Reencarnando en el Sandroverso (Kengan ashura) - Capítulo 24
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24: Capítulo 23: Acción 24: Capítulo 23: Acción Grupo Nogi había perdido a sus dos mejores peleadores en tiempo record, y lo más preocupante para su CEO, Hideki Nogi, era que dichos peleadores eran los únicos con la capacidad de pelear en un evento tan importante y sangriento como el Torneo de aniquilación Kengan.
Y todo gracias a un solo hombre: Ichiryu, el peleador de Seguros de vida Wakasa.
En un principio Nogi no sabía qué pensar acerca del trato sospechosamente fácil que había acordado con Shunka Hiyama, sin embargo tras saber que Sen Hatsumi no se recuperaría pronto de sus heridas llegó a una conclusión.
Para él estaba más que claro que la pequeña mujer planeó deshacerse de sus mejores elementos, y lo peor de todo fue que su peleador estaría como nuevo para cuando el día llegue, mientras los suyos todavía pasarían por su recuperación.
Hacía mucho tiempo que Nogi tenía el ojo puesto en cierto empleado, con prominencia nula, vida desgraciada y un espíritu derrotado; pero cuya sangre guardaba un secreto demasiado sentimental como para ser ignorado por Hideki.
Y su plan era bastante simple, sin embargo Ichiryu llegó para echarlo todo a perder y ahora debía regresar a los métodos básicos, guardando un rencor muy especial por el Boogeyman y Shunka Hiyama, sin saber que ambos de hecho habían arreglado la llegada de dos cartas de platino para su juego.
Muchos miembros de la Asociación kengan poseen sus propias formas de reclutamiento, sin embargo lo usual es que se convoquen al mayor número de gente como sea posible, desde peleadores clandestinos, hasta asesinos y cualquiera que esté familiarizado con el acto de dañar un humano vivo para después ser depurados y descartados mediante pruebas basadas en el criterio del CEO en cuestión.
Nogi no era diferente pues su línea de trabajo y operaciones no lo puso en contacto con cierto tipo de personas, sin embargo eso no le impedía conseguir conectes en el bajo mundo por sí mismo para pasar la voz.
Y es que mucha gente del submundo conocían perfectamente las organizaciones de peleas clandestinas, entre ellas la Asociación kengan, y así como la conocían como la número 1 en su campo también lo hacían por su exclusividad y extrema insistencia por mantener su presencia en el ojo público reducida a números negativos.
Es por eso que ni Nogi ni cualquier compañero suyo que se respete teme atraer a tanta carne fresca.
Él, por su parte, utilizaría una de sus propiedades para organizar la reunión de potenciales cartas para su baraja.
Muchos de sus colegas conocen esa ubicación, pero para su fortuna eso no le importaba, lo que dio pie a que Shunka Hiyama y Ryu Tokita conocieran la fecha y hora exactas en las que se llevaría a cabo el reclutamiento de Grupo Nogi, lo que pone a Ohma Tokita y Niko Tokita en la situación actual.
Las instalaciones que Grupo Nogi utiliza para sus reclutamientos iniciales son un área enorme de almacenes, espaciosos y cómodamente privados, ahí se podían contar docenas de rostros ansiosos por derramar sangre, vivir la emoción del combate o simplemente llenos de avaricia dada la enorme suma de dinero que se les prometió como pago por un servicio exitoso.
Entre ellos se encontraban Niko y Ohma, uno con su rostro aburrido y somnoliento, el otro con el labio curvado en una media sonrisa, a punto de ponerse impaciente por descubrir que sería lo que Grupo Nogi les tenía preparado.
Con lo cual ante sus suplicas vio aparecer un vehículo de elegante pintura negra estacionándose cerca de ellos, del cual saldrían el propio Hideki Nogi y su secretaria Kaede Akiyama.
Todos los candidatos lo notaron también y no les despegaban la mirada, pero no intentaban acercarse; ya había guardaespaldas formando un ordenado perímetro y protegiendo un pequeño podio al cual Hideki se encontraba subiendo.
–Gracias a todos por venir esta tarde-, fue lo primero que dijo el CEO una vez que subió, escudriñando a todos los valientes que acudieron a su llamado con ojos experimentados, rápidamente resaltando con superficialidad a algunos interesantes por encima del forraje.
-Bien, iré directo al grano.
Todos aquí han sido convocados con una sola oferta, cada uno de ustedes sabe a qué vinieron y qué es lo que ganarán, pero solo tengo dos vacantes-, Hideki comenzó, y solo esa frase fue suficiente para que muchos entendieran lo podría estar por venir, entre ellos, cierto dúo.
-Por lo que el día de hoy serán puestos a prueba, aquí mismo, pelearán hasta que solo dos de ustedes queden en pie, sin importar como lo hagan en tanto no usen armas de ningún tipo, son libres de luchar como quieran o de retirarse-, Hideki completó, pero nadie huyó; solo fruncieron más el ceño o sonrieron con más hambre.
Eso hizo sonreír a Hideki, sabiendo ahora que sin importar quien gane, nadie se echaría atrás cuando comenzara el torneo.
-Entonces es un todos contra todos ¿No?-, Ohma decidió abrir la boca y preguntar lo que todos ansiaban confirmar, recibiendo un asentimiento por parte del Sr.
Nogi.
-En efecto, pueden comenzar ahora, siempre y cuando no salgan de esta instalación-, esa sería su respuesta, y segundos después la tormenta se desató mientras el hombre solo miraba.
Con paciencia y agudeza, Hideki miraba como los más débiles caían como moscas en cuestión de segundos, mientras poco a poco comenzaban a aparecer las primeras promesas.
Kaede también miraba esto, su expresión reflejaba una mezcla de asco y pavor, pero esa reacción solo duró unos segundos antes de volver a concentrarse, a la espera de una indicación.
-¿Cuántos peleadores vinieron Srta.
Akiyama?-, Hideki preguntaría de repente, haciendo que Kaede baje la mirada hacia la tableta que se encontraba abrazando, encontrando su respuesta en segundos.
– Vinieron 52 peleadores señor-, Kaede respondió, mirando como Hideki miraba hacia el frente.
-Bien, esperemos a que terminen-, el hombre solo dijo, cruzándose de brazos y observando las palizas salpicantes frente a él con absoluta frialdad, no podría importarle menos incluso si alguien moría pisoteado por los que aún continuaban de pie; incluso si no se viera en los aprietos que lo acosan en ese momento, todavía miraría semejante lluvia sangrienta con solo un deje de repulsión, pero jamás se preocuparía por la vida de esos hombres que, a sus ojos y como él creía que sus colegas deberían verlos, no eran más que herramientas que lo impulsarían hacia la presidencia.
Sin embargo…
-Solo espero que estén al nivel-, Hideki pensó esta vez con genuina preocupación, y se irritó nuevamente al recordar quienes eran los responsables de las últimas noches pesadas.
Su única preocupación real en ese momento era no poder encontrar peleadores con el pedigrí necesario para soportar la verdadera masacre.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que finalmente viera que su preocupación era absurda.
Lo primero que llamó la atención del empresario fueron algunos cuerpos que caían con un simple toque, la imagen de Sen Hatsumi le vino a la mente al instante por lo que su atención recayó en el peleador en cuestión.
-¡Qué hombros tan amplios!-, fue lo primero que Hideki pensó, lo cual era extraño.
El hombre parecía vestir de tal forma que presumiría sus brazos enormemente musculosos o tal vez para facilitarle el movimiento, definitivamente parecería el tipo de peleador que usaría esa fuerza de una forma más directa, pero en cambio lo veía usando movimientos suaves, redirigiendo el flujo de los golpes enemigos y tumbándolos al suelo o enviándolos a volar por los aires.
-Tal vez…
¿Podría tener más de un truco bajo la manga?-, Hideki se preguntó, su mejor referencia es Hatsumi Sen y sabe que él no tiene músculos solo para verse bien frente a las mujeres, aunque esa sea la excusa que siempre da, la verdad era que la Nube flotante sabía cómo ejercer la fuerza dura.
-Este no parece ser diferente-, Hideki pensó, lo que le dio más seguridad antes de que algo más llamara su atención.
Golpes que resonaban como martillos contra el asfalto, huesos que colapsaban ante puños curtidos ante la vista del menos experimentado, brillando como bronce.
Un hombre mucho más joven se deslizaba entre la multitud como una pequeña flama intocable, cargaba hacia sus oponentes como un misil y los destrozaba.
De eso era lo que hablaba Hideki, imaginaba que el hombre más grande haría cosas como las que hacía el joven, y el susodicho tenía una condición física más similar a la de Hatsumi.
Pero nada de eso importaba, Nogi no era un peleador, pero aun así sabía cómo reconocer a un excelente peleador solo con verlo.
-¿Quiénes son esos dos?-, Nogi preguntaría a Kaede, quien se apresuró a escudriñar en la lista de aspirantes a Peleador kengan.
-El primero, es Niko Tokita señor-, Kaede respondió, sin tener idea del peso de ese nombre antes de buscar al segundo.
-¡¿Dijiste Niko Tokita?!-, Nogi casi se atragantó con su saliva y miró directamente a su secretaria, quien atendía la petición anterior.
-Sí, y parece que está relacionado con el otro aspirante, su nombre es Ohma, del mismo apellido-, Kaede respondió, sin atender a tiempo el tono con el que su jefe habló.
-¿Tokita?
¿Será coincidencia?-, Hideki se preguntó con una nueva emoción creciente.
La expectativa era brutal y no parecía ser para menos, porque ambos se encontraban ilesos incluso cuando el forraje que aún no había caído decidió aliarse para quitarlos del camino.
Esa era la desventaja de ese tipo de reclutamiento, pues no siempre el ganador resultaba ser el más fuerte, eran de hecho los más fuertes quienes tendían a caer ante la diferencia numérica.
Sin embargo, había ocasiones en las que aparecían monstruos que arrasaban con cualquier obstáculo.
Hasta el más idiota sabría que ese es el tipo de peleador ideal.
-Bien-, Hideki sonrió ante el pensamiento, no hacía falta mediar más palabra, ya solo quedaban tres contra sus dos elegidos pero ya se habían rendido y suplicado clemencia, no los culpaba, él haría lo mismo.
-Bien, la prueba terminó-, Kaede se adelantaría en anunciar.
Los tres sobrevivientes suspirarían audiblemente, haciendo que Niko deje de ponerles atención y Ohma chasqueé la lengua con disgusto.
-Cobardes-, resoplaría el pelinegro.
Por otro lado, Niko había dado unos cuantos pasos hacia adelante, cruzándose de brazos frente a un Nogi que lo miraba como si fuera una celebridad, lo cual se le hizo raro.
-¿Eres Tokita Niko, del Estilo Niko?-, Nogi preguntaría, una sonrisa impactada se asomaría en sus labios de forma involuntaria.
Niko entendió entonces.
-Este hombre sabe cosas-, pensaron tanto él como Ohma.
-Así es, ¿Y bien?
¿Pasamos?-, Niko respondió con tranquilidad, recibiendo una respuesta rápida de Nogi.
-Por supuesto, Srta.
Akiyama, por favor-, Nogi llamaría a la atractiva secretaria que capturaría los ojos de Niko, lo que hizo que tanto la mencionada como Nogi percibieran las mismas vibras que exudaba la Nube flotante, sin hacerles saber si era una buena o mala noticia.
Pero ignorando eso y comportándose de manera profesional, entregó una tarjeta de presentación a cada uno.
-Véanme en esta dirección el día de mañana al medio día, hablaremos cómodamente y les informaremos sobre sus primeras peleas oficiales-, Nogi hablaría con tranquilidad, su sonrisa demostraba que esa confianza que tanto lo caracteriza había vuelto una vez más.
Time skip.
Como el plan de los Tokita exigía no hacerle saber a Nogi sobre su conexión con Ichiryu, Ohma y Niko regresaron a la mansión Hiyama a pie, perdiéndose fácilmente entre la multitud y callejones, previniéndose así de ser seguidos.
Una vez llegaron, contaron como ocurrió el encuentro.
-Entonces pidió a dos ganadores-, Ryu habló pensativo antes de mirar a Shunka en busca de una explicación.
-Tal vez usará una subsidiaría o incluso otra empresa en el Torneo de aniquilación-, Shunka solo dijo, dando un sorbo a una tasa de té.
-¿Cómo funciona eso?-, Ohma preguntaría, suponiendo que la atención de Nogi estaría en su maestro por cómo había sido ignorado por completo, y no estaba equivocado.
-Si se trata de una subsidiaria es posible que use a alguno de sus empleados y lo convierta en un CEO pequeño bajo su ala.
Según las reglas del torneo, el ganador no se convierte en el nuevo presidente sin más, sino que obtiene el derecho de elegir al nuevo presidente sin lugar a objeciones, así que cualquiera puede hacer eso, así puede hacer que gane la presidencia incluso si su propio peleador pierde-, Shunka respondería.
Ohma asentiría, haciéndole saber que comprendió.
-Es posible que te envíen a derrotar al peleador de algún CEO rival, a pocas horas de comenzar el Torneo de aniquilación-, Shunka completaría, no convenciendo del todo a Ohma y eso se notaba por la mueca que mostró en la boca.
-No tienes problemas con eso ¿verdad?-, Ryu preguntaría; a él realmente no lo haría y mucho menos le preocupaba, ya que la llegada de Kazuo Yamashita era inevitable.
-Me gusta más la primera opción-, Ohma respondería encogiéndose de hombros.
-Lo más probable es que sea así, Nogi es meticuloso y jamás toma apuestas que pueda perder-, Shunka respondió.
–Te presentaste como el discipulo de Niko ¿No?-, Ryu preguntó y ambos asintieron.
-Entonces no creo que se arriesgue a desgastarte más de la cuenta-, Ryu diría con total despreocupación.
-Este Nogi parecía saber de mí, o al menos de mi nombre, dudo que sepa que éramos más-, Niko mencionó al principio de la plática y eso todavía lo tenía un poco pensativo, pero como su nuevo peleador principal pensaba preguntarle personalmente.
Y mientras esto ocurría, en el segundo departamento de ventas de la Editorial Nogi; sin destacarse en lo más mínimo, encorvado, cabizbajo y desolado.
Se hallaba un hombre, sentado deprimentemente frente a un ordenador, escribiendo con los dedos sudorosos, sus lentes reflejando la intensa luz de la pantalla no dejaba ver sus ojos inyectados en sangre, estresado y resignado a soportar las cargas mentales para evadir las físicas.
Su cabello parcialmente encanecido reflejaba no solo vejez, y ciertamente no mostraba experiencia, sino la evidencia de una vida resignada a la mediocridad.
Este no era otro que el mismísimo Yamashita Kazuo, un hombre absolutamente normal, débil como una galleta de arroz, recogía sus pertenencias y se aseguraba de cerrar correctamente los servidores que usaba antes de dejar la Editorial para tomar el tren, rumbo a la casa que llamaba insípidamente hogar, no tenía ni la más mínima noción de que su ya avanzada vida daría un giro absurdamente grande dentro solo unas cuantas horas.
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