Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido) - Capítulo 95

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Reencarnado En My Hero Academy Como Dos Shinobi De Rango S (Resubido)
  4. Capítulo 95 - 95 Localizado
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

95: Localizado 95: Localizado  —SeEEeerOOo~ ¿Estás despierto ya?

Sero Hanta salió de su profundo sueño una vez más, despertado por la fría y peligrosa sensación de un borde afilado deslizándose a lo largo de su muslo.

La repugnante voz de la repugnante chica que jugaba con él constantemente penetró en su consciencia, adentrándose como un huésped no bienvenido.

Sus ojos hundidos y cansados se encontraron con los dientes afilados de la chica, labios sonrientes, mejillas sonrojadas y ojos destellando tanto pasión como locura.

No se sorprendió, ni se sobresaltó, ni se asustó.

Él la vio como si no le importara, su mirada enfocándose en su propio reflejo indiferente en las pupilas contraídas de Toga Himiko.

—¿Huh?

¿Te sientes bien?

Estás más apagado que de costumbre…

¿Quizás necesites más comida, o agua?— interrogó ella con tono preocupado, acercándose más de lo necesario y tomándolo por las mejillas para inspeccionarlo.

El toque cálido de sus manos no le produjo nada más que repulsión a Sero, pero resistió el impulso de hacer una mueca o algún otro movimiento.

No estaba dispuesto a darle nada más a esta perra.

—¡Cielos!— exclamó ella arrugando la cara, soltando a Sero y alejándose.

—¡Lo que necesitas es un baño, amigo!

—…

Sero permaneció en estoico silencio, mirándola sin verla.

—Quiero decir, sé que apestas porque nadie ha querido perder el tiempo en lavarte ni vigilarte para que lo hagas por tu cuenta, pero aún así deberías evitar sudar tanto.

Así nunca encontrarás novia, ya sabes~  La rubia continuó con su palabrería, como si le diera lecciones valiosas a su cautivo.

Después de un rato de conversar consigo misma, Himiko miró de nuevo al chico y frunció el ceño con disgusto al no recibir reacción alguna de él.

Últimamente, Sero no había estado muy receptivo a su presencia.

De la confusión al miedo, del miedo a la ira y de la ira a la indiferencia, como una cáscara vacía que alguna vez fue vivaz.

Ya no era divertido.

—Oye…

No me dejes hablando sola.

Me esfuerzo mucho al venir aquí todos los días, incluso dos veces al día cuando no estoy ocupada.

Un poco de reciprocidad no vendría mal, ya sabes.

—…

—¿Hice algo mal?

¿Te molesté con algo?

¡Puedes decirme, somos amigos después de todo!

—…

La sonrisa alegre de Himiko se fue desvaneciendo poco a poco, el brillo alegre y provocativo de sus ojos atenuándose, el aire de familiaridad convirtiéndose en frialdad.

—¿Crees que puedes mantener esa fachada de indiferencia por mucho tiempo?— preguntó tentativamente, dando un paso más cerca.

—¿Crees que ignorarme va a evitar que intente divertirme contigo?— ella sacó un cuchillo de algún lugar de su vestimenta, balanceándolo con habilidad en su mano.

—¿¡Crees que me aburriré de ti!?— exclamó Himiko, arremetiendo con una puñalada veloz y repentina.

El chico no retrocedió, no se agitó, ni siquiera parpadeó.

No le dio a Himiko reacción alguna a pesar del filo metálico que se detuvo a centímetros de su cuello.

La respiración permaneció tranquila, la postura relajada.

Sero se había roto.

—¿Tch, supongo que aquí termina, eh?— murmuró la niña, jugueteando con el cuchillo un rato y mirando al rehén con expresión pensativa y decepcionada.

Ella alzó la barbilla de Sero con el cuchillo, obligándolo a mirarla hacia arriba.

Una sonrisa comprensiva decoró los labios de Himiko, inclinándose y dándole un beso al chico en la frente.

Entonces agitó la mano y clavó la hoja en el muslo de Sero con un sonido húmedo.

Hubo una leve contracción en el músculo, pero Himiko sabía que era una respuesta natural.

Además de eso, no encontró rastro alguno de reconocimiento por parte de Sero Hanta y determinó que estaba irreparablemente roto.

Antes de que la chica pudiera retirar el cuchillo y salir de la habitación, una repentina sensación de incomodidad asaltó su pecho, subiendo ligeramente a través de su cuello y provocándole una mezcla entre cosquillas e incomodidad.

Su rostro se retorció y respiró entrecortadamente, cubriendo su boca y soltando un estornudo bastante tierno, si hubiera alguien dispuesto a apreciarlo.

Pero no terminó allí.

—¡Achís!— estornudó de nuevo.

Y de nuevo, y otra vez, y una vez más.

Como si la alergia la atacara indiscriminadamente, la Villana tosió y tosió, mocos y lágrimas escapándose de su nariz y ojos sin que la sensación disminuyera.

La comezón en la nariz era insoportable y la respiración se volvía dificultosa.

Sin que ella lo supiera, partículas de arena y polvo de hierro apenas infundadas con chakra residual se activaban al entrar en la zona de influencia de una enorme concentración de Elemento Imán.

En las afueras del escondite, La mente de Tetsumaru se concentraba al máximo mientras ordenaba con su perfecto control que el chakra se esparciera en oleadas a lo largo de la nube de partículas interconectadas por su campo magnético.

El shinobi no podría describir exactamente cómo es que podía diferenciar su Satetsu de otros materiales metálicos.

Simplemente podía hacerlo.

Quizás por el omnipresente chakra infundido en sus sellos, chakra que le pertenecía a él, chakra que bañaba la Satetsu almacenada allí.

Un chakra que, a pesar de ser suyo, parecía ser ajeno al de su cuerpo.

Independientemente de eso, esa arraigada energía resonaba en cuanto él o su arena se acercaban, probablemente gracias a los campos magnéticos desplegados y a la familiaridad de la propia energía.

—Lo tengo, Aizawa-Sensei.

Está allí abajo— dijo Tetsumaru, reuniendo la nube de partículas extendidas que seguían consumiendo sus reservas sin parar.

Ya se había debilitado gravemente al formar tantos Rasengan consecutivos y operaba a muy baja capacidad.

Eraser Head, que había estado intentando mantener una expresión severa con visible dificultad, posó su mirada en la ubicación seleccionada y rápidamente informó a los encargados del rescate en sí.

—Bien hecho, Tetsumaru.

Ahora saca nuestros traseros de aquí y vamos a que alguien revise esas heridas tuyas— ordenó el Héroe y Profesor, fijando sus ojos en la mancha de sangre y la tela rasgada en el hombro del shinobi.

—…

Lo entiendo— asintió Tetsumaru, sintiéndose en conflicto con la idea de irse después de llegar a este punto.

Pero no tenía muchas opciones.

No podía permitirse meter la pata en el último escalón.

Ya había contribuido en lo que podía sin ser un Profesional, asumió y cumplió con sus responsabilidades como se lo había exigido al mismo Aizawa cuando volvieron del campamento.

Era mejor no forzar las cosas y cagarla estrepitosamente.

Era lo correcto, lo más sensato.

Con un suspiro, el shinobi movió la plataforma de arena y se alejó del lugar.

De todas formas, ya había divisado un manchón azul, rojo y amarillo acercándose a una velocidad ridícula desde la distancia, y sin duda ya había sido informado de su descubrimiento.

De vuelta en el interior de la guarida, Himiko estornudaba por milésima vez, ya tirada en el suelo con una mano aferrada a su estómago adolorido y un mar de mocos, saliva y lágrimas manchando su rostro.

Con un último y débil estornudo, la sensación maldita se desvaneció tan repentinamente como llegó, sin que la chica agotada se diera cuenta de las partículas oscuras que yacían sobre sus mocos.

Ella tragó aire con evidente alivio, recuperándose lentamente de la horrorosa experiencia.

Mientras esto sucedía, Sero miraba fijamente el cuchillo aún clavado en su muslo con un brillo peligroso en los ojos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo