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Reencarnando en Jujutsu kaisen con la Mutación pasiva - Capítulo 6

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6: Capítulo 5: Eres cuanto tengo 6: Capítulo 5: Eres cuanto tengo Cuando la capsula rota de Tomeo impactó contra el suelo un enorme trozo de vidrio se desprendió para entonces atravesar su cabeza, sin embargo, Tomeo no murió en ese momento.

Dada su condición actual, solo un ataque directo de un ser capaz de usar energía maldita y con la conciencia de la existencia del alma tiene lo necesario para ejercer un daño real en él.

Así que su única reacción ante eso fue un parpadeo, para después usar Mutación pasiva en sí mismo y regresar a su apariencia de Johan Núñez.

-Mierda-, Tomeo gruñó mientras eso pasaba, ya que todavía no se acostumbraba a esa sensación sin embargo no prestó más atención a eso.

En cambio, corrió hacia la camioneta de su padre a toda velocidad, ya que él también había salido despedido de esta como un bólido.

Sus pensamientos no estaban en él mismo, estaban en Masaru y Rika, sin embargo toda esperanza se perdió cuando sus pasos se detuvieron al son de una segunda explosión en la camioneta.

Una enorme columna de fuego y humo se alzó, sellando el destino de las dos personas que habían quedado atrapadas en el vehículo.

-¡Mierda!-, Tomeo gritó de impotencia mientras caía de rodillas, sus manos presionando sus sienes con amargura, como si sentir de primera mano la muerte de Hiroko no hubiese sido suficiente, ahora tuvo que ver morir a un hombre y una niña pequeña en primera fila.

-¿Por qué tiene que ser así?-, Tomeo se preguntó, al borde de las lágrimas, en su mente se suponía que una reencarnación al estilo fanfiction debía colmarlo de poder, uno que lo volvería intocable a él y sus seres queridos; quizás incluso para poder hacerse con un harem de mujeres bellísimas y darse gusto todos los días, una vida completamente fantasiosa, mundana y hedonista; pero esa era una idea infinitamente mejor a lo que estaba viviendo, y en lugar de tener todo eso se sentía como si tuviera la sangre de tres personas en sus manos.

La mirada de Tomeo estaba desprovista de emoción, observando apenas lograba distinguir la silueta de su difunto segundo padre y la mano de la niña que cuidó de él en proceso de calcinación, entre y debajo de lo que alguna vez fue una camioneta bien cuidada.

Negó con la cabeza, ahora se había quedado solo, y todos los objetivos de vida que se había propuesto hasta hace poco se habían ido, no tenía nada ni a nadie; estaba solo…

vacío.

-¡Eres un completo idiota cabrón!-, la oreja de Tomeo tembló cuando escuchó la voz chillona de un hombre rezongando, su cabeza inmediatamente se giró hacia el origen de la voz y ahí divisó 4 luces acercándose.

-¿Qué querías que hiciera?

¿Parar frente a ellos?-, una voz nerviosa pero forzadamente fluida respondió, sin esforzarse en guardar un tono que desbordaba temor.

-¡Sí imbécil!

¡Eso es justo lo que tenías que hacer!-, la primera voz respondió, antes de que un estruendoso “Bam” hiciera que Tomeo diera un brinco del susto mientras los pájaros circundantes emprendían el vuelo con prisa, su canto atemorizado infundió una sensación de inquietud en el corazón de Tomeo, que ahora solo veía tres luces avanzando hacia su posición.

La ironía de la situación se sentía cada vez más graciosa para Tomeo, un humor amargo le surgió en la mente cuando se dio cuenta que otra persona había muerto con él incómodamente cerca, sin embargo, las siguientes palabras que escuchó hicieron que su mente diera un corto circuito.

-¿Para qué matarlo?

Ahora el jefe no tendrá con quién desquitarse-, una nueva voz habló con un tono calmado y grave, como si ya estuviera acostumbrado a ver ese tipo de cosas suceder.

-Ni me lo recuerdes, tengo una idea.

Plantemos un arma y disparemos a la camioneta, y al auto también, diremos que el infeliz se defendió y por eso Yoshida-Kun murió, así el jefe al menos será un poco más comprensivo-, la última voz faltante se hizo escuchar con un toque de ingenio despreocupado pero siniestro.

-¿Y tú desde cuando has visto al jefe ser comprensivo?

Acabamos de perder millones, MILLONES, ni con todos nuestros órganos podríamos reponer toda esa pasta-, la primera voz se lamentó con resignación evidente antes de que las tres figuras finalmente emergieran desde los arbustos.

Vistiendo con trajes formales negros, con zapatos y corbatas a juego además de una camisa blanca cada uno.

Tomeo alcanzó a distinguir la silueta de tatuajes debajo de las mangas de uno de ellos.

–No…

olvídalo…

nada pudo salvarse-, el hombre de la voz grave y el más alto de los tres murmuró con gravedad, observando el fuego que comenzaba a extenderse por el bosque.

-¿Huh?

Hey miren ahí-, otro de los hombre señaló a Tomeo en cuanto lo vio, demostrando ser quien asesinó al hombre faltante por su voz.

Los otros dos siguieron su dedo y entonces vieron al joven de apariencia latina observándolos con un rostro ligeramente pálido, no por miedo, sino por impotencia y confusión.

Los había escuchado, eso era un hecho para todos los presentes, y Tomeo estaba en shock.

En su mente, si interpretaba la conversación de forma correcta, entonces significaba que la muerte de Masaru y Rika no fue al azar, fue un asesinato, ¿Y por qué?

-El dinero-, Tomeo encontró la respuesta a su pregunta cuando recordó el aluvión de billetes que se desparramó de la bolsa que llevaba su segundo padre en el asiento del copiloto.

Su mente corría a mil por hora mientras sentía el peso repugnante de las tres miradas que lo aplastaban.

-Que desafortunado-, el hombre alto murmuró antes de sacar una pistola debajo de su traje y apuntarle, Tomeo no vio nada en cámara lenta, no vio su vida pasar ni un túnel con una luz al final, tan solo se tambaleó hacia atrás cuando una bala le atravesó el cráneo con fuerza.

-Uff-, Tomeo parpadeó, pero no cayó al suelo, cosa que confundió a los tres Yakuza.

Parpadearon confundidos por lo que vieron, incluso el alto, que parecía ser el más sereno e imperturbable.

Los tres enfocaron la vista y ahí vieron dos orificios que se abrían en su cabeza con un tono rojo oscuro.

El primero fue el cristal que lo apuñaló y el segundo fue aquel disparo.

-No fallé-, pensó el hombre, sintiéndose absolutamente atónito por lo que miraba, pues Tomeo simplemente se pasó un dedo por la frente para ver su propia sangre.

-No…

no puedes matarme-, Tomeo alcanzó a murmurar, antes de que una pequeña sonrisa se formara en sus labios, lleno de emoción y realización, se había dado cuenta del por qué había sobrevivido a la colisión.

Significaba que pocos seres en ese mundo eran capaces de representar alguna amenaza para él, no lo había pensado antes ya que él era humano y la Maldición de grado especial conocida como Mahito era un ente meramente espiritual.

-No puede ser- uno de los hombres murmuró perturbado por la sonrisa de Tomeo, la cual le resultó escalofriante.

Entonces desenfundó su propia arma y volvió a disparar en dirección a la cabeza de Tomeo.

Pero el resultado fue el mismo, Tomeo solo se tambaleó ligeramente hacia atrás con el impacto.

Todos lo vieron, el joven delante de ellos no murió, en cambio seguía inspeccionando su frente y nuca perforados, también notó el vidrio que seguía alojado en él y lo sacó con un pequeño sonido carnoso repugnante.

Eso último hizo que los tres Yakuza retrocedieran un paso, con sus rostros pálidos; sus expresiones hacían parecer que vieron a un fantasma o a un zombi en la vida real, y tal vez no se equivocaban.

Y en ese momento los segundos parecieron haberse estirado para las 4 personas que intercambiaban miradas atónitas, aunque Tomeo estaba nuevamente en transe por diferentes motivos.

El vacío y la libertad eran dos caras de la misma moneda para Tomeo en este momento, una comprensión que había alcanzado cuando entendió que en ese momento de su vida no tenía absolutamente nada que lo atara, era libre, pero estaba solo.

Todo por culpa de los criminales que tenía delante.

-Ustedes los mataron-, Tomeo lloró lagrimas frías cuando esas palabras salieron de su boca, erizando las pieles de a quienes se refería cuando sus ojos igual de helados como su voz se escurrieron hasta sus personas, llenos de una rabia recién encontrada, su expresión había cambiado tan drásticamente que pareció tratarse de una persona completamente diferente.

–Justo cuando las cosas iban a estar bien…

¡Ustedes llegan y lo arruinan todo!-, las pupilas de Tomeo se encogieron tanto que sus ojos casi tomaron un color meramente blanco, y entonces su mente encerró su cuerpo a una sola acción: Matar.

Sus piernas se torcieron ligeramente en su posición antes de abalanzarse sobre sus objetivos, a quienes miraba en rojo.

Los tres Yakuza al verlo correr hacia ellos como si fuera un animal rabioso comenzaron a descargar sus cartuchos sobre el cuerpo de Tomeo, pero las balas apenas le hacían perder algo de equilibrio antes de que siguiera corriendo, las balas simplemente no hacían nada.

-¡MUTACIÓN PASIVA!-, Tomeo rugió cuando ya se encontraba frente a uno de los hombres, con su mano aplastando su cara.

El efecto de la Técnica maldita fue rápido, pues el cuerpo del hombre comenzaría a retorcerse y adquirir colores putrefactos hasta convertirse en una masa amorfa de carne, acompañada de gemidos dolientes y ululantes que finalizaron con el “cuerpo” cayendo al suelo con un sonido viscoso; al final, lo que alguna vez fue un rostro solo pudo verse con el eco de lo que debería ser una expresión bañada en una exquisita agonía.

La visión de esto provocó el horror absoluto en los dos faltantes, su control sobre sus vejigas e intestinos se redujo a cero y se mancharon las piernas con sus propias inmundicias.

Sus dedos no dejaban de apretar el gatillo de sus armas una y otra vez pero sus cartuchos ya estaban desprovistos de balas.

Tomeo por su parte no prestó más atención a los restos de su primer asesinato y pronto se lanzó hacia su siguiente objetivo.

El hombre alto y callado fue el aparente afortunado en ser ignorado en ese momento, así que sin pensarlo dos veces abandonó a su compañero y se dispuso a escapar.

Su rostro y temple alguna vez impasibles ahora se habían derrumbado completamente cuando escuchó los gritos agonizantes de su compañero, haciéndolo apretar los parpados por unos segundos, sabía que debía volver al auto que ocuparon para volcar la camioneta, así que implementó toda su fuerza en sus piernas con la esperanza de perder a aquel monstruo.

Sin embargo toda esperanza murió cuando una enorme cuchilla atravesó su pecho, -Coooof-, el pobre incauto tosió sangre a borbotones mientras miraba shoqueado la cuchilla deforme que lo alzaba en el aire, el estómago se le había hundido, sabiendo que su fin había llegado cerró los ojos tan pronto se sintió cansado, finalizando su vida.

Sin embargo Tomeo no había sido consciente de ello cuando retrajo su brazo alargado hasta su longitud natural, sin embargo tanto ese antebrazo como el otro no habían vuelto a sus formas naturales.

En lugar de manos, solo estaban dos puntas afiladas y deformes con las que procedió a despedazar el cadáver, llorando con odio.

Solo cuando el cuerpo no era nada más que picadillo se detuvo y su mente finalmente procesó lo que había hecho.

La mirada de Tomeo se había vaciado de ese estado berserker y sus ojos recorrieron los restos de la brutalidad de su enojo.

No pudo evitarlo y su cuerpo se arqueó hacia abajo, vomitando bilis con violentas arcadas.

Estuvo así por un par de minutos, hasta que finalmente pudo respirar.

-¿Yo hice eso?-, Tomeo se preguntó mientras gateaba de espaldas, mirando a las masas de carne amoratada y verdosa desparramadas en la tierra, -Maldición…

¿Por qué lo hice?-, Tomeo sollozó mientras seguía retrocediendo hasta que el calor lo hizo detenerse y devolver su mirada hacia el fuego que devoraba el bosque, allí entre las llamas estaba la camioneta de su segundo padre, carbonizada hasta la negrura total.

-Ah…

fue por eso-, Tomeo recordó de pronto, y sus ojos se perdieron en el entorno, ya no sabía cómo sentirse ni qué hacer.

Justo cuando todo comenzaba a ir cuesta arriba, justo cuando todo comenzaba a estar en orden, volvió a someterse al caos.

-Noooo…

teeee preocupes…

Tomeo-Kuuuuun…-, Tomeo se devolvió a la realidad cuando creyó escuchar el débil sonido de una voz pequeña.

Sus ojos enfocaron nuevamente y miró hacia el bosque, pero todo lo que vio fueron las llamas embravecidas que devoraban los árboles, bufando tan fuerte que Tomeo comenzó a creer que por fin había enloquecido por confundir eso con una voz.

Sin embargo, la voz regresó, apenas audible debido al rugir de las brillantes llamas que amenazaban con seguir su camino hasta el horizonte.

Tomeo miró hacia abajo, solo para encontrarse con un camino de lo que parecía ser brea arrastrándose hacia él, con una figurilla blanquecina y monstruosa labrándolo, como si la brea fueran sombras que el ser albino supuraba o cómo si emergiera de esa sombra que pretendía ser un líquido.

La figura tenía una apariencia extraña, como un grano blanco con una boca llena de enormes dientes cuadrados y brazos esqueléticos con dedos huesudos que terminaban en garras negras, largas y puntiagudas.

-Yo siempre…

estaré…

a tu lado…

POR SIEMPRE…

es…

una promeeeesaaaaaa-, el ente gimió con la distorsión de una voz que Tomeo reconoció al instante.

–Rika-, Tomeo exhaló el nombre, entendiendo al instante lo que había sucedido.

Orimoto Rika, habiendo muerto con el pendiente de permanecer al lado de Tomoyose Tomeo acorde a su promesa, había regresado en la forma de un Espíritu vengativo; La reina de las maldiciones.

-Rika-, Tomeo volvió a nombrarla, viendo lo que creyó era su cabeza asentir con lentitud, -Yo siempre estaré contigooooooo Tomeo-Kun, incluso si…

ya no luces igual, yo sieeeeeempreeeee estaaaaaaré aaaaaa tuuuuu laaaaaaadoooooo-, la voz de Rika resonó como si hablara a través de un micrófono con filtros de distorsión, como si no estuviera acostumbrada a su propia boca; intentando sonar alegre y adorable, pero logrando el efecto opuesto.

-¿Cómo?-, Tomeo se preguntó y entonces recordó que había vuelto a su apariencia original, sorprendiéndole el hecho de que Rika fuera capaz de reconocerlo.

-Oooyee Tomeo-Kuuun, ¿Quiereeeees casaaaarte conmigooooo?-, Rika preguntó de la nada, con sus dientes enormes y caricaturescos esbozando una enorme sonrisa que pretendía ser radiante.

–Cuaaando seeeeaaamos…

grandes…

nooos caaaasaareeemooos-, Rika proclamó, con sus manos sosteniéndolo en las espinillas, pero Tomeo solo pudo tararear con nerviosismo; no miraba a una Maldición desde que mató a aquella que perturbó su hogar, especialmente tan de cerca como lo estaba haciendo ahora.

Ver a Rika convertida en ese pequeño monstruo fue tan aterrador como fascinante, su tejido opaco y húmedo como una cebolla sudorosa le resultaba asqueroso y curioso a la vez; e incluso cuando parecía ser un bebé en comparación con lo que terminaría siendo conforme a los años, todavía sentía una gran opresión emanando de ella, como si la maldad inherente de la niña hubiera tomado forma.

Tomeo se hincó lentamente, plantando suavemente las rodillas en el suelo, siendo apoyado por las manos malditas de Rika y así como ella, él puso sus manos en lo que supuso eran sus mejillas, lo que provocó que la ya enorme sonrisa del Espíritu vengativo se hiciera aún más grande.

–Debemos irnos-, de pronto Tomeo razonó cuando sus oídos captaron el sonido de helicópteros acercándose, exponerse ahora era una idea muy mala según él, y no se equivocaba.

Time skip.

Ante la escena del crimen, no había decisión más sabia en los pensamientos de Tomeo que escapar, abandonando cualquier posibilidad de un regreso a su vida hasta entonces natural.

Ya no había nadie que pudiera hacerse cargo de él.

No, no tomó en cuenta a la abuela de Rika, sabiendo perfectamente que tipo de relación tenían y recordando algunas menciones despectivas por parte de la propia Rika durante el tiempo que lo cuidó.

La realidad de su situación actual se asimilaba en su cabeza con lentitud, pero el vivir en las calles fue un resultado instantáneo de su escape.

Y así, tras 2 días de continua caminata, Tomeo finalmente había encontrado edificios en pie.

Esto le hizo sentir algo de alivio, uno que se entibió cuando descubrió que había dado con un pueblo fantasma; uno de los pocos que existen en Japón.

Tal cual no se sintió decepcionado, mucho menos asustado; no con la presencia de Rika, quien aunque invisible, lo seguía a todas partes flotando por encima de su nuca.

Pronto eligieron una casa con la cual dormir al menos una vez, cosa que Rika tomó como un juego familiar, pretendiendo ser un par de recién casados.

La visión del feto de maldición arrojándose a sus brazos como en una luna de miel inquietó a Tomeo, quien se preguntaba cuanta libertad tenía Rika en casa, pero al final decidió seguirle el juego para mantener su mente ocupada y sobretodo distraída de la carga emocional que pesaba en su espalda desde hace mucho mucho tiempo.

Lo que nos lleva al tiempo actual, con Tomeo rebuscando entre los muebles alguna cobija o algún futon en el que pudiese dormir.

-Tomeoooo-Kun, ¿Así será nuestra casa en el futuro?-, Rika se materializó a su lado y gorjeó con ilusión, revoloteando a su alrededor como si de un djinn se tratase.

Tomeo no respondió, solo suspiró y miró a Rika antes de tomarla de lado a lado y sentarla en un mueble, finalmente tomando una decisión.

–Rika-Chan, mi papá está muerto, ¿Sabes lo que significa?-, Tomeo preguntó con una voz que encontró un tono repentinamente sereno; no esperó respuesta antes de continuar.

-Significa que no hay una casa a la que podamos volver, significa que no queda nadie que quiera acogernos…

pero sobre todo que estamos solos-, Tomeo continuó, esforzándose al máximo por entonar un japonés entendible, empleando sus pocos años aprendiendo el idioma, y para su fortuna su compañera de cuarto registró todas y cada una de sus palabras, sonrojada ante el contacto tan directo con el protagonista de sus sueños.

-Yo…

yo creí que esto sería diferente…

snif…

creí que podría crecer como una persona normal y ahora…

snif…

y ahora ¡estamos solos!-, Tomeo habló en un español entrecortado debido a su garganta impotente y pesada como plomo.

Rika estaba confundida, pues de repente escuchó al joven hablando en un idioma desconocido, pero aun así, era capaz de percibir el dolor en su expresión enrojecida, empapada de lágrimas, saliva y mocos.

El agarre que no se separó de sus mejillas se había aferrado más.

-Ahora…

eres cuanto tengo-, Tomeo se forzó a volver a su japonés novato cuando se dio cuenta de su error.

Pero esa última frase penetró el espíritu de la pequeña Rika hasta el fondo; y su corazón inexistente se encendió y su estómago se elevó, como si digiriera las mismísimas nubes.

En ese momento una unión, un vínculo, una relación, se había establecido para jamás detenerse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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