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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Entonces ¿ que harás
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26: Entonces ¿ que harás ?

(cap 26) 26: Entonces ¿ que harás ?

(cap 26) Satana se quedó hipnotizada por un momento.

Sin embargo, reaccionó al instante en que procesó lo que acababa de hacer: Había pronunciado el nombre de Morgan… sin sufrir ninguna consecuencia.

Se llevó una mano a la boca, atónita.

– Espera… ¿cómo dije tu…?

Satana estaba perpleja.

Se suponía que no debía poder decir su nombre.

Y sin embargo… – ¿Cómo es que yo pude…?

(dijo Satana, tartamudeando) Morgan respondió con un tono alegre y desenfadado.

– Digamos que soy… diferente.

En la mente de la joven de cabello rojo, mil pensamientos se cruzaban.

Era demasiado.

Demasiado para asimilar.

Todo lo que acababa de vivir frente a ese ser…

– Así que llámame Morgan, ¿sí?

(dijo Morgan alegremente) – Bien, entonces…

tú me ibas a mostrar el lugar, ¿no?

(añadió Morgan con entusiasmo) – Ah, sí… (dijo Satana, llevándose la mano a la frente con un leve dolor de cabeza) – Sígame, por favor, mi seño… Morgan frunció los labios, molesto, al ver que Satana estaba a punto de llamarlo “mi señor” otra vez.

Satana lo notó, lo sintió.

Las vibraciones habían cambiado.

Así que corrigió su frase apresuradamente.

– Morgan… perdón, sígame por favor, Morgan.

(dijo con dificultad) – Sí.

Mucho mejor.

(respondió Morgan, feliz) Satana, aún pensativa, comenzó a caminar delante de él hasta llegar al final de un pasillo.

Allí se encontraba un elegante ascensor.

Tan pronto como se paró frente a las puertas, estas se abrieron con un suave zumbido.

Tenían un símbolo tallado con precisión.

Morgan la siguió, sorprendido, y observó cada rincón del elevador.

No podía creerlo: en un mundo tan medieval, ver tecnología funcional era un absurdo.

Miró hacia arriba y vio un cristal blanco bastante grande, idéntico a los que Satana tenía incrustados en los aparatos de sus oídos.

Pero este tenía un símbolo grabado… El mismo que decoraba las puertas.

Satana notó su curiosidad y, con un tono amable, le explicó: – Esos cristales se llaman Statiksitas.

Tienen propiedades especiales según el símbolo que se les grabe.

Ese, por ejemplo, sirve para mover cosas.

Los míos… amplifican y muestran lo que hay frente a mí.

(dijo cordialmente) – ¿En serio…?

¿Así funciona?

Eso es increíble.

Entonces… ¿los barcos que vi también usan uno?

(preguntó Morgan, impresionado) Al cabo de unos segundos, llegaron a la planta baja.

Morgan ya había visto la academia desde arriba, pero al estar allí abajo, fue diferente.

La inmensidad del edificio lo hacía sentirse como un insecto.

Satana siguió caminando, mientras Morgan contemplaba maravillado la estructura.

– Esta academia fue construida hace siete mil años, al final de la Gran Guerra Mundial.

(dijo mientras avanzaban) – ¿Te refieres a la que acabó con el Reino Humano…?

¿Pero eso no fue hace diez mil años?

(preguntó Morgan, confundido) Satana se detuvo, giró y frunció el ceño.

– Mmm… no.

Yo hablo de la guerra entre los nuevos reyes del mundo.

“¿No sabe de la Gran Guerra Mundial…?

Solo conoce la caída del Hombre.

Esto es muy extraño…” (pensó Satana) (respondió, igual de confundida) – Después de que los Zorath derrocaran a la humanidad y se apoderaran del mundo, estalló una guerra entre ellos.

Querían quedarse con la capital… con lo que alguna vez fue el Reino Humano.

La guerra duró tres mil años.

Al final, llegaron a un acuerdo: Cada mil años, un nuevo rey ocuparía el Trono Central.

Ese rey vendría de uno de los seis reinos… y así nació el séptimo: la capital de todos.

Morgan estaba atónito.

– Incluso entre ellos… también pelearon.

( Dijo Morgan en su mente ) – Así nacieron las Siete Coronas Celestiales: Siete reyes para gobernar el mundo.

Cada uno de una raza distinta, turnándose el trono para mantener la Paz entré reinos.

(dijo Satana con molestia) Se detuvo frente a un cuadro inmenso.

La pintura mostraba a un hombre de cabello negro, ropajes oscuros, velo sobre el rostro, una máscara negra con espinas blancas y una corona dorada… rota.

– Y así… llegamos al séptimo en ocupar el Trono de Fallen Crown.

La séptima corona celestial: Caín.

(dijo Satana, molesta, sin quitar la mirada de la pintura) Morgan también lo observó.

A pesar de que era solo una imagen… algo le erizó la piel.

– ¿Por qué lleva máscara?

(preguntó, buscando alivianar el ambiente) Satana respondió con desprecio: – Los reyes se consideran divinidades por su conexión con “Ella”.

Se dice que tienen una unión espiritual más profunda… Y por eso sus rostros no deben ser vistos por los mortales.

Suspiró.

Apretó los puños.

El rencor que sentía era evidente.

– “Ella”…

siete reyes…

¿cuántas preguntas tiene este mundo?

(pensó Morgan) Habían caminado varios metros, pero algo lo inquietaba.

– ¿Por qué no hay nadie más?

Esto es una academia… ¿no?

¿Dónde está la gente?

(preguntó, confundido) Satana se detuvo.

Escuchó.

Silencio.

– Es verdad… no escucho a nadie cerca.

Se concentró.

Y entonces, su rostro se tensó de golpe.

– El coliseo…Oh no… (dijo, preocupada) – ¿Qué pasa?

(preguntó Morgan) – En el coliseo… ¡Machia!

( Dijo Satana preocupada ) – ¿Ah?

( Dijo Morgan confundido ) – El coliseo solo se usa para tres cosas: entrenamientos, combates amistosos entre casas… y Machia.

(dijo Satana, temblando) – ¿Qué es Machia?

(preguntó Morgan, aún más preocupado) – Es una prueba… Una prueba especial para los humanos que desean libertad.

Pero es inhumana.

Nadie ha logrado superarla.

La usan solo para burlarse de nosotros, para jugar con nuestras esperanzas… Y alguien… Alguien está enfrentando Machia ahora.

(dijo Satana, con impotencia) – ¡Llévame ahí!

¡Ahora!

(ordenó Morgan, serio, molesto) Satana notó el cambio en su vibración.

Era distinto.

Estaba… furioso.

– Sígame… por favor… Ambos corrieron a toda velocidad.

El rugido del coliseo se escuchaba a lo lejos.

Gritos, vítores, temblores.

Toda la academia estaba reunida allí.

– Es ahí… (señaló Satana) Subieron por el túnel que llevaba a las gradas.

Al final, la luz.

Y al cruzarla… el infierno.

El coliseo vibraba con emoción.

Miles de seres de distintas razas gritaban como en una fiesta.

Arriba, en lo más alto, nueve figuras observaban desde los tronos… Imponentes.

Intimidantes.

Morgan bajó la mirada.

Y la vio.

Una joven humana, con cabello negro, ropa desgastada, cicatrices por todo el cuerpo.

Temblaba.

Sostenía una espada con manos frágiles.

Frente a ella, una mujer de orejas puntiagudas, cola canina, cabello morado, abrigo de invierno, piel blanca y mirada feroz.

– ¿Escuchaste?

Parece que la humana derramó agua sobre Kalista… – ¡Oh, pobre basura!

Está muerta, jajaja… – ¿No es propiedad de la princesa Restia?

– Sí, pero a nadie le importa.

Se consigue otra.

(murmuraban entre risas) La mujer loba extendió los brazos y gritó: – ¡¿ESTÁN LISTOS PARA ESTO?!

– ¡GÖR!

¡GÖR!

¡GÖR!

(gritaba el público al unísono) – Es simple, basura.

Solo tienes que derrotarme.

Si lo logras… serás libre.

– ¿Le damos una ventaja?

( Grito la mujer al público ) – ¡SÍ!

( Respondió el público con emocion y euforia ) – ¡Entonces!

¡Te dejaré dar el primer golpe!

Aquí estoy… ¡soy toda tuya!

La mujer loba se burló.

Se puso de espaldas, manos tras la espalda, rostro expuesto.

– ¡Vamos!

¡VAMOS!

¡VEN A MÍ!

Morgan apretó los puños.

Quería intervenir.

Pero la voz del Zorath resonó en su mente: “Acciones y consecuencias.” No sabía qué pasaría si saltaba.

¿Y si lo hacía… y lo pagaba?

La joven humana corrió, con lágrimas, miedo, desesperación.

Lanzó un golpe.

Pero la mujer loba atrapó la espada con el hocico.

La rompió con sus dientes afiliados.

La humana cayó de rodillas.

Retrocedía, arrastrándose.

– Es mi turno… (dijo la mujer loba, sonriendo con placer) – ¿Y entonces… qué harás?

A su lado, apareció la figura del dios de ojos azules.

Solo Morgan podía verlo.

– ¿Vas a ayudarla… o solo mirarás otra vez?

Dime… ¿qué harás, niño?

(se burló de él) El miedo lo paralizaba.

Ese rostro… esa voz… “¿Qué harás, qué harás?” Satana notó su estado.

Se acercó.

– ¿Señor Morgan?

Una última imagen cruzó su mente.

El niño.

El dolor.

Morgan bajó la mirada.

Suspiró.

– Haz algo… Por favor.

La mujer loba alzó su puño.

La humana gritaba por ayuda.

– ¡Alona!

¡Alona!

¡Alona!

El golpe descendió.

Violento.

Asesino.

Pero… Alguien se interpuso.

El impacto fue brutal.

Todo el coliseo quedó en silencio.

La humana abrió los ojos… Y vio una sombra frente a ella.

– ¡JAJAJA!

¡Lo hiciste!

¡DE VERDAD LO HICISTE, NIÑO!

(rió Morgan… o algo dentro de él) – Está bien… Te seguiré el juego esta vez.

La mujer loba retrocedió, confundida.

– ¿Qué carajo?

Morgan la apuntó con el dedo.

– No se preocupe, señorita.

¿Por qué no mejor… baila esta pieza conmigo?

AZTLAN Trigésima sexta representación.

Rama Reptiloide-Testudines.

Especimen Nº 173840: Macrochelys temminckii.

Bailemos.

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: Morgan, el Ajolote.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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