner, Magne y Shigaraki tomaron asiento a la mesa, fingiendo no existir mientras la escena se desarrollaba.
Incluso Abura desapareció del lugar, llevando su paquete a otra habitación.
El enorme bulto envuelto en vendajes y correas se sacudía de vez en cuando, pero nadie le prestó atención por ahora.
Shigaraki suspiró para sus adentros, convenciéndose de que esta decisión fue mejor para su grupo que involucrarse en la mierda de la Yakuza.
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