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Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Capítulo 20 Típico del Clan Zenin
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21: Capítulo 20: Típico del Clan Zenin 21: Capítulo 20: Típico del Clan Zenin -¡Claro que no!

¡No se mudará con ustedes bola de antiguos!-, escuché a Gojo burlarse en la sala de abajo, yo estaba guardando mi flogger, sería la última arma que me llevaría porque ya comienzo a sentir el peso de lo que tengo guardado en mi sombra, un defecto de esa habilidad.

Gracias a los apuntes de Juzo sé que ese flogger sirve para matar de dolor literalmente; como instrumento de tortura que es, su poder es multiplicar el dolor que inflige hasta el punto en que el cuerpo decida rendirse y apagarse, cosa que ya de por sí sucede con un flogger normal en una persona cualquiera.

Para mí eso ya colocaría a este flogger en la categoría especial pero Juzo la clasificó como el pináculo de las herramientas malditas de primer grado, aunque eso tampoco me desagrada.

Ahora mismo estoy ordenando el trabajo restante de Juzo y dejando que Rika a mi lado los guarde, ella no parece tener la desventaja que yo tengo a la hora de guardar objetos o es lo suficientemente fuerte como para que no le importe.

Y mientras hago esto, evalúo los beneficios que podría sacar de visitar el complejo de los Zenin.

Obviando los escritos sobre la Técnica de las diez sombras, pero no solo serían los de Tigre funerario y Mahoraga, también estarían las combinaciones de shikigami que se pueden hacer sin necesidad de destruirlos para heredar habilidades.

También, debería haber algo respecto a la Emoción de pétalos caídos, la técnica anti-dominio que solo se enseña dentro de los 3 grandes clanes.

Aunque Gojo la conoce dudo que quiera enseñármela todavía por mi seguridad, énfasis en todavía, pero yo tampoco quiero esperar semanas para que aparezca en casa.

Así que si tengo la oportunidad tomaré nota para aprenderla por mi cuenta.

Eso sería lo más básico, el Dominio simple también debería ser una opción, pero tengo que tener cuidado, no debo aprenderlo de alguien, debe ser a base de observación para evitar el voto vinculante del Nuevo estilo de sombras, los peces gordos una vez más jodiendo en lugar de ayudar.

Es demasiado complicado, y preferiría arriesgarme con Emoción de pétalos caídos.

Debería ser todo, pero hay algo que no me deja de rondar en la cabeza: las gemelas Maki y Mai.

No solo estoy pensando en la Restricción celestial de Maki, la cual según mi hipótesis podría copiar casi en su totalidad, solo sacrificando la inmunidad a las maldiciones, pero Mai tampoco se queda atrás, ella tiene la técnica maldita de Construcción, una que si no fuera por su minúscula reserva de energía maldita la habría puesto rápidamente en la primera clase como mínimo, aunque tampoco habría sido muy probable gracias a su familia.

Había pensado en copiar esa técnica para mí o para alguna pobre alma que modifique en el futuro, así tendría a dos forjas con enfoques diferentes, pero ahora que lo pienso mejor, tengo a alguien que podría usarla mejor que la mismísima Yorozu.

-Rika-Chan-, la llamé, viendo que habíamos terminado de guardar todo el botín de la misión anterior.

-¿Sí?-, pregunta emocionada.

-¿Tu eres muy creativa verdad?-, le pregunté, tomándola de su rostro adorable y horrible.

Viéndola sonreír enormemente.

-¡Sí!-, ella asiente como pájaro carpintero.

-Perfecto, entonces, me preguntaba, ¿Te gustaría tener finalmente una técnica maldita?-, le pregunté y ella comenzaría a revolotear por toda la habitación como un jodido tornado.

-¡Siiiii Tomeo-Kun, quiero tener mi propio súper poder!-, Rika comenzó a festejar pero la detendría en pleno vuelo.

-Espera, es un secreto-, la callé y siseé con fuerza, Rika se quedó quieta al instante.

–Verás, mañana iremos a un lugar donde viven muchos hechiceros, seguro nos escuchaste a mí y a Gojo-Sensei hablar ¿verdad?-, continué y Rika volvió a asentir mientras se tapaba la boca y daba risitas.

-Bien, quiero traer aquí a dos hechiceras con habilidades muy especiales-, solté la bomba, intentando no parecer nervioso por saber cuál sería la reacción de Rika, que ahora estaba en silencio y no sonreía.

–Una de ellas puede crear cualquier cosa que se imagine siempre y cuando comprenda como es y de qué se compone.

Y quiero regalarte esa técnica, ¿Qué te parece?-, pregunté, esperando que esa expresión que tiene ahora solo sea de pensar.

-Tomeo-Kun…

¿Por qué tienes que traer más mujeres a nuestras vidas?

conmigo es más que suficiente.

A veces te dejo saludar a Fushiguro-, Rika comenzó a lloriquear mientras me abrazaba y restregaba su cabeza con la mía.

Es menos de lo que pensé que haría así que está bien por ahora.

-No es eso Rika-Chan, sabes que no soy así, pero si no hago algo podrían abusar de esas chicas y no me lo perdonaría si eso llegara a pasar cuando pude hacer algo al respecto.

Además…

quiero que tengas amigas de tu edad-, hablé o más bien gruñí con los apretones de Rika, eso último me lo saqué de la manga, estoy casi seguro que tienen la misma edad, Rika y las gemelas.

Cuando dije eso, Rika dejó de abrazarme y me miró, de alguna forma sentí que si tuviera ojos entonces me estaría haciendo ojitos de cachorro.

–Pero tú eres todo lo que necesito-, ella respondió, y lo dijo de tal forma que realmente me enterneció; casi me convence de desistir.

Así que todo lo que hice fue abrazarla y ella no tardó en corresponder el abrazo.

-Lo sé, Rika-chan, pero no es lo mismo, yo soy un chico; deberías relacionarte con más niñas y hacer amigas-, insistí, pero mi voz era lo más suave y empática posible.

Sé que Rika es…

diferente, con fijaciones diferentes, pero tampoco me gusta que todo el tiempo se comporte como un perro guardián.

No me ha respondido.

-¿Lo intentarías?

¿Por mí?-, pregunté.

-¿Y si intentan algo contigo?-, ella pregunta, joder.

-Entonces solo diles que no pueden-, respondí y ella volvió a mirarme directamente mientras me sostenía de los hombros y flotábamos.

–Porque yo soy tu novia ¿verdad?

No hay otra perra-, ella pregunta con sus enormes dientes alineados en una sonrisa gigante que me respira en toda la cara.

-Sí, Rika…-, estaba por responder sin embargo de un momento algo se me metió en la boca, miré hacia abajo confundido pero entonces mi estómago se hundió, literalmente, porque ahora Rika está encima de mí mientras intenta ahogarme con su lengua, ¿Es su lengua cierto?.

Siento escalofríos y no puedo evitar saborearlo; siento como baja por mi jodido esófago.

Sabe horrible.

-Gluurck-, intenté hablar pero solo pude expulsar un sonido digno del más cerdo Hentai, el aire comenzaba a faltarme así que comencé a tratar de alejarla, pero no podía, ella me tiene totalmente acorralado.

No lo puedo creer, mi primer beso en esta y en la vida anterior…

es este, una lengua larga y enorme revolviéndome las putas tripas.

Seguí luchando, mis oídos ya comenzaban a zumbar y la vista se me nublaba.

Hasta que Rika decidió que era suficiente y sacó su lengua de mí.

Jadeé por aire al instante, -¿Qué diablos acaba de pasar?-, me pregunté, pero Rika ya estaba abrazándome, haciéndome estremecer, que no lo haga de nuevo por favor.

-Está bien Tomeo-Kun, lo haré-, ella dijo, haciéndome suspirar y sobarme el cuello, que me duele bastante.

-Está bien pero no vuelvas a hacer eso por favor-, hablé, pero la voz me salió ronca y rasposa.

Rika no dijo nada, solo se rio con inocencia claramente fingida mientras yo me sobaba el cuello.

-Te amo, Tomeo-Kun-, ella ronroneó mientras volvía a restregarse contra mí.

No sé qué decir, ahora Rika ha robado mi primer beso, si esa…

penetración…

podría llamarse así, carajo.

–Rika-Chan, ¿Ya olvidaste lo que acordamos?-, pregunté, me refería a iniciar una relación a los 18 años.

–Ya lo sé Tomeo-Kun, juro que no lo volveré a hacer pero…

no pude evitarlo-, Rika no lloró, siguió ronroneando mientras jugaba con mi camisa.

Supongo que ese beso fue el precio a pagar por traer a las gemelas aquí.

No creo que Tsumiki tenga problemas, no solo es buena persona sino que la casa también es grande.

Al día siguiente.

Nuestro querido honrado Satoru Gojo se la pasó casi toda la noche haciendo llamadas, más de las que me habría esperado.

Reconocí el nombre de Naobito Zenin en esas llamadas, y de cómo era imposible que yo me mudara al complejo del Clan Zenin.

Una idea que también me pareció poco atractiva.

Según lo que recuerdo, el trato con Naobito incluía la protección y orientación de Megumi mientras ambos continúen con vida o en pleno uso de sus facultades, incluso si solo Naobito muere o queda incapacitado sería Naoya quien tomaría el puesto de líder del Clan Zenin y el acuerdo seguiría vigente, pero, si es Gojo quien se muere o incapacita entonces se colocará a Megumi como líder del clan para mantenerlo en una posición privilegiada e influyente.

Me pregunto si puedo sacar provecho de eso en caso de que pase lo que en el Incidente de Shibuya.

Otro tema urgente pero que por suerte tengo mucho tiempo para resolver.

Ya sé que muchos que reencarnaron al igual que yo lograron evitarlo o más bien consiguieron matar a Kenjaku antes de que lograra iniciar los Juegos del sacrificio.

Se necesita mucho poder para esto si tenemos en cuenta el peor escenario, que sería enfrentar a Jogo, Mahoraga, Sukuna, Mahito y Kenjaku en ese orden.

Aunque tengo tiempo suficiente para corregir a Megumi y enfriar esa obsesión por spamear a Mahoraga como si fuera su básica de LOL.

Y algo que también debería evitarse con facilidad es la aparición de Sukuna, siempre que logre deshacerme de Jogo en el momento indicado.

En fin, solo sé que, por muy cruel que suene no voy a evitar que Kenjaku tome Shibuya como rehén, y si no puedo matar a Kenny esa misma noche entonces simplemente dejaré que los Juegos del sacrificio inicien.

No soy idiota, idiota sería hacer que Kenny optara por crear otro plan o usar un plan b que claramente no conozco y entonces provocar bajas peores.

He leído suficientes fanfics para saber que el Incidente de Shibuya puede resolverse rápidamente con el poder y conocimientos necesarios y yo tengo todo eso, y ahora el Clan Zenin tiene lo que necesito para garantizarlo.

-Recuerda lo que hablamos Rika-Chan, no puedes salir para nada o nos meteremos todos en problemas, debes ocultar absolutamente todo tu poder-, le hablé a Rika, ha estado un poco callada desde…

anoche, pero no siento que esté molesta.

–Biiieeeeen-, Rika estaría haciendo un puchero a juzgar por su tono, está claro que la idea de traer a Maki y Mai sigue sin gustarle, pero al menos el beso de anoche sirvió.

-Ya llegamos-, Gojo dijo a mi lado, uno de los ayudantes nos llevaba en su coche.

Me recliné en mi lugar, todo afuera comienza a ser bosque, hemos estado así bastante tiempo.

Ahora, tengo que preparar mi acto de chico silencioso.

Miro por la ventana y por fin hay algo más que árboles, empiezo a ver vallas de piedra, algunas estatuas que seguro presumirían que vienen de la era Heian pero en realidad son replicas.

También comienzo a ver algunas puertas torii asomándose entre los árboles.

Pov: Normal.

La pronta llegada del usuario de la Técnica maldita de las diez sombras se extendió como un reguero de pólvora gracias a la boca suelta de Naobito Zenin, todos y cada uno recibieron la noticia y se prepararon mentalmente para la escena próxima a suceder.

Aunque contrario a lo que Tomeo imaginaría en un principio.

Si bien la envidia era algo que corroía los corazones de absolutamente todos en ese lugar, sin excepción alguna, la realidad era que en su gran mayoría no harían nada al respecto; aquellos que ni siquiera nacieron con el talento para ejercer una técnica innata o heredada, solo podían resignarse a esperar que sus genes mediocres produzcan un golpe de suerte, tal como sucedió con Toji Zenin como ellos saben.

La ironía del asunto, el hecho de que el usuario de la milenaria Técnica de las diez sombras haya sido heredado por el hijo de la decepción de su clan es un hecho que solo uno sabe valorar correctamente en esa familia.

El resto sienten sus estómagos retorcerse con irritación antes de aceptarlo con pesar, para entonces pensar en contramedidas; el prestigio y el estatus era lo único que había en sus mentes, y para aquellos que habían tenido la desdicha de engendrar hijas, ahora lo consideraban una potencial bendición.

Solo fue una noche, pero eso bastó para que los buitres alistaran a sus mejores polluelas, acordes a sus tradiciones.

Incluso el cabecilla que nunca fue, Ogi Zenin, tuvo la grandiosa idea de preparar a sus hijas gemelas para la llegada de un candidato a heredero del propio clan después del futuro deceso de Naobito.

Al frente de las enormes puertas del complejo ya se encontraban dos filas de asistentes preparadas, todas eran mujeres, observando el elegante vehículo negro acercándose.

No pasó ni un segundo desde que se detuvo cuando la puerta se abrió, saliendo rápidamente el “Mismísimo Gojo Satoru en persona”, así lo pensaron.

Entonces las puertas se abrieron, todo perfectamente preparado para evocar una grandeza y teatralidad que ciertamente no tenían.

El honrado sabía esto, lo que lo hizo sonreír, incluso el dichoso Megumi Zenin, aún envuelto en su acto no pudo evitar sonreír con burla por unos momentos al ver a Naobito Zenin acercándose con una sonrisa socarrona en su rostro.

Incluso se podría decir que estaba orgulloso, de sí mismo claro, por ser la cabecilla de su clan en la era en que un usuario de las Diez sombras emergía nuevamente; él gozaba ese momento.

-Vaya bienvenida nos arreglaste viejo-, Satoru saludó con la mano, sin ni un ápice de cortesía o etiqueta, pero a Naobito no le importó; porque él tampoco tenía nada de eso.

-Niño, no vine a hablar contigo, ahora deja de esconderlo-, Naobito escupía una cantidad innecesaria de su alcoholizada saliva al hablar, su sonrisa socarrona y borracha todavía presente; de su cintura colgaba una calabaza medio vacía de su sake de la mañana.

Entonces Tomeo bajó, su máscara pétrea ya relucía en todo su esplendor para agrado de Naobito, quien cruzó miradas con el chico.

-Sí, definitivamente es su hijo-, pensó el anciano mientras jugueteaba con uno de sus afilados bigotes.

Por otro lado Tomeo lo reconocía al instante solo con ese carácter colorido y desbordante.

Incluso en su vida pasada, detrás de las pantallas eso hacía que casi olvide que él también es un monstruo, es solo que sabe bien como ocultarlo.

-Ahí está-, la voz de Naobito tronó, esta vez sin escupir residuos de sake.

Bajó por la escalera con relativa calma, pero al tercer escalón ocurrió algo que Tomeo no esperaba.

Detrás de Naobito emergieron dos figurillas que también reconoció al instante; de la misma cara, vestidas con kimono blanco pulcro y hakamas de tono amoratado.

Sus cabelleras, ambas de color verde oscuro no les llegaban siquiera a los hombros.

No habría habido diferencia entre las dos niñas, excepto que una de ellas llevaba gafas enormes y redondas, y tenía una expresión triste.

El reconocimiento de Tomeo se materializó en una mirada que, aunque corta, duró lo suficiente para ser notada por Satoru, y también Naobito.

Este último de hecho se sorprendió.

–No creí que daría resultado-, pensó, su mente dirigida a su hermano y la petición que le hizo de mantener a sus hijas cerca de él para permanecer el mayor tiempo posible serca del presunto Megumi.

De modo que el papel de Naobito en la jugarreta de su carroñero hermano sería el de ofrecer a las gemelas para lo que Megumi quisiera, desde asistentes o concubinas o hasta prometidas directamente.

Pero después de ese pensamiento sonrió con aún más fuerza, pensando que como su obra buena del día ayudaría a su hermanito con su eterna amargura.

-Sí que te pareces a tu padre, te llamas Megumi ¿cierto?-, Naobito avanzó una vez más, recibiendo una mirada plana del susodicho.

-Así es-, respondió.

-Viejo, cuanto menos tiempo estemos aquí mejor, solo danos la llave de los archivos-, Satoru interrumpiría, inclinándose para tapar la vista de Naobito del rostro del pelinegro.

-¿Ah?

¿No puedo hablar con mi nieto?-, Naobito preguntó, pero solo recibió una ceja levantada por parte del albino.

Naobito chasqueó la lengua.

-Como sea, me alegra verte-, Naobito se encogió de hombros, metió la mano en su hakama y sacó una llave de aspecto viejo, era grande, como las llaves antiguas.

-El trato es que solo tú puedes entrar, pero ellas dos pueden acompañarte-, Naobito habló, haciendo un gesto con la cabeza hacia las gemelas, que permanecían quietas y con la mirada baja, al menos hasta que fueron nombradas.

Y con eso dicho, Tomeo se dispuso a entrar con una mirada incomoda.

Dando un paso hacia el interior del complejo con Naobito a su lado izquierdo y Satoru en el derecho.

Detrás de ellos, Maki y Mai los siguieron obedientemente a tres pasos de distancia, sus miradas se rebajaron solo a las pantorrillas de los tres hombres que ejercían una presión nunca antes imaginada por las gemelas.

Solo Megumi Zenin era lo bastante polémico, el epitome de lo que ambas envidiaban, pero también estaba el engañosamente vivaracho Naobito, un auténtico lobo que deja su disfraz de cordero cínicamente mal puesto.

Y como la joya que hace que la corona pese, está Satoru Gojo en persona, cuya atención no estaba en lo absoluto en ellas, sin embargo su sola presencia provoca un abrumador hundimiento de entrañas incluso en la tenaz Maki.

Por otro lado, la vista que recibió a Tomeo no le permitió ver ciertas anomalías en un principio, en cambio disfrutaba de la arquitectura japonesa tradicional, algo que no veía muchas veces pese a su reencarnación como japonés.

En su vida pasada gustaba de ver imágenes al respecto cuando era niño, así que siguió caminando mientras su mirada revoloteaba, confiando en Satoru para guiarlo hasta la sala de archivos.

No fue hasta unos minutos más tarde que, en plena caminata comenzó a sentir las miradas de todos sobre él.

Tomeo parpadeó, finalmente notando un comportamiento que no esperaba.

Ya se había mentalizado para recibir todo tipo de miradas, desde aquellas que alababan hasta aquellas que anhelen su muerte, pero lo que veía era diferente.

Mirara por donde mirara, muchos adultos sostenían los hombros de jóvenes muchachas que vestían de la misma forma que las gemelas.

Sus miradas variaban, desde aquellas esperanzadas y llenas del brillo de la ilusión, hasta aquellas vacías y resignadas a su trágico destino.

Para Tomeo, antes Johan, que vino desde Occidente, el gesto de los que supuso son los padres sería de protección, sin embargo sabía que pisaba el corazón del infame Clan Zenin, por lo que el verdadero significado de lo que estaba pasando llegó rápidamente a sus conclusiones.

La idea le provocó escalofríos, y una infinita vergüenza ante la posibilidad de estar sacando conclusiones apresuradas, así que, contra su mejor juicio decidió hacer una pregunta sutil.

-Ehm, ¿Qué hacen?-, Tomeo solo pudo preguntar, la duda real que había en su voz enmascaró esa inocencia inexistente.

Satoru suspiró, Mai bajó más la mirada y los labios de Maki ocultaron su gruñido de indignación, solo Naobito lo miró de reojo ante la pregunta, sonriendo con picardía.

-Quieren ver si alguna te llama la atención muchacho, como portador de nuestra técnica insignia, tienes muchas ventajas jejé-, él respondió, haciendo que las sospechas de Tomeo se confirmaran.

Como buen occidental moderno de espíritu, le enfermaban costumbres así, sin embargo no permitió que su cabeza se inundara y en su lugar mantuvo sus pensamientos fríos, sabía que estas cosas pasaban y que las usaría a su favor.

En su mente ya era más que obvio que las gemelas también estaban incluidas dentro de esa posibilidad y no iba a desaprovecharla por muy mal que se viera.

Ante ese pensamiento su mente dio un salto fugaz hacia cierto fanfic que leyó alguna vez, uno que solo visitaba en su hora feliz; sabía que debería sentir vergüenza por ello pero aun así era el mejor ejemplo que tenía frente a semejante situación.

-Ah-, Tomeo solo respondió devuelta, ya tomando una decisión y volteó a mirar a las gemelas, quienes lo sintieron, alzando la mirada por unos segundos antes de regresar hacia abajo con distintos niveles de aprensión.

-Ellas también están disponibles-, Naobito habló con el mismo tono pícaro de antes al notar la breve interacción, provocando un temblor en los labios de las gemelas; su humillación evidente.

Pero Tomeo lo sabía, -Si las salvo a ellas, podría salvar a todas las demás-, pensó, su decisión siendo definitiva.

-Viejo…

ya cierra la boca-, Satoru finalmente habló, su tono demostrando lo fastidiado que estaba.

El resto del camino siguió en silencio mientras llegaban a los pasadizos, Tomeo tenía la vaga sensación de caminar rumbo a la cámara de tortura, pero pronto Naobito se detuvo en una puerta en particular.

Buscó en su hakama de nuevo y le tendió la llave a Tomeo, quien la tomó sin decir nada y entonces abrió la puerta.

Todavía sin decir palabra se adentró en la sala que se iluminaba con lámparas de gas y velas.

–Parece que retrocedí décadas al jodido pasado-, Tomeo no pudo evitar pensar mientras caminaba observando las estanterías.

-Ayúdenlo en lo que quiera-, escuchó a Naobito decir, su tono alguna vez extravagante se enfrió lo suficiente para hacer que Tomeo lo mire por unos segundos ordenándole a las gemelas, quienes se apresuraron en quedar tres pasos detrás de él.

Al ver esto Naobito volvió a sonreír con sorna y cerró la puerta, dejando a los tres niños solos.

Se formó un silencio sumamente incómodo para todos, Tomeo en especial, miraba a Maki y Mai no como lo que eran, sino como celebridades en los comienzos de sus respectivos desarrollos, Maki por supuesto, destacaba por encima de su hermana como la futura autora de la Masacre del Clan Zenin.

Pero prefirió seguir en silencio y asumiendo que ninguna había entrado al área en donde estaban, buscó los registros de la Técnica maldita de las diez sombras por su cuenta.

La sala era una biblioteca abarrotada de pergaminos, papiros y libros que variaban en antigüedad.

No le preocupaba, en el camino Satoru le había dicho que podía tomarse todo el tiempo que deseara.

Tronó su cuello, un gesto dramático, y empezó a esculcar en los títulos de las secciones, que iban desde la historia del clan, las cabecillas desde la primera hasta Naobito, la vigésima sexta cabecilla y luego estaban las técnicas de miembros notables.

Había más documentos sobre historia que aquellas técnicas innatas.

-Algo me dice que tienen esto aquí con la esperanza de que surja una nueva técnica hereditaria.

Y hablando del rey de Roma, todo lo demás pertenecía a las técnicas heredadas, aunque seguía habiendo más sobre la historia del Clan Zenin y la sociedad del jujutsu en general, no importa-, Tomeo pensó.

Caminó más rápido hacia esa sección, escuchando los pasos de las gemelas detrás de él.

Se adentró en los estantes, dentro de los cuales había más secciones más pequeñas, pero dos resaltaban entre las demás.

Leyó la más pequeña y le pareció lógico que resultara ser la Técnica de proyección.

Entonces, naturalmente en la más grande encontró lo que había venido a buscar.

Miró la cantidad de hojas y todo lo que había venido a documentar.

Lentamente sacó su teléfono de su bolsillo y respiró hondo.

-Aquí voy-, se dijo a sí mismo y avanzó.

Mientras tanto, fuera de la biblioteca, Satoru se encontraba fastidiado, así que no perdió el tiempo y preguntar.

-Viejo, ¿Quieres explicarme lo de allá afuera?-, El honrado preguntaría, Naobito a su lado, ambos recargados en la pared y de brazos cruzados, los labios de Satoru permanecían rectos mientras que los de Naobito destilaban condescendencia y cinismo.

-¿No es obvio?

Nuestro deber es preservar la línea de sangre, incluso en ustedes los Gojo, no, especialmente ustedes deberían entenderlo-, Naobito respondió con voz irónica, tachando a Satoru Gojo de hipócrita.

-¿No te importa que sean jóvenes?-, Satoru preguntó, tal vez con poco más de seriedad de la que pretendía mostrar, haciendo que Naobito alzara los brazos en señal de rendición, pero sin dejar de juguetear.

-Bueno puede que todavía no quiera nada, por eso limité mi lenguaje.

Pero nada me dice que el chico no regrese por mis queridas sobrinas en el futuro-, Naobito respondió con voz sospechosamente melosa.

-Las hijas de Ogi, y sumamos el nepotismo a la lista-, Satoru reconoció para sus adentros.

Él no lo sabe, pero si hubiera algo con lo que coincidir con Ryomen Sukuna, es que la ley la dicta el más fuerte.

Solo que, a diferencia de la leyenda viviente, a Satoru Gojo solo le hace falta un mal día más para dar el paso, su corazón aparentemente helado tan solo es tibio y desinteresado a menos que profundice su involucración.

Pero mientras eso sucedía, afuera en el complejo las charlas se llevaban a cabo acaloradamente, particularmente los padres regañaban y fulminaban con la mirada a sus hijas, quienes no habían logrado atraer la atención de Megumi Zenin en lo absoluto, perdiendo así su única oportunidad de escalar en la jerarquía social de su clan o al menos esa era la idea que contaminaba sus mentes, mientras unos pocos aún mantenían la esperanza y enviaban a sus esposas a esperar junto a sus hijas a la entrada de los pasillos.

El nombre de Megumi Zenin se extendía como pólvora y revoloteaba en todo el lugar como un mosquito molesto, en particular, irritando a un joven de cabello teñido amarillento, mirada afilada y aura permanentemente tensa.

Sus oídos se crispaban con el alboroto susurrado de fuera de su habitación, su nombre ya no era mencionado, sino reemplazado, y eso lo enfurecía.

Sabía perfectamente de quien estaban hablando y lo que podía implicar para él, el llamado genio del Clan Zenin, así que sin mediar consecuencias decidió que era hora de dejar las cosas claras, sin saber que sus intenciones jugarían en su contra.

A paso pesado salió de su cuarto y caminó directo a la sala de archivos, donde Megumi tomaba los títulos que buscaba y sin dar más que un pequeño vistazo procedía a tomar una fotografía, todo esto siendo observado por las gemelas que, se encontraban francamente indiferentes ante lo que Tomeo hacía.

Mientras que él, no sabía cómo podría hablarles por primera vez.

Ya había superado el hecho de que esas dos niñas son personas reales de carne y hueso y ya no un conjunto de pixeles proyectados hacia sus ojos.

Pero no olvidaba la importancia que recae en ellas para la posteridad, Maki resaltaba como un pulgar dolorido bajo ese contexto y temía que su relación comenzara manchada por lo que tenía planeado pedirle a Naobito.

-No, todo debería resolverse al llegar a casa-, Tomeo parpadeó ante su resolución, decidiendo que todo lo que tenía que hacer era imponer su supuesta condición como hombre prodigio del Clan Zenin y simplemente hacer lo que esa clase de gente hace.

Con esa línea de pensamiento concluyó que estaría a salvo de la ira de Maki en el futuro a corto y largo plazo.

-Bueno…

¿Cómo se llaman?-, Tomeo decidió finalmente romper el hielo cuando la mayor parte de la información que buscaba ya estaba en sus manos, o su teléfono.

Las gemelas por su parte casi saltaron en sus lugares al haber escuchado su voz finalmente, siendo Mai la más sumisa ante su situación fue la primera en responder con su nombre, su voz emergiendo con una suavidad que caminaba entre la servidumbre y la resignación.

Maki por otro lado la siguió con el suyo propio, pero su voz salió casi como un gruñido, su postura indicaba que deseaba proteger a su hermana, desde su mirada mordaz hasta el hecho de que fuera de la vista de los “viejos tontos” ella se encontraba más adelante que Mai, como si quisiera recibir cualquier golpe que viniera en su lugar, una costumbre que por desgracia se arraigó en ella en vista de su potencia física sobrehumana.

-Mucho gusto, me llamo Megumi Fushiguro-, Tomeo se presentó con una sonrisa que las gemelas no vieron, pero si sintieron a través de su tono.

Ambas se miraron por unos segundos antes de que Maki alzara una ceja.

-¿Fushiguro?-, preguntó ella, cada silaba pausada para evitar pronunciarlo mal, no por respeto, sino por orgullo.

Ante la pregunta Megumi asintió.

-Sí, aquí compartimos apellido supongo, pero afuera soy Fushiguro que es el apellido de mi madre…

ella murió hace tiempo-, Tomeo hizo un esfuerzo en su actuación con esa pregunta, finalizando con una voz murmurada y deprimente.

Las gemelas no dieron respuesta; no pudieron hacerlo pues no estaban acostumbradas en lo absoluto a ver a un hombre mostrarse así de vulnerable ante ellas.

Mai en especial, estaba atónita y muda.

–Ahm…

lo sentimos-, Maki murmuró haciendo lo posible por tragarse su inseguridad recién descubierta.

Tomeo sonrió ante esto, era muy obvio lo que pasaba y lo tenía divertido y amargado a la vez.

-Está bien-, solo dijo antes de tomar el papiro más importante, el Tigre funerario.

Esta vez no fue como las otras veces, Tomeo no tomó fotografías sin más, sino que se detuvo a leer detenidamente el contenido.

Sonriendo cada vez más ante lo que veía, partiendo por su diseño, la hoja teñida y amarillenta por el tiempo mostraba la imagen de un tigre monstruoso, de tres ojos cuyas escleróticas eran decoradas por un anillo, su cuerpo era una pila de músculos en los músculos, sus garras anormalmente largas y con un filo que tal vez lo cortaría a través del papel, finalizando con hileras de colmillos que se curvaban hacia adelante, era una bestia en toda regla.

El escrito describe su pelaje de color blanco, rayas negras y ojos cian que evocan la energía maldita.

Pero todo eso le dio igual a Tomeo rápidamente, porque por fin había llegado al compendio de habilidades que lo componen.

Los dientes de Tomeo relucieron en el tenue brillo de las velas al saber, simplemente tomando las últimas fotografías que necesitaba.

Una vez terminó, se enderezó, llamando la atención de las gemelas.

-Ya terminé, vamos-, Tomeo dijo con relativa tranquilidad, pero tenía que mantener su tono plano.

Mai solo asintió en silencio, todavía con una mirada rara como su hermana, esperaron a que Tomeo diera tres pasos frente a ellas antes de seguirlo, sabiendo que Naobito las vería.

Tomeo por otro lado, bullía de alegría ante la información y ya estaba formulando un plan para purificar al Tigre funerario en la brevedad, pensando en evitar los bosques en esa prueba mientras abría la puerta, esperando encontrar solo a Naobito y Satoru, sin embargo, en cambio fue recibido de frente por alguien más.

No era ni más ni menos que Naoya Zenin, cuyos dientes pelados por su sonrisa haragana provocaron en Tomeo agruras estomacales.

Podía escuchar la respiración pesada de las gemelas detrás de él con tan solo la presencia del hombre niño frente a él.

Tomeo ya presentía que una situación así iba a pasar, porque incluso cuando ya no estaba detrás de la pantalla, sino frente a él, Naoya seguía siendo un libro completamente abierto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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