Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 22
- Inicio
- Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva
- Capítulo 22 - 22 Capítulo 21 Humo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
22: Capítulo 21: Humo 22: Capítulo 21: Humo -Vaya, así que este es el famoso heredero de las Diez sombras.
Pufff, debo decir que no pareces la gran cosa-, Naoya habló, su voz había sido más desagradable de lo que Tomeo había imaginado, porque tuvo que hacer un esfuerzo considerable para abstenerse de hacer cualquier mueca de desagrado y en su lugar fingir que no lo conoce de nada.
Pero incluso si así fuera, la vibra que desprendía el cuerpo de Naoya le hacía creer que el tipo gusta de golpear animales o algo parecido, sin embargo Tomeo tiene sus respectivos recuerdos y sabe que el hombre-niño frente a él es capaz de cometer repulsiones que simplemente no puede tolerar.
-¿Y tú eres?-, Tomeo forzó su actuación como el normalmente apático Megumi y preguntó, aunque por algo había venido preparado para una pelea, sabiendo que Naoya era intolerablemente irritable, todavía esperaba poder salir del complejo sin provocar una pelea y recurrir a la protección del Honrado para evitar las peores repercusiones políticas.
Sin embargo, sentía que esa pequeña esperanza había nacido muerta en primer lugar, porque Naoya tronó una vena en su mejilla ante su pregunta, sin embargo, alzó las manos de forma condescendiente y haciendo una “reverencia” tan minúscula que solo se torció unos cuantos centímetros, cerró los ojos y sonrió de labios.
-Me llamo Zenin Naoya, soy tu…-, Naoya se presentaba, pero sus respectivos lugares en el árbol genealógico del Clan Zenin lo detuvo por unos segundos antes de hacerlo chasquear los dedos.
-Tu tío segundo-, Naoya completó, mientras Tomeo comenzaba a preguntarse genuinamente porqué había venido a molestar.
La sola presencia de Naoya era incomoda, el ambiente mismo que se generaba era incómodo y quienes estaban sufriendo más por ello eran las gemelas, que habían permanecido estáticas en su lugar esperando que Naoya centrara su atención únicamente en Megumi.
Sin embargo, Naoya también estaba incomodo, así que para salvaguardar las apariencias buscó con la mirada algo a lo que señalar, tardando apenas un segundo en ver las cabelleras verdes de Maki y Mai, provocándoles un escalofrío con su sonrisa socarrona.
-¿Y qué hacen ustedes dos aquí, eh?
No me digan que Ogi las está ofreciendo como las yeguas que son-, Naoya escupió sus palabras con extrema burla y dicho comentario hizo que Tomeo no pudiese evitar torcer sus labios en una mueca que no pasaría inadvertida por el rubio teñido.
-¿Uhm?
¿Qué te pasa?
¿Te molesté?
Deberías haber aprendido a poner la basura en su lugar, pero supongo que te criaron para ser blando; no te avergüences, no es tu culpa-, Naoya se burló mientras daba pequeños empujones al presunto Megumi, también palmeando con más fuerza de la debida su cabeza al final de la frase, la condescendencia parecía ser el arte que el hombre-niño domina porque sus palabras enmarcaban todavía más la mueca en los labios de Tomeo.
-¿Qué vas a hacer, eh, pequeño mocoso?-, Naoya preguntó, apelando a que posiblemente el niño frente a él intentaría jugar al héroe, y entonces él podría ponerlo en su lugar; que era el objetivo de venir a él.
En respuesta, Tomeo miró a Satoru y Naobito, que permanecían observando el roce, ambos esperando con distintas formas de curiosidad la reacción de Megumi.
Naobito notó que la mirada del niño pasó más tiempo sobre él, vio la expresión fastidiada en su rostro y en respuesta se encogió de hombros.
-Si los niños quieren pelear no tengo problemas-, diría el viejo, la apatía detrás de sus palabras enmascarada con su tono sínico y borracho.
Pero si Tomeo supiera mejor, entonces entendería por qué Naoya llamaba a sus hermanos una bola de inútiles, siendo él el único con la atención de la cabeza de su clan.
Así era la crianza de los Zenin, los débiles no merecían ni la más mínima atención y estaban destinados a perderse en el forraje, por lo que la vida de los fuertes estaba condicionada a mostrar constantes muestras de poder, al menos para los jóvenes poderosos como sucedía en su caso.
Naoya estaba más que acostumbrado no solo a retar a ese forraje durante toda su vida, sino a ganar cada reto autoimpuesto, después de todo él es el prodigio del Clan Zenin.
Ante las palabras de su padre, la sonrisa de Naoya se volvió depredadora, mirando a Megumi como su siguiente logro.
-Claro, como si fuera un logro, cabrón arrogante-, Tomeo pensó con evidente enojo, en su mente, habría sido feliz si ni siquiera se hubiera cruzado con semejante energúmeno, y ahora sin embargo, su sola presencia parecía provocarle ganas de destrozarlos lenta y calculadamente.
Las palabras de Naobito se convertían lentamente en tentaciones susurradas por demonios.
Y sin embargo, Tomeo recordó que en ese momento llevaba puesta una piel que no es suya.
Así que, tragándose su enojo, las ansias y su respectivo orgullo, se calmó.
Satoru asintió con aprobación al ver esto, consciente de que Tomeo era más que capaz incluso de matar a Naoya, pero ahora se encontraba encarnando a una idea falsa del pequeño Megumi, y las posibles consecuencias de lo que llegaría a suceder repercutirían únicamente en el verdadero Megumi Fushiguro, no en Tomeo Tomoyose.
-Nah, no quiero pelear, mejor dígame cómo puedo llevármelas-, Tomeo daría un giro experto a la situación y haría que Naobito casi se atragante con el poco sake que ya se encontraba terminando cuando vio al falso Megumi apuntar a las peliverdes con el pulgar.
–No puedo creer que funcionara-, pensaría el viejo, graciosamente.
Las gemelas detrás de Tomeo, por otro lado, se estremecieron de horror, y miraron al presunto Megumi Zenin como lo que sospechaban: Un nuevo monstruo en sus vidas.
-¿Ah?
Vaya, creo que Toji-Kun te enseñó verdaderos valores por lo menos-, Naoya bufó, igualmente sorprendido; no se esperaba semejante cambio.
Pero entre todos el más sorprendido sin duda era Satoru Gojo, quien, detrás de sus lentes opacos, miró detrás de la máscara de Tomeo para tratar de desentrañar sus verdaderas intenciones.
-Sabe que ahora mismo es un falso Megumi pero…
aun así…-, Satoru pensó antes de que una sola conclusión llegara a su mente, para lo cual simplemente se encogió de hombros.
–Parece que el verdadero Megumi hará otro berrinche-, el honorable pensaría con algo de humor y todavía curioso por saber que pasaba dentro de la mente de Tomeo.
Time skip.
-Deben comportarse, deberían sentirse honradas por esto-, una mujer, vestida con un pulcro kimono color nata, habló con un tono seco y severo traicionado por una infinita tristeza; la frustración perpetua de una persona a la que jamás se le permitió expresar sus verdaderos sentimientos.
No era otra que la madre de las gemelas, de pie ahora frente a sus hijas, sentía que su alma se destruía, impotente debajo de la imponente sombra de su marido.
Ogi Zenin, a su lado, se alzaba como una columna de piedra fría, cuyos ojos negros como el vacío observaban con un retorcido alivio hacia las figuras pulcras del exterior de sus hijas, vestidas y arregladas igual de bien que su esposa.
Durante años había sentido que su vida se había desgraciado por culpa de su descendencia de bajísima calidad; su hermano obtuvo un genio y prodigio después de varios intentos, pero él se rindió nada más concebir el epitome de la tragedia genética.
A sus ojos todo lo que pudo haber salido mal en el producto de su semilla fue precisamente lo que sucedió.
Eso lo llenó de un terror profundo, el cual se esforzó en enterrar lo más hondo que pudo en su cabeza, prefiriendo culpar a su esposa, quien creyó todas sus acusaciones, todos los insultos; todo el abuso emocional.
Sin embargo, ahora creía que sus esfuerzos podrían no haber sido en vano.
-Deben procurar obtener la semilla del usuario de la Técnica de las diez sombras, ya han deshonrado lo suficiente a nuestro clan…
ahora deben compensarlo engendrando herederos poderosos, solo así darán valor a sus patéticas vidas-, sus palabras emergieron como una orden o una instrucción que debía acatarse en la medida de la brevedad.
Venenoso y pesado, Ogi logró, como siempre, hacer que sus hijas bajaran la cabeza, ambas afligidas por el destino que desvelaba su imaginación, incluso Maki, con el ojo maquillado para ocultar su piel amoratada y caliente, guardó silencio mientras sus pensamientos solo se enfocaban en la seguridad de su hermana.
Con ambas niñas listas, Ogi no hizo más que alzar la barbilla, con un leve sentimiento de victoria que hace años que se había resignado a olvidar, mientras que su esposa tomaba a sus hijas de una mano y las conducía fuera de su residencia, con ellas jalando una maleta diminuta y ni siquiera medio llena cada una.
-Más les vale no decepcionarme-, Ogi murmuró antes de retirarse, a sus ojos, sus hijas ya no existirían hasta que regresen como esposas ejemplares.
Al salir, lo primero que vieron fue a Tomeo siguiéndole el juego de poder a Naoya, quien pregonaba y se regodeaba de su aparente superioridad, su sonrisa altiva se marcaba en su rostro como si esa fuera su expresión neutral, y allí estaba Megumi, aburrido y apático, claramente siguiéndole la corriente a favor de que este se callara; en un principio fue observado por Naobito y algunos de los Zenin cercanos como una muestra de debilidad, pero al poco tiempo se dieron cuenta de la expresión plana igual de permanente en la cara de Megumi, aunque igual les provocó insatisfacción ya que después de todo, en su vida la ley la dictaba la fuerza bruta.
A las gemelas no podrían importarle menos esos asuntos masculinos, más ocupadas con sus pensamientos de agobio, apenas registraron que la idea de huir lejos del siempre molesto y gradualmente hostigoso Naoya era lo único positivo de la situación.
Tomeo por otro lado, pasó al lado de Naoya en cuanto vio a las gemelas salir, luciendo como si fueran a ir a un festival, con lo cual no sabía si reír o sentirse más asqueado todavía.
Pero haciendo esos pensamientos de lado, se colocó frente a ellas, mirando hacia la madre, vio sus ojos vacíos, tal vez el último resquicio de culpa y frustración asomándose detrás de sus pupilas, pero jamás lo sabría, porque ante su mirada la mujer claramente intimidada instó a sus hijas a avanzar empujándolas con deliberada fuerza hacia adelante, en señal de ofrecimiento.
-Bueno, ya vámonos-, Tomeo casi ladró una orden, dándose la vuelta y “revelando” una faceta de joven maestro que sería aceptable para el ambiente.
Sin embargo, la presión se hacía más y más insoportable, desde las miradas de todos y las constantes burlas de Naoya disfrazadas con su mediocre tono condescendiente lo hacían desear salir del lugar en la medida de lo posible.
Satoru Gojo, aún con sus dudas, vio esto y soltó una carcajada mental, ya que Tomeo lucía como si estuviera a punto de explotar; como si fuera un ladrón sudando para salir de la bóveda después de robar un jugoso diamante.
Él también era infantil y juguetón así que decidió apoyarlo en el juego.
-¡Muy bien!
Ya nos vamos viejo, espero no verte pronto-, Satoru aplaudió y dio media vuelta mientras se despedía con la mano, Tomeo ya estaba a su lado, con las gemelas a 3 pasos detrás de él.
Naobito escuchó sus palabras y supo que iban dirigidas a él, pero su propia sonrisa socarrona estaba presente en su rostro.
-Je, yo no diría lo mismo-, el viejo zorruno respondió, mirando burlonamente a las gemelas arrastrando sus maletas diminutas.
Satoru no respondió, perpetuamente despreocupado por todo, solo esperó ver si se sorprendería en el futuro a corto plazo.
-Y dime, ¿Obtuviste lo que querías?-, Satoru finalmente pregunta, la expresión plana de Tomeo en su actuación se balanceó durante un segundo en una sonrisa perversa, el recuerdo amargo de Naoya y no haber tenido una oportunidad impune para ponerlo en su lugar fue rápidamente sepultado, reemplazado por las implicaciones de sus recientes descubrimientos.
-Oh sí, claro que sí-, Tomeo habló, su tono ya no pudo ser plano, denotando una evidente avaricia por el poder que se cernía sobre sus manos, el potencial de lo que tomó, escritos en siglos y siglos de intentos fallidos por domar al General divino de las ocho hojas divergentes del sila: Demonio Mahoraga, desencadenaron una serie de derivaciones en las aplicaciones de los shikigami, algo que era bien conocido desde la Era Heian, no solo para las Diez sombras sino para cualquier aplicación de shikigami.
Tomeo, sonriendo internamente, reconoció de donde venía todo el conocimiento de Ryomen Sukuna respecto a la Técnica de las diez sombras, y ahora había filtrado todo ese conocimiento para uso propio.
-Creo que las Diez sombras es la técnica maldita más versátil que existe, además de Mutación pasiva-, Tomeo pensaría, su alma albergaba justo esas dos técnicas y ahora finalmente había elegido sus siguientes planes de acción.
Satoru, por otro lado, no pudo evitar reír con fuerza mientras palmeaba fuertemente la cabeza del falso Megumi, cosa que al susodicho no le importó en lo más mínimo por profundizar en su monologo interno, sin saber del anhelo que el Honrado intentó expresar con esa risa, las ganas incontrolables de sanar su eterna soledad.
Time skip.
El viaje en carro que siguió fue incómodo para todos excepto Satoru Gojo, quien se reclinaba en el asiento con total pereza, sin percatarse de las cascadas de sudor que emanaban de la piel del chofer, mucho menos de la desolación en los ojos de las gemelas Zenin, entregadas con el propósito de continuar la herencia de la sangre de su clan, por decirlo amablemente.
-No, no puedes salir aún-, Tomeo había dicho en algún punto del camino, sorprendente y de la nada, asustó a las gemelas con su tono duro y nervioso.
Creyeron que les había hablado a alguna de ellas, pero el Megumi Zenin que tenían a su derecha pareció hablarle a la nada.
Sucedió que Rika quiso salir para conocer a sus nuevas “amigas”, pese a que en realidad las veía como dos serpientes invadiendo su inmaculado jardín.
Sin embargo Tomeo le negó el permiso, y también se negó a dejar de lado su disfraz, todo gracias al chofer desconocido que conducía el vehículo; sospechoso de potencialmente filtrar su verdadera identidad si se le ocurría tirar su tapadera.
Así que más allá de eso, el silencio se guardó, sin alivio ni descanso de la presión que la visita al complejo del Clan Zenin había causado.
El único consuelo de Tomeo era la pronta finalización de su misión de infiltración, y el éxito que resultó el recabado de datos, los cuales, estaba revisando con mucha más atención, aliviando gradual y continuamente su fatiga mental ante todas las cosas hermosas que aprendía con cada fotografía.
Finalmente, después de varias horas, habían llegado a la Residencia Fushiguro, con una arquitectura tan ajena para Maki y Mai por igual que las dejó momentáneamente sorprendidas, sus mentes a minutos de haber abandonado la insípida y opresiva atmosfera feudal.
-¡Gracias por traernos!
Ahora lárgate-, Satoru Gojo habló con una sonrisa escalofriantemente alegre una vez fue el último en bajar del auto, provocando que el chofer diera un acelerón, sin saber por qué había provocado la molestia del mismísimo Honrado, pero sin querer averiguarlo prefirió efectivamente largarse del lugar.
Tomeo todavía no había dicho nada, pero se apresuró a entrar a la casa, donde sería recibido por la mirada apática del verdadero pero igualable Megumi Fushiguro.
-¿Qué demonios?-, la expresión plana de Megumi finalmente logró ser quebrada, mirando una réplica exacta de él, estuvo a punto de juntar sus manos para invocar a sus Lobos de jade, sin embargo la siguiente acción de su doppelganger lo detuvo.
-Por fin…-, Tomeo exhaló una cantidad de aire brutal con un suspiro pesado y exagerado, usando su propia voz, su cuerpo finalmente comenzó a remodelarse de manera satisfactoria en el equivalente a un estiramiento para crujir los huesos por la mañana.
Pero la vista era bizarra, carnosa y horrorosa, un acto que hizo que las gemelas, quienes también iban entrando a la casa, dieran varios pasos hacia atrás.
Partiendo de haber visto a dos Megumi Fushiguro en la misma sala, el breve sentimiento de familiaridad, algo parecido a la fraternidad, les hizo creer que la razón por la que uno de ellos las había “reclamado” era el hecho de que él también tuviese un gemelo.
Sin embargo la acción del evidentemente falso Megumi las hizo abandonar esa idea, observando al niño muy diferente de la figura del atónito Megumi verdadero.
-¿Tomeo?
¿Qué carajos haces?-, Megumi preguntó, bastante molesto, sin embargo, Tomeo no le respondería directamente y en cambio giraría sobre sus talones para mirar a las gemelas con una sonrisa radiante; con el cuerpo finalmente liviano, se disponía a explicar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com