Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 61
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61: Ugh 61: Ugh Bakugo se desplazaba hacia su salón de clases con pisadas fuertes, una mueca retorciendo sus rasgos y una mezcla de preocupación y furia arremolinándose en su fuero interno.
Él pateó la puerta, como es habitual, y algunos se volvieron a él sin sorprenderse, como era habitual, mientras otros daban saludos despreocupados.
Pero él los ignoró a todos.
Sus ojos vagaron a un rincón en particular que ahora estaba vacío.
No pudo evitar que un murmullo se le escapara de entre los labios, suave, con una nota extraña, sin la rudeza habitual que acompañaba todo lo que decía.
-¿Está ella bien?
El silencio cayó en el aula.
Bakugo se tensó, captando el cambio arrepentido en el ambiente y miró de reojo a sus compañeros.
Bocas abiertas, ojos incrédulos, respiraciones detenidas.
Incluso el ya no tan frío Todoroki de repente entrecerró los ojos en su dirección, por algún motivo que Bakugo no entendió, ni le importó.
No podía pensar en nada más, su mente también se había paralizado.
¿Qué carajo había dicho?
¿Y con qué tono?
-¡Kyyaaa!
– Chilló Hagakure en su asiento, aferrando sus mangas a lo que debería ser su rostro y moviéndose a los lados.
-¿Amigo?
No te preocupes, esos dos están bien.
Ayer los visitamos y todo parecía normal- dijo Kaminari tras toser torpemente.
Los párpados del rubio temblaron y una mueca adornó sus labios una vez más, su ceño fruncido en una mirada asesina, más acorde con su actitud.
-¡Hmph!
¿¡Quién diablos te preguntó, idiota!?
Mientras algunos se reían entre dientes y negaban con la cabeza, la puerta volvió a abrirse y la figura recta, silenciosa y algo intimidante de Tetsumaru entró con paso tranquilo.
Todos los ojos se volvieron hacia él, pero el pelinegro cerró las puertas y acercó a sus compañeros antes de caminar hacia su asiento, ignorando la escena.
Eso pinchó la frustración de Bakugo y fue tras él, estampando una mano audiblemente en su escritorio, lo que hizo que Tetsumaru alzara un poco la cabeza para mirarlo.
-¿Qué?
– preguntó en ese tono plano tan molesto.
-¿¡Qué!?
¡Eso debería preguntarte yo, bastardo de ojos feos!
– bramó el rubio.
A un lado, Mina saltó con un “¡Oye!” pero todos la ignoraron.
-¡Una vez más, tú y el pelo de cobre se roban la escena y nos hacen parecer a todos como idiotas!
¿¡Acaso crees que eres mejor que yo!?
¡¡Te desafío, bastardo!!
– Bakugo continuó escupiendo una sarta de tonterías que ni él mismo encontró lógicas, pero ya estaba subido al barco.
-¿Tienes problemas o algo?
– Tetsumaru suspir, tan confundido como todos los dems.
-¿Cómo demonios es mi culpa que un par de lunáticos fuera a atacarnos?
Busca ayuda, Bakugo, aún tienes tiempo.
Los dientes del rubio rechinaban, sus mejillas sonrojadas por la vergüenza y la ira.
Este bastardo de ojos feos siempre, siempre tenía un comentario mordaz para él.
¿Y lo peor?
Bakugo siempre sentía que hacía el ridículo cuando discutía con él.
Por eso eligió mantenerse alejado de Tetsumaru en el jardín de niños.
-¡Hmph!
¿¡Ayuda, eh!?
¿¡Y dónde está tu hermana!?
¿¡Tan fuerte le patearon el trasero que no puede levantarse de la cama!?
– Soltó finalmente la pregunta que quería hacer desde el principio.
Tetsumaru se detuvo un momento, un atisbo de sonrisa que casi se formó en la comisura de la boca y que sólo Bakugo notó, estando tan cerca de él.
-Algo así.
Se tomará el día por hoy- dijo el pelinegro.
******************************************** Después de quitarse a Bakugo de encima y responder algunas preguntas de sus compañeros, Tetsumaru pasó su primera mitad del día en un aburrimiento extremo.
Su mente vagaba al estado de Mei, preguntándose si la chica alguna vez querría intentar otra locura como la de anoche.
Temprano esa mañana, Tetsumaru se había levantado sintiéndose fresco, renovado, completo, una sonrisa de satisfacción adornando sus labios mientras sentía el cálido cuerpo aferrado a él en la cama.
Él frotó el cabello marrón rojizo con ternura antes de retirar con cuidado los brazos y la pierna que lo aprisionaban, levantándose primero para tomar un baño, quitándose el olor de una noche llena de actividad.
Al bajar, se encontró con una Sakura a punto de partir de su trabajo.
Charlaron un rato, mientras degustaban una taza de café y te respectivamente.
El pelinegro planchó su uniforme y el de Mei y también preparó el desayuno para ambos.
Cuando la hora se acercaba y Mei no se había levantado, Tetsumaru decidió subir y despertarla él mismo.
Retirando las sábanas, la vista que lo recibió despertó un sin fin de emociones.
Boca abajo, la kunoichi babeaba en las sábanas, sus manos debajo de la almohada, su espalda ligeramente arqueada, elevando ese firme trasero, una pierna doblada y la otra estirada.
Él rozó suavemente la curvatura de su trasero, admirando el desastre pegajoso que había entre esas modestas montañas.
No pudo resistir la tentación, introduciendo uno de sus dedos en el cráter que anoche había taladrado sin contención alguna.
Pero no fue un gemido placentero lo que llegó a sus oídos.
-¡AACK!
¡Hijo de puta!
– Mei chilló, saltando de su lugar y girando en la cama, sosteniendo su trasero con sus manos.
Una mueca de incomodidad distorsionaba su rostro.
Tetsumaru parpadeó, confundido.
-¿Estás bien?
– preguntó.
-¡Uf, N-no!
– respondió ella con los dientes apretados.
-¡Me duele el trasero!
Ella se echó boca abajo de nuevo, su barbilla hundiéndose en las sábanas mientras frotaba su trasero y se retorcía, claramente incómoda.
Incluso en ese estado, Tetsumaru no sintió nada a través del vínculo.
Se dio cuenta que Mei estaba bloqueándolo a propósito, y eso le hizo suavizar su expresión.
Él se sentó a su lado, frotando su espalda en consuelo.
-¿Podrás ir a la escuela?
– preguntó tras un rato.
-Uff, no creo.
Ni siquiera puedo levantarme ahora.
¡Tetsumaru, esto, mi trasero me arde!
A su pesar, Tetsumaru no pudo evitar reírse un poco.
Mei no lo encontró divertido, lanzándole una mirada asesina y maldiciendo por lo bajo, jurando nunca volver a darle su trasero.
Tetsumaru no le creyó.
El éxtasis que alcanzó anoche fue una locura y Mei también lo disfrutó.
Además, a pesar de sus palabras y la irritación en su rostro, en ningún momento compartió esa sensación.
-Bueno, entonces me quedaré yo también.
Es lo mínimo que puedo hacer, por, ya sabes, provocarte este dolor- dijo el shinobi, pero Mei negó con la cabeza.
-No hace falta.
Si ninguno de nosotros va, puede que esos mocosos vuelvan a invadir nuestra casa y hoy no estoy de humor para recibir a nadie- ella se giró con esfuerzo, mirando a Tetsumaru con una sonrisa tranquilizadora.
-Estaré bien, Tetsumaru.
Esto es temporal, ya lo leí en un libro.
Mei hizo un gesto para que el pelinegro se acercara, y ambos se despidieron con un beso.
Volviendo al presente, sonó la campana para la hora del almuerzo y todos se dirigieron a la cafetería de la UA.
Sin embargo, Aizawa interceptó a Tetsumaru en el camino y lo arrastró a la oficina del director.
Mientras tanto, en casa, Mei caminaba…
No, Mei cojeaba del baño hacia la cocina, encontrando las escaleras realmente difíciles, dada su condición.
La sensación que enviaba su dolorido agujero en oleadas no era particularmente dolorosa, sino molesta, incómoda, irritable y ardiente.
Ella empezó a cuestionar qué carajo pasaba por su mente mientras comía de pie, pues sentarse no era una opción viable en este momento.
El día de Mei no fue divertido.
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