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Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 57

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  4. Capítulo 57 - 57 Pequeño Tetsumaru
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57: Pequeño Tetsumaru 57: Pequeño Tetsumaru -¡Mis hijos, Quiero ver a mis hijos!

– exclamó un hombre esbelto de cabello oscuro, con traje y corbata.

Su mirada afilada le cordó a Aizawa vagamente a su problemático estudiante.

Los oficiales intentaban calmar al alterado sujeto, pero la emoción claramente le impedía actuar racionalmente.

Era un padre, después de todo.

El Héroe dio un paso al frente y encaró al hombre.

-Señor Sasuke, supongo.

Soy Eraser Head, Aizawa Shota, el Sensei de sus hijos en UA.

Por favor, sígame.

Sasuke, padre adoptivo de los hermanos Terumi, asintió severamente y caminó tras el desaliñado Héroe .

-¿Se encuentran bien?

¿No resultaron heridos, verdad?

¿Por qué retienen a mis hijos cuando fueron ellos los atacados?

– preguntaba el hombre, un poco más en calma, pero con una actitud resentida.

Aizawa no lo culpó.

Probablemente no era consciente de las acciones de Tetsumaru y, a sus ojos, esto era una situación verdaderamente ridícula.

-No se preocupe.

Esos dos salieron ilesos.

De hecho, fue uno de los atacantes quien resultó gravemente herido y es la razón por la que Tetsumaru está aquí- dijo Aizawa con calma.

-¿Qué quiere decir?

– cuestionó el hombre.

-¿Interrogaron a mis hijos sin mi presencia?

-Se tomaron sus declaraciones, pero yo supervisé el proceso, en ausencia de usted y su esposa.

Como Héroe y su profesor, le aseguro que no se cruzó ninguna línea con los chicos.

Sasuke no respondió.

Ambos caminaron en silencio hasta que llegaron a una sala de interrogatorios, donde un oficial que antes parecía duro e intimidante, se encontraba bajo el ataque verbal de una indignada Terumi Mei.

Ambos hombres miraron con expresiones vacías a la niña regañar al detective sin parar.

El pobre sujeto sólo pudo bajar la cabeza, su aura intimidante desaparecida hace mucho.

-Ejem, creo que mejor vamos a ver a Tetsumaru.

¿Es él el detenido, verdad?

– sugirió Sasuke, ya habiendo sido víctima de esta Mei en el pasado.

Recuerdos agotadores de su hija adoptiva arrojándole puñaladas verbales cuando algo no le satisfacía, o cuando violaba su privacidad.

Aizawa miró de reojo al hombre e hizo una nota mental.

Claramente, el temperamento de la sonriente y dulce niña era más fogoso de lo que muestra al mundo exterior.

Ya lo había deducido por la forma en que manejó a los villanos en la USJ.

Sólo pensarlo le dio escalofríos en la zona media del cuerpo.

Cuando encontraron a Tetsumaru, Sasuke se lanzó a un mar de preguntas que el chico respondió casualmente, como era habitual en él.

Aizawa observó todo en silencio.

Dadas las sospechas a estos dos, decidió recopilar información personal de los hermanos, observando su comportamiento con las posibles personas más cercanas a ellos.

No aprendió mucho.

Tetsumaru siguió tan indiferente como siempre, relatando los hechos al pie de la letra, tal y como se lo contó a Aizawa y la policía.

No se arrepintió de sus acciones, alegando que le hubiera sido imposible retener a al hombre de otro modo.

Aizawa, a pesar de todo, le creyó.

Ya lo había visto en acción antes.

Las pruebas a las que fue sometido como castigo por su comportamiento durante el ataque a la USJ les permitieron conocer mucho mejor las capacidades de su Quirk, así como entender mejor la personalidad del chico.

Era terriblemente honesto.

Si decía que de no haber sido tan rudo el hombre habría lastimado a la gente, o a ellos mismos, entonces debía ser cierto.

Pero ni siquiera su palabra era suficiente para convencer al gobierno.

Después de todo, las reglas existían por una razón.

Afortunadamente, Sasuke sólo asintió ante la noticia de los gastos médicos de Muscular, así como el daño a las casas del vecindario y la calle.

El hombre comprendía bien cómo funcionaban las cosas.

¿Injusto?

Quizás, pero si Tetsumaru y Mei fueran héroes, parte de ese gasto se descontaría de su sueldo.

Como menores, independientemente de si usaron sus Quirks para defenderse, la responsabilidad caía en sus padres.

Al finalizar el día, ambos chicos fueron despedidos con una advertencia de no volver a repetir un incidente similar, y una conferencia extremadamente aburrida sobre el uso responsable de sus dones.

Ya en el auto, Tetsumaru se enfurruñaba en su asiento, disgustado por muchas razones.

Primero, tuvo que soportar horas de interrogatorio y charlas interminables sobre lo malo de sus acciones.

Segundo, dejó una deuda no muy barata a sus padres sólo porque desangró a un tipo.

Tercero y más importante, la cita con Mei se arruinó y ahora no iba a recibir lo que le correspondía.

Mei, sintiendo el mal humor de su otra mitad, algo extraño en él, se sentó más cerca, acurrucándose en su hombro.

-¿Qué pasa, Tetsumaru?

– preguntó tras un momento de silencio.

-No es nada.

Sólo me molesta que tengamos que desembolsar dinero para ese netoreador- respondió.

Mei se frotó con su cuerpo, su cabeza descansando en el hombro Tetsumaru y su mano entrelazada con la de él.

-Eso no es todo.

Vamos, no tienes que ocultarme nada a mi- insistió ella con un tono suave.

-Es que…

Ash, es que nuestra cita fue arruinada.

Realmente quería salir contigo, Mei- exhaló el shinobi.

-¿Es eso así?

Pero, si me preguntas, este día fue divertido- respondió la kunoichi con una sonrisa.

-Quiero decir, enfrentarme a ese tipo fue liberador.

Como, no sé, simplemente se sintió bien golpearlo y quemarlo.

Yo me la pasé genial, Tetsumaru.

-¿De verdad?

– Tetsumaru se volvió a ella, sus ojos negros con pupila amarilla brillando de emoción.

-Fufufu, de verdad.

Y, no creas que no sé lo que intentabas, mi travieso Onii-Chan- se rio Mei con un tono que le envió escalofríos a la espalda de Tetsumaru.

-¿Tanto te gusto, Tetsumaru?

¿Ya no podías soportar la espera?

– continuó Mei con un tono cada vez más sugerente.

Tetsumaru no respondió.

Fue atrapado con las manos en la masa.

¿Qué se supone que respondiera?

-Tehee~ No te preocupes.

Hoy me sentí muy estimulada y quiero descargar el resto de mi energía con algo.

Supongo que lo haré contigo, en la cama, esta noche- ronroneó Mei mientras daba un beso a la mejilla de su otra mitad.

La pareja se sumió en un cómodo silencio, lleno de afecto y caricias sutiles.

Sin embargo, toda la conversación ocurrió a través de su vínculo, por lo que para Sasuke, sus hijos simplemente se sentaron demasiado juntos en silencio.

Sabiamente hizo la vista gorda.

Ya estaba acostumbrado a sus extrañas muestras de afecto silencioso.

En algún punto, dejó de preocuparse, decidiendo que sus hijos eran lo suficientemente inteligentes como para saber lo que les convenía.

Él los apoyaría, pasara lo que pasara.

Una vez llegados a casa, cuya puerta fue destruida y apenas estaba cubierta por una improvisada cortina que colocó Sakura mientras ellos no estaban, la familia tuvo otra larga charla, aunque no tan molesta como la que sufrieron los shinobi a manos de la policía.

En el proceso, Tetsumaru creó una puerta de Satetsu que se mantendría firme mientras él estuviera dentro del rango.

Como mañana no tendrían clases, fue una inversión de chakra justa.

-Hm, les prometo que ayudaré a pagar la deuda- dijo Tetsumaru con tono solemne.

En respuesta, Sakura le estampó una sartén en la cabeza que el shinobi no se atrevió a esquivar.

Hacerlo solía enfurecer a la mujer, y obligaba a Mei a someterlo para poder castigarlo adecuadamente.

-¡Hmph, deja de decir tonterías!

Eres mi hijo, y mi responsabilidad.

Tú asegúrate de hacerte más fuerte y no causar tanto daño la próxima vez- expresó la mujer de cabello rosado.

-Uh, entiendo, mamá- asintió Tetsumaru con una leve sonrisa.

Horas más tarde, el shinobi reflexionaba los acontecimientos del día.

O eso intentaba.

La verdad es que su corazón, y otra parte de su cuerpo, palpitaban con expectación, esperando, esperando con cada vez menos paciencia la llegada de cierta kunoichi.

Finalmente, un crujido de la puerta de su habitación le indicó que por fin era la hora.

Sus ojos contemplaron la figura de Mei, apenas cubierta por tiras de tela transparentes que permitían un vistazo completo y algo distorsionado a su cuerpo.

La sangre se movió y el pequeño Tetsumaru despertó por completo.

Mei notó el bulto en las sábanas y sonrió.

El saber que despertaba tales emociones en su otra mitad sólo con su presencia la llenaba de alegría.

Ella se subió al a cama a horcajadas sobre él, retorciéndose cómodamente sobre su regazo, sus brazos rodeando su cuello.

Tetsumaru enterró su rostro en el todavía creciente pecho de Mei, aspirando su olor a flores, jabón y crema para la piel.

Sin embargo, el íntimo momento se vio interrumpido por el teléfono de Tetsumaru.

Mei notó el constante brillo y la lluvia de mensajes.

Al principio, supuso que eran sus compañeros de clase, pero su mirada se afiló en cuanto notó un nombre particular, responsable de todas esas notificaciones.

Trece.

Mei se levantó de repente, desconcertando a Tetsumaru.

Ella tomó el teléfono y vio un montón de mensajes de la Heroína preguntando por su otra mitad.

-¿Qué es esto, Tetsumaru?

– cuestionó ella con un tono suave y una sonrisa que no alcanzó a sus ojos.

-¿Por qué Trece- Sensei tiene tu número?

¿Desde cuándo?

¿Y por qué parece tan desesperada aquí?

Ni si quiera ha preguntado por mi estado de salud ni una vez.

Tetsumaru parpadeó, a punto de dar una respuesta casual sobre el porqué y el cuándo, pero un escalofrío recorrió su espalda al notar el aura poco feliz de Mei.

Antes de que pudiera evadir la pregunta, su teléfono vibró en las manos de la kunoichi.

Mei contestó la llamada entrante y habló con un tono coqueto.

-¿Hm, Trece-Sensei?

¿Estas son horas de llamar a un estudiante?

El sudor empezó a correr por la frente del shinobi.

Vio a Mei asentir un par de veces y reírse entre dientes.

-Jeje, tranquila, Sensei.

Ya me iba a dormir de todas formas.

Aquí está Tetsumaru, pueden hablar todo lo que quieran.

La noche es para ustedes- dijo ella en un tono extraño y le tiró el teléfono a su otra mitad.

La sonrisa desapareció de sus labios, su expresión vacía, como si mirara un cadáver.

Sin decir ni una palabra, ni física ni mental, se giró y salió de la habitación.

Esa noche, no hubo fiesta para el pequeño Tetsumaru.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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