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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 75

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Capítulo 75: lo que Duerme bajo su piel ( cap 75 )

Una inmensa cantidad de energía se liberó de golpe, desgarrando el aire y creando ráfagas de viento tan violentas como vendavales furiosos. El suelo vibró. El polvo se elevó en espirales salvajes.

Morgan se cubrió el rostro con el brazo, apretando los dientes. Sentía cómo el viento lo empujaba, cómo intentaba arrastrarlo hacia atrás, como si una fuerza invisible quisiera arrancarlo de ese lugar y lanzarlo lejos. Sus pies resbalaron unos centímetros sobre el suelo.

Y entonces… silencio.

Cuando el viento por fin se disipó, la calma no trajo alivio.

Helios y Luzbel permanecían frente a frente, inmóviles. Los tatuajes en la piel de ambas brillaban con una intensidad inquietante, pulsando como corazones ajenos bajo la carne. El aura que emanaba de ellas era opresiva, pesada, asfixiante; el aire parecía más denso, más difícil de respirar, como si cada inhalación exigiera permiso.

Morgan y Zarachi se acercaron rápidamente junto al resto del grupo, intentando entender qué había ocurrido.

-¿Qué pasó?, ¿todos están bien?.

( Preguntó Zarachi, preocupada )

El grupo de alumnos estaba visiblemente alterado. Algunos temblaban. Otros evitaban mirar al frente. Al ver a Zarachi, aquel joven de astas de ciervo se aproximó con pasos inseguros; su voz se quebraba mientras hablaba.

-La… la maestra Helios vino con su grupo y quiso sacarnos de aquí para que ellos ocuparan la sala de prácticas. Miss Luzbel dijo que no, porque nosotros habíamos llegado primero, que podían volver más tarde. Pero… pero la maestra Helios comenzó a insultarnos. Dijo que no necesitábamos la sala, que no importaba cuánto practicáramos… que nunca dejaríamos de ser basura. Miss Luzbel se enojó, le dijo que se retractara… y ahora… ahora están peleando.

Mientras el joven explicaba la situación, los miembros del grupo de Helios, alineados detrás de su maestra, reían con crueldad apenas disimulada. Sus miradas eran cuchillas. Sus sonrisas, desprecio puro. Se burlaban del grupo de Luzbel, de su debilidad… de su insignificancia.

Hasta que lo vieron.

Morgan.

Sus risas se apagaron. Sus rostros cambiaron.

-¿Buaah… es él?.

-Sí… sí es él.

-¿Qué hace con los inadaptados?.

-No me digas que lo pusieron junto con la basura.

-Ah… pobre de él.

Los comentarios, aunque susurrados, no fueron lo suficientemente bajos. Helios, que mantenía su mirada fija en Luzbel, escuchó. Lentamente, muy lentamente, desvió los ojos hacia Morgan.

Y sonrió.

Fue una sonrisa pequeña… pero cargada de algo perturbador. Algo siniestro.

Helios se irguió con firmeza, sacando el pecho, colocando ambas manos detrás de la espalda. El aura que emanaba de su cuerpo desapareció al instante, como si nunca hubiera estado allí.

-Vaya… error mío. Qué terrible ejemplo les estamos dando a los jóvenes, ¿no es así, Luzbel?.

( Dijo Helios, con una aparente vergüenza )

Luzbel frunció el ceño, desconfiada.

-¿Qué!?.

Helios suspiró, llevando una mano a su frente con teatral arrepentimiento.

-Me refiero a esto.

( Dijo Helios, abriendo las manos )

-¿Qué ejemplo les estamos dando luchando por algo tan trivial e infantil como el uso de la zona de prácticas? De verdad soy una tonta… ¿no crees lo mismo, Luzbel?.

Su expresión era de falsa humildad. Sus ojos, en cambio, estaban fríos.

Luzbel no bajó la guardia. Observó de reojo a sus alumnos, percibiendo el miedo en sus miradas. Luego volvió a fijar sus ojos en Helios.

-Sí… supongo que tienes razón.

Su aura también desapareció. Hizo una pequeña reverencia.

-Discúlpeme, maestra Helios.

El ambiente pareció relajarse. La presión en el aire disminuyó. Algunos alumnos soltaron el aire contenido.

Pero entonces Helios habló otra vez.

Y su voz, dulce y suave, llevaba una sombra.

-¿Qué te parece si les demostramos cómo los adultos resuelven un problema de manera pacífica? Creo que sería bueno para ellos ver que los conflictos pueden solucionarse sin violencia… ¿no lo crees?.

( Dijo Helios, sonriendo )

Luzbel mostró una mezcla de molestia y confusión.

-Sí… supongo. ¿Qué es lo que propones?.

Helios aplaudió una vez, con entusiasmo fingido.

-Genial. Me alegra que pensemos igual. ¿Qué te parece si resolvemos esto con una pequeña apuesta? Algo simple. Sin violencia, sin nada que pueda lastimar a nadie. Solo una demostración justa. ¿Aceptas?.

Helios comenzó a caminar hacia Luzbel, reduciendo la distancia entre ellas hasta quedar lo suficientemente cerca como para extender la mano.

Luzbel miró esa mano.

Luego miró su sonrisa.

Algo en su interior gritaba que no aceptara. Que esa propuesta escondía algo más. Algo oscuro.

Pero volvió a mirar a sus alumnos.

Vio su temor. Su inseguridad. Su necesidad de que ella fuera fuerte.

Y aceptó.

Extendió la mano y la estrechó.

-¿Y entonces… qué apuesta será?.

( Preguntó Luzbel, seriamente )

Helios soltó su mano y comenzó a rodearla con pasos lentos, calculados.

-Como sabrás, mi raza, la de los elfos oscuros del desierto, fue bendecida con una habilidad única. Como todas las razas de este mundo, poseemos un don. El nuestro es Antología del Mañana.

Hizo una pausa.

-A diferencia de los otros elfos, nosotros fuimos desplazados a las tierras salvajes y ardientes del desierto. Tuvimos que sobrevivir donde otros habrían muerto. Y para ello se nos otorgó esta habilidad: Antología del Mañana nos permite ver el potencial de nuestros oponentes. Saber qué batallas podemos ganar… y de cuáles debemos huir. Así garantizamos nuestra supervivencia.

Helios se colocó detrás de Luzbel.

Luzbel giró de inmediato, negándose a darle la espalda.

-Sí, lo sé. Pero ¿qué tiene que ver eso con la apuesta?.

( Dijo Luzbel, muy seria )

Helios volvió a aplaudir, con alegría casi infantil.

Haremos lo siguiente.

Se dio la vuelta para observar a sus alumnos.

-Ellos son mis estudiantes. He visto uno por uno el potencial que poseen. Y debo decir que son jóvenes extraordinarios. Usaré mi habilidad para ver el potencial de los tuyos. Si logran superar al de los míos… incluso si uno solo demuestra tener más potencial que todos mis alumnos juntos… tú ganarás. Me disculparé por haber insultado a tus muchachos… y jamás volveré a hacerlo.

( Dijo Helios, con dulzura )

Luzbel sintió un escalofrío.

-¿Y si ninguno de mis alumnos logra tener más potencial que los tuyos?.

( Preguntó, preocupada )

Helios no respondió de inmediato.

Primero sonrió de una manera sumamente aterradora.

Luego levantó el brazo.

Y señaló.

-Bueno… en ese caso…

Sus ojos se clavaron en Morgan.

-Me quedaré con él.

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: lo que duerme bajo su piel parte 2.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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