Reencarnando en el Sandroverso (Kengan ashura) - Capítulo 25
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25: Capítulo 24: Kengan 25: Capítulo 24: Kengan Kazuo Yamashita es un fracasado; eso es lo que cualquiera pensaría solo con verlo, su postura denotaba vulnerabilidad absoluta, sus ojos una resignación acogida con redundancia junto a los despojos de innumerables sueños que habían muerto hace décadas.
Desde que era joven, su debilidad inherente lo hizo fracasar en su deporte soñado; Kazuo soñaba con ser fuerte, soñaba con alcanzar la cima como muchos otros; y como muchos otros también fracasó.
Sus brazos delgados, esa sensación extraña que presionaba su corazón que le impedía siquiera cerrar su puño para enfrentarse a una persona que lo devora con los ojos.
Tuvo una esposa; tuvo hijos, pero también resultaron ser manchas y cicatrices imborrables en sus recuerdos.
Su hijo mayor, Kenzo, alguna vez su orgullo más grande; con una mente sin límites que se le pudiera imponer, lentamente se convirtió en un monstruo que lo aplastaba con su mera presencia.
Su exesposa, simplemente desapareció, abandonando lo poco bueno que habían construido y Kazuo entendió en su corazón que su debilidad lo había causado.
Él, cobarde y débil.
Y su hijo menor Yasuo, se rebeló destruyendo las últimas esperanzas de su padre en el proceso.
La vida de Kazuo se redujo a producir todo el dinero que pudiera para la Editorial Nogi, sufriendo constantes abusos de autoridad y poder por igual, solo para recibir una paga que rozaba lo insuficiente, que posteriormente era absorbida por el hijo delincuente y eso lo hizo decidir que así sería su vida hasta el día presente a sus 56 años de edad.
Sin embargo, contra todo pronóstico, a la edad en la que habría pasado década y media desde el abandono de cualquier noción de cambio, este mismo llegó en la forma de un llamado imposible; ilógico para cualquiera que lo conociese.
Los jóvenes lo miraban con simpatía y los viejos lo miraban con asco mientras era llevado entre piernas temblorosas y piel sudada a la oficina de Matsui Hiroshi, el jefe público del segundo departamento de ventas de la Editorial Nogi, es el gerente que gestiona a los asalariados del departamento, entre ellos Kazuo, a quien miró como si fuera un insecto a punto de ser aplastado por su zapato.
-Yamashita-, nombró con la voz ronca de aburrimiento y fastidio, sus lentes cuadrados bajaron para permitirle ver al viejo y su reverencia de 90 grados a la distancia adecuada.
–No volviste a cumplir con tu cuota del mes ¿verdad?-, Matsui preguntó con los labios decaídos por el enojo.
–Sí, lo siento mucho señor, el próximo mes le juro que lo haré sin falta-, Yamashita contestó rápidamente, forzando su voz a no trabarse con tal de no sonar más patético de lo que sabía que se veía.
-¿El próximo mes?
De verdad que no tienes vergüenza.
Lo mismo dijiste hace dos meses ¡Ahora venderás el doble!-, la respuesta de Matsui se escuchó fuera de su oficina, haciendo que muchos cercanos hicieran una pequeña pausa a sus propias labores para mirar con lástima a la impotente silueta de Kazuo detrás del vidrio.
El mismo Kazuo estaba silenciosamente furioso, sus emociones reales enmascaradas con una mirada avergonzada igual de real.
Su mente viajó una vez más a su juventud, arrepentido por renunciar al club de Judo en el instituto, imaginándose a sí mismo en un hipotético presente en el que tomaba a Matsui de su saco color mierda y lo enterraba en el suelo con un Levantamiento de hombro perfecto, pero esa ilusión se desvaneció tan pronto como había aparecido.
-Lamento la interrupción-, una nueva voz se añadió en la oficina, Kazuo no dejó su reverencia y así miró hacia su izquierda, observando a ni más ni menos que al jefe de su jefe.
Vestido de un traje marrón mucho mejor que el de Matsui, debajo tenía una camisa blanca y corbata amarilla.
Portaba lentes circulares y su cabello solo crecía en los bordes de su cabeza tan canos como sus cejas y bigote, es rechoncho, tanto que sus mejillas y papada se unían en una adorable acumulación de grasa que lo hacía ver tierno con la expresión angustiosa que expresaba.
Matsui por su lado, se levantó de un salto ni bien vio al hombre entrar, su actitud petulante y odiosa se borró por completo mostrando a un hombre tan o incluso más patético que el mismísimo Kazuo Yamashita.
-¡Ay!
¡Señor director!
¿Qué hace aquí?
si me necesitaba yo podría haber ido a su oficina-, Matsui habló, su tono era igual de sumiso como su apariencia en ese momento.
-No vine por ti Matsui-, el hombre regordete respondió con solemnidad antes de dirigir su mirada hacia quien vino a buscar.
-Yamashita, el presidente de la compañía desea verte inmediatamente.
Es un asunto urgente, date prisa-, sus palabras hicieron que Kazuo se enderezara con una mirada de total desconcierto y horror.
Matsui por su parte estaba impactado.
-¿El presidente…
quiere ver a este…
incompetente?-, preguntó él, mirando a Kazuo de forma despectiva, sin embargo la angustia del director dejó de ser soportable antes de que comenzara a sudar por el miedo también.
-Yamashita, por Dios…
¿Qué fue lo que hiciste?-, el pobre rechoncho preguntó entre dientes, creyendo que lo que fuera que hubiera sucedido sin duda había sido malo y por ende las consecuencias recaerían en él, sin embargo Yamashita estaba pasmado, sin saber que ocurría ni que había hecho como para ser citado; él, nada más que un don nadie.
Pero aun así, sin saber que pasaba, Kazuo fue llevado hasta las oficinas de Nogi incorporated; la sede principal de Grupo Nogi.
El edificio se alzaba hacia lo alto, tanto que a Kazuo le dolió el cuello.
Fue conducido al interior por un asistente y llevado a través de los pasillos y el ascensor hasta llegar a la oficina, ahí Kazuo fue abandonado a su suerte por el asistente, todo su cuerpo temblaba aunque lo forzara a tensarse pero su mandíbula no dejaba de traicionarlo, porque frente a él estaba el presidente de la empresa para la que labura.
Hideki Nogi poseía un rostro férreo, curtido no por la sangre, sino por generaciones de engaños, artimañas y negocios; una forma muy diferente de lidiar con la muerte en una sociedad más civilizada en su superficie.
Incluso el ingenuo Kazuo Yamashita observó su lenguaje corporal y entendió que ese hombre quería algo de él, pero su propio auto-desprecio le impedía comprender qué sería.
Sin embargo nada de eso importaba, porque solo Hideki y otra persona sabían la verdad; que a partir de ese momento sería a Kazuo Yamashita a quien llamarían “Kengan”.
Hideki sabía que tampoco iba a decirle la verdad, de cierto modo, aunque su sentimentalismo lo haría protegerlo, tampoco le impediría tratarlo como a todos los demás; para él fue una bendición que el descendiente de Ichinoshin Yamashita fuera un anciano con un espíritu prácticamente acabado.
-Muchas gracias por venir-, Hideki comenzó, tanto él como Kaede a su lado sintieron genuina lastima por lo miserable que se ve Kazuo frente a ellos, su mandíbula no dejaba de hacer castañear sus dientes.
-Lamento molestarte, seguro tienes otras ocupaciones-, Hideki continuó, cordial, pero tanto su rostro como su tono eran igualmente profesionales.
-¿Eh?
No…
no es ninguna molestia señor-, Kazuo respondió antes de tragar saliva.
Nogi por su parte, parpadeó con lentitud antes de comenzar a explicar, sabiendo que estaba a punto de hundir a Kazuo en el pantano de la clandestinidad.
-Dime algo, ¿Cuál crees que es la mejor manera de resolver un conflicto aquí en Japón?-, preguntó, sus codos sobre el escritorio y los dedos entrelazados analíticamente.
-¿Eh?
Pu…
pu…
pues yo…
no lo sé-, Kazuo respondió entre tartamudeos, abandonando cualquier posibilidad de entender la situación, incluso creyendo que solo estaba soñando.
-Desde luego han existido bastantes métodos a lo largo de la historia.
Arbitraje, negociación; persuasión.
Pero la más efectiva es…
la violencia: la ejecución de la fuerza física para eliminar a tu adversario.
Esa es la mejor solución-, Hideki respondió a su propia pregunta mientras Kaede le preparaba un puro con diligente silencio.
Kazuo por su lado, tenía una mirada un tanto estupefacta, no solo sin estar de acuerdo, sino también ansioso por saber por qué le competía la conversación.
-Pero claro, la violencia primitiva no tendría ningún sentido, por eso recurrimos a lo que llamamos una violencia organizada; un evento de combate ceremonial que se remonta a la Era Edo, varios siglos atrás.
Al principio de la Era Shotoku la paz reinaba sobre nuestra nación, pero en las sombras la sangre y la violencia se esparcía; los comerciantes estaban en guerra por monopolizar el mercado y obtener el mayor privilegio que cualquiera de ellos podría desear: Ser el proveedor del palacio imperial.
Y para ello estaban dispuestos a amenazar, defraudar y hasta asesinar para deshacerse de la competencia-, Nogi comenzaría a explicar, mientras Kazuo se obligaba a escuchar atentamente las palabras de su jefe.
-Esto desencadenó una carnicería tan brutal, que nuestra nación era más parecida al infierno budista conocido como El reino ashura.
Obviamente necesitábamos a alguien que controlara el flujo de este rio sangriento.
Los habitantes acudieron al Shogun Ietsugu Tokugawa para darle fin a tanto derramamiento de sangre.
En respuesta, el joven shogun decretó que para resolver el conflicto entre facciones comerciales se celebraría un combate organizado y justo, cuyo ganador obtendría el beneficio en juego-, Nogi hizo una pausa para inhalar y exhalar de su puro con disfrute, antes de continuar.
-La propuesta de un niño de 5 años parecería no ser la gran cosa pero en aquel entonces todos encontraron en ellas una luz de esperanza.
Así los comerciantes formaron diferentes grupos y clanes y cada que había conflicto entre ellos se preparaban para la gran ceremonia.
En esencia era bastante simple: Un combate a puño limpio.
Cada grupo elegía a su mejor peleador para enfrentarse en un combate secreto en el que la única forma de ganar era dejarlo inconsciente o matándolo.
Mis ancestros formaron parte de uno de esos clanes, así que podemos decir que sus sacrificios fueron los cimientos que edificaron esta compañía-, Nogi explicó con tranquilidad, mirando la expresión confundida de Kazuo.
-Seguro te preguntarás por qué te estoy contando todo esto-, Nogi se reclinó hacia adelante e intuyó, con Kazuo tarareando en afirmación.
-Si piensas que es un cuento estás muy equivocado.
Esta ceremonia se ha llevado a cabo por más de 300 años hasta el día de hoy ¿Comprendes?-, Nogi habló seriamente pero sus palabras no llegaron a los oídos ingenuos de Kazuo.
-Pero señor por favor ¿Cómo voy a creer que algo así…
existe?-, Kazuo respondió entre risas antes de que sus palabras murieran bajo los ojos de hierro de Hideki, dejándolo estático con una sonrisa ahora estúpida en su cara.
-A pesar de la caída del Shogunato Tokugawa y del inicio de la Edad imperial en Japón, esta ceremonia se ha mantenido con vida para mantener la paz en este país.
Y a esta pelea a puño limpio se le conoce como Combate Kengan-, Nogi proclamó, la credibilidad de sus palabras no fue cuestionada por Kazuo, que se encontraba atónito ante todas las implicaciones de lo que las palabras de su jefe significaban, sentía que se estaba enterando de cosas que no debía.
-En unos días nuestra compañía tendrá su primer Combate Kengan de este año, sin embargo tenemos un problema.
Nuestros peleadores están…
desafortunadamente indispuestos, por lo que nos vimos en la necesidad de buscar un reemplazo-, Nogi mencionó y un horror pálido se formaría en la mirada de Kazuo.
-No me diga que…
quiere que yo pelee para usted-, Kazuo preguntó, logrando que la expresión pétrea de Hideki se quebrara positivamente con una carcajada.
-Ajajajá eso sería muy divertido de ver, pero no, no me refería a eso-, respondió con humor antes de finalmente explicar dónde encajaba Kazuo, que no hacía más que resaltar como un pulgar dolorido en todo ese contexto.
-Afortunadamente hemos encontrado nuevos y excelentes prospectos-, Hideki diría justo a tiempo para que las puertas se abrieran, con los tres ocupantes de la oficina mirando hacia los recién llegados.
–Ah, justo estábamos hablando de ustedes, pasen por favor-, Nogi los invitó a pasar mientras las células de Kazuo temblaban ante la intimidante presencia de ambos hombres, rebosantes de la musculatura con la que solo pudo soñar.
-Los presento, ellos son Niko Tokita y Ohma Tokita, nuestros nuevos peleadores.
Caballeros él es Kazuo Yamashita, el empleador del joven Ohma-, Hideki hablaría y a Niko le pareció muy gracioso.
Estaba más que claro que el tal Kazuo Yamashita no era más que un títere.
Y fue solo entonces que las palabras de Nogi se registraron en la mente de Kazuo.
-Un momento, ¿Yo?
¿Su empleador?
Pero si acaba de decir que solo los emporios del país pueden participar y yo solo soy un simple empleado-, Kazuo preguntó con genuina razón, incluso Kaede miró a Nogi esperando la respuesta que dará, en todo caso ella habría elegido al director al mando de Yamashita.
-No escuchaste mal, querido Yamashita.
Será mejor que cambiemos de habitación para hablar más cómodamente, por favor síganme-, Nogi respondió con total tranquilidad y se levantó de su asiento para entonces dirigirlos hacia una puerta contigua, donde se revelaría una sala hecha para reuniones.
En cuanto se sentaron Hideki apagó su puro y lo aplastó en su cenicero de la mesa.
-Verán, sucede que…
dentro de unos meses se celebrará algo que va mucho más allá del Combate Kengan-, Nogi comenzó y tanto Ohma como Niko supieron instantáneamente de qué estaban a punto de hablar.
-¿Algo más allá…
de un Combate Kengan?-, Yamashita hizo la pregunta y Nogi asintió.
-Así es, se le conoce como el Torneo de aniquilación kengan.
Es el máximo desafío que un miembro de la Asociación kengan puede exigir, reta al mismísimo presidente de la asociación por el puesto-, Nogi explicó y tanto Ohma como Niko sonrieron con ansias, solo debían esperar mientras se divertían de vez en cuando.
Pero en sus mentes dos rostros se formaban, ansiaban que llegara el día en que se romperían las caras entre familia.
-Las reglas del torneo son claras, las peleas no son lo importante; prácticamente no hay reglas a excepción de lo que marca el final, lo interesante ocurre tras bastidores.
Las reglas están hechas de tal forma que los enfrentamientos en la arena no sean los únicos, es muy fácil que los empresarios y CEOs se amenacen, chantajeen o simplemente pacten en secreto y seriamos unos tontos si no lo hiciéramos-, Nogi habló con una sonrisa zorruna que hizo suspirar con ironía a los peleadores.
-Honestamente creo que la primera opción es demasiado arriesgada, la segunda opción es poco viable pero, podemos trabajar con la tercera opción-, Hideki se inclinó hacia adelante y entonces miró a Kazuo, cambiando su expresión en cuestión de segundos a la de un carismático gerente de ventas.
-Dime Yamashita ¿Te gustaría ser miembro de la Asociación kengan?-, Nogi preguntó, sonriendo con los dientes, los cuales casi brillaron como en un spot.
Y Yamashita por su lado, solo comenzó a sudar a mares.
-¡¿Pero de qué está hablando señor?!
¡No hay modo de que pueda ser miembro de la Asociación!-, Kaede protestó impactada, pero la sonrisa de Hideki nunca se fue.
-Aún tiene mucho que aprender Srta.
Kaede, en el mundo de los negocios siempre existen subterfugios.
Para ser miembro de la Asociación kengan debes ser considerado un empresario de primera categoría, y para eso se necesita ganarse la membrecía mediante un combate especial.
Cientos de empresarios se congregan para competir por su lugar en la asociación.
Y por supuesto para competir se necesita cumplir con una cuota especial ya que es un evento extraoficial-, Nogi habló mientras Kaede buscaba algo.
-Los réferis de la asociación son quienes validan esos combates.
La cuota para entrar son unos cien millones de yenes-, Nogi diría con toda la tranquilidad del mundo.
-¡¡¿Cien millones?!!-, Yamashita exclamaría alarmado, temiendo tener que pagar, o peor, deber esa cantidad.
-Tranquilo, no te exaltes, casualmente la Srta.
Kaede nos trajo justamente esa cantidad-, Nogi dijo con cómica tranquilidad mientras Kaede recostaba sobre la mesa un maletín el cual abriría, revelando los cien millones de yenes.
-Lo tiene todo planeado, aun así, me parece raro que haya elegido a este enclenque-, Niko pensaría, siempre en silencio y de brazos cruzados, escuchando con atención.
-Pero…-, Kazuo estaba a punto de preguntar cómo es que Hideki ya tenía preparada esa cantidad, pero sería interrumpido por el mencionado, quien le sonrió macabramente.
-Puedes usar este dinero con toda confianza, así Ohma se convertirá en tu peleador y podrán entrar en el Torneo de aniquilación-, Nogi intentó tentarlo, pero Kazuo solo no podía dejar de sudar.
-No…
no…
¿Qué voy a hacer?
¿Cómo me zafo de esta?
Yo no soy un empresario multimillonario, solo soy un pobre empleado, no tengo dinero y además estoy feo.
No, tranquilo; relájate, solo debo decirle que no puedo hacerlo y seguro lo entenderá-, Kazuo pensó angustiado y estaba a punto de envalentonarse para hablar, pero justo en ese momento Ohma pondría su pesada mano sobre su hombro, interrumpiéndolo.
-Aceptamos-, Ohma solo dijo y Kazuo soltó un grito mudo.
-Pues está decidido entonces-, Hideki sentenció rápidamente al ver la obvia negativa de Yamashita.
-Es muy valiente-, Kaede elogió, sin ser consciente de eso.
-¡No puede ser!
¡Esto no puede estar pasándome!
Necesito salir de esto cuanto antes-, Kazuo pensó antes de moverse robóticamente para mirar a Ohma a su lado.
-Se…
Sr.
Ohma, me temo que…-, Kazuo estaba a punto de decir pero la mirada mortal de Ohma lo silenciaría al instante.
–Me…
me temo que no podremos negarnos-, Kazuo corrigió con una sonrisa destruida, haciendo que Ohma asintiera satisfecho mientras Niko negaba con la cabeza divertido, resultó que Ohma si cayó en las tentaciones de Nogi.
-¡Estupendo!
Ahora solo debemos pensar en un nombre para tu compañía querido Yamashita-, Hideki encendió un nuevo puro y comenzó a fumarlo mientras pensaba, ladeando la cabeza.
–Algo simple funcionará, “Corporación Yamashita” estaría bien-, murmuró.
-¿Compañía?-, Yamashita preguntaría con temor.
-Pues claro, la Asociación kengan está conformada por los más poderosos empresarios del país, pero no te preocupes, yo me encargaré de todo el papeleo.
Tú solo debes presentarte en la competencia por la membrecía y ganar tu puesto.
Habrá un combate en 2 días, otro en 8 y uno más en 12 días en el que te podremos registrar, ¿En cuál preferirías?-, Hideki explica y pregunta.
-Mi destino ya fue sellado como si nada-, Kazuo se lamentó.
–Entraremos en la de 3 días-, Ohma decidiría por él.
-¿Eh?
¿Está seguro Sr.
Ohma?-, Kazuo preguntaría con sorpresa.
-Sí, por mí podría ser hoy-, Ohma respondió con tranquilidad.
Y con eso, todo había sido acordado, mientras Ohma cerraría los puños con emoción.
-No puedo esperar…
para enfrentarlos, ganaré el torneo y me convertiré en el peleador más fuerte de todos-, Ohma pensaría con su propia sonrisa lobuna, la cual no pasó desapercibido para su maestro, quien concluyó que tenía que enseñarle a sus hijos a respetarlo como en los viejos tiempos.
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