Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 48
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- Capítulo 48 - 48 De Vuelta
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48: De Vuelta 48: De Vuelta -Lo que hicieron fue muy imprudente.
Deben tener más consciencia sobre su capacidades y no sobreestimarse demasiado- Mei regañaba suavemente mientras pelaba algunas manzanas para el trío en la habitación.
Iida bajaba la cabeza torpemente, Midoriya se sonrojaba por alguna razón, y Todoroki contemplaba en silencio a la kunoichi, admirando su vestido sencillo con volantes abrazando su figura.
-¿M-Mei?
Yo-yo escuché que tú luchaste contra un Nomu…
– murmuró tímidamente el portador del One For All.
-Así es.
¿Qué pasa con eso?
– ella ladeó la cabeza.
-B-b-bueno…
– Midoriya se fue apagando, todavía haciéndosele difícil hablar con chicas.
En particular con Mei, quien él mismo debe admitir, es bastante linda.
-¿No es eso igualmente imprudente?
– cuestionó Todoroki con calma.
-No, no lo es- Mei negó con la cabeza.
Al ver a los tres mirándola fijamente con una expresión de “¿En serio?” Mei suspiró y comenzó a explicar.
-Miren, en primer lugar, ese Nomu no era ni de cerca tan fuerte como el de la USJ.
Si así fuera, muchos de los héroes que intentaron contenerlo habrían muerto en cuestión de segundos.
En segundo lugar, si yo pude encarar a un Nomu más fuerte y peligroso y salir ilesa, ¿Por qué no iba a hacerlo con otro más débil?
Y en Tercer lugar, ustedes están aquí con heridas y agotados, mientras yo no – miró fijamente al trío, añadiendo con una sonrisa petulante, coqueta y dulce a la vez.
-Yo no salí herida, ni siquiera agotada, porque conozco mis capacidades.
Sé lo que puedo y no puedo hacer- concluyó la kunoichi mientras les acercaba tres platillos con trozos de manzana picados.
-Pero tienes una curita en la frente- señaló Todoroki.
-Eso no cuenta.
Por lo que sabes, me corté mientras depilaba mis cejas- ella negó de nuevo y Todoroki cedió.
Los cuatro comieron en silencio, Iida pensativo y decepcionado consigo mismo, mientras Midoriya lanzaba miradas preocupadas a Mei.
A diferencia de los otros dos, él sí supo del pequeño revuelo que provocó la kunoichi.
Ver a su compañera manchada de sangre y juguetear con un globo ocular le hizo estremecerse.
El efecto sólo se amplificó porque esa misma chica acababa de pelar una manzana para él.
Sus reflexiones fueron interrumpidas cuando Gran Torino, Manual y un hombre alto con cara de perro entraron en la habitación.
La mirada de Mei se intensificó al notar a la última figura y sabiamente se escabulló a un lado, fingiendo no existir como sólo una kunoichi podría hacer.
Lamentablemente para ella, los ojos del hombre perro nunca la perdieron de vista.
-Saludos, jóvenes.
Mi nombre es Tsuragamae Kenji y soy el Jefe de Policía de este distrito- se presentó el hombre perro cortésmente.
Midoriya e Iida estaban por levantarse y dar un saludo formal, pero Tsuragamae los detuvo con un juego de palabras bastante malo.
Su mirada recorrió al trío herido con curiosidad y un toque de respeto.
-Realmente me impresiona que hayan podido derrotar al Asesino de Héroes.
Supongo que era de esperarse de UA, el talento que cultivan es de otro nivel…
Sin embargo, hay algunos asuntos que me gustaría tratar con ustedes, cachorros.
-¿Um, qué sería eso, señor Jefe de Policía?
– preguntó Midoriya nerviosamente.
-Se trata de las heridas del Asesino de Héroes- comenzó Kenji.
Mei fue desplazándose poco a poco hacia la salida, sus pasos sigilosos y lentos mientras mantenía un rostro sonriente, como si no estuviera haciendo nada sospechoso, mientras Iida, Midoriya y Todoroki recibían la charla del uso excesivo de sus dones al tratar con criminales.
De repente, el largo brazo de Kenji se estiró y acarició la cabeza de la chica, deteniéndola en su lugar.
-No tan rápido, pequeña.
Tú más que nadie de los presentes debe quedarse aquí- afirmó el jefe de policía y Mei se vio obligada a recibir toda la aburrida lección.
Luego de eso, las pasantías continuaron con normalidad para casi todos, excepto Tetsumaru, quien tuvo una incómoda discusión con Trece y Midnight en la oficina de Nezu para explicar el alboroto entre ambas profesoras.
A Mei se le prohibió abandonar la agencia de Endeavor el resto de su estadía y se vio obligada a trabajar como chica de los recados para todos en la oficina, lo que fue del agrado para todos los hombres que trabajaban allí.
************************************************** Tetsumaru caminaba tras su último día bajo la guía de Trece.
Tuvo que admitir que para convertirse en un héroe calificado para atender situaciones de rescate, hay que estudiar muchas cosas.
No era tan sencillo como usar arena para apagar fuego, arena para reforzar edificios, arena para proteger y transportar gente y arena para localizar víctimas atrapadas en lugares extraños.
La encarnación del Tercer Kazekage estaba más que dispuesto a aprender todo lo que necesitaba.
Si bien no planeaba dedicarse por completo a esa área como su sensei, tampoco hacía daño especializarse.
Su Satetsu era así de versátil, su manipulación era una locura.
¿Por qué no aprovecharla al máximo?
Eso no significa que dejaría de ser un luchador decente.
Pensamientos de ese estilo llenaban su mente, ocupándolo y distrayéndolo de una persistente punzada en algún rincón de su ser.
Podía hacerse una idea sobre el origen, pero quería mantener su promesa hasta el final.
Este tiempo de pasantías fue una oportunidad para ambas mitades.
Una oportunidad para darse un respiro el uno del otro y ver cómo sobrellevaban la distancia.
Desde que llegaron a este mundo hace quince años, nunca se han alejado por más de un día entero.
Incluso cuando no están tan cerca, su conexión les permite conocer la posición aproximada del otro en un radio de casi dos kilómetros, y la comunicación es posible a más de 700 metros en este punto.
Personalmente, a Tetsumaru no le importaba.
Nunca encontró molesta la presencia de Mei, ni una sola vez en esta vida.
Ella era algo de lo que nunca se cansaría, algo que nunca se aburriría de ver, de escuchar.
Pero no estaba seguro de si era recíproco.
En este punto, ya no podía afirmar que sabría absolutamente todo lo que piensa Mei.
El tiempo pasaba, su otra mitad crecía, cambiaba.
Ya no era la misma que hace tres años, cuando empezaron su extraña relación, y definitivamente no era la misma que cuando llegaron a este mundo.
-¡Tetsumaru, Tetsumaru, Tetsumaruuu!
– gritó Mei a través de su vínculo, la distancia cada vez más corta permitió que sus esfuerzos lograran atravesar el velo que Tetsumaru colocó de su lado.
Había estado luchando para no recibir su comunicación, ya que se habían prometido mantener las cosas en el reino de lo normal hasta que ambos se encontraran en casa, pero a Mei le importó un pepino y comenzó a molestarlo desde que entró en el rango de los 700 metros.
-Te oigo, Mei.
Ya casi llego- respondió él con un suspiro mental que hizo reír a la kunoichi.
Minutos después, llegó a su casa.
En cuanto Tetsumaru cerró la puerta tras él, un borrón de movimiento se le abalanzó encima, brazos y piernas de piel blanca y suave envolviéndose alrededor de su torso.
El impulso le obligó a retroceder hasta chocar con la puerta, sus labios asaltados por los de su otra mitad en un frenesí apasionado.
En ese momento, mientras devolvía el abrazo y el beso, Tetsumaru pensó que, después de todo, el tiempo lejos sí funcionó para algo.
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