Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 5

  1. Inicio
  2. Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva
  3. Capítulo 5 - 5 Capítulo 4 Lluvia de billetes
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

5: Capítulo 4: Lluvia de billetes 5: Capítulo 4: Lluvia de billetes El suave sonido del reloj que corría sin fin pero sin atención, ahogado por el impotente y nervioso castañeo de los dientes de Tomeo, su respiración que emanaba de su boca reseca con una sensación filosa, mientras las lágrimas que caían de su barbilla resonaban con un eco sobrenatural, estrellándose contra la sangre oscurecida que avanzaba lentamente hasta sus pies descalzos hasta que finalmente pintó sus dedos.

El calor del líquido lo sobresaltó, haciéndolo sentir más frío, su cuerpo tenso casi crujió cuando por fin pudo moverse, dando dos pasos atrás, manchando el piso con la sangre en sus dedos, Tomeo se tambaleó cuando sus piernas fueron interrumpidas por su cuna destruida, haciéndolo caer sobre su trasero mientras su respiración se hacía cada vez más fuerte y entrecortada.

En todo ese tiempo, nunca había despegado su mirada de los ojos muertos de su madre, cuya mirada desvanecida parecía poseer el eco de un arrepentimiento jamás dicho.

Tomeo tapó su boca con una mano hecha gelatina, procesando lo que había hecho, lo que estaba pasando, ignorando de ese modo al pequeño monstruo maldito que escapaba por la ventana para refugiarse en el techo, sin poder huir y sin poder liberarse de sus ataduras con su lugar de nacimiento.

Tomeo simplemente quería olvidar lo que estaba pasando, quería que la tierra se abriera debajo de él y lo tragara, para poder escupirlo en un lugar mejor.

Pero eso era imposible, o al menos ya había gastado ese comodín hace años y para su desgracia había tenido que ser uno tan macabramente oscuro y no; no se detuvo a pensar en que había mundos peores, porque eso no haría su situación menos desgraciada.

Estaba solo, en un mundo lleno de maldiciones y hechiceros desquiciados, con un maldito cadáver a sus pies, una niña loca y psicópata fijada en sus huesos y un hombre adulto que seguramente enloquecerá al verlo así cuando regrese.

No había solución a su situación, excepto el escape; esa fue la conclusión a la que llegó aun con el miedo natural al mundo exterior que le esperaría, más peligroso que el de su vida anterior.

–Hiroko-Chan, ¡Volví!-, Tomeo se paralizó cuando escuchó esas palabras.

-¿Cuándo regresó?-, exclamó internamente, era Masaru, quien ya había vuelto a la casa después de una ardua jornada de diversos trabajos.

Ahora Tomeo no tenía por donde huir, su camino a la salida estaba bloqueada por los pasos de su padre que se hacían cada vez más fuertes y la ventana no era opción; estaba a demasiada altura y una caída así lo mataría seguro, o al menos eso fue lo que la mente de Tomeo logró concluir, ignorante de sus nuevos poderes propios que le impedirían morir por algo que no afectaría su alma en lo más mínimo.

Todo lo que pudo hacer fue lograr que su instinto de supervivencia se hiciera cargo y maniobrara su cuerpo por sí solo.

Doloroso y sin comprensión, Tomeo decidió una ruta más difícil, y esa fue emular nuevamente esa sensación de crecer de repente pero a la inversa.

Sin dominio de su nueva habilidad, pero impulsado por la urgencia de hacerlo el cuerpo de Johan fue rebobinado al del verdadero Tomeo Tomoyose.

El tamaño desproporcionado, las escamas, el sangrado y la debilidad regresaron haciendo que de su boca todavía húmeda escapara un alarido de dolor y fastidio, que fue rápidamente auxiliado por un Masaru que irrumpió en la habitación.

Llamarlo instinto paternal sería lo más lógico, esa sensación de inseguridad y de saber que algo andaba mal hizo que el antes tranquilo Masaru se apresurara a la puerta del cuarto de su niño, que se sentía extrañamente fría.

Y lo que encontró detrás de esta, simplemente le destrozó el corazón en mil pedazos.

Time skip.

El tiempo había pasado a ser una maldición para Tomeo desde hace mucho tiempo, y el que no haya nacido una maldición debido a ese hecho fue solo porque era un hechicero, una realidad la cual había aceptado en el último mes, todavía sin decidir si fue una bendición o no y su mente ya estaba demasiado congestionada como para siquiera pensar en ser feliz y solo quería decidir qué haría a continuación en esta miserable vida nueva suya.

Aunque si de progresos se hablara, por lo menos Tomeo admitiría que finalmente logró algunos.

Y es que mientras toda la etapa del funeral de Hiroko transcurría Tomeo hizo varios descubrimientos y sobretodo finalmente aceptó completa y absolutamente su situación.

Esto por varios motivos.

El primero de ellos fue la muerte de su madre, que le había brindado una resolución que, aunque cruel, necesaria para que su cuerpo dejara de moverse en modo automático de una vez por todas.

El segundo, fue la comprensión sobre la clase de poder, o Técnica maldita, que había despertado.

Fue una experiencia completamente nueva, una que había oído hablar en su vida pasada orientada a saber cómo los hechiceros de su nuevo mundo conocían y nombraban sus técnicas.

Y es que dejando de lado las Técnicas heredadas, una Técnica innata no era conocida por nadie y carecería de explicaciones o indicios, eso, hasta que Tomeo encontró la respuesta a su incógnita cuando se concentró en el nuevo sentido que se sumó a su conciencia de sí mismo.

Lo que encontró entonces, lo reconoció al instante como la Mutación pasiva de la Maldición de grado especial Mahito.

Fue como un conocimiento grabado en su alma, algo con lo que se nace sabiendo pero que hasta el día del despertar se comienza a comprender.

Decir que Tomeo estaba sorprendido era quedarse corto, y por primera vez en años, se sentía emocionado por semejante sorpresa, una sorpresa que era buena, no como las otras.

A partir de ese momento, Tomeo podría simplemente hacer uso de esa habilidad y huir, recuperar lo poco que queda de su vida en el México de ese mundo; eso es lo que el Tomeo sano y limpio habría hecho, si no fuera por alguien que lo retenía en Japón.

Al ser presa de la culpa de haber matado a la mujer de su segundo padre, Tomeo no tuvo el corazón o los testículos necesarios para abandonarlo, porque Masaru se había convertido en un hombre que ya estaba a punto de perder su brillo por completo; el funeral de Hiroko le dejo muy claro eso y sabía que la culpa de todo eso no era de nadie más excepto él.

Su solo nacimiento fue la fuente de muchas desgracias que sin duda alguna se convirtieron en una maldición inexistente, pero que aun así lo ataban al país del sol naciente.

Finalmente, el tercer hecho que marcó ese mes no fue otra que Rika Orimoto, quien se había vuelto aún más apegada a Tomeo desde el incidente con Hiroko.

La razón de esto además de la falta de la figura materna fueron las misteriosas circunstancias detrás de su muerte.

La habitación hecha un desastre, los resultados que arrojaron la autopsia de lo cual se enteró fácilmente manipulando al pobre Masaru, y el milagro de Tomeo escapando intacto de la situación encendieron sus obsesiones y las catapultaron a un nuevo nivel.

“No te preocupes Tomeo-Kun, yo siempre estaré a tu lado…

POR SIEMPRE, es una promesa”, fueron las palabras que Rika le dedicó a Tomeo el día del funeral.

Dichas palabras, sin que la niña lo supiera, la habían condenado a sobrevivir a su fatídico destino, al menos por el momento.

Para Tomeo por otra parte, no era más que otro momento escalofriante que vivía con la pequeña niña, rezando para que no se le ocurriera cometer alguna locura con él al igual que su difunta segunda madre.

Pero aun así no huyó, tampoco era que viera a la pequeña Rika como una amenaza real, no con Mutación pasiva al alcance de sus palmas.

Es solo que aunque espeluznante, Rika era solo una niña que no llegaba ni a los 10 años; Tomeo perdería definitivamente todo rastro de humanidad si llegaba a matarla o siquiera dañarla, incluso si es en supuesta defensa propia.

Nuevamente su motivo para soportar su compañía fue su segundo padre Masaru; a quien Tomeo, después de unas semanas, había convertido en su nuevo proyecto de vida.

La culpa fue su nuevo sentimiento constante, al menos lo era desde que descubrió como curarse.

Fue lo primero que hizo con Mutación pasiva después de aquella fatídica noche; por fuera luce como el mismo niño arlequín pero por dentro es un bebé completamente saludable.

Su plan era simple: entrar a la academia de Jujutsu y solucionarle la vida, cosa que en un inicio no suena diferente a arruinarse la vida más de lo que ya estaba teniendo en cuenta los contras de tal línea de trabajo.

Sin embargo, fue esa idea la que poco a poco comenzó a brindarle mayor positividad a su vida, un propósito para vivir.

Ya fuera por querer conocer a aquellos personajes con los que vivió su primera adolescencia, experimentar con su Técnica maldita o simplemente porque Rika Orimoto seguía con vida y ese hecho podría condenar el futuro a la destrucción a manos de Kenjaku y Ryomen Sukuna, su decisión fue tomada y Tomeo buscaría escalar en la sociedad Jujutsu con lo que él creía era, la Técnica maldita definitiva.

Su primer paso fue deshacerse de la maldición que rondaba la casa, misma maldición que ahora tenía planeado carcomer la cabeza de Masaru.

Decir que Tomeo disfrutó haciendo explotar a la maldición sería quedarse corto, fue una noche en la que se escabulló a la habitación de Masaru en su apariencia de Johan Núñez.

Fue una experiencia completamente feliz e inolvidable, pues no solo fue su primera maldición exorcizada, también había cobrado venganza por la muerte de su segunda madre y Tomeo lo comprendió después de finalmente procesar y aceptar todo lo ocurrido, no olvidando como la maldición huía como cobarde.

Pero entonces, las cosas comenzaron a cambiar para peor nuevamente; porque mientras Tomeo ideaba un plan para revelarse a su segunda figura paterna, esta misma estaba apostando y cediendo con prestamistas de la Yakuza.

A pesar de todas las adversidades que se le atravesaron en su camino, Masaru Tomoyose no estaba dispuesto a rendirse, incluso con su esposa muerta y por ende los fondos para las cirugías y operaciones de su hijo cortadas por la mitad.

Sin embargo ya no solo se trataba de curar a su hijo, sino que se trataba de terminar lo que había comenzado; creyendo que era lo que Hiroko habría querido.

Justo un mes después de la muerte de su mujer, la presión que la vida ejerció sobre Masaru lo dejó cometer un error de cálculo fatal.

Porque mientras dejaba a su pequeño hijo en las confiables manos de la pequeña Rika, él se encontraba recabando un préstamo jugoso por parte de la mafia, al tiempo que preparaba un movimiento de negocios agresivo que le permitiría pagarles con intereses a los señores del crimen.

Y mientras Tomeo encendía la luz de su espíritu y planeaba como entrar a la academia de Jujutsu lo antes posible sin fingir su muerte o desaparecer, Masaru ya preparaba la siguiente cirugía para el reencarnado.

Fue a 3 semanas de la muerte de Hiroko que Tomeo se sometió a los confines del quirófano nuevamente, lo que le hizo idear un plan solido aunque lento y tedioso.

Fingiría que las operaciones funcionaban de alguna forma y poco a poco comenzaría a fingir que su cuerpo mejoraba con el pasar del tiempo.

Era lo mejor que se le ocurrió debido a que creía que era una idea ridícula revelarle la verdad de su estado, otra equivocación que tal vez habría salvado dos vidas, las dos vidas más importantes de su segunda oportunidad.

Lo que nos lleva al día actual, las vacaciones habían llegado, y la pequeña Rika aprovechaba cada momento para pasarla bien con el pequeño Tomeo, con ambos sentados y bien abrochados en los asientos traseros de la camioneta de Masaru, este mismo estando conduciendo.

Con el dinero recabado, y la operación prontamente programada, se encontraban viajando por carretera, de camino al hospital.

La atmosfera dentro del automóvil era solemne, con Masaru sudando con ligereza, mirando de reojo la bolsa negra que descansaba sombríamente en el asiento del copiloto.

Sabía de dónde provenía ese dinero, motivo por el cual sudaba, pero mantenía la esperanza de que todo saldría bien; por su hijo y su difunta esposa, no se permitiría quedarse sin nada y no iba a dejar que todo su trabajo y esfuerzo de la última media década fuese en vano.

Mientras tanto, Rika miraba a Tomeo descansando detrás de una incubadora instalada y adaptada a la camioneta para protegerlo de la contaminación del exterior.

La sonrisa de Rika era algo a lo que Tomeo ya había decidido acostumbrarse, pensando en al menos tolerarla y aceptar sus cuidados hasta que finalmente tenga que irse.

Fue su línea de pensamiento mientras la miraba observándolo con esa expresión inocente, ya no sabía que creer acerca de la niña, sin embargo estaba más inclinado a la idea de que era una personita muy malvada.

Fue solo una teoría, pero en su vida pasada pensó en una respuesta al porque alguien común y corriente como Rika Orimoto se convirtió en ni más ni menos que la Reina de las maldiciones.

La conclusión a la que Johan y su hermano mayor llegaron fue: La maldad.

Como Espíritu vengativo, Rika desarrolló unas reservas de energía maldita tan descomunales debido a todo el karma negativo con el que cargaba, lo que por extensión, significaba que si una persona se convertía en Espíritu vengativo entonces su poder o clase dependería de que tan mala persona fue en vida.

Si su teoría era cierta, entonces Tomeo tenía razones de peso para alejar a Rika de su vida.

Sin embargo, eso nunca iba a pasar, porque de un momento a otro, justo cuando Rika estaba a punto de dedicarle otra ronda de palabras tiernas algo sacudió la camioneta tan fuerte que los envió a los dos a estrellarse al son de un audible “Pam” seguido del horrible rechinido de los neumáticos de la camioneta que intentaba recuperar el control con los intentos inútiles de un aterrorizado Masaru, quien vio otra camioneta negra chocarlos adrede, sabiendo lo que eso significaba.

-¡No!-, fue todo lo que el pobre hombre pudo decir cuando la camioneta finalmente derrapó mal y se volcó.

Tomeo vio todo pasar, no en cámara lenta, pero lo vio pasar.

Desde el techo del vehículo aplastándose desde fuera al impactar con el asfalto, Rika saliendo despedida por la ventana para entonces ser aplastada por todas esas toneladas de acero; y la bolsa con el dinero desparramándose, llenando su vista con una lluvia de billetes que giraba como un ciclón hasta que en un punto, todo se iluminó de un brillante anaranjado, como si el sol hubiera bajado hasta su rostro en un instante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo