Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 135
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- Capítulo 135 - 135 Factores Caóticos
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135: Factores Caóticos 135: Factores Caóticos La noche descendió sobre los puertos de Chiba-shi.
El viento frío asolaba a los pocos trabajadores nocturnos, mientras las olas golpeaban con fuerza las pequeñas embarcaciones.
La oscuridad predominaba en cada rincón, alejando instintivamente a los hombres todavía presentes en los muelles y almacenes, temerosos de la aparición de problemas a los que no podían enfrentarse.
Y con justa razón.
Tres figuras se deslizaron de sombra en sombra, sobre cajas y piezas de embarcaciones, sobre los tejados y adhiriéndose a las paredes en desafío a la gravedad.
Zarcillos sinuosos igualmente oscuros pisaban los talones del que iba en tierra, listos para intervenir en caso de necesidad.
Al de los tejados no se le proporcionó tal asistencia, pues el hombre mismo bastaba para protegerse.
El trío alcanzó la zona de los almacenes, pesadamente vigilado por todo tipo de escoria callejera que nada tenían de trabajadores nocturnos y honrados.
Shinsō se detuvo, escaneando los alrededores.
Eraserhead descendió sigilosamente sobre una plataforma de Satetsu, mientras Tetsumaru caminó por la pared sin dificultad visible.
—Tomen la sección de la izquierda.
Neutralicen a cualquiera que los descubra y verifiquen adecuadamente el cargamento de esos almacenes— ordenó el Héroe, mentor y profesor de UA.
Tetsumaru observó la sección que le encomendaron y rápidamente notó el mayor número de vigilantes.
Dirigió una mirada plana a su Sensei, quien fingió ignorancia y usó su supuesta bufanda para escalar nuevamente al tejado y perderse de la vista.
Aizawa no mentía cuando dijo que lo iba a explotar en cuanto pudiera.
Por su parte, Shinsō obedeció las órdenes de su mentor sin chistar.
Asintió brevemente a Tetsumaru, indicándole que hiciera su trabajo.
Con el ceño levemente fruncido en señal de protesta, Tetsumaru movió la plataforma que usó Aizawa para bajar hace un momento y la ofreció al estudiante.
Shinsō y él ascendieron a gran altitud, usando la superficie tan negra como la noche de la Satetsu para pasar por encima de las cabezas de los vigilantes sin ser notados.
La noche sin luna ayudó bastante en ese sentido.
Se acercaron al primero de los almacenes y Tetsumaru los hizo descender.
Con las herramientas adecuadas, Shinsō desencajó una ventana del ático que estaba allí Dios sabe por qué motivo.
Lo descubrieron en cuanto entraron.
Un ácido hedor a químicos divertidos flotaba en el aire, provocando que ambos hicieran muecas.
Humo leve danzaba por allí y risas embobadas llegaron a sus oídos.
Doblaron un pasillo estrecho y encontraron una habitación con gente tirada por el piso, algunos con expresiones más muertas que la de Tetsumaru, Shinsō y Aizawa juntos, otros con balanceos inestables y tics faciales.
Esta gente estaba drogada al extremo.
—¿Debemos ayudarlos?— inquirió Shinsō con un susurro, sin deseos de llamar la atención.
Tetsumaru negó con la cabeza, instándole a continuar.
El dúo se deslizó a los niveles inferiores, encontrando más de lo mismo: gente drogada, ebria o ambas cosas.
Botellas y cigarrillos estaban esparcidos por todas partes, olores menos que ideales asaltaron sus narices e incluso encontraron una pareja en medio del acto.
La postura atrevida captó el interés de Tetsumaru y se aseguró de hacer una nota mental.
Shinsō simplemente lo ignoró y fingió no haber visto nada.
Gracias al estado deplorable de estos malvivientes, ninguno tuvo que ser abordado.
No ocurrió lo mismo una vez que llegaron al lugar donde se empacaban las cosas.
Sin necesidad de su Quirk, Shinsō se lanzó rápida y eficientemente contra los hombres armados que cuidaban de la mercancía.
Puso en práctica lo aprendido con Aizawa desde hacía un tiempo, neutralizando a los oponentes en segundos.
Tetsumaru asintió con aprobación, atrapando las cabezas de los otros con Satetsu hasta cortarles el aire y bloquearles las extremidades para evitar que usaran las armas.
Despejado el camino, la Satetsu se empleó para perforar los cerrojos de las cajas y destaparlas rápidamente.
Shinsō escaneó el contenido, sin encontrar lo que buscaban.
No podían darse el lujo de ser minuciosos, por lo que abandonaron el lugar tras inspeccionar unos diez minutos y se movieron al siguiente almacén.
Repitieron la estrategia.
Sigilosos, rápidos, neutralizaron a los que necesitaban serlo y registraron los cargamentos.
Shinsō tuvo que admitir que se había equivocado con respecto a la participación de Tetsumaru en esta misión.
El joven no había tomado para bien la intromisión del pelinegro en la ecuación, considerándolo un elemento discordante que arruinaría la dinámica entre él y su mentor.
A ojos de Shinsō, Tetsumaru no era más que un combatiente de media y larga distancia, dependiente de su Quirk para todo.
Más tarde se enteraría por el propio Aizawa que Tetsumaru era un hábil luchador cuerpo a cuerpo, y que poseía fuerza sobrehumana.
Hoy se dio cuenta que Tetsumaru también era absurdamente bueno en el sigilo.
Le hizo cuestionar sus evaluaciones sobre los estudiantes de UA más conocidos.
Tras registrar cinco tipos almacenes consecutivos, encontrando artículos ilegales en cada uno pero no lo que ellos buscaban específicamente, Shinsō empezó a agotarse y pidió un momento a su compañero para respirar.
Ambos emergieron al techo del sexto almacén en su lista, permitiendo la entrada de aire fresco y saludable a sus pulmones.
Los vapores de los primeros tres habían mareado a Shinsō.
—Trata de no tomarle gusto— advirtió Tetsumaru al cabo de un rato, ofreciendo una botella de agua.
Shinsō la aceptó, sonriendo levemente.
—Si continuamos así, saldremos peor que drogados de estos puertos— comentó con fastidio.
—Si continuamos así, no obtendremos nada valioso— señaló Tetsumaru.
—Sé que no depende de nosotros, pero es absurdo pensar que estos cargamentos misteriosos simplemente permanecerán en cajitas de madera luego de la cagada de Endeavor.
Shinsō asintió en acuerdo.
—Pero no tenemos medios legales para registrar todo de pies a cabeza.
Le costaría demasiados ingresos a la ciudad paralizar sus puertos de ese modo, y no hay causa justificable— explicó con un suspiro.
—Política y dinero— escupió Tetsumaru.
—Es lo que es— Shinsō se levantó, estirando su cuerpo para volver al trabajo.
Esperó unos segundos la Satetsu que usaría para bajar, pero Tetsumaru no la desplegó como esperaba.
—¿Todo está bien?— preguntó, confundido por la inacción de su compañero.
Tetsumaru contemplaba el amplio espacio con una mirada indescifrable.
Shinsō sintió que una mala idea se avecinaba.
—¿No sería más fácil si— —No— cortó Shinsō tajantemente.
Tetsumaru frunció el ceño por la interrupción abrupta.
—Considéralo así: ¿Dónde estarían las supuestas drogas experimentales que los criminales ocultaban en un lugar que ya fue sometido a revisión por la policía?— empezó Tetsumaru, instando a Shinsō a seguirle el juego por ahora.
—En el lugar que ya fue revisado y en el que no se encontró nada.
La justificación para buscar de nuevo sería mucho más difícil de obtener que la primera vez— respondió Shinsō con desgana.
—Pero nosotros obviamos ese lugar en específico— señaló Tetsumaru.
—Precisamente porque si entramos y resulta no haber nada, los criminales lo presentarán como acoso por parte de los Héroes y la policía— replicó Shinsō.
—Es un juego básico.
Una trampa demasiado obvia como para caer en ella, Tetsumaru.
Olvídalo y continuemos con nuestra tarea.
—Claro que es una trampa, pero no para nosotros— insistió Tetsumaru.
—Apuesto lo que sea a que ellos esperan que la Liga arremeta en venganza por la última humillación.
—…¿Y?
¿Planeas meterte sin autorización en una escaramuza entre organizaciones criminales, o peor aún, provocarla tú mismo?— Shinsō miró a su compañero como si fuera un idiota.
Tetsumaru puso los ojos en blanco, suspirando dramáticamente con decepción.
Si Mei estuviese aquí, habría apoyado su idea.
—Sólo olvídalo y continuemos— llamó Shinsō, saltando por su cuenta al siguiente almacén.
Tetsumaru lo siguió en silencio, planeando cómo hacer salir a los portadores de Trigger que claramente había en el lugar.
Para él las cosas no eran tan complicadas.
Aizawa no se molestó en explicárselos a los dos antes de venir, pero estaba claro que corrían contra el reloj.
La metida de pata de Endeavor, asistida por la HPSC según un texto de Mei el día anterior, provocó un repentino crecimiento en el movimiento de Trigger en el país.
La sustancia se estaba convirtiendo en un problema y la reputación de Endeavor necesitaba mejorarse pronto.
Toda la imagen de los Héroes necesitaba mejorar.
Eso llevó a una investigación conjunta entre la policía, la HPSC y algunas agencias para rastrear y eliminar los focos de distribución y movimiento de la droga.
Y no era casualidad que uno de los puntos de interés resultara estar en la misma zona que el puerto donde Endeavor tuvo su encuentro con la Yakuza.
Incluso sin conocer la trama, a Tetsumaru no le costó sumar dos y dos.
—Oye Aizawa, esto es aburrido.
¿Y si hacemos salir a los portadores de la droga?— llamó Tetsumaru a través del comunicador, esperando de buena gana que este no fuera un mal momento.
El dispositivo crepitó un momento antes de que la voz gruñona de Aizawa entrara en sus oídos y los de Shinsō.
—¡Maldita sea, mocoso!
Shinsō detuvo su paso y se volvió a su compañero con una mirada penetrante.
Tetsumaru admitió para sus adentros que lo echó a perder.
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