Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Tetsumaru Y Mei 2
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3: Tetsumaru Y Mei 2 3: Tetsumaru Y Mei 2 -¡Kacchan, espérame!
– gritó un mocoso de ojos saltones y apariencia enclenque.
Intentaba seguir a un pequeño grupo de niños, con un rubio bastante fogoso liderándolos.
En una esquina del aula, un joven de ojos extraños y una niña de cabello marrón rojizo observaban la escena con expresiones en blanco.
-Tetsumaru, creo que estamos en el infierno – comentó la niña a su otra mitad por medio de su comunicación única.
-Quizás.
Avísame si ves algún pene oscurecido y venoso.
Ofreceremos tu pequeña conch- Una palmada en la cabeza del pelinegro detuvo su comunicación.
Mei clavó una mirada de muerte a su otra mitad.
Aún le costaba aceptar que su suerte fue tan mala como para ser convertida en niña y ese era un tema delicado para ella.
Los días en el jardín de niños fueron tan insoportables como habían asumido que serían.
Niños corriendo y gritando, mocos, baba, juguetes que ellos no necesitaban y adultos molestos que querían hacerles cantar y memorizar tonterías.
Horas de juego en los que definitivamente no se entretenían ni un poquito.
Cuando eran uno, su base de entretenimiento era internet, holgazanear, algún juego, ver anime y leer manga.
Correr, gritar y sudar no era precisamente lo suyo.
-¿Qué ocurre, Tetsumaru, Mei?
¿No quieren ir a jugar con los otros niños?
– se les acercó la maestra, como hacía a menudo desde que empezaron a venir al jardín de niños.
La mujer parecía preocupada por lo poco sociables que eran este par.
No se le podía culpar.
-Todo está bien, maestra.
Nos gusta más leer que ensuciarnos y sudar- la tranquilizó Tetsumaru con voz monótona.
La inexpresividad de la encarnación del Tercer Kazekage era mucho más natural que la de Mei.
Eso fue porque él se llevó la parte menos activa del alma original.
La maestra no pudo evitar mirar con sospecha al niño de ojos negros con pupilas doradas.
La esclerótica oscura le daba un aire de intimidación que solía alejar a los otros niños y su rostro de piedra tampoco ayudaba en eso.
-Leer y aprender está bien, niños.
Pero no olviden divertirse – les recordó por enésima vez.
-Esta perra no estará en paz hasta que nos vea llenos de moco y lodo.
Tetsumaru, sacrifícate por nosotros – instó Mei a su otra mitad.
-Jódete.
Ve a jugar con muñecas o a la casita.
Creo que tienen platos sin lavar por allí – replicó el pelinegro.
-¡¡Hijo de- Al ver el silencio y la mirada perdida de ambos niños, la maestra suspiró y se retiró, sin saber sobre la intensa discusión que mantenían sus estudiantes.
Una cosa de la que no podían quejarse, a pesar de las circunstancias y la condición de Mei, era que tenerse a uno mismo de compañía en estos momentos fue una gran bendición.
Nunca se quedaron sin temas de conversación y, lo mejor de todo, compartían el mismo humor, los mismos gustos y los mismos disgustos.
******************************************************* Por las tardes, tras finalizar la hora de la escuela, dos pequeñas figuras solían escabullirse a un pequeño parque, entrando en las zonas menos concurridas para ejercitar sus cuerpos.
Flexiones, trotar, sentadillas.
Ejercicios básicos para mantener un cuerpo fuerte desde temprana edad.
En circunstancias normales, dos niños de cuatro años no deberían hacer este tipo de actividades, pero estos no eran niños normales.
En el mundo Ninja, los shinobi entrenaban desde temprana edad, acondicionando sus cuerpos y sus mentes.
Si bien Mei y Tetsumaru no tenían técnicas ni una guía real sobre cómo fortalecerse, habían visto tanto Naruto que se hacían una idea de cómo funcionarían las cosas.
Al menos a un nivel básico.
Fuera de la manipulación de la Satetsu y un poco de agua, ninguno se atrevió a tocar su chakra.
Una vez, Mei había intentado mover esa energía enigmática en su cuerpo y resultó en una parálisis y un dolor que se sintió como si sus entrañas ardieran.
Y por alguna razón, Tetsumaru también lo sintió.
Ese día descubrieron que si una sensación sensorial era muy intensa, o si se concentraban lo suficiente, podían sentir lo que el otro sentía.
Volviendo al chakra, sus cuerpos no estaban listos, o no habían hecho las cosas correctamente.
Por ello decidieron mejorar la condición de sus juveniles cuerpos primero y luego experimentar con la técnica de la hoja, la escalada de árboles, la caminata sobre agua, y finalmente la movilización y extracción de chakra durante el combate físico.
Si lograsen potenciarse aunque sea un poquito con el chakra, sus reservas no se limitarían a manipular y/o generar los elementos con que fueron bendecidos.
-En algún momento, uff, necesitamos, ah, necesitamos aprender artes marciales- jadeó Tetsumaru a través de su comunicación única.
Sus piernas ardían por las sentadillas y el sudor bañaba su frente.
Mei asintió, sus brazos temblorosos por las flexiones a las que se había lanzado.
-D-definitivamente.
Taekwondo, Kick Boxing, Judo.
Esas deberían ser nuestras bases para el Taijutsu- dijo la niña.
Terminado su acondicionamiento físico, la pareja se daba un chapuzón con el agua almacenada en las palmas de Mei y se cambiaban de ropa.
Volvían al orfanato antes de que oscureciera, cenaban y dormían, siempre con los mocosos intensos fastidiándolos por esto y aquello.
Y así se habían forjado una rutina.
Una que mantuvieron por meses casi ininterrumpidamente.
Se aseguraban de cumplir con sus responsabilidades, ganándose el aprecio del personal tanto del orfanato como de la escuela, a excepción de su maestra, que seguía insistiendo en un acercamiento mayor con los otros estudiantes.
Esta conducta pulcra, madura y responsable les hizo considerar una especie de pequeños genios.
La apariencia de Mei también encantó a aquellos padres que pensaban en la adopción, y hubo un par de casos en los que la llevaron a conocer a algunos adultos interesados.
Pero el dúo se negó rotundamente a ser separados.
No era que fueran estúpidos.
Entendían la oportunidad de ser adoptados y salir de ese agujero que era el orfanato.
Aunque cruel, era la verdad.
Quedarse allí los limitaría mucho.
Pero ser separados traía una consecuencia: el que se quedara iba a joderse por el aburrimiento.
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