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Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 136

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  4. Capítulo 136 - 136 Trabajo En Equipo
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136: Trabajo En Equipo 136: Trabajo En Equipo  La noche había caído sobre Chiba-shi.

Su frío puerto recibió un cuarteto peculiar en una misión que requería sigilo y precisión a partes iguales.

Como parte de la investigación de Sir Nighteye sobre el Shie Hassaikai, así como la línea independiente de Hawks y la Comisión sobre el Trigger en conjunto con las demás agencias, el Héroe alado trajo a su pupilo, su dolor de culo impuesto y la niña rebelde y psicópata consigo.

No dispuesto a tolerar mierda de ninguna de las adolescentes, y también como prueba para la capacidad de Terumi, Hawks decidió separarse con Tokoyami y dejar a ambas chicas por su cuenta.

Si Toga Himiko escapaba, Terumi Mei demostraría no ser lo suficientemente buena para el trabajo.

Esa fue la insinuación que le dijo a la chica antes de despedirla.

—¿Es esa una buena idea, Hawks-San?— preguntó Tokoyami al cabo de un rato.

—No lo sé— respondió el Héroe sin tapujos.

En la dirección opuesta, Toga y Mei se deslizaban entre los pasajes oscuros sin ser vistas por los pocos trabajadores del lugar.

Ambas habían sido informadas sobre la situación general y lo que debían esperar en esta misión.

Toga no sabía cómo sentirse con respecto a sus viejos camaradas de la Liga.

Si bien Shigaraki la echó a un lado injustamente, los demás no objetaron abiertamente en el momento en que más los necesitaba.

Ella había creído encontrar un lugar al que pertenecer, personas afines a su visión de las cosas.

Se equivocó, de nuevo.

No era estúpida.

Podía ver claramente las intenciones de la Comisión al darle esta “oportunidad de redención”.

Si Toga quería o no esa redención, era algo que descubriría.

Mientras tanto era mejor no pensar en ello.

—¿Así que de estrella loca a niñera?

¿No es ese un bajón repentino en tu carrera, Mei-Chan?— preguntó sugerentemente, estudiando a la niña de UA desde la espalda.

Por razones que Toga no entendía, se le permitió portar armas en esta operación.

La espalda expuesta de Mei le resultaba tentadora, pero su instinto le sugería no hacer un movimiento estúpido.

Mei guiaba el camino, deslizándose con un sigilo aterrador que sorprendió incluso a la villana.

La chica sabía lo que hacía y Toga tuvo que reconocérselo.

—Meh, esto es temporal.

Probarán mi control de la situación con gente problemática como tú, y tal vez Hawks arregle un conflicto entre estas ratas y nosotras.

Tal vez tú intentes traicionarme y huir, y yo tendré que vencer a los malos e impedir que te escapes— contestó la kunoichi con indiferencia, observando a los trabajadores nocturnos ir y venir.

Se escondían tras un montón de piezas de barcos oxidadas.

Chatarra que ya no se utilizaría, demasiado pesada para llevarla a otro sitio sin maquinaria más potente.

Un conveniente lugar para analizar el entorno tranquilamente.

—Huh, y supongo que te crees capaz de hacer todo eso por tu cuenta— Toga puso los ojos en blanco, haciendo poco esfuerzo en mantenerse oculta de la vista.

Ella se mantuvo erguida, con los brazos detrás de la cabeza.

Su postura denotaba tranquilidad, como si no estuviera infiltrándose en un posible nido de adictos y contrabandistas.

Mei ladeó ligeramente la cabeza antes de asentir para sí misma.

—Sí, sí puedo.

Ahora bien, quiero que te quedes aquí en silencio.

Despejaré el camino a ese almacén— ordenó con calma, escalando la pila de porquería rápidamente.

Toga se encogió de hombros, jugando con el mango de su cuchillo arrojadizo.

Observó con aburrimiento y no poca desaprobación el innecesario sigilo de la estudiante.

Mei alcanzó la cima del montón y tomó una postura baja.

Acumuló fuerza antes de liberarla como un resorte.

Salió disparada por el aire, trazando un arco de más de una docena de metros de largo.

Reajustó su postura a mitad de camino, impactando a un sujeto sospechoso con una patada voladora en la cara.

Su compañero se sobresaltó y rebuscó algo entre sus pantalones.

Probablemente un arma que no llegó a sacar, ya que Mei giró sobre sus pies y estampó un puñetazo en su estómago.

—Tch, qué desperdicio— murmuró Toga, caminando con paso tranquilo hasta la kunoichi.

Mei se volvió a las puertas del almacén, ignorando a los hombres inconscientes en el suelo.

Una idea divertida cruzó por la mente de Toga y sacó su cuchillo, lanzándolo con un hábil movimiento de muñeca hacia la garganta de uno de ellos.

Para su sorpresa, el proyectil fue interceptado por la delicada mano de Mei en pleno vuelo.

—¡Woah, eso fue geni—  Su exclamación se cortó abruptamente.

De la nada, Mei apareció ante ella y la abofeteó fuertemente con el mango del cuchillo, estrellándolo en su boca.

—¡Pft!— escupió Toga con el rostro retorcido.

El golpe le hizo tropezar y caer en el suelo, oleadas de dolor taladrando sus encías.

Sin inmutarse, Mei se le acercó y arrojó el cuchillo a su lado, inclinándose sobre la muchacha con una mirada menos que divertida.

—Voy a suponer que el cuchillo se te resbaló.

Asegúrate que no pase de nuevo— dijo amenazadoramente.

Mei regresó a la tarea que tenía entre manos y dio la espalda a Toga Himiko una vez más, quien le dirigía una mirada venenosa.

—¡Pequeña ramera…!— maldijo la rubia para sus adentros, levantándose con una mueca de ira.

Logró controlarse, siguiendo en absoluto silencio a Mei al almacén, prometiéndose una retribución por el mal trato.

La siguiente hora fue tan incómoda como tensa.

Ninguna se dirigió la palabra de nuevo, ninguno se miró a los ojos ni una vez.

Toga estudiaba los movimientos de Mei como un halcón, buscando patrones, un momento de descuido o vulnerabilidad para abalanzarse sobre su cuello.

La curiosidad inicial dio paso al disgusto tras aquella breve reprimenda de la kunoichi.

Ambas chicas continuaron registrando cajas tras cajas, oficinas y los cuerpos inconscientes de los vigilantes.

Las armas de fuego fueron aplastadas por Mei y sus municiones arrojadas por ahí, lejos de las manos de Toga.

No tardaron en darse cuenta que esta sección no les proporcionaría nada para la investigación en curso.

Era una pérdida de tiempo.

—Detengámonos aquí.

Esto no nos llevará a ninguna parte— Mei suspiró de aburrimiento, echándose de espaldas sobre uno de los cajones para contemplar el feo techo.

Ignoró las intenciones asesinas que desprendía Toga con cada respiración y mirada venenosa, concentrándose más en la razón por la que estaban aquí.

Días atrás, Hawks y la Presidenta de la Comisión tuvieron una charla privada con Mei sobre sus responsabilidades en este período.

Como si no conocieran el concepto de presión, le informaron que participaría en un proyecto a gran escala en conjunto con otras agencias y Héroes profesionales, uno que buscaba redimir la imagen de Endeavor.

Debido a la cagada del viejo, la HPSC se sumó a la investigación de Sir Nighteye en relación al Shie Hassaikai.

Su objetivo sin embargo, era la Liga de imbéciles más que la Yakuza.

Ahí es donde entraban Mei y Toga.

Una era un detonante para captar la atención de la Liga y la otra un cabo suelto que Shigaraki podría querer eliminar más pronto que tarde.

Sólo tenían que filtrar la información de que ambas trabajaban en la investigación contra la Yakuza, otro foco de interés para la Liga recientemente.

Con tantos elementos jugosos sobre la mesa, Shigaraki y su grupo deberían morder el anzuelo.

Pero eso no quería decir que Mei simplemente modelaría sobre la pasarela sin más, esperando llamar la atención de la Liga.

—Hmmm, si Tetsumaru estuviera en mi alcance…

¿Qué estupidez me propondría?— pensó ella profundamente.

Vagar sin rumbo a lo largo de los cientos de kilómetros de los puertos de Chiba-shi sería estúpido e improductivo.

Necesitaba un enfoque diferente.

Se suponía que estaban aquí para encontrar drogas particulares, también relacionadas con el Shie Hassaikai.

¿Dónde esconderían esas drogas?

¿Quién las llevaría?

Ciertamente no los vigilantes de almacenes limpios.

—¿Podemos continuar ya?

Me estoy durmiendo aquí— Toga interrumpió los pensamientos de Mei con sus quejas.

Era la primera vez que le hablaba desde el incidente anterior.

Mei la miró de reojo, estudiando su expresión disgustada.

Una parte de su labio estaba partido y la zona alrededor empezaba a hincharse levemente.

—…¿Cuál decías que era tu Quirk?— preguntó Mei de repente, formulando una idea.

—Eso no es asunto tuyo— Toga murmuró, cruzándose de brazos.

Mei puso los ojos en blanco, incorporándose con un suspiro.

—Mira, deja de actuar como una perra quejumbrosa y vengativa.

No tienes derechos, no tienes opciones.

Coopera conmigo por las buenas, compórtate como es debido y no volveremos a tener un problema similar.

Ahora dime, cuál es tu maldito Don.

Sus palabras provocaron que la rubia apretara los dientes.

Instintivamente, Toga buscó sus cuchillos y tomó una postura agresiva.

—¿¡Que no tengo opciones!?

¡No te creas tanto, mocosa mimada!— gruñó con desdén.

El párpado de Mei tembló.

Estuvo a punto de darle una lección a la niña callejera, cuando su comunicador crepitó y la voz de Hawks detuvo sus acciones.

—Mizukage, tenemos una situación.

Dejaré a Tsukuyomi solo por el momento, tú aborta la misión actual y reúnete con él— ordenó el Héroe antes de cortar la comunicación.

Mei hundió los hombros, perdiendo el impulso anterior.

—Ya oíste, perra vengativa, movámonos— instó a su compañera de equipo.

—…¿Mizukage?— Toga se burló con una sonrisa de oreja a oreja.

—Lo suficientemente ostentoso para una niña mimada como tú.

—¡No tientes tu suerte!— escupió la kunoichi, sonrojada.

No había sido llamada por el apodo que eligió hasta ahora y lo encontró ligeramente vergonzoso.

Para quitarse el mal sabor de boca, se movió repentinamente en cuanto salieron del almacén y recogió a Toga en sus brazos, a modo de princesa.

La rubia jadeó por el movimiento a alta velocidad y el brusco cambio de orientación.

Mei corrió por la pared hasta alcanzar el techo y empezó su carrera a la posición de Tokoyami.

Toga intentó y falló en contener una sonrisa de emoción.

La sensación de vacío en su estómago con cada largo salto, el inesperadamente suave y silencioso impacto al aterrizar en el siguiente techo, sea de metal o madera.

Y por supuesto, el lindo cuello expuesto de Mei.

Sintió una abrumadora necesidad de clavar sus uñas, dientes y cuchillos allí, todo al mismo tiempo.

La irritación anterior desapareció, y el deseo nubló su mirada por un breve instante.

La sensación fue interrumpida por el siguiente giro de los acontecimientos.

—¡Mierda!— gruñó Mei de repente en pleno salto.

De algún modo, se las arregló para para contorsionar su cuerpo en el aire y evitar la carga de un proyectil.

Toga escuchó dos detonaciones más, y vio el destello de un arma en el suelo.

Al momento siguiente, Mei aterrizó en otro tejado y cambió de dirección sin detener la carrera.

—¿¡Qué haces!?

¡El tirador está en el suelo!— llamó Toga, confundida por la acción.

Mei no tuvo que explicarle nada.

Más armas tronaron y más balas impactaron cerca de su posición.

Sin previo aviso, un grupo de atacantes les disparaban y perseguían, tanto desde tierra como sobre los tejados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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