Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Sin Palabras +18
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39: Sin Palabras (+18) 39: Sin Palabras (+18) Tetsumaru arrastró a Mei a la ducha primero.
No iba a convertir este momento tan íntimo en algo lleno de restos de comida, mal aliento y sudor.
Ambos se permitieron ser lavados por el agua, eliminando más que sólo suciedad y olores extraños del laborioso día.
Para ellos, fue más un ritual de iniciación.
Se lavaron las dudas, limpiaron las inseguridades, eliminaron el miedo.
En ese pequeño espacio, sólo eran ellos dos, diferentes, pero uno y lo mismo.
Un alma, dos cuerpos.
Un hombre y una mujer, atracción y deseo.
Tetsumaru y Mei.
Ella se aferró a su cuerpo, sus manos recorriendo su espalda más ancha.
Él devolvió el abrazo, su mano acariciando el largo y empapado cabello.
Permanecieron así un rato, sólo disfrutando de la cercanía del otro.
No hubo juegos previos.
No hubo manoseos innecesarios, ni besos desesperados.
No hacía falta tal cosa porque el deseo estaba allí.
Ella salió primero, envuelta a medias con la toalla, secando su cabello y su cuerpo.
Él la siguió, deshaciéndose de cualquier prenda y humedad que quedase en su piel.
Antes de que Mei pudiera continuar con su secado de cabello, la paciencia de Tetsumaru se agotó y arrebató la toalla con fuerza, exponiendo el cuerpo desnudo de su otra mitad.
A Mei no le importó.
No se avergonzó ni se cubrió.
Ella le permitió admirar todo su ser, porque no había nada que ocultarle a Tetsumaru.
Sus brazos rodearon su cuello mientras él la levantaba por los muslos.
Ella unió sus labios con los suyos, un beso gentil, lento, apasionado y lleno de afecto.
Pero eso sólo duró unos segundos.
La sorpresa se reflejó en la mirada de Mei cuando fue estampada contra la pared con fuerza y el beso suave se convirtió en uno más animal, desesperado.
Tetsumaru ya no intentaba besarla.
Él quería devorarla por completo y a Mei le emocionó.
Sonidos lascivos de succión y saliva salpicada llenaron el baño, sus lenguas entrelazadas intentando penetrar más a fondo en la garganta del otro.
Los jugos comenzaron a preparar la entrada de Mei y la sangre activó el miembro de Tetsumaru.
Él apartó sus labios y cambió la postura, sosteniéndola como a una princesa mientras empezaba a caminar.
Mei se aferró al pecho de Tetsumaru, sintiendo el acelerado corazón de su otra mitad.
Entraron a la habitación de Mei, pues era su lugar favorito a la hora de hacer sus sesiones de masturbación mutua.
Sería el mejor lugar para convertirla en una mujer completa.
Tetsumaru arrojó a Mei a la cama e inmediatamente saltó sobre ella, su peso presionándola más abajo mientras asaltaba su boca una vez más.
Mei rodeó la cadera de Tetsumaru con sus piernas, sus respectivos órganos ya en contacto y deseosos por consumar de una vez su amor.
Ella apretó con más fuerza, rodeando de nuevo el cuello de Tetsumaru y jadeando en su oído, dándole la señal que necesitaba el chico para romper esa última línea.
Mei cerró los ojos, apretó los dientes y permitió que su otra mitad tomara el control, que tomara la decisión final.
Que la tomara a ella.
Y Tetsumaru cumplió.
Él se posicionó adecuadamente, asegurándose de no perder el lugar correcto de manera estúpida.
Hubo un segundo de tensión, una respiración profunda, una aceptación tácita.
Y él empujó hacia adentro.
-¡Hnngh!
– gimió Mei, dolor y placer recorriendo su cuerpo a partes iguales.
Ella se aseguró de cortar la conexión, no queriendo enviarle la sensación de un dolor tan incómodo a su otra mitad.
Ella necesitaba soportar esto por su cuenta, porque ella era la mujer.
Tetsumaru entró profundamente, una sensación como ninguna otra enviándole olas de placer.
El estrecho interior de Mei lo envolvió, el calor, los fluidos, sus jadeos en su oreja y el gruñido bajo de su garganta por el esfuerzo.
Todo eso estimuló los instintos de Tetsumaru, pero se aseguró de no perderse en la emoción.
Él no quería ser demasiado brusco con ella, pero tampoco podía ir demasiado suave, o Mei pediría detenerse.
Esto es algo que si bien nunca conversaron, entendieron tácitamente.
Tetsumaru era el hombre, y él llevaría el control.
Tras unos segundos de adaptarse, las caderas de Tetsumaru comenzaron a moverse.
Las uñas de Mei se clavaron en su espalda, su vagina palpitando tanto por placer como por dolor, empapando el miembro de su otra mitad con jugos y sangre.
Ella resistió.
Poco a poco, el sonido de la carne húmeda al chocar llegó a sus oídos, sumándose a los gruñidos de Mei que poco a poco se convirtieron en gemidos.
Quizás fue por su fuerza, quizás por el chakra en su cuerpo y su entrenamiento, que el dolor de Mei no duró demasiado.
Ninguno tenía experiencia así que no estaban seguros, pero no les importaba.
Ella abrió de nuevo la conexión una vez se hubo asegurado de que no había dolor.
Los empujones suaves de Tetsumaru se detuvieron cuando su sensación de placer aumentó al doble.
Él la miró, y ella le dio una sonrisa deslumbrante.
El mensaje fue evidente: No más contención.
-¡¡AAAH♥♥♥!!
– jadeó Mei cuando Tetsumaru penetró con fuerza, entrando en toda su longitud con un chapoteo.
La cama se agitaba, los gemidos de Mei fueron en aumento, los músculos se contrajeron y Tetsumaru se movió con más intensidad.
La saliva se desbordaba por la comisura de los labios de Mei, su espalda arqueada y sus manos aferrándose con fuerza a las sábanas.
La vista de su otra mitad retorciéndose en placer estimuló más a Tetsumaru.
Él sacó de repente su miembro y le dio la vuelta a Mei, dejándola boca abajo.
La chica alzó su trasero de manera instintiva y abrió sus piernas, permitiendo el paso de Tetsumaru.
Sin pensar, el pelinegro montó a Mei y entró de nuevo, sujetando el cabello de la chica con una mano y admirando las ondas que recorrían el tonificado trasero de Mei hasta su espalda baja con cada empujón.
Su peso la obligó a permanecer abajo, sus impactos desatando olas de placer, su dominio sobre ella haciéndola sentir completa, haciéndola feliz.
Mei sólo jadeaba y gemía.
No podía formular palabras, ni verbales ni mentales.
Los sonidos de aplausos se intensificaron, la rudeza de Tetsumaru aumentó y la excitación de Mei se sumó la suya propia en una cacofonía de sonidos, olores y sensaciones que les hicieron alcanzar el límite rápidamente.
Tetsumaru se aferró con fuerza al cabello de Mei y torció tren superior para clavarle un beso a la vez que penetraba lo más profundo que le permitía su cuerpo, como si intentara unirse de verdad con ella.
Las contracciones de las paredes vaginales y las palpitaciones del glande compitieron entre sí, el subidón de éxtasis llenando los sentidos del dúo.
Mei chorreó sus jugos con intensidad mientras Tetsumaru expulsó su semilla dentro de ella.
El interior de la kunoichi recibió con avidez el fluido blanco, mientras el miembro del shinobi se empapó en sus jugos desde la base hasta la punta.
La sensación amplificada por la del otro les hizo voltear los ojos por la sobre carga sensorial y cayeron sin fuerzas en la cama, Mei todavía debajo de Tetsumaru y Tetsumaru todavía dentro de Mei.
Sin dirigirse palabra alguna, ambas mitades de una misma alma se conectaron por primera vez.
Sin dirigirse palabra alguna, expresaron el deseo reprimido durante años.
Sin dirigirse palabra alguna, se proclamaron el más sincero amor el uno por el otro.
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