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Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - 38 ¿Es El Momento
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38: ¿Es El Momento?

38: ¿Es El Momento?

Después del festival deportivo, Aizawa anunció que tendrían dos días libres para descansar.

También les informó sobre las llamadas pasantías, cosa que Tetsumaru y Mei no recordaban en lo absoluto del anime como parte del arco del asesino de héroes.

En cualquier caso, el dúo shinobi ahora se relajaba en su hogar, preparando un almuerzo común mientras su padre iba de un lugar a otro buscando empleo.

La noticia del dinero ganado en el festival alegró a la pareja y Sasuke casi lloró en los brazos de sus hijos adoptivos.

A pesar de que podrían sobrevivir unos meses, el hombre se negó a convertirse en una carga y continuaba su misión sin descanso.

Por su parte, Sakura tomó un segundo empleo, no dispuesta a permitir que sus hijos la mimen demasiado, y por otras razones personales.

Como resultado, Tetsumaru y Mei pasaban mucho más tiempo a solas.

Quizás demasiado tiempo a solas.

-¿Tetsumaru, ya has decidido cómo llamarte?

– cuestionó Mei a través de su vínculo.

Solían hablar más por este medio que con sus bocas, ya que algunas conversaciones que tenían era mejor mantenerlas para sí mismos.

-La verdad es que no.

Quizás sólo use mi nombre y ya está- respondió el pelinegro.

Se referían a los nombres de héroe.

No sabían en qué momento debían escogerlos, pero ese fue un tema complicado para Tetsumaru desde hace mucho.

Mei, al poseer la Liberación de Agua y Ebullición, fácilmente califica para tomar el nombre de Mizukage.

Pero Tetsumaru no podía hacer lo mismo.

Él sólo disponía de la arena de hierro.

No se le fue otorgada ninguna otra Liberación Elemental, a pesar de que técnicamente su Jiton funciona con viento, tierra, Yin y Yang, por lo que no tendría ningún sentido llamarse Kazekage.

-¿Seguro que no quieres llamarte Sakage o Jikage, en relación con la arena y el imán?

– volvió a preguntar Mei.

-Quizás considere Sakage, ya que mi arena es oscura y eso, pero no me gusta como suena Jikage- negó Tetsumaru de nuevo.

Después de una charla trivial, el dúo terminó de preparar el almuerzo y degustaron un buen pollo frito con espagueti y mucho, mucho tomate en salsa, preparado por ellos mismos.

Durante todo el proceso, Mei instigó las hormonas de Tetsumaru al no usar nada más que una camiseta sin mangas extremadamente delgada y algo transparente, tan corta que dejaba sus abdominales a medio formar expuestos y no llevaba sujetador.

Eso y nada debajo, aparte de ropa interior para dormir.

El pelinegro intentó mantener el control de sí mismo, concentrándose en sus quehaceres y no queriendo ceder tanto dominio a su otra mitad.

Desde que Mei lo arrastró a esa habitación de escobas durante el festival deportivo, y tras una charla incómoda con cierto profesor de buen olfato que se topó con la kunoichi después, ha estado actuando cada vez más audaz.

La experiencia parecía haberla cambiado.

Algo parecía haberla despertado y Tetsumaru no sabía si iba a pasársele antes de que echaran por la borda lo último de cordura que les quedaba.

Porque maldita sea, él era un chico, un virgen de más de treinta años en este punto, con un cuerpo que le exigía muchas cosas todo el tiempo, y el sugerente comportamiento de Mei no ayudaba en eso.

Mientras comían, los ojos negros y amarillos de Tetsumaru vagaban de vez en cuando a la chica que compartía su mesa.

Su piel blanca, fuerte, saludable y suave.

Su cabello largo y suelto, su cuello pálido donde aún era visible la marca de su mano.

Puso especial atención a los pequeños bultos que presionaban contra la delgada tela de la camiseta, permitiéndole vislumbrar un poco pero negándole una vista completa de esos gemelos rosados y sensibles que tanto amaba.

Incluso sin alcanzar la edad en que apareció en el anime, esta Terumi Mei era jodidamente hermosa, provocativa.

Era sexy.

-No has dejado de mirarme todo el día.

¿Pasa algo, Tetsumaru?

– preguntó Mei, hablando normalmente y no a través de su vínculo.

Su sonrisa coqueta y casual, como si no fuera ella la causa del desequilibrio de su otra mitad.

Tetsumaru apretó los cubiertos y frunció levemente el ceño, pero no cedió a la provocación.

-No pasa nada.

Simplemente te ves hermosa hoy- respondió con naturalidad.

-Fufufu, eso es tierno de tu parte.

Pero ten cuidado, podrías enamorar a las chicas con esa seguridad tuya- replicó la chica.

-Tú ya enamoras a cualquiera que te mira.

Quizás seas tú quien deba tener cuidado- devolvió el pelinegro.

Y así continuaron su almuerzo, la tensión creciendo con cada puya arrojada al otro, sentimientos de anticipación cruzándose a través de su vínculo en oleadas pequeñas, casi imperceptibles, pero que fueron aumentando el calor en ambos.

Finalizada la comida, el ambiente era más cálido, gotas de sudor en sus cuerpos y no sólo por la temperatura de un almuerzo recién terminado.

Se miraron en silencio unos segundos, sintiendo lo que el otro sentía gracias a su conexión única.

Para Tetsumaru, era como si Mei se desesperase más y más.

Ella quería que él comenzara algo, que diera el primer paso.

Para Mei, era como si Tetsumaru se sintiera culpable.

Él quería hacerlo.

Ella sabía que él deseaba desesperadamente abalanzarse sobre ella, tirarla en cualquier lugar y hacerla suya.

Pero también había miedo.

Tetsumaru no quería asustarla, no quería lastimarla.

Él dudaba porque, por más que pudieran sentir lo que siente el otro, por más que se conozcan al ser dos mitades de un mismo ser, sus circunstancias les hicieron cambiar con el tiempo.

Tetsumaru era tan malditamente comprensivo que el corazón de Mei saltó por la calidez y la frustración.

Ella amaba ese lado suyo, pero también le irritaba porque el chico no hacía el movimiento de una vez.

Tras casi un minuto de silencio y respiraciones cada vez más agitadas, la resolución brilló en los ojos de Tetsumaru y una oleada de seguridad, de autoridad y decisión cruzó por el vínculo, alertando a Mei.

En ese mismo instante, ella permitió que su aceptación y sumisión viajaran de regreso.

Un método de comunicación único, sin palabras, ni mentales/espirituales ni pronunciadas, sólo emociones, sentimientos, sensaciones.

Tetsumaru recibió la resolución de Mei y, aún sin dirigirse palabras porque no eran necesarias entre ellos, la tomó de la mano y ambos subieron las escaleras.

Uno decidido a dar ese primer y esperado paso, y la otra dispuesta a aceptarse completamente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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