Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 25
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25: Primera Cita 25: Primera Cita La mañana tras el ataque a la clase 1-A por parte de la liga de villanos recibió a Terumi Mei en su habitación, de pie frente al espejo y con una mirada contemplativa y concentrada.
En sus manos, tenía algunas prendas más femeninas que guardaba para salidas casuales, pero se dio cuenta de un detalle importante: No tenía ropa de mujer bonita.
Por mucho que hubiera avanzado en su lucha de identidad y género alterado, Mei apenas había comprado faldas largas y jeans no tan ajustados.
Para la parte superior, siempre usó camisetas con mangas cortas y largas.
Nunca estuvo dispuesta a exponer piel, ni en su espalda, ni en su abdomen, ni usar camisetas sin manga que dejaran visibles los bordes de sus pechos.
Hasta ahora.
-Mierda Mei, estúpida estúpida.
¿Cómo demonios vas a ir a una cita con esta porquería?
– se reprendía entre murmullos, arrepentida por no tener algo que llamara la atención de Tetsumaru.
Respiró hondo, tomando una decisión audaz.
Unos minutos después, bajó las escaleras y encontró a Tetsumaru con ropa casual, bebiendo una taza de café.
Sus ojos dorados se posaron el la figura de Mei y una sonrisa leve apareció en sus labios.
-Te ves hermosa- dijo con sinceridad, sonrojando levemente a su otra mitad.
Mei usaba una falda vieja de color azul profundo que dejó de ponerse cuando comenzó a crecer, de modo que parecía ser una falda corta que cualquier chica usaría.
Sus piernas blancas estaban abrazadas por mallas, sus mallas de combate de hecho.
En sus pies usaba las sandalias Ninja que había comprado, y en el torso vestía una camiseta de entrenamiento sin mangas.
Mantenía sus brazos bien pegados a sus costados, avergonzada ante la idea de que el brasier y el borde de sus pechos fueran fácilmente visibles.
Tetsumaru se acercó a ella y despejó el flequillo que cubría uno de sus ojos, pasándolo sobre su oreja y sonriendo a su otra mitad.
-G-gracias- murmuró ella con las mejillas ardiendo.
¿Qué diablos estaba pasando?
Ya había metido su lengua en la garganta de Tetsumaru y viceversa, había tragado su semilla y frotado su cuerpo desnudo con el suyo.
¿Por qué se ponía así por un mero cumplido?
-¿Qué tal si vamos a comprar ropa?
– sugirió él, consciente de las circunstancias de Mei.
-Um, eso estaría bien- accedió ella.
Ambos salieron a la calle, dejando sola la casa, pues sus padres habían salido a trabajar antes de que el sol iluminase la ciudad.
Caminaron uno al lado del otro, Mei aferrada al brazo de Tetsumaru como una pareja.
Ella no lo hizo a propósito.
Realmente estaba avergonzada por la forma en que había salido.
Antes, usaba faldas que bajaban casi hasta los tobillos y camisas de mangas largas, por lo que nunca se sintió expuesta.
Ahora, saludaba al mundo como una chica de verdad, revelando su belleza completa a todos los que desviaron la mirada en su dirección, que no fueron pocos.
Terumi Mei era una chica bastante hermosa.
Con una altura de 1.68 hasta ahora, casi la misma que su versión adulta del anime, sus piernas fuertes y rodeadas por mallas, así como su tonificado cuerpo que era visible debido al sudor provocado por los nervios, que terminó pegando su camiseta a su piel, Mei llamó mucho la atención.
La única razón por la que no murió de la vergüenza y echó a correr de nuevo a casa fue la serena y firme presencia de su otra mitad.
Tetsumaru caminaba con seguridad, guiando a Mei en su camino y apretando su mano.
Esa sensación de estar protegida por él fue algo nuevo para Terumi Mei.
Se sintió…
Femenina, mucho más que cuando estaban en sus sesiones de masturbación mutua.
-¿Así se siente ser una mujer?- se preguntaba en un rincón de su mente, alejado del vínculo con Tetsumaru para no filtrar sus emociones conflictivas.
Pero Tetsumaru no necesitaba del vínculo para saber lo que rondaba la mente de su otra mitad.
Después de todo, eran uno y lo mismo, aunque esa línea empezaba a difuminarse a medida que Mei iba cambiando.
¿Llegaría un punto en que se convertirían en dos personas diferentes?
Tetsumaru no lo sabía, ni le importaba.
Porque incluso si ese día llegara, él no dejaría de amar a su otra mitad.
************************************************************************ -¿Cómo me veo?
– preguntó Mei mientras abría la puerta y mostraba su figura a Tetsumaru.
El pelinegro desplazó sus ojos negros y dorados, estudiando de arriba a abajo a su otra mitad y guardando imágenes mentales para la posteridad.
-Nos llevamos ese- asintió Tetsumaru.
Mei sonrió y entró para cambiarse de nuevo.
Habían estado eligiendo prendas nuevas para la kunoichi, prendas casuales.
Ya habían empacado vestidos, jeans ajustados, shorts cortos, camisetas de muchos estilos reveladores que hicieron avergonzar y de alguna forma, aumentar la autoestima de Mei.
Justo ahora, había desechado la vieja falda y la camiseta sencilla con que habían venido, reemplazados por shorts cortos que exponían incluso más que la falda, pero sin llegar a ser vulgar, y una camisa de tirantes con intrincados tejidos que permitían una vista más reveladora al centro de su pecho.
Provocativo, sexy, pero nada que una cualquiera llevaría.
Lo suficiente para que Mei alardeara de sus atributos y su bien construido cuerpo.
Eso le hizo sonreír.
No su sonrisa coqueta habitual, si no una de genuina felicidad.
Ya había registrado este día como uno de los mejores que ha tenido desde que fueron arrojados a este mundo.
La pareja se paseó por el centro comercial, probaron diferentes estilos de indumentaria, incluso comprando algo para Tetsumaru.
Tomaron refrigerios, comieron helado y finalmente, se detuvieron en el arcade.
Chica o no, Mei seguía disfrutando de los video juegos.
Los chicos que frecuentaban el arcade quedaron embobados por la presencia de la kunoichi y algunos con verdaderas agallas se acercaron para entablar conversación.
Dado el estado de ánimo de Mei y Tetsumaru, así como el respeto por esos campeones que no le temieron a la belleza monumental que era Mei, acordaron no destruir la autoestima de los chicos, siempre y cuando no fueran unos cerdos.
Así, se permitieron ser invitados a jugar en varios juegos, donde Mei arrasó con los adolescentes y se convirtió, en algún momento, en la reina del arcade.
-Hombre, esa chica es una cosa…
– murmuró uno de los chicos a su amigo.
-Sí…
Es perfecta- comentó otro con ojos brillantes.
-Hmph, es sólo una chica, compórtense- dijo un chico sombrío, aunque su único ojo visible no dejaba de precisar el rostro sonriente de Mei.
-Apártense, tarados.
La invitaré a salir- uno se armó de valor y dio un paso al frente.
Tetsumaru, cuyo gusto por los video juegos había disminuido bastante tras quedarse con la parte aburrida y sosa de su alma, contemplaba todo el suceso desde un lado con calma.
Este era el tipo de idiotas que había que desinflar antes de adquirir malos hábitos y quizás convertirse en depredadores sexuales algún día.
Mei, que había recibido la alerta de idiota por parte de Tetsumaru, se volvió con su sonrisa educada que derretía los corazones de los adolescentes.
La acción tomó desprevenido al tipo, pero apretó los puños y sonrió con confianza.
-Hola, guapa.
Soy Hajime Iwaizumi.
¿Cómo te llamas?
– se presentó sin tartamudear.
Era un tipo alto y esbelto, cabello castaño y en puntas.
Una sensación de familiaridad golpeó a Mei, pero no pudo precisar donde.
-Terumi Mei.
¿Necesitas algo?
– ladeó la cabeza con curiosidad.
-¿Te gustaría salir conmigo?
– fue directo al grano, lo que hizo que los chicos alrededor jadearan.
-Hmm, me halagas, pero no- respondió tajantemente Mei.
Más jadeos, algunos de sorpresa, otros de alivio y unos pocos de lástima por el chico.
Los parpados de Hajime temblaron, su corazón dio un vuelco por el rechazo tan directo.
Pero su sonrisa no vaciló.
¿Qué clase de hombre acepta un no por respuesta?
A las mujeres se les debe perseguir, así funciona el juego.
-Vamos, te prometo que te divertirás.
Sólo dame una oportunidad, ¿Qué dices?
– insistió de nuevo.
-Respeto el valor que demuestras, pero debo negarme de nuevo.
Si me disculpas, estoy en medio de algo- negó Mei mientras se volvía al juego que estaba en pausa.
Hajime no se rindió, parándose más cerca de ella y recostándose de la máquina donde la kunoichi jugaba.
Se cruzó de brazos y continuó sonriéndole.
-Te ves realmente hermosa.
Me gusta mucho tu estilo, Terumi-San – continuó halagándola.
-Gracias, pero agradecería más si pudieras dejarme jugar- dijo Mei con calma.
-Por supuesto, pero realmente apreciaría si me das una oportunidad.
¿Qué tal esto?
Intercambiemos contacto y te dejaré jugar- propuso el chico.
-No gracias.
Por favor, estoy ocupada aquí- replicó ella.
-Ay, no seas así, Terumi-San.
Sólo te pido- En ese momento, Tetsumaru puso una mano sobre el hombro del chico más alto, interrumpiendo su coqueteo.
Sus ojos amenazadores obligaron al chico a tragarse su réplica agresiva.
-Te dijo que no está interesada, varias veces.
Si una chica te dice que NO más de una vez, es porque realmente significa NO- aconsejó Tetsumaru.
Los adolescentes en los alrededores dejaron lo que estaban haciendo y se centraron en este intercambio.
Algunos murmuraban entre sí, preguntándose qué estaba pasando, mientras otros asentían en dirección a Tetsumaru.
-¿Tch, y tú qué?
Estoy trabajando aquí, amigo- se quejó Hajime, alzándose unos centímetros sobre Tetsumaru, intentando imponer con su mayor altura.
-Haaa…
Fue divertido mientras duró, chicos, pero ya no estoy de humor para seguir jugando- dijo Mei con un suspiro mientras pasaba al lado de Hajime y tomaba a Tetsumaru de la mano.
El dúo salió caminando con tranquilidad, dejando a algunos de ellos boquiabiertos.
La sorpresa duró poco, ya que la mayoría de los chicos que habían intentado acercarse a Mei pagando por los juegos se fijaron en Hajime.
-Por culpa de este idiota, la chica linda y genial se fue- pensaron al unísono.
Ese día, Hajime tuvo un despertar, alcanzando una nueva comprensión sobre las mujeres y cambiando radicalmente su actitud a la hora de entablar relaciones con chicas.
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