Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 Segunda Ronda
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52: Segunda Ronda 52: Segunda Ronda En un lugar apartado de la ciudad de Musutafu, en las ruinas de un viejo almacén, el sonido del metal chocando daba nueva vida al entorno.
Chispas volaban y leves gruñidos por el esfuerzo acompañaban el choque mortal entre los combatientes.
Terumi Mei ejecutó un barrido de pierna que Tetsumaru evitó al saltar.
Él lanzó varios shuriken a la kunoichi a quemarropa, pero Mei se impulsó con una sola mano y salió del camino.
Sin darle tiempo a reajustar su postura, Tetsumaru disparó en su dirección con un kunai en la mano.
Lanzó un tajo a su garganta, pero fue interceptado por el kunai de Mei.
Ambos forcejearon en el lugar, el sudor cubriendo sus cuerpos y las extremidades doloridas por el prolongado combate.
Mei rompió el punto muerto con un movimiento de muñeca que desestabilizó a su otra mitad.
Ella giró sobre su pie y propinó una patada de revés al torso de Tetsumaru.
En represalia, el shinobi giró levemente a un lado, sujetando la pierna mientras levantaba su rodilla y golpeaba el muslo de Mei, lo que le hizo entumecer la extremidad.
Hábilmente barrió su otro pie, derribando a Mei y poniendo el kunai en su garganta, terminando esta ronda con su victoria.
-Tch, se supone que eres un caster, Tetsumaru.
¿No era el Tercer Kazekage famoso por la Satetsu?
¿Cómo demonios eres tan bueno en el Taijutsu?
– se quejó Mei mientras apartaba el kunai con desdén.
Tetsumaru se quitó de encima y la ayudó a levantarse.
-Era un Kage, Mei.
Además, no nació con la Liberación Imán.
Antes de eso, tuvo que practicar y luchar como cualquier otro shinobi – replicó suavemente, apaciguando la frustración de Mei.
A pesar de los esfuerzos de Mei, ella sólo superó a Tetsumaru en fuerza bruta cuando se involucraba el chakra.
En términos de habilidad pura en combate físico, la encarnación de Tetsumaru era mejor.
Analizándolo, Mei asintió.
A diferencia de su propia encarnación, que no era débil de ningún modo en términos de Taijtusu, el tercero de Suna vivió en una época llena de monstruos absolutos en el campo de batalla.
La Terumi Mei original se vio envuelta en la guerra interna de Kirigakure, pero eso no fue lo mismo a tener que vivir en la época donde los Sanin, el Tercer Raikage, el Colmillo Blanco y otros pesos pesados arrasaban con el mundo.
El tercero de Suna vivió esos tiempos y logró convertirse en Kazekage.
Claro que tenía que saber luchar cuerpo a cuerpo.
-Hmph, pero no es justo.
Si tan sólo pudiéramos transmitirnos nuestras memorias musculares…
– murmuró la kunoichi.
Aunque compartían un vínculo extraño y podían comunicarse cosas y sentimientos, así como sensaciones, todo lo relacionado con sus instintos Ninja no pudo transmitirse.
Así, por ejemplo, si Mei deseara compartir su manejo del chakra para la Liberación Ebullición, no lograría transmitir la sensación adecuada y Tetsumaru nunca podría replicarlo.
Del mismo modo, Tetsumaru no pudo enseñarle a Mei a siquiera sentir los campos magnéticos.
¿Fue eso una restricción del Dios, o simplemente no tenían la suficiente experiencia para comunicar la forma en que hacían las cosas con su chakra?
Estaban tentados a creer en la segunda opción.
Después de todo, ellos no eran shinobi reales.
No fueron instruidos en Ninjutsu ni nada y todo lo que hacían era por instinto.
Instinto de los Kage que encarnaron.
Ese pensamiento les había hecho reflexionar sobre el potencial futuro.
¿Sin Ninjutsu, podrían de verdad alcanzar el nivel de poder de los Kage originales?
Mei estaba tan sumida en sus pensamientos que no notó el rostro inexpresivo de Tetsumaru a unos milímetros del suyo.
Sólo reaccionó cuando él le mordió la mejilla.
-¿¡Q-Qué carajo!?
– exclamó, limpiándose la mezcla entre baba y sudor de su rostro.
-¿¡Qué te pasa, pervertido!?
-Nada, nada.
Sólo te vi en una profunda reflexión y quise distraerte- se excusó él con una rara pero leve sonrisa.
-¡Hmph!
Contrólate, Tetsumaru.
Si sigues así, te denunciaré con la policía por acoso- amenazó Mei con seriedad.
La expresión del shinobi se endureció por un segundo antes de saltar sobre Mei y arrinconarla contra la pared, sosteniendo sus muñecas por encima de su cabeza.
La respiración de ella se entrecortó y sus mejillas se sonrojaron, pero no apartó la mirada de su otra mitad.
El vínculo que los unía palpitaba tanto como la entrepierna de Tetsumaru.
Durante el período de exámenes, Mei le había negado cualquier actividad nocturna al chico, lo que lo estaba matando por dentro.
Esto había durado casi dos semanas completas.
¿La razón?
Porque Mei se había enterado del pequeño drama entre Midnight y Trece y se enojó porque la mujer invitó a su otra mitad a su oficina, en privado, sólo los dos, para tratar temas interesantes.
En el pasado, se habría lamido los labios ante el mero pensamiento de esa profesora/heroína, pero ahora las cosas eran diferentes.
No le gustó para nada la idea de ella y Tetsumaru compartiendo un espacio solos y hablando de cosas tan íntimas.
No lo permitiría.
Pero para desconcierto de Tetsumaru, el castigo fue para él.
Fue en ese momento que todas sus dudas se despejaron.
Mei ya era una mujer de verdad.
¿Si no lo fuera, por qué esa irracionalidad?
-¡¡ACK!!
– gimió al recibir un pisotón sobre sus dedos de los pies.
Mei lo estaba fulminando con la mirada.
-Deja de pensar cosas groseras- amenazó con voz fría.
-Pero no lo pensé, ni lo dije por nuestro vínculo- replicó él en un tono más bajo.
-Mi intuición me advirtió – respondió ella con una mueca.
Tetsumaru sólo pudo suspirar y dejar ir a Mei.
Ella resopló, internamente decepcionada porque el momento se echó a perder, pero aún así mantuvo su actitud desdeñosa.
No podía aflojar.
Por alguna razón, sintió que este era el camino correcto, por más que chocara con su lógica mental.
Después del entrenamiento de Taijutsu, ambos volvieron a casa.
Esta vez, no encontraron a sus padres adoptivos y tuvieron que preparar ellos la cena.
Nuevamente, Mei le impidió a Tetsumaru entrar en la ducha con ella, lo que lo dejó algo insatisfecho, pero sólo pudo encogerse de hombros en abatimiento y volver a la cocina.
De repente, su teléfono vibró y revisó los mensajes.
Aparentemente, Mina los estaba invitando a una salida en grupo mañana.
Tetsumaru consideró el asunto y llegó a una conclusión.
No podía seguir tratando a Mei como a él mismo.
No era un chico.
De hecho, con los años, Tetsumaru fue más delicado con Mei, tratándola poco a poco como una chica.
Pero eso no era suficiente ahora.
Quizás, ya era momento de cambiar su actitud, de dejar de verla como una extensión de sí mismo, pero más sexy y con vagina.
¿Quizás debía empezar a tratarla como su novia?
En ese momento, la iluminación alcanzó a Tetsumaru como un rayo.
Mei, ya sea que fuera consciente o no, estaba actuando como una novia agraviada, como una chica que hace un berrinche y espera algo.
Una disculpa, un gesto de su parte.
O una cita.
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