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Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 60

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  4. Capítulo 60 - 60 Para ti +18
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60: Para ti (+18) 60: Para ti (+18)  Mantener la compostura nunca había sido tan difícil en mi vida.

La emoción que me provocaba el saber que me descubrirían si dejaba caer mi máscara, si dejaba de controlarme por un segundo, hacía que los fluidos empaparan mi entrada.

Eso me hizo detenerme un breve segundo, un momento tan fugaz como un parpadeo.

¿Cuándo empecé a dirigirme a mi misma con pronombres femeninos?

Quizás comenzó cuando mi otra mitad se me quedaba viendo un segundo más de lo necesario.

Quizás fue cuando yo lo miraba a él un segundo más de lo necesario.

Quizás, todo inició cuando mis dedos buscaron por primera vez esa zona que había intentado ignorar durante la primera etapa de mi nueva vida.

Cuando el cosquilleo de mis labios me hizo suspirar, retorcerme y empaparme en sudor.

Quizás comenzó cuando él fundió sus labios con los míos.

Cuando sus sentimientos de amor, de afecto, cariño, deseo, golpearon mi ser a través de esa conexión única que nos hace a ambos únicos.

En cualquier caso, ahora no me importa decirlo en voz alta.

Soy Ella.

Soy una chica.

Soy una mujer, soy Terumi Mei.

Esa es mi realidad ahora y ya no la rechazo, sino que la abrazo.

Soy feliz.

Una vez que acepté ese hecho sucedió algo realmente irónico.

Yo, que había cambiado para siempre, finalmente pude volver a conectar con una vieja parte de mi.

Esa parte que casi me condenó a un infierno horrible en la muerte.

Mi perversión.

Lo admito, fui una total degenerada en mi otra vida.

¿O debería decir que fuimos un degenerado?

De todas formas, cuando mi conexión con Tetsumaru se consumó, muchas ideas extrañas se me vinieron a la mente.

Cosas realmente pervertidas que vimos a través de una pantalla y con las que nos masturbamos tantas veces.

Cosas que ahora deseo experimentar con mi cuerpo.

Una de ellas la estoy poniendo en práctica ahora mismo, mientras mis compañeros de clases y mi otra mitad charlan casualmente a mi alrededor.

Y nadie se ha dado cuenta.

Ni siquiera Tetsumaru, con sus sentidos shinobi otorgados por el Kage que encarnó en esta vida y la conexión que le permite sentir lo que yo siento, lo ha notado en todos estos días.

A veces me siento culpable por él.

Por la forma en que me he comportado, por las noches en que vino meterse en mi cama y lo eché.

Pero todo lo que hago, lo hago por él, y para él.

Por nosotros, porque sigo siendo él y él sigue siendo yo.

-¡Cielos!

Mira la hora.

Jeje, creo que debería irme- dijo Mina de repente, dándose cuenta que el día se le escapaba.

Los demás asintieron en acuerdo.

Algunos de ellos necesitaban tomar el metro para llegar a sus hogares, por lo que sería mejor partir pronto.

Yo los despedí cortésmente, excusándome con que debía lavar los trastos mientras mi otra mitad los acompañaba a la puerta.

Los minutos pasaron, la charla continuó un rato más.

Cuando me aseguré de estar totalmente sola, cerré mi conexión con Tetsumaru y jadeé sobre el fregadero, mis piernas temblorosas y una multitud de sensaciones recorriendo mi espalda baja.

Palpitaciones constantes enviaron olas de placer y un poquito de dolor, contracciones persistentes que emitían imperceptibles sonidos de succión.

Ahora era soportable.

Hace unos días, era doloroso e incómodo, de ahí mi mal humor que ha confundido tanto a mi tonta otra mitad.

Eso me hizo sonreír, ahogando el gemido bajo que casi se me escapa.

Tetsumaru, tan serio, tan frío, pero a la vez tan inocente y tierno, pensó que hizo algo para enojarme.

Su expresión desconcertada me hacía querer saltar sobre él y devorarlo, pero fui más fuerte.

Reprimí esos deseos, tanto que ni una brizna se me escapó por el vínculo.

Anoche creí que finalmente lo haría, pero me dio miedo.

Por ello, usé la interrupción de Trece como una excusa para volver a mi habitación y prepararme mejor.

Pero no puedo posponerlo más.

Tratar a Tetsumaru así no es justo.

El pobre está desesperado por entrar en mi.

Esta noche.

La resolución estalló en mi pecho y apreté mis muslos, mi expresión regresando a la normalidad a la fuerza.

Esta noche, le daré todo.

*************************************************  La noche cayó sobre la ciudad de Musutafu.

Un shinobi de cabello negro y rostro impasible revisaba algunas notas en su habitación, cuando fue asaltado por un repentino y abrumador apetito sexual.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, se le puso la piel de gallina y la respiración aumentó.

Él se volvió a la puerta, que se abría lentamente.

Una joven de cuerpo esbelto pero un poco tonificado entró con paso lento, completamente desnuda.

Los ojos negros de Tetsumaru recorrieron el delgado cuello de Mei, sus prominentes pechos, las marcas de abdominales a medio formar, el recortado césped marrón en su entrepierna, sus esbeltas piernas.

Ella alzaba su rostro con orgullo y las mejillas sonrojadas.

Ella quería que él la viera.

Mei se echó al suelo antes de que Tetsumaru pudiera decir algo, arrastrándose a cuatro patas a su posición.

Él se quedó sentado en la cama, disfrutando del espectáculo, aunque un poco confundido por esta nueva faceta.

La kunoichi se subió con una sonrisa depredadora, apartando el cuaderno de notas de Tetsumaru y se deslizó sobre su regazo, acostándose con el trasero elevado para que él viera sus esfuerzos.

Y así lo hizo.

Los ojos del shinobi se abrieron al darse cuenta de un objeto similar a la perilla de una puerta, sobresaliendo del trasero de Mei.

El objeto se sacudía cada vez que el rosado agujero de la niña se contraía, deslizándose levemente hacia afuera y hacia adentro.

-Fufufu, he estado preparando esto para ti, Tetsumaru.

¿Te gusta?

– ronroneó ella mientras su ano palpitaba, emitiendo sonidos húmedos que eran como música para los oídos de su otra mitad.

Tetsumaru asintió, sus ojos atraídos al sensual y lascivo movimiento del dildo.

Su mano se posó sobre el objeto, retorciéndolo suavemente y provocando que Mei jadeara.

Él lo retiró lentamente, admirando cómo los labios se aferraban con fuerza, como si no quisieran dejar ir al objeto de su placer.

La carne se expandió cuando la ancha punta emergía, más allá de lo que Tetsumaru hubiera imaginado posible.

Rápidamente se dio cuenta de que las proporciones eran similares a la de su miembro.

Comprendió entonces las palabras de Mei.

Ella había expandido su capacidad para que él pudiera penetrarla sin dolor.

-¿C-cuánto…?

–   -Shh.

Eso no importa.

¿Quieres probarlo, verdad?

Adelante.

Es todo tuyo- ella interrumpió su pregunta, alentándolo a dejarse llevar por sus impulsos.

Con un ágil movimiento, Tetsumaru se levantó y retiró el objeto de una vez con un *pop * que hizo estremecer a Mei.

Él se quitó la ropa y saltó sobre el trasero de la kunoichi, enterrando su cara entre sus nalgas, abriéndolas como un libro con sus manos.

Su lengua recorrió todo el lugar con avidez, trazando círculos en todo el borde hasta finalmente entrar, revolviendo su interior.

Mei se mordía los labios y apretaba las sábanas, la sensación carnosa mucho mejor que el rígido objeto con el que practicó.

Ella se llevó una mano a la boca y escupió, haciendo señas a Tetsumaru para que se preparase.

La kunoichi acarició el miembro con la mano ensalivada, estimulándolo y empapándolo.

-Listo…

Haz lo que quieras- susurró Mei sensualmente, su tono destellando expectación, su mente recibiendo la impaciencia de Tetsumaru por entrar de una vez.

Él la presionó hacia abajo, ejerciendo su dominio mientras la cabeza de su pene rosaba el palpitante agujero de la niña.

La presión aumentó y Mei jadeó.

Su carne fue empujada, expandida, dándole la bienvenida a su otra mitad.

Hubo algo de resistencia, pero la sensación no envió dolor a Mei, sino placer.

Placer puro y crudo.

-¡Hnggh!

– jadearon ambos al unísono cuando Tetsumaru entró en ella, su cintura bajando hasta que sus cuerpos se unieron por completo.

Mei arqueó la espalda, elevando su trasero para recibirlo todo en su interior mientras Tetsumaru empujaba hacia abajo, penetrando hasta la base.

Ninguno se movió durante algunos segundos, la respiración agitada, el sudor decorando sus cuerpos y la plenitud alcanzada por la sensación compartida y multiplicada a través de su vínculo.

Fue el shinobi quien salió primero del estupor, sus caderas moviéndose por su cuenta.

Lento al principio, cada empujón sacándole un gemido a Mei.

Y entonces la cama empezó a resonar en la habitación, gruñidos de placer y esfuerzo entremezclados en una sinfonía lasciva que no paró hasta varias horas después.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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