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Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 Capítulo 2 Síndrome del cuidador
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3: Capítulo 2: Síndrome del cuidador 3: Capítulo 2: Síndrome del cuidador Después de su nacimiento, todo lo que Tomeo Tomoyose conoció fue la perpetua sensación invasora que le provocaban todos los tubos y agujas que lo han sostenido en el hospital los últimos meses.

Y no estaba seguro de que pensar al respecto, desde que finalmente entendió que estaba viviendo una segunda vida, no sabía si sentirse aliviado de continuar viviendo o mejor pedir que lo liberen de su miseria.

Entendió que estaba vivo, de nuevo, cuando todo a su alrededor pareció esforzarse en hacer énfasis en ese punto.

Desde el idioma inentendible en un inicio pero que reconoció rápidamente como Japonés después de que sus oídos se hayan acostumbrado a funcionar otra vez.

Nunca aprendió formalmente pero el haber pasado gran parte de su corta primer vida le permitió entender pequeñas frases, muchas de las cuales reflejaban tristeza por voces pasaderas y otras de amor, generalmente viniendo de una voz muy cercana, la voz era inequívocamente femenina y estaba llena de una calidez tal que hizo que el pequeño Tomeo la identificara instintivamente como su madre; uno de los pocos consuelos que estaban presentes en su nueva vida de mierda.

Después de la voz celestial de su madre, estaba el dulce néctar que cada cierta hora empujaban por su sensible garganta, un elixir que lo llenaba de vitalidad aunque sea por poco tiempo, esa era la leche materna de su madre Hiroko.

Después de eso, estaba lo que evidentemente era su padre, Masaru, esa voz masculina y fuerte, llena de esperanza, alivio y esfuerzo que llegaba de vez en cuando.

En ultima instancia, Masaru se volvió más ausente, debido a sus esfuerzos en conseguir el presupuesto suficiente en la sobrevivencia de su niño.

Y finalmente, había algo que en realidad no sabía que o más bien quien era, suponiendo concretamente que se trata simplemente de su nueva hermana mayor o algo así, pero muchas veces había una voz tiernísima que balbuceaba cosas al azar que no entendía nada, eso sucedía por lo que parecían ser horas y después, solo se iba.

Tomeo no lo supo, pero lo que sucedía implicaba muchas más cosas de las que se había podido imaginar.

El hecho de tener un cuerpo tan deficiente, no le permitió entender realmente en qué tipo de situación se encontraba.

Sabía que se había reencarnado sí, pero no sabía que se había reencarnado precisamente en el mundo del que estaba hablando con su antiguo hermano mayor antes de morir arrollado.

Y aquella voz que constantemente le platicaba sobre su día, tenía una dueña, y su nombre era Orimoto Rika.

¿Cómo fue que la futura Reina de las maldiciones, de entre todas las personas posibles, haya conocido al pequeño y frágil Tomeo Tomoyose?

Bueno, todo esto se remonta al pasado 31 de octubre, mientras los doctores corrieron despavoridamente con el pequeño arlequín llorón en brazos, captaron la atención de una pequeña figura castaña que ya se encontraba retirándose, pequeña, de piel clara y cabello castaño claro con ojos a juego tan tiernos que incluso los adultos se enternecían con su mirada.

Flashback.

La niñita había sido víctima de un episodio en su vida que muchos considerarían traumático, pues en poco tiempo, a la edad de 5 años había perdido a sus dos padres en circunstancias misteriosas.

Un hecho insólito y sin explicación que tan solo dejó atrás a la pequeña Rika, intacta y sin mucho que decir.

Solo estaba allí, imperturbablemente alegre como solo una pequeña niña sabe ser.

Fue por ello que, con la finalidad de al menos verificar su estado de salud física y emocional, se internaría en el mismo hospital que la familia Tomoyose, en el mismo tiempo, en la situación oportuna, todo para que en el preciso momento, en el preciso lugar; Rika Orimoto capte la diminuta presencia del recién nacido Tomeo en su radar.

Los débiles llantos y alaridos secos que desprendía el bulto en los brazos del doctor sudoroso y angustiado la hicieron detenerse y mirar en la dirección a la que fueron todas esas personas, ladrando órdenes a los enfermeros circundantes y llamando la atención de todos los que estaban cerca, silenciándolos por segundos, haciéndoles saber que muy probablemente alguien esté muriendo.

Incluso Rika, a la corta edad de 5 años supo que era lo que estaba sucediendo, y la curiosidad se apoderó de ella.

Así que ignorando el hecho de que su abuela en cualquier momento llegaría para recogerla, siguió a los doctores con la esperanza de descubrir que era lo que generaba tanta tensión, sin embargo, todo lo que encontró fueron bebés en incubadoras, dormidos, llorando o siendo llevados con sus madres, nada de lo que interesarse a su parecer, salvo por el ruido de gente movida dentro de una sala a la que no pudo entrar ni asomarse, solo quedándole la alternativa de pegar la oreja para tratar de escuchar.

Decidiendo quedarse a esperar entonces, una vez logró identificar ese mismo lloro lastimero proviniendo del interior.

El sonido dolido acarició sus oídos, haciendo que sus piernas tiemblen y su estómago se hunda; intrigándola y dejándola cerca de las puertas, a la espera de que quien fuera que estuviera recibiendo ayuda ahí dentro salga.

Ella también había ignorado al hombre que caminaba de un lado a otro exudando estrés a vapores, no muy lejos de la puerta también.

Solo el pequeño llanto estaba en su mente, y así se quedó durante horas, sin importarle que su abuela aunque estuviera reacia aun la estuviera buscando por todo el hospital al no verla salir.

Se quedó allí, hasta que finalmente las puertas se abrieron.

Fue en ese momento en que Orimoto Rika y Tomoyose Tomeo se conocieron, con la pequeña observando al cableado y destartalado cuerpo escamoso del pequeño luchando por su vida.

La vista de la criaturita, tan frágil y delicada conmovió el corazón de la pequeña, hizo sudar sus palmas y la hizo apretar los dedos ansiosamente.

Presintió que si llegaba a sostenerlo con suficiente fuerza se desmoronaría entre sus dedos.

-Aquí estás Rika-, escuchó una voz decir, haciendo que salte en su lugar debido al susto para entonces mirar y ver que se trataba de su abuela, quien la miraba de una manera complicada.

–Es hora de irnos-, ella solo dijo antes de tomarla de la muñeca y llevársela a rastras, pero la mirada de Rika no había abandonado a Tomeo hasta que se perdió entre las paredes blanquecinas del hospital.

Más no se perdió en sus pensamientos.

Fin flashback.

Durante los siguientes días la cabeza de Rika estaba llena de pensamientos acerca del pobre niño escamoso y sangrante, y de su mente no volvió a salir, Rika incluso se olvidó por completo del simpático niño neumónico que había conocido esa misma tarde.

Y durante días se mantuvo anormalmente nostálgica mientras soñaba con el día que sabría qué fue de aquel recién nacido, aunque no tenía muchas esperanzas en él tampoco, después de todo no parecía que iba a sobrevivir mucho tiempo.

Para su abuela, el único pariente vivo que le quedaba, esto fue un completo respiro de alivio en sus días ya que siendo honesta, no quería hacerse cargo de esa niña; así que lo mínimo que esperaba de ella era que se mantuviera callada y obediente.

Eso continuó de esa forma, hasta que un día, en contra de cualquier pronóstico, Rika volvió a ver al niño envuelto delicadamente en vendas, entre los brazos de su madre y a la sombra protectora de su padre.

-Estás vivo-, Rika había susurrado cuando los observó bajar del auto y solo entonces reconoció a aquel señor, su vecino, como el hombre estresado fuera de la sala de urgencias, Rika supo al instante que ese era el mismo bebé debido a eso, y sin poder contener la emoción que bullía en su interior bajo corriendo sus escaleras y sin pedir permiso a nadie, darle una visita.

El Sr.

y la Sra.

Tomoyose tenían una muy buena relación con la abuela de Rika, pero poco y nada sabían de su hijo y de su nieta, ya que hasta hace unos días atrás ninguno de ellos vivía con la mujer mayor.

Solo sabían que de la pareja la madre había muerto y el padre desapareció, todo siendo bajo circunstancias misteriosas.

Pero Hiroko y Masaru no pudieron hacer nada más que darle el pésame, pues tenían su propio pez para freír, uno relativamente igual de gordo, y claro que la anciana lo entendió.

También sabían gracias a los chismes que su nieta, Rika, estaría viviendo con ella al ser su último familiar cercano con vida.

Pero aun así fue extraño para ellos que nada más llegaran del hospital con su moribundo hijo en brazos ya tenían a la pequeña tocando su puerta.

Aunque de todas formas la extrañeza se les había pasado rápidamente, ya que Rika era una niña adorable y gentil, llena de energía y amor que solo parecía estar preocupada por ver a su hijo recién nacido llegar luciendo así; era todo un pan de Dios a sus ojos.

No había necesidad de molestarse, solo no la dejarían verlo por un tiempo hasta que comprenda por completo el protocolo de su cuidado, y mientras tanto le explicarían la delicada situación por la que están pasando, de forma que un pequeño infante de 5 años como Rika lo pueda entender; y claro que lo entendió, entendió que si ella no hacía algo entonces Tomeo viviría solo el resto de su vida, y ella no tuvo el corazón para aceptar algo así.

Fue así como finalmente llegamos al día actual, mientras los oídos de Tomeo son entretenidos por la dulce y energética voz de Rika platicándole sobre su día, los adultos se encuentran en el comedor, en la planta baja de la casa.

-Entonces, ¿no tienen problemas con Rika-Chan?-, la anciana preguntó mientras tomaba un ligero sorbo de su vaso de té mientras frente a ella Masaru e Hiroko repiten la misma acción, respirando el vapor caliente del té verde en sus vasos.

–Para nada, no hay problema.

Es…

lindo saber que al menos hay alguien que le hace compañía-, Hiroko dijo, antes de darse cuenta de que había hablado con demasiada esperanza.

Esto fue visto por Masaru, quien tomó la mano de su esposa con gentileza para aliviar su expresión triste.

–Han pasado meses, debió haber muerto a la semana pero…

yo…

yo solo no quiero tener demasiada esperanza snif snif-, Hiroko lloró mientras cubría sus ojos con una mano y Masaru sobaba sus hombros con amor.

-Estamos a punto de enviarlo a cirugía, algo para arreglar sus parpados; es una operación ridículamente costosa, pero sé que valdrá la pena-, Masaru agregó, confiando en el inicio del tratamiento y reconstrucción de Tomeo.

Esto fue visto por la abuela de Rika, quien suspiró al ver lo mal que la estaban pasando.

Casi se sentía mal por usarlos como una excusa para mantener a su endemoniada nieta lejos, incluso si solo es a una casa de distancia, el tiempo era lo que valía.

La realidad era que la mujer no ama a su nieta; de hecho le teme, le tiene pavor.

Pues ella jura y perjura que fue Rika la responsable de la desaparición de sus padres; su hijo y su esposa.

Nunca quiso hacerse cargo de ella y nunca la volvió a amar después de todo eso gracias a sus sospechas, pero el gobierno prácticamente la obligó y ahora tenía que convivir todos los días con esa diabla.

Pero ahora con su atención puesta en el enfermo Tomeo, no tendría por qué soportarlo más tiempo del debido.

La línea de pensamientos de la mujer mayor operaba en esa frecuencia, manteniendo su sonrisa serena y empática para sus vecinos, desterrando a la fuerza cualquier rastro de culpa que llegara a sentir, el deseo de alejarse de Rika era más fuerte.

Mientras tanto, arriba en el dormitorio de Tomeo, se podía ver el objeto de todos los temores de la abuela, su propia nieta, sentada en un pequeño banquito frente a una cortina de plástico que la separaban de su nuevo amigo y responsabilidad de cuidado.

El pequeño Tomeo Tomoyose parecía encontrarse dormido en su cama espléndidamente higienizada, mientras Rika derramaba sus ojos cafés sobre su figura finalmente apacible, sabía que estaba dormido ya que había dejado de moverse desde hace un tiempo y también había dejado de quejarse, lo que hizo que las manos de Rika finalmente dejaran de sudar.

Le incomodaba que Tomeo se irritara por el simple hecho de estar despierto, quería ir a su cama y abrazarlo para consolarlo, pero sabía por sus padres que si hacía eso solo le provocaría más dolor o algo peor, así que se contuvo y solo lo miró finalmente cansarse de removerse, para caer en manos de Morfeo.

Todavía inyectado en suero, pero al menos el tubo que bloqueaba su garganta para forzar el oxígeno hacia sus pulmones fue reemplazado por una cómoda mascarilla de oxígeno que desde un pequeño tanque le garantizaba el aire que necesitaba para seguir adelante.

Recorrió con la mirada todo el equipo médico que habían instalado en la mitad de la habitación y era separada por ese plástico transparente que apestaba a hospital.

El constante sonido “bip” también hacía un leve eco en las paredes junto con el sonido del aire siendo empujado desde el tanque hasta las vías respiratorias de Tomeo cada pocos segundos.

Cuyo cuerpo se recostaba entre su piel y escamas muertas que se caían al paso de su lento pero igual presente crecimiento.

-Te prometo…

que nunca permitiré que te quedes solo-, Rika susurró con un cariño extraño, su sonrisa ilegible ante un análisis más profundo.

Se levantó y salió tranquilamente de la habitación para entonces bajar por las escaleras, encontrando rápidamente a su abuela y a los padres de Tomeo charlando de cosas más alegres en la mesa; ella había escuchado a la mujer llorar cuando hablaron de Tomeo.

Sin embargo esa relativa felicidad se destruyó para su abuela cuando la detectó bajando, su ojo dio un pequeño tick sabiendo que sus horas felices habían terminado y ahora debía regresar a casa junto al demonio.

-Hey Rika-Chan bajaste, ¿Ya quieres irte?-, la mujer preguntó, mostrando una sonrisa de abuela cariñosa que no engañó a Rika, ella sabe que no le cae bien a su abuela, pero no le importaba; creía que estaban a mano con ese horrible estofado de berenjenas que suele preparar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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