Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 92
- Inicio
- Todas las novelas
- Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido)
- Capítulo 92 - 92 Interceptado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
92: Interceptado 92: Interceptado —Otra vez no…— pensó Tetsumaru con desgana, sintiendo una ininterrumpida serie de ondas que agitaron su arena y desestabilizaron la plataforma sobre la que volaba.
Sus pies se hundieron en la arena, la energía magnética que la mantenía junta “parpadeando” y desequilibrando la armonía entre ese aspecto físico y el místico que era el chakra en sí mismo.
Tetsumaru cayó, negándose a desperdiciar más chakra en una lucha cuesta arriba por el dominio sobre su arma más útil.
No es como si fuera la única en cualquier caso.
Un Nomu alado arremetió contra el shinobi, garras de hueso y metal sobresaliendo de sus pies y dispuestas a abrirle el vientre.
El shinobi hizo salir el chakra de sus puntos Tenketsu en el torso y las piernas, manteniendo una especie de capa densa de energía adherida a su piel y ropa.
En una exhibición de agilidad y movilidad que no debería tener, Tetsumaru maniobró en el aire y evitó las garras del Nomu, estampando su mano en la cara del mismo, mano que había formado una esfera giratoria de chakra puro.
El rostro, los soportes, el cerebro y todo del cuello para arriba del Nomu explotó en una masa sanguinolenta, sin poder resistir el embate de un Rasengan a plena capacidad.
Este Tetsumaru no estaba agotado por dos días de lucha con Dark Shadow como el del campamento.
Más Nomus se abalanzaron contra él, pero Tetsumaru evadió en el aire a los que habían saltado y pateó, golpeó y clavó Rasengan a los que podían volar.
El shinobi aterrizó suavemente sobre un tejado, movilizando más chakra a sus piernas para esquivar la carga de las otras monstruosidades, sin deseos de quedarse quieto en un mismo lugar más de un segundo.
Un puñetazo masivo agrietó el tejado, haciendo temblar los alrededores y desequilibrando ligeramente a Tetsumaru.
Otra criatura aprovechó la oportunidad y arremetió con una carga frontal, inclinando su cabeza para atravesar al shinobi con sus extensiones metálicas adheridas a los hombros.
Un diseño por lo demás extraño.
Tetsumaru saltó levemente y sujetó las “lanzas” de hombro con sus propias manos, sin cortarse gracias a los guantes especiales que Hatsume Mei hizo para él.
Aplicó fuerza y elevó su tren inferior, propinando una lluvia de patadas poderosas al cristal que protegía el cerebro del Nomu, rompiéndolo y esparciendo trozos de materia gris por todos lados.
La criatura perdió coordinación, tropezando y cayendo de bruces.
Tetsumaru recogió una gran porción de cerebro con sus manos y se la arrojó a otro a los pies, haciéndole resbalar.
Prefería ensuciarse que permitir que la cosa se levantara, pues él no tenía forma de saber cuál tenía regeneración y cuál no.
Pero la situación no pintaba bien.
Más Nomu saltaban de otros lugares, mientras los alados arrojaban cuchillas de sus antebrazos o descendían en picada, intentando arrancarle la cabeza.
Había algunos voluminosos cuya fuerza superaba por mucho a la del shinobi, y sumado a los números, obligaron al pelinegro a mantenerse a la defensiva, siempre evadiendo, siempre en movimiento, aprovechando su velocidad y agilidad superior.
De sus mangas emergieron dos herramientas particulares, una densa y dura, crepitante con energía eléctrica, la otra más delgada, puntiaguda.
Armas que Hatsume también añadió a su nueva indumentaria.
Como shinobi, el manejo de varias armas era algo básico en los instintos de Tetsumaru.
No se llamaría a sí mismo un especialista, pero el Kage al que encarnó no nació con habilidades locas.
Tuvo que aprender a usar muchas herramientas y esa capacidad le fue heredada.
La hoja afilada se agitó y perforó globos oculares, cegando a los monstruos.
La porra se balanceó y atravesó los cristales, entregando una buena descarga a los cerebros medio muertos de los Nomu.
Entre el caos de cuerpos y evasiones, el shinobi buscaba con esmero a los malditos monstruos que interferían con su Elemento Imán, pero no lograba localizarlos.
—Por supuesto que no los mandarían al frente— murmuró con un suspiro.
Los Villanos aprendieron de la última lección.
Si se concentraba lo suficiente, podría sentir el lugar del que vienen las ondas extrañas, ya que no sólo lo asaltaban a él, sino al montón de arena que había traído con la intención de rastrear a la rubia y al lagarto, y que ahora yacía esparcida entre la calle y los tejados.
Pero las dos docenas de enemigos que lo rodeaban no le daban el tiempo ni el espacio para concentrarse.
Por suerte, estos Nomu eran patéticos o ya estaría más que muerto.
Por desgracia, apareció un verdadero peso pesado.
Saltando y corriendo a una velocidad no inferior a la suya propia, un esbelto y atlético Nomu interceptó al shinobi en pleno vuelo, estrellándose violentamente contra él, sacando el aire de sus pulmones y haciéndole soltar la porra eléctrica.
Fauces apestosas se abrieron ante Tetsumaru con la intención de arrancarle la cara, pero el shinobi se agitó lo mejor que pudo y logró apartarse un poco, recibiendo el mordisco en su hombro izquierdo.
La carne fue levemente penetrada y la sangre salpicó, pero también hubo un chirriante ruido metálico y los dientes mal formados del Nomu se detuvieron.
—¡Hnngh, hijo de tu— gruñó Tetsumaru, clavando un Rasengan a medio formar en el estómago del esbelto Nomu.
La cosa lo soltó, pero el shinobi notó que el daño no fue tan devastador como esperaba.
Antes de que una montaña de Nomu lo aplastara, el chakra se encendió de nuevo, esta vez en un patrón específico.
Tetsumaru desapareció del lugar en un borrón de movimiento, saltando una gran distancia hasta el edificio al otro lado de la amplia calle.
O eso pretendía.
Justo antes de aterrizar, otro esbelto y rápido Nomu apareció en el lugar, balanceando su largo brazo con garras hacia Tetsumaru.
Más chakra fue sacado rápidamente, envolviendo el cuerpo del shinobi y permitiéndole desviarse ligeramente, estrellando una patada doble en la cara de la criatura, enterrando su cabeza en el hormigón y rompiéndole varios dientes.
Aprovechando la postura, Tetsumaru saltó hacia atrás y se permitió caer a la calle.
No había querido hacerlo, pero a estas alturas la gente ya evacuaba la zona y el peligro era significativamente menor para los civiles.
Como esperaba, los monstruos saltaron sin contemplaciones del tejado, pero eso le dio una oportunidad al shinobi de interceptarlos en su aterrizaje y deshacerse de otra tanda.
Pero en cuanto intentó moverse, algo en su percepción se sintió erróneo, incómodo, ajeno.
Sus extremidades parecieron perder temperatura y avanzar se hacía difícil.
Un cosquilleo descendió por su pecho e instintivamente hizo un movimiento brusco con su chakra, interrumpiendo su flujo.
Pero la sensación no lo abandonó.
—¡Tienes que salir de aquí!— llegó una voz desconocida a sus espaldas, pero no tuvo el tiempo de girarse para verificar la identidad del individuo.
Una sombra se cernió sobre él y un voluminoso Nomu descendió sobre su posición con el puño apuntando a su cabeza.
Entonces la sensación de frialdad y pesadez desapareció y el shinobi pudo saltar a un lado, evitando por poco terminar convertido en pasta.
El Nomu aterrizó pesadamente, levantando una nube de polvo y fragmentos de asfalto.
Su marco monstruoso apartó el polvo en cuanto se lanzó a toda marcha contra el pelinegro.
Entones una misteriosa luz roja bañó al Nomu desde un lado y Tetsumaru notó una leve, casi imperceptible, reducción de su movimiento.
Eso fue más que suficiente para él.
Sus piernas volvieron a tensarse, pero esta vez no cargó con el Shunshin.
No había tenido el tiempo suficiente para practicar con esa técnica y aparecer mágicamente junto al Nomu estaba más allá de sus capacidades por el momento.
Sin embargo, un pequeño grupo de variopintos individuos intervino antes de que él pudiera actuar, entrometiéndose en su camino.
Un tipo con un traje peculiar y brazos metálicos, robustos y con aspecto de maquinaria hidráulica se interpuso entre el shinobi y el Nomu, alzando ambos brazos mientras los “pistones” se retraían audiblemente.
—¡Piston Smash!— exclamó de manera innecesaria, machacando al Nomu con sus poderosos puñetazos.
Para crédito del sujeto, la carne del Nomu se hundió y sus antebrazos se doblaron horriblemente, incapaces de soportar la potencia del Héroe desconocido.
Encogiéndose de hombros, Tetsumaru dejó el asunto a los Héroes locales y se concentró en los otros Nomu que ya corrían en su dirección, a la vez que vigilaba a los voladores que acechaban en el aire.
—¡Oye tú, escucha lo que te dicen maldición!— gritó una mujer fuertemente, sobresaltando a Tetsumaru.
No había sentido su presencia hasta que le habló casi al oído.
Se encontró con una esbelta mujer enmascarada, vistiendo un ajustado traje blanco sin muchos más detalles.
Por alguna razón, su ceño fruncido se marcada visiblemente en la tela que cubría su cara.
—Es difícil cuando tengo a esos monstruos pegados en mi trasero— señaló con un dedo acusador a los Nomu, imperturbable ante la ira de la Heroína.
—¡Como sea, sal de aquí ahora, niño!— siseó ella, intentando sujetar a Tetsumaru por el brazo, pero él la evadió con fluidez y se preparó para recibir la carga de otro Nomu.
—¡Escucha a la dama, jovencito.
Sabemos que tu misión es la de localizar a los rehenes, así que ve y haz tu tarea!— añadió otro Héroe, saltando a la acción junto a un grupo de individuos que Tetsumaru asumió eran los Héroes desplegados en esta zona.
Pero no eran suficientes para contener a los monstruos de bioingeniería, incluso si eran de baja categoría.
Y en cualquier caso, hasta que no encontrara a los Nomu que interferían con su Elemento Imán, Tetsumaru era tan inútil como cualquier otro Héroe.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com