Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 81
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- Capítulo 81 - 81 Realidad
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81: Realidad 81: Realidad Los sonidos del desbocado Dark Shadow cesaron repentinamente, reemplazados por el traqueteo de los motores y el zumbido de las hélices cortando el aire.
El viento se colaba entre los árboles, perdiendo fuerza a medida que se adentraba más y más.
Luces incandescentes que pretendían iluminar el camino sólo conseguían oscurecer aún más las sombras, ramas se agitaban y se desprendían desde las copas, resonando más que nunca en los oídos de Tetsumaru.
La adrenalina parecía haberse esfumado, el desinterés fue sacudido y el leve sentimiento de incomodidad se convirtió en algo indescriptible, amargo, paralizante, frío.
Un vacío se formó en el estómago de Tetsumaru, su pecho se hundió y la sangre se le heló, sus ojos, habitualmente inexpresivos, aburridos, destellaron con una mezcla incongruente de emociones que su alma, o media alma, no debería haber sentido tan intensamente.
No podía llamarlo tristeza, tampoco ira.
No había justificación para sentir tales cosas.
No, era diferente, algo más que también le generaban esas emociones, pero diluidas en…
Los labios se le secaron, la respiración se volvió pesada.
Él ignoró la figura que pasó sobre sus cabezas a gran velocidad, ignoró al niño que sollozaba a un costado, acurrucado en la base de un árbol, tembloroso, asustado, manchado con sangre.
Tetsumaru caminó con pasos lentos, sus ojos vacíos mientras las luces de las máquinas oscurecían las facciones de una víctima de su negligencia.
Ojiro Mashirao yacía muerto a sus pies, desangrado por heridas de bala en su abdomen.
—¿¡T-Tetsumaru!?— llamó Mineta Minoru con voz temblorosa y un toque de esperanza en su tono.
—¡Tetsumaru, ayuda a Ojiro!
Pero el shinobi no se movió de su lugar.
No podía hacerlo.
Su mente se había congelado momentáneamente, el sentimiento de culpa estalló en su interior como un maremoto, derramándose y obstruyendo cualquier respuesta lógica que su naturaleza como encarnación, como reencarnado, como un humano de un mundo cuya valoración de este mundo nunca fue más allá de una mediocre historia a la que no le encontraba el gusto, pudiera ofrecerle al niño asustado.
—¡Oye, Tetsumaru, apresúrate!— volvió a llamar Mineta con los puños apretados y las lágrimas empañando su visión, pero Tetsumaru siguió sin responder.
La culpa no lo dejaba.
Él, que tenía la información, por muy vaga que fuera, no hizo nada.
Él, que tenía el poder para proteger a los que no podían hacerlo por su cuenta, lo ocultó.
Él, alguien que se supone vino a este mundo para ser una mejor persona, nunca se molestó en considerar a los que lo rodeaban como personas.
Y ahora uno de ellos, no un personaje, no un dibujo en un papel, una persona real, un niño, había muerto en un momento y en un lugar en el que no debería haberlo hecho.
Fue su intervención, su llegada y participación a medias en este mundo, en esta “historia”, lo que degeneró en la situación actual.
Fue su inacción, su desinterés y la deshumanización que hizo de todos los que no fueran él y su otra mitad lo que terminó arrebatando una vida que no lo merecía.
La arena se movió, envolviendo el cuerpo de Orijo y levantándolo del suelo con sumo cuidado.
Tetsumaru se volvió a Mineta, quien se había levantado de su lugar y lo miraba intensamente, esperando algún milagro que él no podía ofrecer.
—Vamos— dijo Tetsumaru, tendiendo una mano al chico.
El rostro de Mineta pasó por una turbulencia de emociones, pero al final agachó la cabeza y tomó la mano que le ofrecían, buscando consuelo en la compañía de alguien a quien bien podría ver como un adulto.
Tetsumaru soltó un suspiro silencioso, elevándolos en el aire y fijando el rumbo en dirección al campamento, donde los helicópteros ya estaban a punto de llegar.
************************************ Aizawa observaba con expresión severa los alrededores, mientras su bota descansaba sobre la cabeza de uno de los pocos villanos que lograron someter en este desastre…
Desastre que él, Nezu y UA permitieron.
Oficiales apenas competentes en primeros auxilios atendían a sus estudiantes, quienes fueron reuniéndose poco a poco en el campamento.
Muchos sufrieron heridas menores, y otros estaban en condición crítica.
Uno de los helicópteros ya había despegado, llevándose a los únicos paramédicos de la zona con Kamakiri Togaru, Setsuna Tokage y Tenya Iida a bordo, siendo los que más atención urgente necesitaban.
—¡Grrr, suéltame, Eraser Head!— gruñó el villano con aspecto de lagarto, sus extremidades completamente atadas por la bufanda del Héroe.
Aizawa aumentó considerablemente su peso en el pie que estaba en la cabeza del villano, sin molestarse en dirigirle una mirada o una palabra.
No estaba de humor para eso.
Al lado de Spinner, una agitada Himiko Toga intentaba escaparse, maldiciendo por lo bajo a Kurogiri por abandonarla en este agujero.
De repente, una intensa sed de sangre cayó sobre ambos villanos, haciéndoles estremecer y palidecer por la agresividad de la misma.
Incluso Aizawa se tensó, levantando la guardia instintivamente y mirando cómo algunos oficiales se hacían a un lado, dejando pasar a un amigo suyo.
Kan Sekijirō, el Héroe Profesional Vlad King y profesor de la clase 1-B, avanzaba con expresión rígida, ojos inyectados en sangre y un bulto de harapos en sus brazos, del cual goteaba sangre.
La intensidad de su ira envolvió a Toga y a Spinner, obligándolos a contener la respiración y quedarse completamente quietos.
El corazón de Aizawa se hundió.
Sus ojos no abandonaron el bulto que cargaba su amigo y compañero.
Kan se detuvo justo en frente de Aizawa, mirando fijamente a los villanos en el suelo.
Los oficiales y muchos de los estudiantes también prestaron atención a lo que sucedía, los más sagaces entre ellos abriendo los ojos de par en par y jadeando por la incredulidad.
—Kan…— llamó Aizawa en un tono bajo.
Kan Sekijirō respiró hondo, pero la intensión asesina no se desvaneció, sino que se agudizó.
—Tsunotori Pony ha sido asesinada.
Mi alumna, una niña con familia, con sueños y esperanzas perdió la vida hoy.
Este es el resultado de tus acciones y decisiones— sentenció el Héroe con los ojos humedecidos, sus palabras tocando no sólo a los villanos, sino a todos los que oyeron.
Palabras que alcanzaron como una bofetada a los estudiantes, dándoles un cruel recordatorio de la realidad.
Palabras que afligieron al propio Kan y a Aizawa, siendo ellos los principales responsables de la joven vida que acababa de perderse en sus manos.
Pero no terminó allí.
—¡Oye, te dije que no corrieras!— se oyó una voz masculina algo irritada y una figura con alas sobrevoló los árboles rápidamente, aterrizando frente a cierta kunoichi de cabello marrón rojizo y cortando su camino.
—¿¡Crees que puedes atacar a un Héroe Profesional y luego huir de la escena como si nada, mocosa!?— escupió Hawks con las piernas temblorosas y los dientes apretados, aún sin recuperarse del asalto de la chica.
Pero Aizawa ignoró lo que sea que hubiera ocurrido entre su estudiante y el Héroe, más concentrado en la expresión vacía de Mei y la dirección en la que miraba.
Él tuvo un mal presentimiento.
Lentamente movió sus ojos y encontró una familiar nube de arena descendiendo con otro grupo de estudiantes.
Pero sus expresiones no eran las de alguien que había ganado una pelea.
Bakugo estaba mortalmente serio y silencioso, mientras Midoriya, Uraraka y otros sollozaban audiblemente.
Aizawa vio a Tetsumaru abandonar la plataforma de arena con un bulto de la misma en sus brazos, de una forma similar a como había llegado Vlad hacía un momento.
Un suspiro de derrota se le escapó de los labios al Héroe y profesor de la clase 1-A.
El ambiente sólo se volvió más depresivo.
Incluso Hawks guardó silencio y abandonó sus payasadas al notar que no era el momento ni el lugar.
El viaje al campamento fue un rotundo fracaso para Aizawa y Kan, para Tetsumaru y Mei, para los estudiantes, para UA y para los Héroes Profesionales.
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