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Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 13

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  3. Capítulo 13 - 13 Capítulo 12 Área innata
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13: Capítulo 12: Área innata 13: Capítulo 12: Área innata Pasaron un par de horas mientras Tomeo daba demostraciones de su Técnica maldita y derivaciones de la misma a Fushiguro Megumi y Gojo Satoru, desde modificar las almas de las maldiciones que guardaba en sus bolsillos, previamente modificadas a eso.

Comenzó con las cosas más simples como cambiar su tamaño, luego cambió su forma hasta que se convertían en figuras completamente humanoides y después en armas como cuchillas y mazas con pinchos y lo mismo hizo con él mismo antes de regresar a las maldiciones.

Megumi miraba asombrado las poderosas habilidades de su nuevo compañero de entrenamiento, como Satoru Gojo decidió que será, el susodicho ya había visto esto durante la batalla contra Fujin e intuyó asertivamente que Tomeo no lo exorcizó porque planeaba controlarlo, pero por desgracia le había dado el tiempo suficiente para usar una Extensión de dominio.

A Satoru le interesaba mirar todo con más cercanía, sus 6 ojos escaneaban la naturaleza del “electrodoméstico” con una precisión que superaban las micras.

Y entonces lo entendió, había algo que sucedía previo a las transformaciones y mutaciones, en un principio creyó que la técnica de Tomeo se basaba en Biokinesis o al menos una forma de modificar su propio cuerpo o el de un externo con el tacto.

Pero parecía no ser así, “Joyas”, recordó la palabra clave y entonces una hipótesis que se estaba asentando en su mente comenzó a ser una conclusión.

–Él puede modificar almas-, Satoru concluyó finalmente, ese segundo génesis que parecía verse con cada aplicación era el alma siendo modificada tal y como Tomeo dijo antes de que el cambio se manifieste en el cuerpo, como si el estado del cuerpo fuera un síntoma del estado del alma.

-¡Increíble!-, el honrado aplaudió cuando supo que Tomeo había terminado, llamando la atención del joven, quien se sintió orgulloso de haber impresionado al mismísimo Gojo Satoru, aunque no lo diría en voz alta después de ver de cerca esa forma de ser suya con solo horas.

-¿Qué te parece pequeño Megumi?-, Satoru le preguntó al pelinegro con esa enorme sonrisa de labios cerrados.

El niño infló los cachetes con irritación cuando sintió la atención sobre él, pues de hecho todavía se negaba a convertirse en hechicero.

Pero con la abrasiva mirada de Satoru que sin querer lo intimidaba decidió hablar para dejarlo satisfecho.

-Es bueno-, Megumi murmuró pero esa respuesta puso en Satoru un gesto exagerado de fingida molestia.

-¿Solo bueno?

Por favor es tan bueno como el tuyo-, Satoru arrastró las palabras que para Megumi fueron como un tenedor arañando una pizarra.

Tomeo tuvo que decir que es divertido ver a Gojo Satoru molestando a los demás, pero no es gracioso cuando le tocaba convertirse en su víctima, así que ocultó su sonrisa divertida cuando el foco en su cabeza se encendió.

-¿Qué es lo que puedes hacer Fushiguro-San?-, preguntó de la nada y el rostro de Megumi se vio aún más irritado, acción que Satoru tomó como una oportunidad más para molestar.

-Es verdad, no le has enseñado a Tomeo-Kun, anda anda-, Satoru lo animó con pequeños empujones con el dorso de la mano, Megumi supo que no podía escapar de eso, así que sin molestarse en ocultarle su mirada rencorosa dio un par de pasos hacia adelante y extendió las manos a la altura de su vientre, formando un signo con los dedos, signo que fue reconocido por Tomeo como una cabeza de lobo.

–Lobos de jade-, Megumi entonó y entonces la oscuridad se onduló en el suelo en un instante, tal y como si fuera tinta.

Un par de círculos se formaron y de ellos emergieron dos figuras que tenían maravillado a Tomeo.

Muy distinto de lo que eran las maldiciones, cuya apariencia era simplemente indigerible, estas criaturas eran hermosas y majestuosas a pesar de conformarse de la misma energía que las maldiciones.

Estos eran los Lobos de jade de la legendaria Técnica de las 10 sombras del Clan Zenin: Shiro y Kuro.

-Megumi posee las 10 sombras, una Técnica maldita heredada de uno de los 3 grandes clanes del jujutsu, pero después te explicaré eso.

Pregúntale a Megumi lo que quieras-, Satoru explicó brevemente pero estaba demasiado perezoso para decir más, dejándole a Megumi la responsabilidad de responder a una que otra duda por parte de Tomeo.

–Yo no quiero ser un hechicero-, Megumi finalmente murmuró haciendo que Tomeo alce una ceja, sin recordar este aspecto del Megumi niño.

–Ahora bien, ¿Puedes presentarme a Orimoto Rika?-, Satoru preguntó con su sonrisa relajada aún intacta, ignorando olímpicamente lo que dijo Megumi.

Time skip.

Pasaron un par de días después de eso en lo que Tomeo y Rika se habían acostumbrado a vivir en la Residencia Fushiguro, conociendo poco a poco a los dos hermanos aunque Megumi se comportó repentinamente distante.

Tsumiki por otro lado era una santa de principio a fin, pues ya con haberla visto la primera vez Tomeo supo que es una buena persona, es solo que no lo había confirmado, despertando nuevamente los celos tiránicos de Rika, los cuales eran sofocados por la autoridad de Tomeo, una que el canónico Yuta Okkotsu jamás le mostraría.

En ese tiempo Tomeo también había reflexionado acerca del comportamiento de Megumi, el cual era lógico considerando sus circunstancias, su edad y de ahí la falta de tacto por parte de Satoru Gojo, quien también lo trata como si fuera un adulto por alguna razón.

Desconocido para Tomeo, esto se debía a que el honrado siempre fue un genio en todo lo que se concentrara, siempre fue más inteligente que cualquiera de su edad y los adultos de su clan no dudaban en tratarlo de tal forma, por eso creía que Tomeo era como él después de verlo pelear y posteriormente investigarlo.

Al final, Tomeo llegó a la conclusión de que tal vez la caída de Tsumiki por mano de Kenjaku sería lo que motivaría al Potential man a convertirse en hechicero de una vez por todas, así que un pequeño cambio en sus planes se hizo en su mente.

Nada demasiado drástico, solo sintió pena por Megumi, quien se llevaría un buen susto.

Actualmente, Tomeo se disponía a hablar con Megumi y pedirle un favor, pues no lograría lo que quiere sin antes progresar y no tenía el valor para pedírselo a Satoru Gojo.

Caminó por la sala y ahí lo vio, sentado en el sofá mirando el televisor con un rostro tranquilo.

–Hola Fushiguro-, Tomeo saludo, obteniendo un asentimiento de Megumi.

-Quería preguntarte si me puedes ayudar en algo con mi técnica maldita-, Tomeo soltó después de ver ese gesto, tomándolo como un permiso para seguir.

–No me interesa-, Megumi lo rechazó en el instante en que escuchó las palabras “Técnica maldita” pero Tomeo ya lo esperaba.

–No tienes que hacer nada solo quiero saber qué diferencia hay entre los no hechiceros y los hechiceros-, Tomeo se excusó mientras se sentaba al lado del pelinegro, quien volvió a negar.

-No me interesa-, Megumi repitió, esta vez con un tono más frío.

Tomeo suspiró ante eso, no queriendo sacar su movimiento divino pero no vio otra opción, puede que haya pasado solo días viviendo con él, su hermana y teniendo a Gojo visitándolos constantemente, pero ese tiempo fue más que suficiente para darle la seguridad en sus siguientes palabras.

-Bueno, si no quieres entonces le diré a Gojo-San que quieres que ser entrenado en la hechicería-, Tomeo prácticamente amenazó con una sonrisa triunfante y la reacción de Megumi fue instantánea cuando le propinó una mirada fulminante.

-No lo harás-, Megumi declaró casi en un grito después de apagar la televisión.

Durante sus visitas, agradeció que Tomeo desviara casi por completo la atención del honrado al entrenarlo solo a él y sorprendentemente a la aterradora Rika Orimoto, pero el que Tomeo lo calumnie de esa forma significa que esos momentos de paz terminarán.

-Solo si me dejas usar Análisis contigo-, Tomeo puso su condición, y Megumi se vio acorralado.

Incluso ahora Megumi ya cargaba con un complejo de inferioridad que Tomeo no percibió, sin embargo fue el principal catalizador para que Megumi cediera de muy mala gana, no sin antes fulminarlo con la mirada una vez más antes de asentir.

-Bien…-, Megumi gruñó y Tomeo apretó el puño en señal de victoria.

Megumi rodó los ojos, pero aun así no se resistió cuando Tomeo posó su mano en el hombro con intenciones obvias, aunque ser espiritualmente tocado suene peor para Tomeo que ser entrenado por Satoru Gojo, Megumi seguía siendo un niño; uno que pretendía resolver su problema inmediato egoístamente y que, a su vez, no comprendía realmente las implicaciones de lo que estaba a punto de suceder.

-Mutación pasiva: Análisis-, Tomeo murmuró y la información comenzó a correr rápidamente por la mente de Tomeo, cada dato acerca del alma de Megumi comenzó a registrarse en su mente, desde lo más básico en adelante, adquiriendo complejidad cuanto más avanzaba esculcando.

Vio su cristal, igual a los demás, pero al mismo tiempo diferente pues esta era la primera vez de Tomeo tocando el alma de un Hechicero en toda regla, ni siquiera Yuji Itadori le había dado esta sensación.

-¿Dónde está la Técnica maldita?-, Tomeo se preguntó en su mente, tenía el cristal en sus manos; tenía a Megumi Fushiguro por completo a su merced y ya había encontrado las claras diferencias entre él y cualquier otra alma que haya tocado, sin embargo algo faltaba.

Entonces se concentró en esas diferencias en el alma del pelinegro, y tras empujar nuevamente Análisis, esta vez sobre esa esencia distintiva en específico, supo que eso debía ser el talento para la hechicería en sí, la facultad de ser hechicero con técnica maldita.

-Otra vez-, Tomeo volvió a profundizar, pero entonces sucedió algo que no esperaba.

Su visión que antes se enfocaba en el prisma cristalino oscuro de Megumi se oscureció en un instante, por completo y sin ningún matiz de color visible.

Tomeo parpadeó por reflejo y entonces todo el entorno cobró vida otra vez; pero ya no veía el cristal, y tampoco estaba en la sala con Megumi.

El nuevo lugar le pareció sofocante en un inicio, pues estaba sumergido en agua literal, todo era negro a su alrededor todavía sin embargo era capaz de ver sus propias manos junto con el resto de su cuerpo, como si una luz onírica estuviese presente en todas partes y a la vez en ninguna, pues de alguna manera se reflejaba entre la marea tranquila del agua.

Tomeo mantuvo la respiración contenida por unos momentos antes de darse cuenta que podía respirar, también podía moverse sin problemas; sin resistencia del agua.

Esta misma era como un espejismo, presente pero se podía ignorar.

Tomeo suspiró aliviado por eso y miró de un lado a otro, inspeccionando el sitio y tratando de encontrar algo más.

No parecía haber algo más que este abismo sin fondo ni fin en un principio, pero entonces lo vio, cuando giró a sus espaldas logró divisar lo que parecía ser una espina dorsal, casi tan negra como el entorno y sin nada a lo que seguir, solo las vértebras flotando como un tótem y pequeños sarcillos que parecían mantenerlo unido al espacio mismo.

-¡Rayos!-, Tomeo casi saltó del susto cuando escuchó a Megumi maldecir, notando que él estaba a su lado en ese nuevo espacio misterioso.

Pero entonces, con la presencia del pelinegro la respuesta llegó a la mente de Tomeo como una revelación divina.

-¡¿Qué es este lugar?!-, Megumi hizo la pregunta indicada, como si el propio Tomeo quisiera que alguien lo preguntara.

-¡¡¡Estamos en tu dominio innato!!!-, Tomeo exclamó con un tono casi fanático.

Siendo ahora el turno de Megumi para saltar del susto, pues recién se daba cuenta de su presencia.

-¡Tú!-, Megumi exclamó.

-¡¡Yo!!-, Tomeo se señaló con el pulgar, presumido ante su descubrimiento.

El Dominio innato, también llamado Área innata, es un espacio mental que un hechicero puede generar con su energía maldita; una imagen mental.

-…Sin embargo bien dicen que lo que hay en la mente son los secretos del alma-, Tomeo razonó para sus adentros, su corazón vibraba de emoción una vez más.

-¿De qué hablas?-, Megumi le preguntó con una vena en la sien, pero Tomeo colocó su dedo en sus labios para silenciarlo.

–Estamos viendo tu alma, la forma de tu alma-, Tomeo anunció con un suspenso que le provocó escalofríos a Megumi, quien volvió a mirar el espacio a su alrededor con una nueva inquietud, también notando la espina dorsal sombría como centro.

-Tengo una idea, Megumi, ¿Puedes usar tus lobos aquí?-, Tomeo preguntó recibiendo un “No sé” por parte de Megumi, quien volvería a fastidiarse al ver que Tomeo lo miraba como si sugiriera que los invocara.

–No lo haré, ¿no vez que tenemos que salir de aquí?-, Megumi preguntó fastidiado pero Tomeo se encogió de hombros y decidió ignorarlo.

Era garantizado que Megumi podría hacerlo, si Sukuna en su propio Dominio innato pudo usar sus cortes entonces Megumi también podría usar sus Shikigamis.

Se preguntó qué otra cosa podría hacer mientras se encontraba ahí.

Entonces tuvo otra idea, se arrodilló y con su palma tocando lo que encontró como suelo usó nuevamente análisis y la reacción fue instantánea.

El cuerpo entero de Megumi se amorató por un segundo y esa ola de color purpura se extendió por toda el Área innata.

La información volvió a correr por la mente de Tomeo y lo que encontró lo hizo llorar de emoción.

-Lo tengo-, murmuró con una felicidad sin límites, pues si podía comprenderlo; podía replicarlo.

Eso era lo que tanto buscaba; lo que siempre había creído que la Mutación pasiva era capaz de hacer pero no tuvo forma de saber si era verdad.

Hoy, después de los últimos años en dos vidas, finalmente supo con certeza que todas sus teorías son reales; hechos comprobados por su propia mano.

Ya con su sed de conocimiento saciada, Tomeo veía una forma física de salir por lo que usó el principio de intención y voluntad para verse a sí mismo y a Megumi regresando a la sala de la Residencia Fushiguro.

-¡No sé cómo pasó esto!

¡Había bajado por un bocadillo y los encontré así!-, fue lo primero que ambos chicos escucharon antes de respirar fuertemente por aire real.

-¡Kya!-, Tsumiki chilló al ver esto y rápidamente corrió para ver cómo estaban los niños.

Ambos fueron asaltados por la atención de Tsumiki, sus manos recorriendo sus cuerpos en busca de algo fuera de lugar a la velocidad del rayo.

Tomeo miró a su alrededor y notó dos cosas: el cielo se veía oscuro a través de la ventana y Satoru Gojo también estaba presente.

-¿Cuánto tiempo pasó?-, preguntó él.

-Cinco horas-, Tsumiki dijo con la voz contorsionada por la conmoción.

-¡¿5 horas?!-, Tomeo exclamó, para él fueron solo un par de minutos; como en un sueño.

-¿Qué estaban haciendo?-, Satoru finalmente habló, mirando especialmente a Tomeo detrás de sus lentes.

–Yo…

miraba su alma, mejor de lo que había hecho antes-, Tomeo respondió completamente sonriente, recordando la experiencia tan enriquecedora, quizás la más enriquecedora que alguna vez tendrá, porque ante lo que vio notó algo muy importante: No podía simplemente copiar e imprimir la Técnica de las 10 sombras en su alma sin más, o existía el riesgo de perder su Mutación pasiva o que algo más que no veía saliera mal, sin embargo su solución ya había llegado.

-Objetos malditos, necesito aprender a hacerlo-, Tomeo se propuso en su mente, pues en sus pensamientos era más sencillo encontrar algún criminal por ahí e implantarle la Técnica de las 10 sombras sin cuidado alguno y posteriormente comérselo, no habría ningún problema, pues en su cuerpo ya estaban impresas las propiedades como Recipiente de Itadori.

Tomeo pensaba con una sonrisa plasmada en su rostro, sin prestar atención a las quejas de Tsumiki por molestar a Megumi, quien también se había quejado.

Satoru había alejado a los gemelos temiendo que Rika quisiera tomar represalias, pero a afortunadamente no sucedió y se concentró en la mirada divagante de Tomeo, sonriendo al reconocer ese tipo de brillo en sus ojos.

Una cosa era segura, el camino de Tomeo Tomoyose había finalizado su prólogo, ahora realmente comenzaría a avanzar y lo haría a pasos agigantados; y él se aseguraría de ello.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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