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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 76

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Capítulo 76: Lo que duerme bajo su piel parte 2 cap ( 76 )

Luzbel giró la cabeza lentamente para ver a quién estaba señalando Helios. Aunque ya lo sabía, necesitaba convencerse de que no era así. Necesitaba que no fuera así.

Pero lo que más temía terminó pasando.

Helios, con esa sonrisa torcida, venenosa, estaba señalando a Morgan.

La ira le recorrió el cuerpo a Luzbel como un incendio súbito. Apretó los dientes con furia, las manos le temblaron, y antes de darse cuenta ya tenía a Helios sujetada por la ropa, atrayéndola hacia su rostro.

-¿Qué carajos pretendes?

(Dijo Luzbel, furiosa.)

-Vamos, vamos… ¿qué le sucede, miss Luzbel? ¿Por qué reacciona de esa manera?

(Dijo Helios, fingiendo miedo.)

-No te hagas la tonta, Helios. Dime qué carajos pretendes. Dímelo ahora… o te juro que te mato.

(Dijo Luzbel, de una manera peligrosamente amenazante.)

-Tranquila, tranquila, miss Luz… mire a su alrededor.

Luzbel obedeció, casi por reflejo. Entonces lo vio.

Todos los alumnos observaban la escena con preocupación. Algunos con miedo. Incluso los suyos… sus propios alumnos la miraban como si no la reconocieran.

Como si temieran que ella fuera el monstruo.

Lentamente, sus dedos se aflojaron. Soltó a Helios.

Helios sonrió.

Luzbel se apartó con una mueca de rabia, desviando la mirada, intentando tragarse la humillación que ya comenzaba a arderle en el pecho.

-Sí… así está mejor.

(Dijo Helios, satisfecha.)

-Seamos realistas, Luzbel. Ese chico es demasiado para ti. Ambas lo sabemos. De toda la academia, tú eres la menos indicada para pulir a un joven tan brillante. Lo mejor sería que me lo dejaras a mí. Yo me encargaré de llevarlo al máximo de su potencial.

(Dijo Helios, con una malicia apenas disimulada.)

-¿Y tú cómo carajos sabes eso? ¡Tú no sabes qué es lo mejor para él! ¿Cómo estás tan segura de que yo no soy la indicada para ser su mentora?

(Gritó Luzbel, incapaz de contenerse.)

Helios suspiró.

La miró con desprecio. Sin prisa. Como quien observa algo que ya está roto.

-Esto… todo esto es exactamente lo que me lo confirma. Ni siquiera puedes controlar tu semblante en una situación así. Mira el ejemplo que estás dando. ¿Te parece digno de un guía de nuestra academia? Propuse esta apuesta para que aceptes lo que todos ya saben. Mira a tus alumnos. Apenas superan a un civil común. Admítelo, Luzbel… esto lo hice para obligarte a enfrentar la verdad.

Se acercó lentamente hasta quedar a centímetros de su oído.

-Que solo eres una mediocre, inepta e inútil maestra… que ni siquiera merece estar viva.

(Susurró Helios, con extrema malicia.)

Las palabras no fueron gritos. Fueron cuchillas.

Luzbel bajó la mirada. Sus dedos se cerraron con fuerza sobre su propia ropa. El llanto amenazaba con romperle la voz. Porque por más que quisiera negarlo… en lo más profundo, una parte de ella susurraba lo mismo.

Tal vez tenía razón.

-Sin embargo…continuó Helios con falsa cortesía, sigues siendo un miembro importante de la academia. Honraré nuestra apuesta. Si uno de tus alumnos demuestra tener más potencial que cualquiera de los míos, el joven se quedará contigo y yo me disculparé. Pero si no… te lo arrebataré de forma justa. Para que veas con tus propios ojos lo que tu ineptitud ha causado.

(Dijo Helios, con satisfacción cruel.)

Pasó a su lado.

Luzbel quedó atrás, inmóvil, llorando en silencio, sintiendo el peso insoportable de su propio título.

Helios caminó hacia los alumnos.

Uno por uno comenzó a analizarlos con su habilidad innata. Los ojos se le tornaron completamente blancos, cubiertos de símbolos que solo ella podía comprender.

Los estudiantes bajaban la mirada. Sumisos. Temerosos. Avergonzados.

-Basura… basura… más basura.

(Dijo Helios con desprecio.)

Cuando llegó a Zarachi y apoyó la mano en su cabeza, arqueó una ceja.

-Vaya… interesante.

(Dijo, levemente impresionada.)

Zarachi alzó el rostro con esperanza. Sus ojos brillaron por un segundo.

-Te felicito, niña. Eres la más débil de los débiles.

(Dijo Helios, destruyendo esa luz de inmediato.)

El impacto fue brutal. Zarachi quedó paralizada, la desesperación pintada en el rostro.

Helios aplaudió lentamente.

-Como lo esperaba. Todos son basura. Exactamente como imaginé. Estos chicos no son más que el reflejo de tu mediocridad, Luzbel.

(Dijo, humillante.)

-Como acordamos, el chico vendrá conmi..

-¿Y a mí? ¿No me va a analizar a mí?

La interrumpió una voz firme.

Morgan estaba de brazos cruzados, de pie, mirándola sin bajar la cabeza.

-Yo también soy alumno de miss Luzbel. Y no puedo permitir que hable así de ella… ni de mis compañeros.

(Dijo, molesto.)

Helios soltó una carcajada.

-¿Qué le causa tanta risa?

(Preguntó Morgan, serio.)

-Nada… solo que sabía que esto pasaría.

(Dijo Helios, limpiándose una lágrima de risa.)

-Supuse que te negarías a venir conmigo, así que te ofreceré la misma cortesía que a esa fracasada de allá.

(Dijo, helios de forma despectiva.)

Morgan dio un paso al frente.

-Retráctese. Retráctese ahora.

(Dijo, Morgan con furia contenida.)

(Helios sonrió, perversa)

-¿Quieres que me retracte, cariño? Entonces hazlo.

-¿Qué?

(Preguntó Morgan confundido)

-Si quieres que me retracte, hazme hacerlo. Tengamos una apuesta. Si ganas, me retractaré de todo, me disculparé con todos aquí y jamás volveré a hablar mal de ella ni de sus alumnos. Y nunca intentaré llevarte conmigo. ¿Aceptas?

Estiró la mano.

Morgan dudó apenas un instante.

-¿Y si pierdo?

( Dijo Morgan de forma tajante )

-Entonces vendrás conmigo. Sin cuestionar.

( Helios Acercó su rostro al de Morgan, provocativa)

Morgan apretó los puños. Recordó cada palabra, cada lágrima, cada mirada humillada.

-Acepto.

(Dijo, tajante.)

-Qué alegría… entonces dame la mano y terminemos este trat…

Pero una vez más Morgan interrumpió a helios.

-Con una condición más.

(La sonrisa de Helios se tensó)

-¿Y cuál es esa condición extra?

-Si yo gano, no solo te retractarás y dejarás de molestar a este grupo y a la miss Luzbel. También prometerás que tú y tus alumnos jamás volverán a molestar a nadie en esta academia. Incluyendo a los humanos.

El silencio cayó pesado.

Helios quedó descolocada por un segundo… luego comenzó a reír de forma frenética.

Morgan no apartó la mirada.

-¿Aceptarás?

Helios lo observó. Sus ojos brillaron.

-Qué interesante… muy interesante. Está bien. Acepto.

(Helios Se relamió los labios, sonriendo)

Ambos estrecharon las manos.

En ese instante, Morgan sintió un latido brutal en el pecho. Como si su corazón fuera apretado por una mano invisible. Y no solo el suyo… también sintió otro latido, ajeno, palpitando en su palma.

Lo dejó sin aliento.

-La apuesta será la misma que hice con ella.

(dijo Helios, girando sobre sí misma)

-Pero con un pequeño cambio. Tu potencial no solo deberá superar al de mi grupo… deberá superar al de toda la academia.

Se detuvo frente a él, expandiendo los brazos al cielo, eufórica.

Luego caminó hacia Morgan, lenta, decidida, con esa sonrisa cargada de perversión y triunfo anticipado.

-Vamos… ahora eres completamente mí…

Helios apoyó la mano sobre la cabeza de Morgan con un movimiento casi febril, como si ya estuviera saboreando la victoria antes de que se consumara. Sus dedos se hundieron entre el cabello con posesiva seguridad.

Cerró los ojos.

Activó su habilidad nata.

El don sagrado de los elfos del desierto.

Siempre era igual.

La información fluía ante ella como un río de símbolos blancos, fórmulas vivas, estructuras de poder desnudándose sin resistencia. Talentos. Límites. Potencial. Miedos. Todo. Siempre veía todo.

Pero esta vez…

Nada ocurrió como debía.

Al principio creyó que era un retraso. Un segundo de interferencia. Un parpadeo mental.

Luego el flujo se cortó.

De golpe.

El murmullo de datos se apagó como si alguien hubiera arrancado de raíz el sonido del mundo.

Cuando abrió los ojos…

No estaba en la sala de prácticas.

No estaba frente a Morgan.

No había alumnos.

No había paredes.

No había suelo.

Solo oscuridad.

Una oscuridad absoluta, densa, viscosa. No era ausencia de luz. Era algo más profundo. Más invasivo. Como si la negrura respirara.

Helios intentó mover la mano.

No sintió su propio cuerpo.

Intentó hablar.

No escuchó su voz.

El aire era pesado, sofocante, y aun así no había aire. No había nada. Solo esa inmensidad negra que parecía presionarle los pensamientos.

-¿Qué… es esto…?

Su voz no resonó.

No hubo eco.

Ni siquiera el vacío le devolvió compañía.

Por primera vez desde que despertó su don, no veía símbolos. No veía estructuras. No veía información.

Era ciega.

Completamente ciega.

Y lo que la aterrorizó no fue la falta de datos.

Fue la sensación.

Algo estaba allí.

No lo veía. No lo escuchaba. No lo comprendía.

Pero lo sentía.

Como una presencia que no necesitaba forma.

La oscuridad comenzó a latir.

Lenta.

Profundamente.

Como un corazón gigantesco escondido en la nada.

Un latido.

Otro.

Otro más.

Helios intentó forzar su habilidad, empujar más profundo, romper la barrera. Pero mientras más lo intentaba, más la oscuridad parecía cerrarse sobre ella, envolviéndola, comprimiéndola.

Era como si no estuviera analizando a Morgan.

Era como si algo la estuviera analizando a ella.

Desnudándola.

Midiéndola.

Pesándola.

Y encontrándola… insuficiente.

Una presión helada recorrió lo que quedaba de su conciencia. Por primera vez en años, sintió algo que había olvidado que existía.

Miedo.

No el miedo teatral con el que jugaba frente a los demás.

Miedo real.

Crudo.

Primitivo.

La oscuridad se inclinó sobre ella.

Y entonces entendió.

No estaba sola.

Nunca lo estuvo.

Y en ese vacío absoluto, sin símbolos que la protegieran, sin información que la guiara, Helios comprendió algo insoportable:

Ella no estaba viendo el potencial de Morgan.

Estaba mirando un abismo.

Y el abismo… le devolvió la mirada.

Intentó dar un paso.

Algo rozó sus pies.

Bajó la mirada y los vio: pequeños insectos negros trepando por sus tobillos, por sus piernas, deslizándose bajo su ropa. Se agitó con brusquedad, intentando apartarlos, sacudirlos, aplastarlos.

No servía de nada.

Seguían subiendo.

El silencio se rompió con un murmullo lejano, como alas agitándose en la distancia. Entonces, frente a ella, la oscuridad comenzó a tomar forma.

Sombras.

Cientos.

Miles.

Se alinearon como un desfile de pesadillas. Bestias que no pertenecían a ningún mundo que ella conociera. Un reptil gigantesco con tres cuerpos incrustados en su cabeza, arrastrándose con un crujido húmedo. Una figura semejante a lo que ella llamaría un Sephiroth, suspendida en el aire, desplegando seis alas desproporcionadas que parecían desgarrar el vacío. Una serpiente colosal cuyos ojos brillaban con un fulgor muerto.

Y más.

Mucho más.

Criaturas sin rostro. Formas que desafiaban la lógica. Sombras que respiraban.

Helios retrocedió, pero el vacío no ofrecía refugio.

Entonces todo se oscureció aún más.

Las sombras se apartaron.

Algo emergía detrás de ellas.

Una silueta colosal se levantó lentamente, superando a cada monstruo anterior. Más grande que cualquier bestia. Más grande que una montaña. Su contorno era impreciso, imposible de abarcar con la mirada.

Dos ojos se encendieron.

Rosados.

Un Rosado profundo y antinatural, como fuego helado ardiendo en la noche eterna.

La criatura inclinó ligeramente la cabeza.

Y abrió la boca.

No rugió.

De su interior comenzó a emanar humo rosado, espeso, denso… como si exhalara almas convertidas en niebla. El vapor se extendió por el vacío, envolviendo todo con una sensación de muerte inminente.

El terror no fue inmediato.

Fue lento.

Se le metió en los huesos.

Helios comprendió, con una claridad brutal, que aquello no era una visión cualquiera. No eran simples posibilidades.

Era el potencial del chico.

Eso habitaba en él.

Eso dormía bajo su piel.

Y si algún día ese niño decidía rebelarse contra ellos… si alguna vez dejaba de contener lo que llevaba dentro…

No habría reino que resistiera.

No habría ejército suficiente.

Sería el fin.

Y por primera vez desde que dominaba su don, Helios deseó no haber mirado jamás.

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: es un monstruo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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