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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 el reto cap 28
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28: el reto ( cap 28 ) 28: el reto ( cap 28 ) Zarathoz caminaba elegantemente por toda la escuela, con los brazos a su espalda y la cabeza en alto, proyectando una dignidad tan natural como intimidante.

La mujer de cabello blanco y ojos grises que la seguía bajaba la mirada, pero a la vez parecía querer decir algo…

Aunque no encontraba el coraje suficiente para hacerlo.

Sin embargo, Zarathoz, a pesar de darle la espalda, percibió la inquietud de su subordinada.

Y, con una voz tenue pero grave, habló sin girarse siquiera.

-Luzbel…

Dime qué es lo que me quieres decir de una vez.

Luzbel, sorprendida, tartamudeó un poco antes de finalmente hablar.

-Ve-verá…

los demás profesores la están esperando en la Cámara del Silencio.

Algunos están confundidos…

y otros molestos por lo que pasó.

Quieren una explicación suya.

(Lo dijo con voz delicada, casi temerosa.) -¿Y?

¿Eso es todo?

(Dijo Zarathoz seriamente, como si ya supiera que no era así.) -¿A-a qué se refiere, directora?

(Dijo Luzbel, fingiendo ignorancia.) -¿Crees que soy tonta?

Sé que eso no es lo que realmente querías decirme…

Es sobre el muchacho, ¿verdad?

Ante el cuestionamiento tajante de Zarathoz, Luzbel se quedó helada.

Era como si ella pudiera leerle los pensamientos.

-Sí…

parece que di en el clavo, ¿verdad?

(Dijo Zarathoz con una sonrisa egocéntrica.) Luzbel no respondió, pero en efecto, deseaba saber más.

Quería entender qué había pasado…

y sobre todo, saber más de aquel muchacho que, al parecer, había intentado proteger a una humana.

-De momento, lo único que te diré es que su nombre es Morgan…

y que probablemente no proviene de ninguna raza conocida hasta ahora por nosotros.

Esa última frase dejó aún más perpleja a Luzbel.

Quiso tomar del brazo a Zarathoz para que le explicara a qué se refería, pero antes de que pudiera hacerlo, ambas llegaron frente a un puente enorme, hecho de roca y platino.

Escudos tallados se apilaban en la mitad de la puerta, uno sobre otro, como los estandartes de un imperio.

-Tal vez, cuando salgamos de aquí…

te hable un poco más del muchacho.

(Dijo Zarathoz con una sonrisa confiada.) Zarathoz puso su mano sobre la puerta, y esta se abrió de inmediato, dejando salir una ráfaga de viento desde su interior.

-Bien…

aquí vamos.

(Lo dijo con un dejo de molestia.) Zarathoz entró.

Luzbel la siguió.

A los costados había pilares de concreto blanco: cinco del lado izquierdo, y cuatro del derecho.

En la punta, como tronos de reyes, se alzaban asientos de lujo, donde ya estaban sentadas ocho entidades expectantes.

El ambiente era tenso, casi irrespirable.

-Ve a tu lugar.

(Ordenó Zarathoz sin mirarla.) Luzbel hizo una reverencia, extendió sus alas, y voló hacia el único asiento vacío.

Mientras tanto, Zarathoz caminó con la mirada en alto, proyectando una superioridad innata, hacia el último pilar: uno más alto que todos los demás.

Sin desplegar sus alas, comenzó a generar escaleras de roca, una a una, hasta llegar a su trono.

Se acomodó con elegancia, cruzó una pierna sobre la otra, apoyó el rostro sobre una mano, y con voz imponente dijo: -Y bien…

¿cuál es el asunto?

Una voz femenina y potente se levantó apenas Zarathoz terminó de hablar.

¡Quiero saber quién carajos fue el que interrumpió de esa manera el reto lanzado por mi alumna!

La queja venía de una mujer extremadamente alta y fornida, con ropajes invernales, cabello rizado color café, ojos amarillos y unas orejas redondeadas pequeñas y peludas como las de un oso .

En lugar de uñas, tenía garras enormes, y su mirada era tan feroz como su físico.

-¡Quiero que usted me explique quién es ese niño que se metió en la pelea de hoy!

Y sobre todo…

¿por qué lo hizo para proteger a la basura?

(Lo dijo con furia contenida.) -Yo también quiero saber quién es ese muchacho…

(La voz que interrumpió era fría, seca, como si viniera de una tumba.) Provenía de un ser con una armadura plateada y oxidada.

Su casco parecía estar fusionado a su rostro, del cual sobresalían fragmentos de piel entre las grietas.

Una capa azul marino, rasgada y sucia, colgaba de sus hombros, y a su costado descansaba una gran espada oxidada.

-Entonces…

¿nos dirás quién es nuestro misterioso visitante, estimada directora?

Una nueva voz se unió a la discusión.

Esta vez era una voz sensual, casi hipnótica.

Provenía de una mujer de piel completamente negra, como la noche, con orejas largas y puntiagudas.

Su cabello, negro como la tinta, estaba manchado de blanco como si le hubieran salpicado pintura.

Llevaba un velo blanco que cubría su nariz y boca, y una ropa blanca y dorada…

provocativa, elegante.

-¡Dinos de una vez quién es él!

(Ordenó la mujer del cabello rizado, dando un puñetazo al asiento.) El golpe, aunque no parecía tan fuerte, hizo temblar el pilar y resonó con gran eco por toda la cámara.

Zarathoz bostezó.

Se levantó de su trono, estiró el cuello con desinterés, y respondió con pereza.

-No lo sé.

(Lo dijo tajantemente.) La sala entera quedó en silencio.

Justo cuando la mujer de cabello rizado estaba por estallar de ira, otra voz se adelantó, tranquila y respetuosa.

-Perdone que sea yo quien la cuestione, directora…

pero me resulta difícil de creer.

Después de todo, fue usted quien lo llevó a su oficina.

El que habló era un hombre de cabello rubio, ojos rojizos, piel pálida, y ropa ostentosa.

En su pulgar, un tatuaje en forma de serpiente le rodeaba el dedo.

-¡No nos jodas, Zarathoz!

Tú sabes algo.

Es tu deber y tu trabajo mantenernos informados de todo lo que pase en esta academia.

¡Así que déjate de estupideces y dinos quién es el mocoso!

(Estalló la mujer de cabello rizado, furiosa.) -Sé cuál es mi trabajo al mando de esta academia, señorita Ursa…

Pero no voy a tolerar ninguna falta de respeto mientras yo esté al mando.

¿Entendido?

Zarathoz le lanzó una mirada tan aterradora, tan cargada de poder, que el aire pareció detenerse.

Ursa, sintiendo esa presión, solo pudo bajar la cabeza…

impotente, temblando de rabia.

-Y sé que muchos de ustedes están confundidos, y tienen dudas.

Pero es verdad: no sé nada sobre ese visitante.

Me lo llevé justamente para interrogarlo…

pero cayó inconsciente antes de que pudiera preguntarle lo que sea.

En cuanto despierte, permitiré que lo interroguen, y entonces…

todos obtendrán sus respuestas.

¿Quedó claro?

(Dijo Zarathoz con la misma mirada imponente.) -¿Y quién hará dicho interrogatorio?

La pregunta vino de un hombre bajo, de barba rojiza y larga, cabello igualmente rojizo, lentes blancos con cristal azul.

En sus manos sostenía un objeto redondo que giraba y analizaba sin apartar la vista.

-Sí, ¿quién hará el interrogatorio?

(Dijo Ursa, aún molesta, aunque más dócil.) -Tienen razón…

hay que elegir a alguien.

Déjenme ver…

Pero Ursa no le dio oportunidad.

-Debido a que mi alumna fue la afectada por él…

¡me merezco el derecho de ser quien lo interrogue!

¿No lo cree, directora?

(Dijo Ursa con recelo.) -Jum…

tienes razón.

(Dijo Zarathoz, mientras bostezaba.) -Gracias.

Me aseguraré de sacarle toda la información que…

Pero Zarathoz la interrumpió, hablando con frialdad y total indiferencia.

-Lo hará…

Luzbel.

La sala entera enmudeció.

Incluso la misma Luzbel quedó paralizada.

-¿¡Qué!?

(Gritó Ursa, incrédula.) -Lo que oíste.

El interrogatorio…

lo hará Luzbel.

(Dijo Zarathoz, sin cambiar el tono.) -¿¡Estás jugando conmigo!?

¿¡Por qué putas lo va a hacer esa enferma de allá!?

¡Ni siquiera debería estar aquí, con sus ideas estúpidas y ofensivas de tratar bien a la basura!

¡Es la menos calificada para hacer algo así!

Luzbel bajó la mirada.

Las palabras de Ursa le dolieron…

profundamente.

Zarathoz sonrió.

Luego desapareció de su lugar y apareció frente a Ursa, sujetándole el rostro con una sola mano, mirándola con una expresión tan dominante que el silencio se volvió absoluto.

-Creí haberte dicho…

que no toleraría faltas de respeto en mi cámara…

y en mi academia.

Y si yo digo que Luzbel hará el puto interrogatorio, es porque ella hará el jodido interrogatorio.

¿¡Te quedó claro!?

(Zarathoz clavó ligeramente sus garras en el rostro de Ursa, sin romper la piel…

pero con clara intención.) -Pregunté…

¿¡te quedó claro!?

Ursa solo pudo asentir, temblando de rabia.

Zarathoz volvió a su asiento con elegancia, se acomodó la ropa…

y, mientras Ursa se tocaba el rostro humillada, añadió: -Sin embargo, entiendo tu molestia por lo de tu alumna.

Así que…

¿qué te parece si hacemos un reto?

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: eres lo que estaba buscando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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