Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 138
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- Capítulo 138 - 138 Ebullición En El Puerto II
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138: Ebullición En El Puerto II 138: Ebullición En El Puerto II El bruto arrancó su chaleco con una mano, exhibiendo un torso robusto y de piel tan gris como el humo, tensa y lisa.
Exudaba poder y durabilidad, una fuerza explosiva conteniéndose a duras penas.
Brazos como troncos, pulsantes.
Venas hinchadas, bombeando sangre y Dios sabe que otros fluidos.
Mei puso los ojos en blanco ante la demostración de fuerza sin sentido.
—Si esperas que haga lo mismo, estás muy equivocado— se burló con un resoplido, tomando una postura baja para cargar.
El oponente sonrió, imitando su movimiento.
—Niña sucia, prefiero mujeres de verdad— replicó tajantemente.
Si esperaba enfurecer a la adolescente, su plan falló por completo.
Ambos combatientes salieron disparados el uno contra el otro.
Mei se deslizó con mayor velocidad y delicadeza.
El gigante gris agrietó el suelo y dejó una explosión de polvo y escombros a su espalda.
El choque frontal que el tipo sabía que iba a ganar no sucedió.
En el momento en que se encontraron cara a cara, Mei dio un leve salto y pasó sobre su cabeza, estampándole la porra eléctrica en la nuca y aumentando la intensidad de la corriente al máximo.
La corriente bañó al bruto, tensando sus músculos levemente.
Esa fue toda la reacción que tuvo.
Plantando su pie con un poderoso pisotón, el hombre detuvo su avance abruptamente y torció su cuerpo con un giro rápido, dirigiendo un puñetazo a la kunoichi.
Mei no entró en pánico.
Dio una patada rápida a la muñeca del atacante, usando el impulso para salir del camino a la vez que desviaba el inmenso puño descolorido.
El hombre no cesó sus esfuerzos.
Cerró la distancia otra vez y envió una lluvia de golpes a la niña con la intención de pulverizarla.
Ella se valió de su Taijutsu para redirigir esos fuertes puñetazos, conectando varios en el proceso.
Internamente, Mei suspiró con fastidio.
Nuevamente se encontraba en una situación en la que su oponente gozaba de mayor potencia que ella.
La imagen poderosa de los shinobi, en términos físicos, se desmoronaba más y más con cada encuentro de semejante naturaleza.
Era de esperarse.
Si no vestías de verde o tu piel era oscura, tu fuerza física sería constantemente superada por los enemigos.
El intercambio de puñetazos y patadas fue interrumpido por la adición de látigos silbando en el aire.
El hombre con la mutación más inútil que Mei había visto hasta ahora entró en la contienda, intentando abrasar la carne de su espalda.
Ella evadió otro puñetazo del gigante gris y saltó hacia atrás, justo hacia el hombre con manos de látigo.
Arqueó la espalda y ejecutó un puente perfecto, dejando que las extremidades azotaran el espacio vacío a centímetros sobre su abdomen.
Completó el giro y se impulsó con las manos, plantando ambos pies en la cara del atrevido pandillero.
El hombre gruñó y trastabilló, cayendo de espaldas.
Mei no se le quitó de encima y en su lugar empujó con más fuerza, casi aplastando su cabeza contra el tejado de hormigón.
—¡Oye ten cuidado, mocosa!— bramó el gigante de gris, respirando pesadamente por el breve pero intenso intercambio.
—¿¡Planeas matarlo o algo así!?— acusó con una mueca de desprecio.
—¿Aaaw, tienes sentimientos?— replicó Mei con burla, bajando de la cara ensangrentada del manos de látigo.
En respuesta, el gigante gris exhaló como una bestia salvaje y cargó nuevamente.
Mei no se movió de su lugar, amagando con recibirlo para otro enfrentamiento a mano.
En el último segundo antes de la colisión, Mei saltó y tejió sellos manuales rápidamente, hinchando su pecho y sus mejillas con chakra altamente corrosivo y ardiente.
Escupió un chorro de vapor sobre el oponente que pasaba bajo ella, bañándolo por completo en la peligrosa nube por sólo un instante.
Ese instante fue suficiente para quemarlo dolorosamente.
—¡¡AAARGH!!— rugió el pandillero mientras su piel sufría las consecuencias y los ojos se le secaban.
Tropezó al momento siguiente, rodando por el tejado como un auto desbocado hasta alcanzar el límite y caer al duro pavimento echando humo, literalmente.
Mei aterrizó con gracia felina, ignorando al quejumbroso bruto para echar un vistazo a la situación de Toga Himiko.
La rubia se encontraba en un duelo injusto, esquivando las veloces embestidas de la pelota acorazada que casi golpeó a Mei momentos antes.
Los cuchillos se volvieron inútiles contra la capa protectora, rompiéndose cada vez que Toga apuñalaba la bola de demolición.
Por suerte para ella, su oponente sólo era rápido en cargas frontales, por lo que entraron en un punto muerto.
Mei decidió no ser ruda con el hombrecillo mutante.
Le había hecho un favor al distraer a su odiosa compañera e impedir que escapara.
Se acercó rápidamente y disparó una ola de agua en dirección al mutante, frenando su impulso y obligándolo a desenrollarse al darse cuenta que no podía respirar.
Se estrelló contra una bodega violentamente, jadeando como un loco en cuanto el agua se dispersó.
Antes de que pudiera darse cuenta de lo sucedido, Mei apareció sobre él y estampó un pisotón en su cara, agrietando el suelo bajo su cabeza.
Pangolín Man se retorció un momento antes de no moverse más.
—¡Oye, ese era mío!— refunfuñó Toga, lanzándole un cuchillo a la espalda expuesta de Mei.
La kunoichi atrapó el proyectil con desdeñosa facilidad y miró inexpresivamente a la propietaria.
—¡P-pero hiciste un buen trabajo, compañera!— retrocedió la rubia, alzando las manos en señal de rendición.
—…
Mei dejó pasar la transgresión por el momento.
Examinó detenidamente al mutante desnudo que acababa de abatir, notando que portaba una especie de saco sintético adherido a su cuerpo…
Justo detrás de sus joyas.
—Jesucristo— murmuró con una mueca.
Le dio la espalda al bicho raro y decidió probar suerte con cualquier otro criminal.
Caminó hasta el inconsciente gigante gris mientras intentaba comunicarse con Hawks o Tokoyami para verificar su estado.
El dispositivo crepitó, pero no pudo conectarse.
Mei supuso que las ratas interfirieron con las comunicaciones.
Lejos de preocuparla, la situación implicaba que alguien con verdaderos recursos estaba empleando a estos tipos como guardias de seguridad.
—¡Tsk, qué asco.
Ese tipo está rascándose las bolas!— acusó Toga con disgusto, cubriéndose los ojos.
Mei resistió el impulso, pero volteó de todas formas.
De hecho, el mutante caído tanteaba la zona de sus miserias con sus manitas con garras.
Lo que no notó fue que el gigante gris también buscaba algo en el bolsillo de su pantalón.
Un tubo metálico, no más grande que sus enormes dedos.
Torció una de las puntas con dificultad, revelando una aguja.
Sin dudarlo, se clavó el objeto en el brazo izquierdo y la sustancia entró en su sistema.
******************************** Lo que inició como un insignificante obstáculo en el camino de los Héroes y los estudiantes con Licencia rápidamente degeneró en serios enfrentamiento a lo largo de la costa de Chiba.
Incluso los experimentados Hawks, Eraserhead y los Flaming Sidekickers fueron tomados por sorpresa cuando sus oponentes, derrotados o incapacitados, resurgieron con una explosión de fuerza.
El Héroe Alado había barrido el piso con más de una docena de pandilleros comunes.
Quirks de apoyo o mutaciones que beneficiaban la fuerza bruta eran la norma, en su mayoría con portadores mediocres y sin creatividad.
Tuvo que tomárselo más en serio cuando un tipo con la intranscendente habilidad de calentar sus palmas a menos de 100° de repente se levantó del suelo con todo su cuerpo exudando un aura intensa de calor, destruyendo sus propias vestimentas y convirtiéndose en un humanoide incandescente de energía abrasadora.
Para Eraserhead, el desconcierto vino en la forma de una mujer con patas de pollo y plumas en sus brazos.
Sin previo aviso, su cuerpo se retorció y se desgarró a sí mismo.
Él se acercó a la mujer para verificar su condición.
Observó fríamente cómo la piel se arrugaba y se abría para dar lugar al crecimiento de plumaje prístino y afilado.
La mandíbula se rompió audiblemente, alargándose mientras sus dientes se fusionaban hasta formar un pico.
Las extremidades inferiores crecieron en densidad, ganando musculatura y garras mucho más mortales.
Escenas similares ocurrieron en múltiples locaciones del inmenso puerto de Chiba.
A diferencia de la conveniente zona solitaria donde Mei y Toga lucharon, muchos equipos todavía tenían que lidiar con la presencia de los trabajadores nocturnos.
Lemillion fue el más rápido en actuar.
Al ver a algunos enemigos sufriendo cambios imprevisibles, encargó a Deku que tomara distancia con Bubble mientras él se dirigía a uno de los puestos de control más cercanos para hacer sonar las alarmas.
Sin comunicaciones, le tomaría un tiempo a la policía movilizarse.
Un tiempo que no tenían antes de que los desbocados usuarios de Trigger empezaran a arrasar todo a su paso.
Los únicos que no se preocuparon demasiado fueron el grupo de Shoto y Tetsumaru.
El primero congeló las extremidades de todos a los que enfrentó, imposibilitando que se inyectaran la droga.
El segundo los asfixio hasta hacerlos perder la consciencia y los despojó de todas sus pertenencias al instante.
Y quien estaba en una muy mala posición era Tokoyami.
Sin experiencia y sin refuerzos, el aspirante a Héroe tuvo su propia refriega contra algunos pandilleros brevemente.
Creyó haber salido victorioso del enfrentamiento y cuando se disponía a moverse a la ubicación de su compañera Mei, esos mismos oponentes derrotados se inyectaron la droga.
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