reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 68
- Inicio
- Todas las novelas
- reencarne como un ajolote (leaving my world behind)
- Capítulo 68 - Capítulo 68: El monólogo de amor ( cap 68 )
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 68: El monólogo de amor ( cap 68 )
-Morgan… ¡espera, espera!
(Gritó Sataná, con la voz entrecortada, apoyando una mano sobre su pecho mientras intentaba recuperar el aliento.)
Morgan se detuvo apenas un segundo y volteó hacia atrás. Su rostro, iluminado por una sonrisa amplia y juguetona, contrastaba con el evidente cansancio de Sataná y Galahad.
-¡Si no se apresuran, se quedarán atrás!
(Dijo Morgan entre risas ligeras, casi infantiles, que resonaron entre los pasillos vacíos.)
Sataná respiró con dificultad, inclinándose ligeramente hacia adelante.
-Pero, Morgan… ¿sabes realmente dónde queda la casa de Ahura Mazda?
(Dijo Sataná, jadeando y tomando bocanadas de aire.)
Morgan se quedó inmóvil de golpe. La sonrisa se le borró por un instante.
-…Oh… eso es cierto.
Sataná y Galahad finalmente lo alcanzaron. Sataná se llevó ambas manos al pecho, inhalando profundamente, mientras Galahad, completamente agotada, se dejó caer al suelo y se sentó para descansar.
-¿Cómo… cómo es posible que después de todo lo que ocurrió… aún tengas tanta energía?
(Dijo Sataná, mirándolo entre incredulidad y cansancio.)
Morgan soltó una risa nerviosa.
-jajaja…
(Rió, un poco avergonzado, rascándose la nuca.)
Sataná lo miró con una mezcla de molestia y preocupación.
-Entonces dime… ¿cómo pensabas llegar a la casa de Ahura Mazda sin saber dónde está?
(Dijo Sataná, cruzándose de brazos.)
Morgan bajó la mirada, apenado.
-Tienes razón… perdón. Me dejé llevar.
(Dijo Morgan, inclinándose en una reverencia sincera de disculpa.)
Sataná suspiró, más serena.
-Bien… no importa. Yo te llevaré.
(Dijo Sataná, con tono firme.)
Morgan levantó la cabeza y sonrió, listo para salir corriendo de nuevo… pero antes de que pudiera moverse, Sataná lo tomó con fuerza del borde de su ropa.
-Pero solo si tú me sigues a mí.
(Dijo Sataná con una sonrisa peligrosa… demasiado tranquila.)
Morgan tragó saliva al verla.
-…¿De acuerdo?
(Dijo Sataná, jalando ligeramente su ropa.)
Morgan, nervioso y un poco asustado, asintió rápidamente con la cabeza. Sataná lo soltó, manteniendo esa sonrisa inquietante que le erizaba la piel.
-bien.
Dio media vuelta y comenzó a caminar con paso decidido.
-Síganme, por favor.
Los tres retomaron su camino, con Sataná al frente, Morgan siguiéndola y Galahad detrás… pero a cierta distancia, casi como si no se sintiera con derecho a caminar junto a ellos.
Morgan giró la cabeza y la vio quedarse atrás. Su sonrisa cambió a una más suave y comprensiva. Extendió la mano hacia ella, llamándola con un gesto amable.
Galahad dudó un segundo… pero luego se apresuró para colocarse a su lado.
-No tienes por qué quedarte atrás. Podemos caminar juntos.
(Dijo Morgan con una sonrisa cálida.)
Galahad bajó la mirada, avergonzada, jugando con sus manos.
-p… perdone… es la costumbre.
(Dijo Galahad tímidamente.)
Morgan la miró con profunda seriedad y ternura.
-No sé por lo que pasaste antes de conocerme… pero como te dije, no volverás a pasar por cosas así. Tal vez estés acostumbrada… pero no voy a forzarte a nada. Tómate tu tiempo. Yo esperaré.
(Dijo Morgan, sonriéndole con sinceridad.)
Galahad sintió un nudo en la garganta. Sus ojos brillaron, pero sonrió. Por primera vez en mucho tiempo… se sintió segura.
Morgan, intentando cambiar el ambiente, habló emocionado:
-Y entonces… ¿cómo es la casa de la señorita Luzbel? ¿Cuántos miembros tiene?
Sataná se detuvo por un segundo. Su expresión cambió.
-…¿De verdad quieres saberlo?
(Dijo Sataná con un tono inusualmente triste.)
Morgan notó el cambio inmediato.
-…Sí. Quiero saberlo.
Sataná respiró hondo y comenzó a hablar con gravedad.
-Verás… Ahura Mazda no existía desde el inicio. La casa nació cuando la señorita Luzbel llegó a la academia. Ella vio a muchos estudiantes marginados, rechazados, sin lugar ni voz… y decidió crear un hogar para ellos. Un lugar donde pudieran pertenecer.
Muchos maestros y alumnos se opusieron. Dijeron que estaba debilitando la academia, que promovía la mediocridad… pero mi señora Zarathoz aceptó su petición.
Eso le ganó odio. Desprecio. Burlas. La llamaron ingenua, débil, idealista. Dijeron que protegía a los inútiles. Su imagen quedó manchada… aunque ella solo quería ayudar.
Con el tiempo… dejó de sonreír. Se volvió distante. Callada. Casi… vacía.
Morgan sintió un golpe en el pecho al escuchar eso. Pensó en Luzbel protegiéndolo sin conocerlo realmente. Pensó en su propia habitación, fría, solitaria, con apenas lo necesario para existir.
Su ánimo cayó… y su sonrisa se apagó.
-Pero…
(Dijo Sataná, cambiando repentinamente el tono.)
-¿Pero…?
(Preguntó Morgan, levantando la mirada.)
-Desde que te conoció… ella ha sonreído más.
(Dijo Sataná con una pequeña sonrisa.)
Morgan sintió un nudo en la garganta. Sonrió, melancólico.
-…Ya veo.
Los tres siguieron caminando hasta llegar a la parte trasera de la academia. Detrás de ella se extendía un inmenso bosque oscuro.
Sataná se adentró sin dudar.
-¿A-ah… a dónde vamos?
(Dijo Galahad con temor.)
-Sí… ¿a dónde vamos? Se supone que iríamos a la casa de Ahura Mazda, ¿no?
(Dijo Morgan, confundido.)
Sataná no se detuvo.
-Sí. Hacia allá vamos.
Caminaron entre árboles altos, raíces retorcidas y una atmósfera pesada.
-Al ser una casa marginada, sin aprobación oficial… no les permitieron compartir el territorio de la academia. Los expulsaron al bosque. Dijeron que una casa con tan pocos miembros no necesitaba más espacio.
(Dijo Sataná con tristeza.)
Morgan frunció el ceño.
-Entonces… ¿cuántos miembros tiene?
(Preguntó, con el corazón inquieto.)
Sataná bajó la mirada.
-…Cinco.
Morgan se detuvo en seco.
-¿Qué?
-La casa de Ahura Mazda… solo tiene cinco miembros.
(Dijo Sataná con seriedad y dolor.)
Morgan abrió la boca para hablar, pero Sataná se detuvo abruptamente.
-Ya llegamos.
Morgan dio unos pasos adelante… y lo que vio lo dejó helado.
En medio del bosque, casi oculto entre los árboles, había una construcción de madera pequeña, vieja, humilde… y descuidada.
Parecía más una cabaña abandonada que una casa de la academia.
-¿Qué… es esto?
(Preguntó Morgan, impactado y confundido.)
Sataná lo miró sin apartar los ojos.
-Ya te lo dije… esta es la casa de Ahura Mazda.
Silencio.
El bosque parecía contener la respiración.
Morgan miró la cabaña… y simplemente se quedó en silencio contemplando aquella modesta cabaña.
Fin del capítulo.
Próximo capítulo: El monólogo de amor, parte 2.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com