Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - 75 No Más Juegos III
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75: No Más Juegos III 75: No Más Juegos III —¡No te separes demasiado!— alertó un medio desnudo Tetsumaru a Ragdoll mientras empujaba a la heroína a un lado.
Un instante después, la horrorosa criatura de piel verdosa y apéndices armados cargó contra la posición del shinobi a una velocidad nada despreciable.
Sin más opciones, Tetsumaru se vio obligado a valerse de su Taijutsu para no ser cortado o aplastado por el Nomu.
Un apéndice con una hoja afilada se balanceó diagonalmente, pero el shinobi torció su cuerpo y giró de una forma extraña para el ojo común, usando el impulso para estampar una patada de revés a la rodilla de su oponente.
Como era habitual en estos días, el golpe no fue lo suficientemente fuerte.
Nomu propinó una lluvia de puñetazos a una velocidad absurda, mientras el shinobi desviaba lo mejor que podía, aplicando una nueva forma de usar su chakra que había estado desarrollando para emergencias como estas.
Apretando los dientes debido al dolor, Tetsumaru movilizaba violentamente su chakra a los puntos Tenketsu que conocía en sus palmas y antebrazos, forzando la salida de una onda de choque que lo ayudaba a suavizar los impactos.
Ningún Ninja que se aprecie haría tal estupidez, pero como un proyecto de shinobi sin Ninjutsu, Tetsumaru no tuvo una mejor opción.
Por ahora, podía permitirse el gasto de chakra.
No es como si pudiera agotarse tan rápido, dada la encarnación que era, y necesitaba crear una oportunidad para sacar la carta de triunfo verdadera.
Por el rabillo del ojo, vio a Ragdoll danzando de un lado a otro, evadiendo las llamaradas de Dabi y el acoso de los Nomu más pequeños que interferían con su Arena.
Si quería salir del apuro, tenía que eliminar a esos dos bichos.
Él se agachó debajo del tajo del Nomu, aferrándose con su chakra al apéndice asqueroso.
Nomu balanceó de nuevo la extremidad, y el shinobi aprovechó el impulso para saltar y crear más distancia, llegando hasta la línea de árboles del enorme claro.
En cuanto se hubo alejado, los dos pequeños Nomu que acosaban a Ragdoll se volvieron hacia él, emprendiendo una desesperada carrera para continuar interfiriendo con su Jiton.
Sin que ninguno de los oponentes lo notara, Tetsumaru escupió una pequeña cantidad de Satetsu de su boca, alejándola del campo de batalla lo más rápido posible, usando los árboles y la oscuridad como cobertura.
Los tres Nomu se abalanzaron contra él, el más grande y feo derribando y cortando árboles con su fuerza bruta y sus cuchillas gigantes, mientras los otros dos siempre se mantenían alejados, fastidiando los intentos del shinobi por controlar la maldita arena.
Tetsumaru no podía entender con qué método lo estaban jodiendo, pero estaba seguro de que se basaba en algún principio científico.
Como tal, no había forma de contrarrestarlo por completo.
Porque su Liberación Magnética no operaba del todo según tales principios.
Uno de los apéndices del Nomu salió disparado como una lanza, intentando apuñalar al joven.
Tetsumaru juntó las manos y encendió su chakra, usando el sello para concentrarse mucho mejor.
Él extendió la energía mística fuera de su cuerpo en una cúpula invisible, concentrando todos sus esfuerzo en ese apéndice.
Específicamente, en la hoja de metal incrustada en él.
Sus pupilas se encogieron y su mente obligó al chakra a penetrar en el metal.
Algo en su interior hizo click de repente y Tetsumaru agitó uno de sus dedos, apuntando a un lado.
La hoja que apuntaba a su estómago se desvió abruptamente en la misma dirección en que apuntaba su dedo, forzando al apéndice a seguir su camino.
Tomado por sorpresa, uno de los pequeños Nomu que lo habían estado fastidiando no pudo reaccionar a tiempo y fue empalado por la hoja.
Forzando la salida de más chakra, Tetsumaru aprovechó la cercanía del Nomu armado y los envolvió a ambos en un pequeño pero denso campo de chakra.
Sin Ninjutsu, sin guía.
Aunque se le dijo que no podía usar todos los elementos, eso no fue del todo cierto.
Después de todo, su habilidad no era la Arena de Hierro.
Era el Elemento Imán.
La única diferencia es que la Satetsu de sus sellos ya está impregnada con su chakra, lo que facilita enormemente su control.
Pero cuando Tetsumaru intenta manipular otros metales, el desperdicio de chakra es una locura.
Primero debe expulsarlo de su cuerpo, donde ya empieza a perderse energía.
Después necesita dirigirlo al metal en cuestión, seguido de penetrar el metal y empaparlo con su chakra.
Eso es otro gigantesco gasto de chakra.
Finalmente, el mero hecho de mover ese metal extranjero también requiere más chakra.
Es demasiado ineficiente.
Sin técnicas específicas, y quizás incluso con ellas, usar la Liberación Magnética de ese modo resulta en más pérdidas que ganancias.
Quizás por eso ningún otro usuario de ese Elemento pudo hacerse un nombre.
Ninguno pudo desarrollar adecuadamente un método para no desperdiciar tanto chakra en esos pasos.
Pero a pesar de los esfuerzos de Tetsumaru, el otro pequeño bastardo se dio cuenta de lo que sucedía y volvió a usar su habilidad extraña.
Sintiendo una sacudida, o quizás miles de sacudidas consecutivas en intervalos de tiempo muy muy bajos, el poco control que había ganado sobre las partes metálicas del Nomu armado se entorpeció.
Con la fuerza bruta del mismo, la criatura terminó de liberarse por su cuenta y reanudó la persecución.
Los párpados del pelinegro temblaron.
Había gastado muchísimo chakra allí y ese maldito lo echó todo a la basura.
Saltando rápidamente entre los árboles y escalándolos, una rara fluctuación emocional cruzó por el pecho de Tetsumaru.
Sintió una punzada de frustración.
En cuestión de unos segundos, consideró las cosas y determinó que no valía la pena perder más tiempo.
Al igual que Mei, él mismo tenía una sensación incómoda con todo este “arco narrativo”.
No sabía exactamente cómo sucedieron las cosas, pero estaba muy seguro de que no fue de esta manera.
Ya sea que le guste o no le guste (que no le gusta) la idea de ser un Héroe puro de corazón y capaz de sacrificarse por extraños, el hecho es que sus acciones van a alterar, o ya alteraron, la historia de este mundo.
Y preferiría que los mocosos a los que llama compañeros no paguen las consecuencias.
Ya no eran sólo personajes de una obra que no le gustaba.
Esta era ahora su realidad.
Esos eran ahora sus compañeros, aunque a ojos de Tetsumaru, eran más como juniors, dada la diferencia de edad cuando consideraba ambas vidas.
Con un suspiro, el shinobi saltó de la rama en la que estaba, evadiendo la carga del Nomu armado.
Nuevamente movilizó su chakra, pero en un patrón totalmente distinto.
La energía empezó a moverse en su palma, arremolinándose y comprimiéndose de manera visible en una pequeña pero letal esfera giratoria.
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