Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 94
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- Capítulo 94 - 94 En Las Calles De Kamino II
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94: En Las Calles De Kamino II 94: En Las Calles De Kamino II Tetsumaru se levantó con un giro del suelo, sujetando a la Heroína inconsciente por el cabello y una pierna y lanzándola detrás del mostrador con mucho menos tacto del que se merecía una dama.
En su defensa, no tenía tiempo.
Sus recién descubiertos puntos Tenketsu se irritaron una vez más, expulsando chakra y permitiéndole al shinobi manipular la arena que recorría su cuerpo y extremidades a través de un complejo sistema de redes.
Con la Arena tan cerca de la fuente de poder que la movía, la interferencia de los Nomu no fue capaz de afectarla.
Valiéndose de las pequeñas pero resistentes tuberías, Tetsumaru manipuló la arena y la movió de su lugar, lo que a su vez hizo que su propio cuerpo siguiera el movimiento como si de una marioneta se tratase.
En un segundo, su cuerpo alteró su postura de una forma imposible por medios físicos, evadiendo el ataque del esbelto y veloz Nomu que lo acosaba.
Tetsumaru desenfundó un kunai y lo arrojó a los ojos de la criatura, pero ésta cambió el ángulo de su cabeza y la punta afilada rebotó en su densa piel.
El cuerpo mejorado por el chakra y el constructo de bioingeniería dedicado a la velocidad y la fuerza explosiva se enzarzaron en un duelo de agilidad, velocidad y precisión en el estrecho espacio de la tienda.
Los estantes con los productos fueron volcados y el suelo recibió fuertes impactos en rápida sucesión, agrietándose y partiéndose.
Aunque era rápido y ágil, la fuerza bruta del Nomu era considerable.
Pero no tanto como para abrumar al shinobi.
Un puñetazo fue desviado por el antebrazo de Tetsumaru, clavándose contra la pared y hundiendo la extremidad hasta el codo.
Tetsumaru se agachó y desenfundó otros dos kunai, pasando entre las piernas del alto Nomu y dejando como regalo dos cortes certeros que pretendían inutilizarlo brevemente.
Pero en cuanto se giró para acabar con el oponente, los ojos negros y amarillos del shinobi vieron con fastidio cómo la carne se cerraba visiblemente y el Nomu retiraba el puño, encarándolo con una expresión que pudo o no haber sido una sonrisa desdeñosa.
—Mierda— soltó secamente, retrocediendo lo más rápido que pudo ante la carga de la criatura.
Este Nomu ágil y veloz tenía regeneración, y una potente.
Eso explicaría por qué no tenía marca alguna del Rasengan que el shinobi estampó en su pecho antes de caer a la calle.
Y era probable que el otro también la tuviera.
Tal vez un par de Rasengan en la cara lo maten definitivamente, pero Tetsumaru no era como Uzumaki Naruto: Él no podía usar esa técnica tantas veces.
No podía desperdiciar su chakra, no podía mover su Satetsu adecuadamente, no tuvo el tiempo suficiente para juguetear con la Liberación de Viento desbloqueada hace poco y ganar con Taijutsu puro le llevaría demasiado tiempo.
Sólo tenía otra arma útil para terminar esto en un sólo movimiento, pero con la carne del Nomu regenerándose tan rápido de los cortes…
Dejaba a Tetsumaru con una única y asquerosa opción.
El shinobi evitó otro puñetazo y propinó uno propio al pecho de la criatura, haciéndole retroceder unos pasos.
El Nomu lo miró, pero Tetsumaru no hizo ademán de quitarse del camino.
Su postura descendió ligeramente, sus piernas se prepararon, sus labios se fruncieron con disgusto y una parte especial de su arena se movió dentro de su sello.
El Nomu no vio problema alguno con las acciones del shinobi, cargando de nuevo contra él a gran velocidad.
Tetsumaru no se movió, esperando el momento perfecto.
Cuando el monstruo se cernió sobre él y extendió sus brazos para atraparlo en un abrazo de oso, Tetsumaru saltó y abrió su boca.
Afuera de la tienda, Traffic Warden y los demás Héroes habían logrado abrirse paso entre los Nomu, impidiendo la entrada de más monstruos mientras Tetsumaru se encargaba del más peligroso.
Era lo mínimo que podían ofrecer, dadas las circunstancias.
De repente, la otra ventana del local explotó en una lluvia de cristal y las figuras de los combatientes emergió a la luz, enredados en una especie de…
En un…
Ambos impactaron el suelo y rodaron, deteniéndose finalmente con Tetsumaru sentado a horcajadas sobre el pecho de la criatura.
—…
Los Héroes y los monstruos miraron con expresiones desconcertadas al Nomu veloz apartando desesperadamente a Tetsumaru, mientras el shinobi aferraba sus manos a la cara del mismo y enterraba su boca en uno de sus ojos, como un amante besando apasionadamente a su amor.
En el ojo.
Tetsumaru lamió desesperadamente, hundiendo su lengua en la cavidad ocular lo mejor que pudo mientras su rostro se retorcía por el asco.
Finalmente soltó al Nomu y se echó a un lado, escupiendo y teniendo arcadas en plena calle, en medio de una batalla campal.
Por su parte, el ojo del Nomu se hinchaba y venas de un color morado nada saludable se extendían a través del órgano gelatinoso, alcanzando el interior del cuerpo en cuestión de segundos.
La criatura intentó levantarse y completar su tarea, pero sus funciones locomotoras fallaron y empezó a convulsionar, con espuma saliendo de su boca.
Tetsumaru se recuperó de su repulsión, saltando sobre el Nomu una vez más y clavando su mano en el cerebro expuesto, desmantelándolo rápidamente.
Por cuestiones de seguridad, formó un Rasengan en la mano que tenía dentro de la cabeza del Nomu, licuando todo lo que allí se encontrase hasta que dejó de moverse y la carne dejó de curarse.
Suspirando de alivio y prometiendo cambiar la ubicación de su Arena con veneno, el shinobi se levantó como si nada extraño acabase de ocurrir, fijando su mirada inexpresiva, fría y genial (en su opinión) en los pocos monstruos que quedaban.
Una docena de Nomu en tierra y algunos bichos voladores que se mantenían a distancia, atacando cuando encontraban una oportunidad.
Los Héroes sí que lograron sobrellevar la situación a pesar de todo.
—¿E-estás bien, chico?— preguntó Traffic Warden con torpeza.
—Lo estoy, Senpai.
Por favor, acabemos con estos monstruos y ayúdenme a localizar a los que están interfiriendo con mi— Antes de que Tetsumaru pudiera terminar, su sentido del peligro se activó y se movió de su posición original, posición en la que el otro Nomu veloz con la garra aterrizó.
El párpado del shinobi tembló, sin deseos de repetir la estrategia inicial.
Debido a los Nomu que entorpecían su Elemento Imán, Tetsumaru no tenía más remedio que entrar en contacto directo con las criaturas para que la arena liberada de sus sellos mantuviera cierta cohesión.
Si se alejaba demasiado, el control se perdía.
Y por razones que ahora no le parecían tan geniales, la arena con el veneno estaba almacenada en su lengua y no en sus manos.
¿Por qué?
Porque Tetsumaru consideró genial el hecho de sorprender a un oponente con un escupitajo de arena venenosa.
Nunca se le ocurrió la posibilidad de encontrarse en una situación como esta.
Ahora sólo tenía dos opciones: Lamer los ojos de los Nomu, o meter su lengua en la boca de los Nomu.
Habría sido menos repulsivo lamer las heridas abiertas, pero con la regeneración eso no era posible.
Y Tetsumaru se negaba a meter su lengua en la boca de esas cosas.
—Juro por Dios que añadiré veneno a todos los malditos sellos a partir de ahora— pensó amargamente, preparándose para otra lamida ocular.
De repente, el shinobi se dio cuenta que una sensación molesta que lo había estado asaltando desde que se topó con los Nomu desapareció.
Al mismo tiempo, el que tenía en frente se abalanzó contra él a gran velocidad, alzando su garra monstruosa para acabar con su vida.
Una expresión muerta se apoderó del rostro de Tetsumaru, sus ojos puestos en la criatura que lo atacaba pero sin llegar a mirarlo directamente, sino algo más allá.
Él abrió la boca y una serie de dardos negros brotaron de ella, perforando el cerebro del Nomu en carrera en rápida sucesión.
La criatura sufrió lo mismo que la anterior, perdiendo su movilidad repentinamente y cayendo de bruces, rodando torpemente y con espasmos al lado del impasible shinobi.
Nuevamente, los Héroes no sabían qué pensar ni entendían lo que estaba pasando.
Traffic Warden pareció distraerse con algo, llevando su mano al oído y escuchando con atención.
Tras un momento, habló con una expresión entusiasmada y aliviada.
—¡Tetsumaru-Kun, Eraser Head-Sama ha llegado e informa que los emisores de interferencia han sido eliminados.
Ya puedes usar tu Quirk de nuevo!
—…
Tetsumaru no se molestó en responder, sacando arena de sus sellos e inundando el lugar, partiendo al Nomu veloz que acababa de envenenar en pedacitos y encerrando a los demás en ataúdes de arena, aplastándolos hasta la muerte.
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