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Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 137

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  4. Capítulo 137 - 137 Ebullición En El Puerto
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137: Ebullición En El Puerto 137: Ebullición En El Puerto  La investigación en el puerto de Chiba-shi no se limitó a Eraserhead y Hawks.

La vasta extensión era demasiado para ser cubierta por un par de grupos pequeños en unas horas.

Como parte involucrada en el seguimiento del Shie Hassaikai, Sir Nighteye envió a Lemillion, Bubble y Deku a cooperar con algunos agentes de la policía, mientras Endeavor designó la tarea sus secuaces directos y también a Shoto.

Aparte de ellos, la policía de Chiba envió dos grupos más de agentes, así como sus Héroes locales para cooperar en el esfuerzo.

Nighteye había dudado al principio.

Intervenir tan agresivamente no era su estilo, mucho menos sin evidencia que justificase la acción tomada.

Pero desde que la HPSC se involucró, la mano del Héroe se vio torcida por temas de política e imagen.

Una amplia red se lanzó a los puertos de la ciudad donde la Yakuza tuvo el altercado con la Liga de Villanos, esperando capturar algo con poco más que deducciones.

Para desgracia de un grupo aislado de la policía de Chiba, sí había algo que encontrar y ellos tuvieron el infortunio de hacerlo primero.

Ellos no tenían un Héroe profesional acompañándolos, dado el limitado número de los mismos de los que podían disponer.

Para aumentar un poco la seguridad, su grupo se infiltró en una zona cercana a la delimitada para el grupo de Hawks, específicamente al área que Toga y Mei exploraban.

En un golpe de muy mala suerte, los oficiales se adentraron en un depósito de chatarra y redes inservibles.

Ese lugar albergaba un cargamento de Trigger, y estaba protegido por toda clase de pandilleros.

Uno de esos hombres poseía un Quirk que le permitía insonorizar un área a su alrededor, de modo que para los oficiales el lugar estaba en completo silencio desde afuera.

Así que forzaron la puerta y entraron, encontrándose frente a frente con una docena o más de individuos con rostros menos que amistosos.

Durante dos segundos sólo hubo silencio, más por la confusión del momento que por el Quirk de insonorización.

Tras el desconcierto inicial, las armas se desenfundaron.

Un silencioso intercambio de fuego resultó en un oficial asesinado y otro herido.

Los pandilleros se asustaron y no pensaron bien las cosas al abalanzarse sobre los intrusos.

En cuanto el Quirk de insonorización fue desactivado, los últimos disparos tronaron en el lugar y el cuarto agente de policía murió.

—¿¡Qué demonios pasó!?— rugió un hombre de aspecto robusto y piel grisácea.

Elevándose a dos metros de altura, llenó el espacio del depósito al emerger de una oficina trasera.

—¡N-no lo sé, jefe!— chilló un pandillero subordinado, acercándose con la respiración agitada por la adrenalina.

—¡Unos sujetos aparecieron de repente y nos dispararon!

El gigante de piel gris resopló con desdén, apartando al hombre más pequeño para salir y verificar la situación.

Otro de sus subordinados registraba el primer cadáver, sacando con una mano temblorosa una identificación y una placa.

—C-carajo…— murmuró en un tono bajo.

—Policía— escupió el gigante, sacando un teléfono de su bolsillo y marcando un número.

—Informa Hayato, tenemos compañía.

Inmediatamente después, más de dos docenas de teléfonos celulares recibieron una notificación, despertando o alertando a sus dueños de la situación y lo que debían hacer ahora.

Ocultos en escondrijos y sótanos, un pequeño ejército de maleantes entraron en acción y emergieron para encontrar y sacar por la fuerza a quien quiera que se atreviese a entrar en su dominio.

****************************************  Las balas llovieron sobre la posición de Mei, obligándola a tirar su carga rubia y por alguna razón risueña detrás de una grúa pesada para cubrirla.

Toga chilló, rodando por el suelo duramente y provocándose algunos raspones que volvieron a agriar su humor recién mejorado.

—¡No soy un saco que puedes tirar así como así!— escupió con ira, sacando dos cuchillos con una mirada penetrante dirigida a su compañera de equipo.

—Huh, buen punto.

¿Qué te parece si te uso como escudo de carne?— propuso Mei con una mueca, estudiando el número de atacantes y sus posiciones.

Toga resopló, deseosa de tener uno de los bastardos que les disparaban al alcance para cortarlo en trocitos y liberar algo de estrés.

Las detonaciones se volvieron esporádicas y las chispas saltaron sobre el metal de la grúa, perdiendo por mucho las cabezas de ambas niñas que se asomaban por los costados.

—Dudo que acierten aunque lo intentases.

Su puntería da asco— comentó la rubia burlonamente.

Mei asintió, metiendo las manos bajo su vestido y sacando una porra plegable de su muslo.

Toga la miró de reojo, resoplando otra vez.

—¿Vas a darles un toque en la cabeza por ser niños malos?— preguntó sarcásticamente.

—Exactamente eso haré— sonrió la kunoichi, activando la descarga eléctrica del juguete.

Mei salió despedida de su posición.

Impulsada por el chakra, se movió demasiado rápido para las muñecas de los terribles tiradores, cerrando la distancia en pocos segundos.

El primer desafortunado perdió su ventaja al bajar del tejado.

Confiado en el fuego de apoyo de sus no profesionales camaradas, desenvainó una espada corta y arremetió contra la niña del vestido azul.

El pobre ni siquiera notó cuando la herramienta se estampó en su cabeza.

Perdió la consciencia debido al golpe, sólo para ser despertado un instante después por la corriente intensa, y después volvió a desmayarse cuando su cabeza impactó el suelo.

Sin pestañear por el bandido inconsciente, Mei volvió a acelerar y escaló por la pared, desconcertando al siguiente objetivo.

Desde más atrás, Toga contempló el espectáculo y quedó honestamente impresionada.

Ya sabía que la mocosa de UA no era un amor precisamente, pero esperaba más holgura de su parte.

—Presumida— murmuró con desdén, deslizándose sigilosamente de su posición.

Ella aprovechó el hecho de que la mayoría de sus atacantes se concentraban en Mei para salir de aquel lugar.

No dio ni diez pasos cuando una bola de agua le impactó en las costillas, sacándole el aire y derribándola al suelo.

La responsable puso los ojos en blanco, agachándose para evadir un disparo a quemarropa del tipo con cabeza acorazada que acababa de golpear con la porra.

Mei estampó una patada directamente en su cara, sacudiéndolo brutalmente hasta que no se movió más.

—¿¡Y tú quién carajo eres!?— bramó un larguirucho hombre con látigos por manos de un metro de longitud.

Las extremidades silbaron en el aire, sin lograr hacer contacto con la carne de la kunoichi.

Con movimientos leves de pies, Mei evadió los primeros latigazos antes de saltar sobre el sujeto, hundiendo la porra eléctrica en su pecho sin contemplaciones.

Al instante siguiente, su sentido del peligro le instó a saltar hacia atrás justo a tiempo para evitar la embestida de una pelota gigante acorazada.

—¡Jefe, la perra es veloz!— advirtió el tipo de los látigos, retrocediendo con paso tembloroso y una mueca de dolor.

A unos metros de distancia, un gigante de piel gris aterrizó pesadamente, agrietando el hormigón bajo sus pies.

Su cuerpo masivo destilaba agresividad con cada contracción de músculos, un resorte de poder absoluto esperando para ser liberado.

Abajo, en la zona donde Toga recuperaba el aliento, la pelota acorazada se estrelló y rebotó hasta impactar en la grúa, abollando su flanco audiblemente.

La niña se volvió en la dirección del proyectil, viéndolo retorcerse antes de abrirse, revelando un hombre bajito y encorvado de apariencia más que extraña.

—¿T-tú…

Qué se supone que eres?— preguntó Toga, intrigada por la criatura que tenía delante.

El ser se giró torpemente en su dirección, exhibiendo sus miserias sin vergüenza alguna.

Estaba completamente desnudo.

—Hmph, niña ignorante.

¡Yo soy el Hombre Pangolín!— declaró con orgullo.

—…Ugh— fue la única respuesta de Toga.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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