Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Cambios +18
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6: Cambios (+18) 6: Cambios (+18) Los años transcurrieron con fluidez en la vida de Tetsumaru y Mei.
Afortunadamente para el dúo, lograron convencer a sus padres adoptivos para cambiarlos de escuela a una más lejana, donde estaban seguros que el personaje principal, Izuku Midoriya, no iba a estar.
Apenas interactuaron en el jardín de niños, pero se aseguraron de tratar con educación y respeto al mocoso pasivo.
Después de todo, era el protagonista de este mundo y tenerlo de su lado bueno era algo lógico.
La vida escolar de ambos fue intrascendente para ellos.
Horas aburridas, niños igual o peor de molestos que los del jardín de niños, asignaturas y clases típicas y otras no tan típicas pero igual de exasperantes.
Pero lo más importante fue que se llevaron un susto enorme a la edad de seis años.
La pareja regresaba de clases cuando un automóvil fuera de control se salió de la calle y arrolló a un hombre.
Por suerte, el civil sobrevivió y sólo tuvo algunas fracturas, pero ni Mei ni Tetsumaru hicieron nada para ayudar al hombre, a pesar de tener las habilidades físicas y en el caso del pelinegro, la Satetsu.
No lo consideraron su problema, y no valía la pena infringir la ley de uso de dones en público.
Al menos, eso fue hasta que esa misma noche ambos tuvieron una pesadilla particular.
Se vieron a sí mismos completamente desnudos, Mei ahora convertido en chico aunque su apariencia similar a la de la Mizukage, y rodeados por docenas de figuras masculinas cuyos rostros no podían identificar.
Lo que siguió fue un sueño demasiado vívido sobre ser manoseados y sus pequeños traseros en riesgo de ser abiertos por gigantescos penes abultados y palpitantes.
El dúo se despertó con un sudor frío bajando por sus espaldas, mirándose el uno al otro con desconcierto, ya que dormían en la misma habitación.
El mensaje había sido claro.
Esa no fue una mera pesadilla, fue una advertencia del bicho raro que conocen por Dios, debido a sus acciones, o inacciones, del día.
Después de todo, fueron enviados para hacer bien las cosas y tener una vida digna de entrar al paraíso.
No podían simplemente lavarse las manos y actuar sólo cuando les convenía.
O se volvían héroes desinteresados, o serían violados por la eternidad en el infierno.
Tras ese incidente, se habían tomado más en serio su entrenamiento, redoblando sus esfuerzos y alcanzando niveles de fuerza y dominio con mayor velocidad.
En tal proceso, descubrieron que la Deidad no los había arrojado sin nada con que defenderse.
Si bien no les había dejado usar toda la extensión de sus técnicas, sí ofreció un par de cosas: Primero, su manipulación sobre la arena de hierro, lava y agua fue bastante anormal.
Al menos, más de lo que un shinobi en Naruto debería hacer sólo con movilizar chakra y desear que algo suceda.
Y segundo, sus cuerpos y sus mentes adquirieron memoria muscular para algunas cosas.
Supieron instintivamente usar los sellos y mover su chakra de cierta manera para algunos Jutsus básicos.
Nada increíble que les diera una ventaja absoluta, pero definitivamente adelantó algunos escalones.
También se les facilitó mucho aprender a luchar.
No necesitaron tomar clases, sólo con investigar un poco las posturas y entrenamientos básicos, pudieron desarrollarse por su cuenta.
Sabían cómo colocar su peso para maximizar sus golpes, cómo dar una buena patada, cómo bloquear, derribar, esquivar, someter.
Pero el mayor cambio no vino en sus habilidades.
Algo mucho peor estaba sucediendo que les quitó el sueño a ambos shinobi: La adolescencia.
Ahora la encarnación de Terumi Mei se miraba en el espejo de su habitación.
Sus ojos recorriendo cada centímetro de su cuerpo desnudo.
Sentimientos encontrados cruzaban por su corazón.
¿Excitado?
¡Claro que sí!
Pero también había preocupación, miedo, asco, negación.
Mei no quería ser una mujer.
Era un hombre.
Su otra mitad era un hombre.
Sólo la idea de la llegada de ese sangrado al mes le provocaba escalofríos, el recuerdo de como la miraban sus compañeros de clase le daba repulsión, o los hombres en la calle.
Odiaba haber sido convertida en chica.
Odiaba las miradas lascivas que recibía por su bonita cara y su cuerpo en forma.
Pero lo que más odiaba eran sus hormonas adolescentes.
Un cosquilleo vino de su entre pierna, la respiración de Mei agitándose con cada segundo a medida que su mano bajaba por su vientre, acariciando suavemente su piel.
Sus dedos bajaron más, rozando una superficie en la que apenas había vello.
Luego se deslizó hasta tocar un punto que la hizo estremecer y apretar las piernas.
Una sensación diferente a todo lo demás la recorrió, haciéndola gemir en silencio.
Con su otra mano, sostuvo con firmeza sus crecientes pechos, pellizcando y retorciendo las sensibles puntas, que había descubierto en experimentos anteriores que eran bastante sensibles.
-Soy un hombre, soy un hombre.
Esto es sólo masturbación, nada más, nada menos- se dijo a sí misma, pero su cuerpo la traicionaba, su mano frotando más rápido entre sus piernas y su clítoris enviándole olas de placer que la hicieron caer al suelo de espaldas y apretar los dientes, ahogando un gemido cuando alcanzó el climax.
Su espalda se arqueó y su pezón derecho fue retorcido salvajemente, aumentando el placer que la recorría.
Finalmente se calmó, su respiración agitada y el sudor bajando por su frente.
Su vagina palpitaba, como si exigiera más estímulo y su mente dejó de pensar por varios segundos.
Luego vino un pensamiento que jamás, en ninguna otra circunstancia, habría imaginado tener.
Se encontró a sí misma preguntándose si el estímulo sería mayor si se metiera algo allí dentro.
Le vinieron imágenes a la cabeza, desde frutas hasta carne misma, todas con una forma que le era familiar.
Una forma que ya no tenía ella.
Se abofeteó ambas mejillas con fuerzas, negando con la cabeza y disipando pensamientos tan extraños.
¿Qué estaba mal con ella?
Es un hombre, su mente sigue siendo la de un hombre, un masturbador crónico y degenerado en línea en una vida pasada.
En ese momento, sintió que su cuerpo volvía a calentarse.
Nuevas palpitaciones recorrieron las paredes de su vagina y un deseo de alcanzar el climax otra vez se apoderó de ella.
Pero ese estímulo no le pertenecía.
Mei acababa de romper una regla que había establecido ella misma con su otra mitad hacía unos meses.
Cuando empezaron la adolescencia y las erecciones inesperadas de Tetsumaru, descubrieron que esa capacidad de sentir lo que siente el otro cuando se trata de algo intenso también se transmitió al deseo sexual y el placer.
La primera vez que Tetsumaru se masturbó y eyaculó, Mei se encontraba en la ducha, soportando un inesperado deseo de frotar su vagina con fuerza.
Al mismo tiempo que el pelinegro expulsaba sus primeras gotas de semen, Mei se corrió en la tina.
Desde entonces, ella decretó que si iban a masturbarse, el otro tenía que salir de la casa y alejarse a una distancia en la que la sensación sea mínima o imperceptible.
Tuvieron que experimentar para encontrarla, concluyendo que alejarse al menos 500 metros bastaba.
Y ahora Mei rompió su propia regla, masturbándose con su otra mitad en la otra habitación.
Eso no fue accidental.
Mei sabía que su otra mitad había estado lanzándole miradas furtivas a su cuerpo.
Cuando estaban demasiado cerca, cuando entrenaban y ella sudaba con nada más que shortos cortos y una camiseta sin mangas, cuando tomaban baños juntos, razón por la que ella decidió bañarse a solas desde entonces.
Pero a pesar de todo eso, Mei no sintió repulsión por la mirada y el deseo de su otra mitad.
No como con los otros hombres.
En su mente, era él mismo y entendió que ver a una chica tan linda como ella tan cerca no podría evitar sentir deseo.
Pero otra parte de ella había llegado a una conclusión extraña.
Una que poco a poco había estado aceptando en su corazón.
-Debería estar bien si él me toca, ¿No?
Después de todo, soy yo mismo.
No es homosexualidad si lo hago conmigo mismo, ¿Verdad?
Es masturbación al final del día- había murmurado una vez y desde entonces, su curiosidad, sus hormonas adolescentes, el creciente deseo mutuo que sintieron ambas mitades por el cuerpo del otro y quizás la conexión que compartieron, la motivó a romper esta regla.
Con un click, escuchó la puerta de su habitación abrirse y su corazón latió más rápido, un sentimiento de inseguridad y expectación la llenaba a partes iguales.
Se puso de pie, con las mejillas sonrojadas y se dio la vuelta para encarar a su otra mitad.
Allí estaba él.
Su cabello negro y en puntas, descendiendo por su espalda.
Había elegido imitar el cabello de Madara, ya que no le gustaba el estilo del Kazekage que encarnó.
Había venido sin camisa, con nada más que un short corto deportivo, permitiéndole recorrer con la mirada su tonificado cuerpo, su piel pálida, y un bulto en su entrepierna que emanaba deseo y exigía satisfacción.
Ella pudo sentirlo, su propia excitación por la línea que estaban cruzando se sumaba al cosquilleo que le llegaba a través de su conexión con Tetsumaru.
-Me has estado provocando todas estas noches- dijo Tetsumaru a través de su vínculo.
No era una pregunta, sino una declaración de hechos.
Mei no dijo nada, sus manos juntas y retorciéndose una con la otra, su mirada baja hacia sus propios pies.
No se atrevía a expresar lo que su cuerpo le estaba exigiendo.
No quería hacerlo.
Era un hombre.
¿Cómo podía ir por allí diciendo “quiero que me toquen”?
Tetsumaru lo entendió.
Ella sabía que él entendería.
Eran uno mismo, después de todo.
No necesitaban comunicarse para entenderse.
Y él cumplió con sus expectativas.
Mei sintió a su otra mitad invadir su espacio personal.
Sintió su respiración rozando su frente, pues era un poco más alto que ella.
Una mano firme se posó en su espalda baja, rodeando su cintura y con un tirón suave pero autoritario, sus cuerpos entraron en contacto.
Ese simple acto estimuló el cuerpo femenino de Mei.
Ella no se resistió, pero todavía había un toque se nervios en su postura.
¿Era esto lo correcto?
-Yo tomaré la responsabilidad- dijo su otra mitad mientras levantaba el muslo de Mei a la vez que rasgaba sus shortos, dejando su pene erecto al descubierto.
Mei rodeó el cuello de Tetsumaru, enterrando su rostro en su cuello y dejándole tomar el control.
********************************************************* Yo supongo que fue este capítulo el que jodió el fic, por la mención de la edad de Mei en el momento en que empezó a hacer sus marranadas.
He modificado un poco las escenas, y si vuelven a bloquearlo, tendré que eliminar el contenido rikolino porque me da mucha pereza volver a reeditar esta cosa
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