Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 13 Objetos malditos
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14: Capítulo 13: Objetos malditos 14: Capítulo 13: Objetos malditos Han pasado un par de semanas desde que Tomeo descubrió cómo acceder al Área innata de un hechicero y poco a poco se acostumbró mejor a la vida residencial con los hermanos Fushiguro.
Fue un periodo de tiempo con mucho movimiento, no solo gracias a Tsumiki quien le había asignado tareas del hogar que compartiría con Megumi, reduciendo la carga de ambos.
Sino también gracias a Satoru Gojo, quien decidió incrementar el entrenamiento de Tomeo con maratones tras maratones de películas que pudieran alterar el flujo de energía maldita de su segundo protegido, sino también congestionándolo con pilas y pilas de libros, tomos y papiros sobre la hechicería y su sociedad.
Esto habría molestado a Tomeo; lo hizo en un principio, sin embargo para él sería una gran oportunidad ya que con toda esa cantidad de información y conceptos podía tomarse la libertad de hacer las preguntas que tanto deseaba.
Más concretamente Tomeo buscaba cómo hacer Objetos malditos, pero no podía preguntarle al honrado cómo o siquiera sacar el tema ya que el albino jamás lo mencionó.
Así que sus esperanzas estaban en todos esos textos que Satoru ingenuamente le había entregado gracias a su incompetencia en la enseñanza; pues en cuanto el concepto aparezca no dudará en mencionarlo, tal vez explicando poco a poco algún tipo de proceso o mejor aún, llevándole uno.
Al menos eso fue lo que Tomeo concluyó y una vez más tuvo que dejar pendiente otro paso en su avance hacia la cima.
Sin embargo para Tomeo eso no le fue un problema real, ya que después de su pequeño experimento con Megumi, llegaría a una teoría radical.
-Puedo expandir mi dominio-, Tomeo pensó en aquel entonces y sus fundamentos parecían ser los correctos.
Siendo que la Extensión de dominio es esencialmente manifestar el Área innata en el plano físico, significa que para expandir un dominio uno debía dejar salir la esencia de su alma al exterior con la ayuda de la energía maldita; fuera de su cuerpo.
Por ende, Tomeo solo debía manipular su propia alma y su propia Área innata para hacerla emerger incluso sin la necesidad de usar una barrera, pues él todavía no sabía siquiera hacer una cortina.
Pero en los planes de Tomeo eso es completamente innecesario, ya que su objetivo es realizar la misma hazaña de los milenarios Ryomen Sukuna y Kenjaku: Un dominio sin barrera.
Claro que Tomeo era consciente que no podía ser tan sencillo, pues todavía existían cabos sueltos que necesitaba atar antes de siquiera poner a prueba su teoría dorada.
Su primer paso hacia esa meta era ver su propia Área innata y así lo había logrado, demorando bastantes horas dentro de su propia mente conforme a los días, estudiándose a sí mismo como lo está haciendo actualmente.
Tomeo Tomoyose se encontraba de pie en medio de una construcción carnosa hecha a base de manos que se sujetan entre sí hasta formar una caverna piramidal.
Otras manos sin embargo estaban sueltas del amarre de extremidades y en cambio formaban mudras y signos.
Alrededor no había nada más que un fondo purpura tan oscuro que casi se convertía en negro, como si se estuviera flotando en un espacio sin estrellas, pero de vez en cuando se podía ver una que otra mano levitando a la intemperie.
Su mirada escaneaba hasta el más mínimo detalle de su dominio innato, tatuándolo todo en sus retinas y visualizándolo en el mundo exterior, no como un espacio separado, sino como una ruptura que irrumpe en la realidad misma para forzarse a estar presente.
–Bien es suficiente por ahora-, Tomeo se dijo a sí mismo teniendo una imagen más nítida en su mente, regresando así al mundo real en donde ya estaba amaneciendo.
Independientemente de si su mente descansa o no, Tomeo solo necesitaba una pequeña dosis de Mutación pasiva para tener su cuerpo a pleno rendimiento.
No iba a la escuela, ya que sus estudios los realizaba temporalmente en casa bajo la periódica atención de Tsumiki, que consistía en pequeños exámenes.
Así que realmente tenía mucho tiempo en su búsqueda; se levantó de su cama después de estirar su cuerpo y con los pies descalzos caminó hacia el enorme montón de escritos que yacía en la esquina derecha superior de su cuarto.
Había otro montón con más escritos pero en la esquina izquierda, sin embargo estos eran los escritos que Tomeo ya había revisado y que no contenían nada respecto a los objetos malditos que tanto buscaba.
No era que los leyera a profundidad, simplemente ojeaba los índices en busca del tema.
Ya habían pasado días de esa misma rutina y sus únicas novedades fueron apartar algunos de los escritos y textos más importantes como las técnicas de barrera y la potenciación con energía maldita.
Pero decidió no rendirse y si al final no conseguía encontrar el tema de los objetos malditos esperaría a encontrar la oportunidad idónea para preguntarle a Satoru Gojo al respecto.
Así que así siguió, ojeando y descartando, ojeando y descartando hasta que finalmente un brillo distinto se vio en sus ojos.
Fijó su mirada por unos segundos y entonces suspiró con alivio.
–Vaya, al fin-, Tomeo rezongó con sarcástica emoción cuando finalmente encontró un tomo de aspecto viejo cuyo título bastó para llamar su atención.
–Bien, pero antes de preguntar primero lo verificaré-, Tomeo susurró para sí mismo antes de abrirlo y esforzarse todavía más para leerlo, incluso la sol acción de abrirlo se sintió pesada ya que la hoja tenía un aspecto amarillento y delicado, la tinta por otra parte comenzaba a difuminarse.
Time skip.
Pov: Tomeo.
Satoru Gojo no se apareció en todo ese día, así que gasté mi tiempo estudiando el tomo de los objetos malditos.
En todo el día no salí de mi habitación excepto para comer y cenar la deliciosa comida de Tsumiki, mientras que Megumi no habló conmigo para nada, no es que me importe ya que eso me dejó espacio suficiente y cuando oscureció ya había terminado el tomo.
Contenía todo lo que ya sabía acerca de su propósito y funcionamiento y muchas cosas más detalladas como lo que sucede con el sujeto convertido mientras espera a ser consumido por un recipiente.
Además, me concentré en observar los posibles resultados de ingerir un objeto maldito.
La primera es morir al no soportar el objeto y la segunda es la prevalencia del alma del hechicero convertido en objeto maldito por encima de la de su recipiente que en sí significa que el recipiente muere o al menos sufre daños irreparables tanto física como espiritualmente aunque eso solo es si el recipiente es un no hechicero; con un hechicero puede ser una historia diferente aunque curiosamente no hay nada acerca de un recipiente sobreponiéndose al objeto maldito.
Solo hay registros de convivencia en armonía entre el recipiente y el objeto maldito como ocurre con Hana y Ángel pero eso es algo que el propio objeto maldito debe permitir que suceda al momento de reencarnarse.
Así que Itadori Yuji y yo somos los únicos en el mundo capaces de sobreponernos a un objeto maldito en toda la historia.
Habría pensado lo mismo sobre Rika, pero ella es una maldición, y en el tomo se especifica que las maldiciones no pueden hacer otra cosa que no sea incrementar su poder con el objeto maldito.
Esto es porque al parecer las maldiciones no funcionan como receptáculos, por lo que el hechicero es incapaz de reencarnarse; entonces ahora no estoy seguro de qué hice exactamente con Rika cuando la convertí en recipiente, sea como sea, ahora definitivamente evitaré que se acerque a uno de esos.
Así pasó el resto de la semana, Gojo no vino a visitarnos ni una sola vez así que aguantándome las ganas y salir para al menos intentar comprobar mis teorías sobre mi Extensión de dominio decidí quedarme y leer los textos acerca de la potenciación con energía maldita, cosa que nos habría servido muchísimo a Rika y a mí en esa pelea contra esa maldición de viento.
Incluso le pedí a Rika que prestara atención mientras leía el papiro en voz alta con la esperanza de que ella también aprenda.
Nos la pasamos toda la semana así y Rika de hecho si logró aprender a potenciar su cuerpo con energía maldita, como si lo necesitara.
Pero hoy Gojo al fin vino, así que aquí estoy terminando de vestirme a la velocidad de la luz y bajando las escaleras lo más rápido que pude con el tomo de objetos malditos en la mano.
-¡No corras en las escaleras!-, escuché a Tsumiki gritarme pero no me detuve.
-¡Lo siento!-, me disculpé justo antes de saltar los últimos escalones y llegar a la sala en donde pude ver a Gojo molestando a Megumi.
-Vamos pequeño Megumi, ¿Cuándo aceptarás tu destino?-, Gojo preguntó mientras le daba coscorrones en la cabeza al pobrecito.
No, en realidad son caricias, unas caricias demasiado rápidas.
-¡Gojo-San!-, llamé y rápidamente capté su mirada aunque la tenga oculta tras esos lentes, su mirada todavía es así de abrumadora.
-Ah, mi alumno estrella-, Gojo alzó los brazos pero no sé qué signifique eso, no me importó.
En su lugar alcé el tomo que tenía en la mano.
-Gojo-San, me gustaría que me enseñes un objeto maldito-, no me contuve y pedí, esta era la mejor oportunidad que tenía y ya no quería esperar, literalmente lo único que me falta es la Extensión de dominio y entonces habré dominado la Mutación pasiva, pero estoy seguro de que eso no será suficiente para ganarle a alguien como Sukuna.
Pude ver como la sonrisa de Gojo se hizo más pequeña, y tomó el tomo de mis manos para examinarlo un poco.
Lo vi quedarse así un buen rato hasta que de la nada comenzó a darme auténticos coscorrones.
-¡Mierda!
¡Deja de hacer eso!-, gruñí, no recuerdo que me hayan hecho esto excepto en la maldita primaria de mi primer vida.
-¿Qué tramas pequeño Tomeo?-, Gojo me preguntó, en un tono que sinceramente me hizo preguntar si la había cagado.
–Nada, no quiero comerlo solo quiero saber cómo funcionan-, respondí con dificultad y este por fin me soltó.
Apreté los ojos con fuerza y me sobé con las dos manos, realmente me dolió.
Luego levanté la mirada y encontré que Gojo me miraba directamente.
Casi me orino encima, pero me di cuenta que solo quería saber si decía la verdad así que resistí la presión todo lo que pude.
Realmente no pretendía comérmelo y mucho menos lastimar a alguien con él, nadie en esta casa al menos pero eso no tendría por qué saberlo por ahora.
Sostuve mi mirada, era difícil, ya ni siquiera sé de qué tipo de humor se encuentra, su mirada es totalmente neutral.
“APLAUSO” Salté del susto por eso.
-¡Muy bien!
Pero tendrás que esperar un poco, conseguir uno de esos es difícil y solo podré prestártelo un par de horas ¿está bien?-, Gojo preguntó y yo asentí rápidamente, creí que sería mi fin.
–De acuerdo, ahora quiero ver tus avances, ¿Qué has aprendido?-, Gojo me preguntó y pude sentir claramente como la sala se había vuelto mucho menos pesada.
Miré a mí alrededor y no vi a Megumi en ninguna parte, ese bastardo me vendió.
Segundo time skip.
Pov: Normal.
-¡Aquí tienes!-, Satoru Gojo exclamó con su enorme sonrisa mientras le restregaba algo a Tomeo en el rostro.
Tomeo dio un pequeño paso hacia atrás y observó lo que le ofrecían.
Tenía forma de un feto diminuto, la cabeza era demasiado grande para su cuerpo pero desde su trasero emergía una enorme bola adherida.
En pocas palabras, era horrible, pero eso no le importó ni un poco a Tomeo mientras lo tomaba con suavidad.
-Huuuuh-, Tomeo tarareó con curiosidad mientras lo cargaba con sus dos manos en forma de cazuela.
Satoru Gojo por otra parte, entró al comedor para saludar a la siempre alegre Tsumiki y molestar al siempre fastidiado Megumi.
Pero Tomeo ignoró esto y en su lugar se sentó en uno de los sofás mientras no dejaba de mirar el objeto maldito.
-Ni siquiera me dijo quién es este…
objeto maldito-, Tomeo murmuró con resignación aunque no era que le importara mucho.
–Gojo-San, ¿De qué grado es?-, Tomeo decidió preguntar por precaución.
–Aaaaah de tercer grado si no me equivoco, no importa-, Satoru respondió como si nada y eso fue lo suficientemente convincente para Tomeo al menos.
Confiaba en su poder, pero casi se inclinaba a creer que Satoru traería algo como un Dedo de Sukuna o alguna mierda de clase especial.
Eso sería definitivamente algo de descerebrados.
Entonces cerró los ojos y cerró sus manos alrededor del objeto maldito.
–Mutación pasiva: Análisis-, Tomeo entonó en voz baja y con un refinamiento más adecuado se sumergió en la esencia del objeto maldito, sin embargo no vio el cristal que representaba el alma del objeto, sino que se vio directamente al interior de una nueva Área innata.
Tomeo sabía que eso pasaría, sobretodo porque en el tomo también habían registros de cómo estos podían tomar represalias en contra de algún incauto de nivel inferior que ose perturbarlo de forma indebida, siendo el efecto instantáneo el de ser enviado directo hacia el dominio innato del objeto maldito en cuestión, aunque esto como es evidente, solo termina a favor del objeto maldito si este es superior al hechicero agresor.
El joven pseudo-hechicero miró a su alrededor y se encontró pisando pasto, mirando a sus pies, descubrió que era de un tono oscuro, casi azul, pero al momento de alzar nuevamente la vista se encontró con un clima nublado, no había niebla, pero todo lo que se miraba era gris oscuro sin contar el suelo.
Entonces lo vio, un anciano de muy baja estatura sentado en el suelo con las rodillas a la altura del pecho, su vestimenta era un kimono tan gris como el cielo nublado que caía sobre ellos, su rostro totalmente arrugado ni siquiera tenía la aparente fuerza para abrir sus ojos.
Tomeo no la pensó dos veces y con su recién aprendida potenciación cargó contra el hombre con el puño alzado y convertido en un bloque.
El anciano también trató de moverse con una calma que rápidamente pasó a la conmoción cuando el puño cubico lo enterró en el suelo.
–Bueno, eso es todo-, Tomeo exhaló antes de arrodillarse e ir directo a su objetivo.
–Mutación pasiva: Análisis-, Tomeo analizó con libertad el alma del anciano desde su zona más profunda, la información recorrió su mente y las diferencias ya comenzaban a aparecer.
Tomeo supo que lo que estaba tocando definitivamente no podría llamarse humano, pero tampoco era lo mismo que una maldición ni un espíritu vengativo, era algo más; era un objeto maldito, ni más ni menos.
Y mientras esto ocurría, en el exterior Satoru Gojo volvió a la sala de estar, en donde había dejado a Tomeo con el Objeto maldito, solo para encontrarlo sentado en uno de los sofás, con los ojos cerrados y las manos aferradas al Objeto maldito.
-Sabía que tramabas algo-, Satoru suspiró con un sentimiento desconocido, tal vez lo más cercano era la curiosidad, pero al menos sabía que con la simple vista del cuerpo de Tomeo amoratándose en oleadas de color junto al Objeto maldito entonces el niño se encontraba analizándolo.
Sin embargo por otro lado sonrió, ya que no percibió que el alma del hechicero en espera de reencarnarse lograra tomar represalias.
–Por eso preguntó por su grado-, Satoru dedujo rápidamente pero al final decidió simplemente encogerse de hombros y esperar a que Tomeo recobre la consciencia.
Y cuando finalmente despertó, notó que su mirada al encontrarlo ya no era de sorpresa, incluso se levantó y simplemente se lo devolvió en silencio mientras su pequeña mirada se desviaba hacia la contemplación.
-Entonces, ¿Qué has descubierto?-, Satoru preguntó con los ojos ocultando su curiosidad detrás de sus vendas, pero la verdad era que lo que Tomeo estaba descubriendo lo consideraba bastante serio.
Incluso el todavía sonriente Satoru Gojo tenía que admitir que la técnica maldita de su protegido más dedicado tenía un potencial absurdo y se preguntaba si el propio Tomeo era consciente de esa misma clase de potencial.
Aunque muy pronto comprendería que dicha suposición iba más allá de la verdad.
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