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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 65

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Capítulo 65: dependencia ( capítulo 65 )

Frente al rey se alzaban cinco figuras.

No eran simples estudiantes.

No eran espectadores.

Eran presencias que imponían respeto.

Dos femeninas. Tres masculinas.

El que había tomado la palabra frente al rey Caín era un hombre de cabello semilargo, de un azul eléctrico antinatural, como si hubiese sido tocado por una tormenta. Sus ojos, grisáceos, carecían de calidez; observaban con una calma peligrosa. De su cabeza emergían cuernos grisáceos, agrietados, y en su cuello se extendían escamas amarillas opacas, como oro. Allí, entre piel y escama, un tatuaje azul brillaba tenuemente: pequeños rayos que se ramificaban, como si su garganta ocultara un relámpago contenido.

A su costado se encontraban otros dos.

Uno de ellos tenía el cabello corto y blanco, la piel negra como el carbón, absorbía la luz en lugar de reflejarla. Sus orejas eran largas, afiladas, y sus ojos…

Sus ojos eran completamente blancos, sin pupilas, sin iris, al igual que sus pestañas y cejas. Parecía una estatua viviente esculpida en oscuridad.

El otro…

El otro no tenía rostro humano.

Su cabeza era una calabaza, abierta por dentro, ardiendo con un fuego verdoso que iluminaba sus ojos y su boca tallada. Las llamas crepitaban suavemente, como si respiraran con él.

Del lado izquierdo se encontraba una joven de cabello corto negro, con mechones azulados. Su piel era oscura, y de su cabeza surgían antenas azul brillante que se movían levemente, sensibles al entorno. En su espalda se extendían dos enormes alas de mariposa, negras, azules y rojas, con patrones tan bellos como inquietantes. En su barbilla llevaba tatuada una mariposa, y sus ojos, azules con rojo, parecían observar siempre desde un ángulo cruel.

La última chica permanecía casi inmóvil.

Cabello blanco largo, cayendo como un velo, con un flequillo que ocultaba por completo sus ojos. Sus cuernos, color café, estaban ligeramente enroscados. Sus orejas eran largas, suaves, y un pelaje esponjoso cubría partes de su cuerpo, recordando a una oveja. Su presencia contrastaba con la violencia que la rodeaba… y aun así, algo en ella resultaba inquietante.

Todos compartían algo en común.

Una prenda roja.

El logo dorado de una espada siendo abrazada por la imágen de una dragón.

-Hace tiempo que no te veía, joven Doran.

( Dijo el rey con una sonrisa amplia, casi alegre )

-Así es… ha pasado algún tiempo, su majestad.

( Respondió Doran con respeto, inclinándose en una reverencia )

-Entonces… ¿tú te encargarás de la señorita?

( Preguntó Caín, ladeando la cabeza, genuinamente confundido )

Doran giró apenas el rostro. Sus ojos se posaron sobre el cuerpo inconsciente de Kalista, tirado en el suelo como un objeto roto. Por un segundo dudó… luego sonrió, una sonrisa incómoda, tensa.

-Sí… después de todo, pertenece a mi casa.

( Dijo con cierto pudor )

-Tch… maldita basura. Arma todo este desorden y se atreve a perder contra un novato. Debería darle vergüenza y morirse.

( Escupió la chica de cabello negro y azul, pisando la cabeza de Kalista con rabia )

-Vamos, vamos… no seas tan dura, Aine. Ella dio todo lo que tenía en ese combate. Luchó de manera digna y honorable. Aún puede mejorar.

( Dijo Doran con voz calmada )

-Vamos, Doran, sabes que eso no es cierto. La basura siempre será basura. No importa cuánto se esfuerce, nunca cambiará lo que es.

( Dijo Aine con absoluto desprecio )

-Concuerdo con Aine. Te dije que no debíamos aceptar a esta tipa en nuestra casa. Aún no puede liberar su Nirvana y ya está en tercer año. Es cruel… pero no tiene el talento suficiente para estar en Veldragon.

Esta vez, quien habló fue la figura de la calabaza en llamas.

-¿Vaya… tú también, Ichabod?

( Dijo Doran, claramente decepcionado )

-¿Ves? Tengo razón. Debemos sacarla de nuestra casa. Hoy puso nuestro nombre en ridículo. Una persona así no tiene cabida en Veldragon.

( Insistió Aine, furiosa )

-¿No les parece que están siendo un poco crueles con ella?

( Preguntó Doran, con el ceño fruncido )

-No. Simplemente es la realidad.

( Respondió Ichabod, tajante )

-Ahhh… hablaremos de esto después. No podemos pelear frente a su majestad.

( Intervino Caín, rascándose la cabeza )

Doran se giró nuevamente hacia el rey y realizó otra reverencia.

-Lamento que haya tenido que presenciar esto, su majestad. Nos retiramos, con su permiso.

( Dijo con vergüenza )

-No, no te preocupes. Me gusta la pasión de los jóvenes.

( Respondió Caín, divertido )

Doran se dio la vuelta y miró al joven de piel oscura.

-Zafir… ¿podrías llevártela?

( Preguntó con calma )

Zafir asintió en silencio. Levantó a Kalista sin esfuerzo y la cargó sobre su hombro, como si fuese un costal sin valor.

-¿Crees poder revisarla más tarde, Baphie?

La chica de aspecto ovino respondió con una voz baja y suave.

-Sí… déjamelo a mí.

Doran volvió a inclinarse ante el rey.

-Antes de que nos marchemos… ¿puedo preguntar el nombre de ese chico de pelo rosa?

( Preguntó con interés )

-Oh, vaya… ¿tú también estás interesado en él? Jajaja.

( Respondió Caín, entusiasmado )

-Sí… algo así.

( Dijo Doran con una risa nerviosa )

-Verás, verás… se llama Morgan. No sé qué casa vaya a elegir, pero sin duda será una gran adicción.

( Dijo Caín, expectante, casi emocionado )

-¿Morgan, eh? Bueno… si me disculpa, espero que nos veamos pronto, su majestad.

( Dijo Doran en una última reverencia )

El grupo abandonó el coliseo, llevándose a Kalista.

-Ahhh… creo que las cosas se pondrán muy interesantes a partir de ahora.

( Murmuró el rey, con una satisfacción extraña y aterradora )

Caín permaneció solo, en medio del coliseo. La euforia rugía a su alrededor, pero él guardó silencio. Bajo su máscara, una sonrisa se ensanchó.

-No puedo esperar.

Mientras tanto…

Zarathoz irrumpió en la habitación de Morgan, casi derribando la puerta, y lo dejó caer con cuidado sobre la cama. Sus manos estaban empapadas en sangre.

Luzbel llegó corriendo, apenas Zarathoz se apartó.

-¿Cómo está?

( Preguntó, con la voz quebrada )

Zarathoz no respondió. Solo se hizo a un lado.

Luzbel se acercó y su corazón se encogió. Tocó a Morgan… y sus dedos se mancharon de rojo.

-Rápido, Zarathoz… debemos llevarlo a algún lado. Está muy mal. Podemos perderlo… ¡debemos hacer algo!

( Sollozó )

-Oye.

( Dijo Zarathoz, seca )

-¡No te quedes ahí! ¡Ayúdame a llevarlo!

( Suplicó Luzbel, desesperada )

-Mira.

( Insistió Zarathoz )

-¡Carajo, Zarathoz! ¿No me escuchaste? ¡Ayúdame a…!

Zarathoz la tomó bruscamente y le dio una cachetada.

-Te dije que mires. MÍRALO.

Luzbel, en shock, bajó la mirada.

Las heridas de Morgan…

se estaban cerrando poco a poco.

-¿Eh… cómo?

( Susurró, incrédula )

-A veces tu enferma dependencia te nubla la vista. Como verás, no necesita que lo llevemos a ningún lado. Al parecer… puede sanarse solo.

( Dijo Zarathoz, exhausta )

&¿Pero cómo?

( Preguntó Luzbel, temblando )

-No lo sé. No entiendo nada… pero por ahora, es mejor que nos vayamos y lo dejemos descansar.

( Suspiro zarathoz cansada )

-Pero…

( Dijo luzbel con preocupación )

-Déjalo. Es lo que más necesita ahora. Estará bien.

( Afirmó con seriedad )

Luzbel apretó los labios, dolida, pero aceptó.

Ambas salieron.

Zarathoz lanzó una última mirada a Morgan antes de cerrar la puerta, aliviada… pero confundida.

La habitación quedó en silencio.

Entonces, el brazo de Morgan cayó lentamente, casi tocando el suelo.

De la sombra proyectada por su mano emergió Xol, el perro sin pelo, de ojos azules brillantes. Se sentó a su lado y habló con voz grave.

-Eres un maldito idiota.

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: Tú lo hiciste.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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